Malantial
"Hace un tiempo ya de aquella expedición que cambió mi vida, pero aún vive fresco el recuerdo en mi memoria. Recuerdo que esperaba encontrar en aquella isla algún diamante que fuera tan grande y brillante que mi familia no tuviera que trabajar más que por pasión hasta la cuarta generación de los Belmont. Pero encontré algo más que una simple piedra preciosa. Después de un mes revisando la isla y encontrando dos diamantes del tamaño de mi puño, estaba listo para ir a casa. Pero decidí dar una última ronda y encontré un riachuelo de agua tibia. Lo seguí hasta llegar al manantial. Ella estaba sobre una roca con la mitad del cuerpo sumergido en el agua. Su pelo era negro y ondulado, y sus ojos azules claros como el cielo. Estaba entretenida cantando una canción que denotaba tristeza y soledad en su melodía. Su canto me hipnotizó hasta llegar a sumergirme en el agua y nadar hasta la roca donde sus pechos reposaban. La miré y ella me sonrió y me dijo "bienvenido" como si me conociera. Se acercó a mí y luego tocó mis labios con su boca mientras levantaba la cola. Pensé que era una sirena mientras mis ojos se cerraban y aquella mujer me besaba y me abrazaba. Me dejé llevar por la emoción del beso mientras ella me sumergía hacia abajo pidiéndome que la amara eternamente. Sentía que no podía respirar, y en mi mente le dije "¿Sería capaz de amar a alguien como tú si me dieras el tiempo para conocerte? Eres realmente hermosa y mística". Se detuvo, volvió a subir y pude respirar. Al llegar a la superficie, nuevamente se alejó de mis labios y me dijo "mi nombre es Marina y el tuyo". Le dije "soy Eduard Belmont. Soy un gemólogo y tú al parecer una sirena". Su mirada era triste y le pregunté por qué estaba tan sola. Me dijo que estaba condenada a estar sola en esa isla. Otros habían venido a saquear y robar; a ellos también traté de amarlos, pero todos querían solo mis riquezas. Tú eres el único que pidió tiempo para conocerme, o quizás buscabas tiempo para salvar tu vida.
La miré y le dije "ambas cosas". Le pregunté si podía venir conmigo, prometí no dañarla. "Lo sé", respondió ella, "pero prefiero que vengas de vez en cuando a buscarme y me conozcas en mi hábitat". Así lo hice varios meses y años, hasta que la amé como nunca amé a nadie. Ella seguía llenando de piedras preciosas la isla y dándome riquezas para costear los viajes, pero un día no pude volver más, pues se estaban interesando en ir por más y la descubrirían. Han pasado cinco años desde mi último viaje, donde quedé fingiendo que estoy enfermo por alguna extraña enfermedad que contraje en la isla. Todas las noches sueño con Marina apoyada sobre la roca triste y sola esperándome."
Continuará
Jenniffer pichardo








