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Summary

Jungkook no puede creer que su compañero sea un pequeño conejito esponjoso. Su oso no estĂĄ seguro si quiere reclamar a jimin o comĂ©rselo. Peor aĂșn, sus hermanos miran a jimin como si jungkook acabara de traer la cena a casa. Saga: GR ○Libro 1. Mate ○Libro 2. Lost ●Libro 3. BUNNY ○Libro 4. Wolf ○Libro 5. Fool ○Libro 6. Heat

Status
Complete
Chapters
10
Rating
n/a
Age Rating
18+

CAPÍTULO UNO

—No estoy seguro de esto, —dijo San mientras Ă©l y Jungkook entraban al bar local. —Hemos tenido bastantes problemas Ășltimamente. Creo que deberĂ­amos quedarnos fuera de Grizzly Ridge.


Jungkook estaba al acecho. SabĂ­a que habĂ­an tenido su parte justa de problemas, pero eso no significaba que tuviera que quedarse en celibato. SĂłlo pensar en la palabra hacĂ­a que sus bolas se apretaran.


—Estaremos aquĂ­ el tiempo suficiente para conseguir un chico fĂĄcil, entonces nos iremos. —PrometiĂł Jungkook. No estaba seguro de lo cierto que era, sin embargo. HabĂ­a poco de donde escoger en Grizzly Ridge. Estaba casi tentado de dirigirse a Howling Cavern para ver quĂ© variedad tenĂ­an los lobos, pero los lobos y los osos seguĂ­an en desacuerdo.


AdemĂĄs, si Jungkook se topaba con el imbĂ©cil, Declan, podrĂ­a entrar en una pelea en lugar de encontrar un pedazo de culo. Jungkook estaba demasiado caliente en este momento, y la lucha era lo Ășltimo en su mente. Su curiosidad despertĂł cuando notĂł a un nuevo camarero corriendo por el lugar. Mierda, el tipo era caliente. Su cabello era rubio, sus ojos avellana, y maldiciĂłn si su cuerpo no era follable. Jungkook querĂ­a un pedazo de eso.


—EncontrĂ© mi aventura de una noche. Buena suerte con la tuya, —dijo jungkook a San antes de correr hacia el camarero acelerado. El tipo tenĂ­a una bandeja equilibrada en una mano mientras se abrĂ­a camino a travĂ©s del desorden de las mesas. Jungkook decidiĂł tomar asiento y esperar a que la pequeña miel viniera a Ă©l.


Después de colocar las bebidas en una mesa, el tipo giró y casi corrió hacia la mesa detrås de él. Dio una maldición baja. Si es que "Diantres" se podía considerar una maldición, y se apresuró a alejarse. Jungkook observó cada movimiento que hacía el hombre, su mirada se centró en su culito regordete.


La polla de jungkook se sacudiĂł cuando pensĂł en hundirse hasta las bolas en el hombre.


Diez minutos mĂĄs tarde, el sexy camarero finalmente llegĂł a la mesa de Jungkook. — ÂżQuĂ© puedo servirte?


Jungkook abrió la boca para dar una respuesta ingeniosa cuando el olor a presa le golpeó en la cara. Se inclinó hacia él, aspirando. Su boca haciéndose agua cuando el aroma suculento de conejo llenó su nariz. Su oso gruñó. Jungkook sonrió. Los ojos del extraño se agrandaron mientras retrocedía.


—No corras de mí, Honey Bunny . —jungkook se levantó y dio un paso más cerca. —No estoy aquí para comerte.


Las cejas del conejo se arquearon. —Entonces, Âżpor quĂ© estĂĄs aquĂ­?


Jungkook soltó una carcajada. —Para joderte.


El camarero se sonrojó. —Tengo que trabajar. ¿Quieres pedir una copa?


— Lo Ășnico que quiero es lamer ese hermoso cuerpo tuyo. —jungkook se acercĂł, atrapando al conejito contra una mesa. El tipo era de bolsillo, y a jungkook le gustaba eso. —Entonces quiero hundir mi pene en tĂș culo.


Jungkook se echĂł hacia atrĂĄs cuando el conejo le dio una bofetada.


— ¡Tienes una boca desagradable, amigo!


Jungkook agarrĂł las muñecas del hombre. —Esa mierda me enciende.


El chico se echó a reír. —Esto es una especie de broma, ¿no? Harold te envió aquí para que te metieras conmigo.


—¿QuiĂ©n diablos es Harold? —A jungkook no le importaba realmente.


—El dueño, —dijo el tipo como si jungkook fuera tonto. —Mi jefe. Siempre estĂĄ tirando bromas sobre mĂ­.


—¿Por quĂ© no hablamos afuera? —jungkook cogerĂ­a al pequeño conejito en el capo de su camioneta, en la pared del edificio, o incluso en el bosque. La ubicaciĂłn era irrelevante.


—Porque estoy muy ocupado, —dijo. —Me voy a la una si quieres pasar el rato.


¿Pasar el rato? Jungkook no quería conversar un rato. Él quería joder.


—¿No tendrás un descanso pronto?


—No tengo descansos, —dijo.


Eso no estaba bien. Por ley, el camarero tenĂ­a derecho a ello. Jungkook podrĂ­a vivir en las montañas, pero no era bruto. ConocĂ­a algo del mundo del trabajo
 algo.


Jungkook nunca habĂ­a trabajado un dĂ­a en su vida. Su abuelo habĂ­a encontrado petrĂłleo y la familia Jeon se hizo rica de un dĂ­a para otro. Los pozos finalmente se habĂ­an secado, pero su dinero no. Jungkook y sus hermanos eran frugales , y jungkook tenĂ­a suficiente dinero para durar el resto de su vida.


—Se supone que tienes que tener un descaso, —dijo jungkook.


—No tengo tiempo para tus bromas, —se aferró a su bandeja y se fue alrededor de jungkook.


—¡Jimin! —Gritó el tipo detrás del bar. —Tus órdenes se están acumulando.


—¿Ves? Estoy ocupado, —dijo jimin mientras se apresuraba.


Jimin el conejito. Jungkook sonriĂł. Él presionĂł su palma en su dura polla. QuerĂ­a un pedazo de ese culito apretado. Jungkook se habĂ­a puesto en marcha hacia San, que estaba sentado en el bar, charlando con algĂșn tipo, cuando se detuvo en seco. Jungkook olfateo el aire, luego se girĂł para mirar a jimin. Su oso volviĂł a gruñir, pero no porque quisiera engullir al conejo. Jimin era el compañero de jungkook. Se quedĂł allĂ­ aturdido. ÂżEstaba acoplado a un jodido conejo? Sus hermanos nunca le dejarĂ­an vivir por eso, pero esos pensamientos huyeron cuando su oso se hizo cargo.


Jungkook se dirigiĂł hacia jimin, que estaba poniendo bebidas en su bandeja. Mientras rodeaba el bar, los ojos del propietario se ensanchaban.


—No puedes venir aquí, —dijo Harold.


Ignoråndolo, jungkook agarró a jimin y lo acercó, mordiéndolo en el hombro.


—¡No! —Gritó jimin mientras Harold se dirigía hacia jungkook.


—DĂ©jalo en paz, —dijo Harold.


San saltĂł de su taburete y brinco sobre la barra. Tiro a Harold hacia atrĂĄs cuando jungkook liberĂł a jimin.


—¡SabĂ­a que querĂ­as comerme! —jimin se pasĂł una mano por el cuello. —¡Me mentiste! —ParpadeĂł un par de veces, inclinĂł la cabeza, luego mirĂł a jungkook.—Hueles como mi compañero.


Jungkook cogió a jimin y se arrojó al conejito por encima del hombro. Sacó su culo del bar mientras San corría tras él. Harold les gritó cuando jungkook lanzó a jimin en su camioneta y se marchó. San estaba en el asiento del pasajero, ambos hombres encerrando a jimin.


—¿Dónde me llevas? —jimin parecía aterrado. —Tengo que terminar mi turno.


—Tus dĂ­as de trabajar han terminado, —gruñó jungkook mientras guiaba su camioneta hacia el camino de acceso que conducĂ­a a las montañas.


—Dios, huele increíble. —San olfateó a jimin. —Mi oso quiere darle un mordisco.


—TĂłcalo y te romperĂ© el cuello, —advirtiĂł jungkook. Las sirenas sonaron en la distancia. Harold debĂ­a haber llamado a la policĂ­a.


—Me está oliendo de nuevo, —dijo jimin. —Haz que se detenga.


Jungkook miró furioso a su hermano. —Te lo advierto.


San bajó la ventanilla y sacó la cabeza. —No puedo evitarlo, huele a cena.


—No es muy simpático, — dijo jimin. —Creo que me va a morder. Y no de una manera agradable.


—Él no está haciendo esa mierda, —dijo jungkook. —Sólo relájate mientras te llevo a casa.


—¿Mi casa?—Preguntó jimin. —Mi mamá y mi papá estarán encantados de haber encontrado a mi pareja, pero no estoy muy seguro de que les guste el hecho de que seas un oso.


Jungkook subiĂł por el camino de acceso con jimin charlando mientras las sirenas se desvanecĂ­an.


—TendrĂ© que llamar a mi mamĂĄ, —dijo jimin. —Ya que es obvio que no me llevas a mi casa, se preocuparĂĄn si no vuelvo a casa despuĂ©s del trabajo.—Siempre hablaba demasiado cuando estaba nervioso, y estar en medio de los dos osos lo tenĂ­a por completo aterrorizado. —Nunca me dijiste tu nombre.


—jungkook.


Jimin se volviĂł hacia el tipo que lo olfateaba. —¿Y tĂș?


—Hambre—El hombre se frotó el estómago. —Pero puedes llamarme San.


Jimin apretó las manos entre sus rodillas mientras miraba hacia adelante. Sabía cómo funcionaba un apareamiento. Ahora viviría con jungkook. También sabía que entraría en calor y llevaría al niño de jungkook. Miró a su compañero, luego miró hacia adelante otra vez. Eso era si jungkook no se lo comía primero. Jimin quería saltar de la camioneta. Estaba siendo llevado a un clan de osos. Su vida estaría en peligro cada segundo que estuviera a su alrededor.


¿Cómo consigo meterme en estos líos? Trabajar en el bar era su primer trabajo, y no había durado ni una semana. Todo lo que jimin había querido hacer era salir de la casa de sus padres. Amaba todas sus piezas, pero lo ahogaban a veces. Todavía lo trataban como a un niño, y eso quemaba los pantalones de jimin.


Ahora lo llevaban a las montañas. Su madre lloraría un río por ser llevado tan lejos. Su padre llamaría a jimin sin parar para asegurarse de que todavía estuviera vivo.


Esto tenĂ­a desastre escrito por todas partes.


Cuando jungkook entró en un claro, jimin se puso rígido. Vio un hermoso lago a la derecha, y los bosques que lo rodeaban eran hermosos, pero dos osos también estaban acostados alrededor de una fogata. ¿Iba a ser asado en ese fuego?


Jimin tragó saliva por el bulto de miedo que le tapó la garganta. San saltó de la camioneta tan pronto como jungkook aparcó, como si no pudiera alejarse del olor de jimin lo suficientemente rápido. —Ustedes no van a creer la mierda que acaba de pasar, —dijo San a los osos, riendo.


—Tiene una boca sucia, —señalĂł jimin.


Jungkook se rió entre dientes. —Todos la tenemos—Salió de la camioneta, luego alcanzo a jimin.


—No, —jimin se echó hacia atrás y sacudió la cabeza. —Estoy bien aquí. Puedes cerrar la puerta, por favor.


—No puedes vivir en mi camioneta, —dijo jungkook.


—Mírame, —jimin alcanzo la manija y cerró la puerta con llave, luego se ocupó de las cerraduras. —Puedes meterme la comida por la ventana.


Dos hombres desnudos se acercaron. — ¿Es realmente un conejito? — Preguntó uno de ellos.


—Vete a la mierda, Yugyeom —murmurĂł jungkook. —Vayan cerca de Ă©l, y les cortare la maldita polla.


Guau. El clan entero parecĂ­a tener una boca sucia. Pero esa era la menor preocupaciĂłn de jimin. TenĂ­a cuatro shifters oso mirĂĄndolo fijamente. Tres de ellos lo miraron con el hambre en los ojos. Dos estaban completamente desnudos. Las mejillas de jimin se calentaron a niveles nucleares mientras miraba a otro lado. Los shifter no eran tĂ­midos por su desnudez, pero jimin lo era. Siempre habĂ­a sido modesto.


—Jimin, sal de ahí—dijo jungkook, con las manos en las caderas. —Estos cabezas huecas no te tocarán.


—Sus ojos dicen lo contrario—jimin se movió en el asiento del conductor. Lástima que jungkook no hubiera dejado las llaves en el contacto. Pero eso no habría ayudado de todos modos, ya que jimin no sabía conducir. —Váyanse a la mierda de aquí, —dijo jungkook a sus hermanos.


San le guiñó un ojo a jimin, se lamió los labios, luego cambio y se alejó. Jimin casi se orinó sobre él. Los otros dos también. Jungkook usó su llavero para abrir la puerta. Jimin råpidamente lo cerró de nuevo.


—Jimin, —dijo jungkook en advertencia. —Sal de esa camioneta, ahora.


Tuvieron una guerra de bloqueo-desbloqueo. Jimin golpeĂł el botĂłn tantas veces que le dolĂ­an los dedos. Jungkook agarro la manija de la puerta y la abriĂł. Su sonrisa triunfante.


Jimin gimoteó mientras salía del camión. —Si me comen, voy a volver a perseguirte. Gritó cuando jungkook agarró su mano y lo condujo más allá de una línea de árboles. Jimin vio algunas casas que estaban lo suficientemente alejadas para mayor privacidad. Un patio tenía un montón de juguetes dispersos alrededor.


—¿Niños viven aquĂ­?


—Un cachorro, —dijo jungkook. —Otro nacerá pronto.


Jimin amaba a los niños. Nunca tenían un motivo oculto y eran tan dulces y llenos de risa. Jungkook lo llevó mås lejos en el bosque antes de que una casa de dos pisos quedara a la vista.


—¿Vives aquí?—La casa blanca con adornos verdes era moderadamente Victoriana con un porche alrededor y flores plantadas en un jardín. Un columpio se ubicaba a un lado del porche y una hamaca se extendió al otro lado.


—Hogar dulce hogar, —jungkook abriĂł la puerta de la mampara e hizo señas a jimin. La sala de estar era la habitaciĂłn mĂĄs cĂłmoda que jimin habĂ­a visto. TenĂ­a una chimenea de piedra de rĂ­o con estantes a cada lado. El piso de madera brillaba, y el sofĂĄ mullido parecĂ­a suave como las nubes. La sala de estar fluĂ­a a la perfecciĂłn con la cocina de color blanco y amarillo pĂĄlido.


—Esto es hogareño, —admitiĂł jimin. A su izquierda habĂ­a unas escaleras. Jimin dejĂł a jungkook para explorar. En la parte superior de las escaleras habĂ­a un vestĂ­bulo donde las puertas se ramificaban. Un gran armario en el pasillo contenĂ­a toallas y sĂĄbanas. El enorme baño estaba decorado en verde pĂĄlido y crema y tenĂ­a un cubĂ­culo para ducharse.


Jimin corriĂł a la habitaciĂłn de al lado. Esta tenĂ­a que ser de jungkook. La cama con dosel era descomunal, y las cortinas de encaje ondulaban suavemente con la suave brisa. Jimin gritĂł al ver las puertas francesas que conducĂ­an a un balcĂłn.


La casa de sus padres era la mitad del tamaño que la de jungkook, y no parecía que perteneciera a una revista del país. Quienquiera que decorara la casa de Jungkook sabía lo que él o ella había estado haciendo.


—¿Te gusta?


Jimin saltĂł y girĂł al oĂ­r la voz de jungkook justo detrĂĄs de Ă©l. —Tu casa es encantadora.


Jungkook deslizĂł las manos por los costados de jimin. —¿Por quĂ© no te pones mĂĄs cĂłmodo? Quitarte la ropa es un comienzo.


Jungkook marchĂł con jimin hacia atrĂĄs hasta que la cama lo detuvo. Jimin comenzĂł a decirle a jungkook que no estaba listo para tener relaciones sexuales, pero un fuego se encendiĂł dentro de Ă©l, y su polla se volviĂł dura. Jungkook olfateo el aire. —EstĂĄs en celo.


Jimin se alejó de jungkook, abanicándose. Se sentía como si lo hubieran lanzado al fuego. El sudor se acumuló en su cuerpo cuando jimin se quitó la ropa. —Necesito una ducha fría.


—Necesitas poner tu pequeño y sexy culito aquĂ­. —jungkook comenzĂł a desnudarse, tambiĂ©n. Jimin se quedĂł boquiabierto ante lo bien construido que estaba su compañero. Jungkook tenĂ­a mĂșsculos sobre sus mĂșsculos. MirĂł a los ojos gris-verdoso de jungkook, tragando con fuerza.


Cuando jungkook se volvió, jimin reprimió su jadeo. Cuatro cicatrices dentadas corrían por la espalda, como si alguien le hubiera arañado.


—No te preocupes. —jungkook se riĂł mientras se volvĂ­a. El sonido se deslizĂł sobre jimin e hizo palpitar su pene aĂșn mĂĄs difĂ­cil. —No te voy a romper.


Jimin se acercó más, incapaz de detenerse mientras se acurrucaba en los brazos de jungkook. —Haz que este calor desaparezca.


La sonrisa de jungkook era suave y dulce. —Con mucho gusto, Honey Bunny.