Huvy: Shouldn't Be Like This

Summary

"No sabía que podía sentirse así"

Genre
Romance/Erotica
Author
kam
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Única parte



No era un secreto que las fraternidades siempre tienen rivales entre sí, si es porque una tiene una mejor mascota, o si el equipo de fútbol era mejor que el otro, o las calificaciones. Siempre hay un tema en particular en el que una o más fraternidades pelean por el primer lugar.

Como en el caso de las fraternidades "Gamma Alpha" e "Iota Alpha". Eran las más conocidas, por supuesto que por sus excelentes equipos, aunque también por la divulgada rivalidad a muerte que había entre los alfas líderes de éstas. Louis era el alfa líder de Gamma Alpha, un codiciado ojizarco alto y delgado, con preciosos pómulos marcados y aquella barba que enmarcaba sus mejillas siempre, también era el quarterback del equipo y capitán, toda la responsabilidad de la fraternidad estaba sobre él.

Sin embargo lo que más llamaba su atención, era la carrera que estaba estudiando. La psicología era común, por supuesto, pero la sexología era un tema aparte. Las aclamadas habilidades que aquel alfa según poseía, hacían que todo aquel omega que estudiaba ahí quisiera tenerlo entre sus sábanas. Nadie sabía porqué estaba estudiando dicha carrera, pues no había tal demanda y su grupo no era el más numeroso; se sabía que venía de un pueblo pequeño, pero no se esperaba que tuviera tales intereses.

Él era buen líder, lograba equilibrar correctamente las responsabilidades académicas con las de la fraternidad y el equipo, sus notas eran altas y tenía una beca que cubría perfectamente la matrícula, tenía una familia pequeña y permanecía soltero por el momento, al menos eso era lo que todos sabían. No se le veía con pareja en el campus, siempre estaba acompañado de amigos o solo en los jardines con los audífonos o leyendo bajo las sombras de los árboles en los jardines más solitarios.

Así como también estaba cierto alfa, líder de Iota Alpha, rizado y de ojos verdes tan profundos y llamativos como sus rizos largos, cabello hasta los hombros anchos y luciendo caderas estrechas, era alto y delgado, con tatuajes en los brazos y el torso, sus labios en forma de corazón lucían tan suaves que no había persona alguna que no quisiera poner los suyos sobre ellos. Harry se llamaba, y era tan codiciado como Louis lo era.

Él, en cambio, estudiaba literatura, leía demasiado, escribía y recitaba, el enorme mueble lleno de libros en la sala de su fraternidad decía todo lo que sus acciones no podían expresar, además de sus buenas notas. Era fuerte y rápido en el equipo, lo que lo hizo quarterback y capitán. Entrenaba en el gimnasio en sus días libres de entrenamiento, y a pesar de que siempre se quejaba sobre el dolor en su cuerpo, siempre estaba satisfecho con la forma de sus músculos y no se avergonzaba de presumirlos en redes sociales.

Era hijo único, su madre era un omega soltero y parecía quedarse así. Sabía todo sobre ellos, hacían pláticas en las tardes de los viernes, videollamadas frecuentemente y tomaban el té. Joe no era un omega viejo, tenía cuarenta y se lo repetía constantemente al alfa que tenía como cachorro. Harry siempre buscaba la manera de estar lo más cerca posible de su madre, la cercanía que tenían antes no se podía perder de ninguna manera, y él iba a hacerce cargo de ellos. 

Ambos alfas, por supuesto, grandes y brillantes en cualquier aspecto, tenían cierto gusto que nadie sabía. A pesar de que todos los omegas decían que tener su nudo era increíble, ellos sabían que ningún omega entraba o salía de sus habitaciones, no eran el tipo de alfas que solían hacer eso. Llegaba a ser desagradable tener omegas colgados de sus brazos en los pasillos, todos aquellos de los primeros semestres que se fascinaban con sus imágenes y que querían ingresar a sus fraternidades para tener cercanía con ellos era fastidioso hasta cierto punto. 

Harry era amable, dulce y muy inteligente, con esos hoyuelos y brillante sonrisa que podían hacer a cualquiera caer en sus rodillas con tal de verlos, tal y como pasó con Louis.

Sus labios chocaban en húmedos estruendos casi inaudibles, tenían las manos por sobre la ropa del otro, mientras seguían el camino de su beso increíblemente bueno, los labios ya los tenían hinchados y las mejillas del alfa ojiverde ya estaban rosadas por la estimulación en su espalda baja. Louis sabía precisamente dónde tocar en el cuerpo de su novio para tenerlo de esa manera, casi gimiendo contra sus labios. Y en algún momento que no cuestionó, sus manos bajaron para acunar el trasero de Harry para pegar sus pelvis, sintiéndose contra la ropa, casi duros por completo.

—Alguien va a venir —el rizado se separó de sus labios, echando la cabeza hacia atrás y a un lado cuando la mano de Louis tomó su mentón, haciendo ese movimiento para tener acceso completo a su cuello. Los besos en su cuello lo desconectaron unos segundos más de su intención, dejándose hacer por las manos de Louis. 

—Nadie viene, es la biblioteca y son las seis. Están en el juego —Louis dejó una lamida por el centro de su cuello, deteniéndose en el pequeño hueso de la mandíbula para succionar la piel—. ¿Quién desperdiciaría su viernes en la biblioteca?

El sonido sordo de un libro cayendo hacia el piso alfombrado los detuvo por completo. Giraron la cabeza hacia el lado izquierdo, un pequeño y delgado beta de cabello corto estaba ahí, pálido cual papel y con las rodillas y manos completamente temblorosas.

—Lo-lo siento, si, n-no quería, yo-

—¡Está bien! No hay nada que disculpar —el rizado se separó, tomó el libro del piso a los pies del beta y lo colocó en sus temblorosas manos, girando su cuerpo y haciéndolo caminar—. ¡Continúa tu camino!

Escuchó la risa de Louis detrás suyo, y se giró con un ceño fruncido, el alfa lo pegó a su pecho, y se balanceó un par de veces, antes de besar sus mejillas hasta que deshizo ese ceño fruncido y lo cambió por una sonrisa agradable. Las feromonas de ambos estaban en su máximo apogeo, rebeldes y moviendo sus nudos dentro de sus pantalones. 

Habían escogido ese rincón de libros sobre periódicos exóticos al fondo de la biblioteca, los libros eran tan viejos que nadie iba por ellos jamás y la zona estaba casi deshabitada. Eran muy pocos betas los que buscaban los temas en esa zona, y también eran muy pocos los que habían visto a los alfas casi arrancándose la ropa contra los estantes de libros gruesos y polvosos. 

—Vayamos a la habitación, veamos una película o algo —Harry murmuró contra la mejilla de Louis, bajando sus manos a sus caderas para presionar los pulgares en los huesos palpables. 

—Tenemos que ir al juego —el alfa se dejó hacer por el contrario, percibiendo con facilidad las verdaderas intenciones de Harry.

—Jamás hubo una fraternidad de omegas, sí, pero creo que pasar el tiempo juntos a solas es mejor —besó los labios ligeramente hinchados de Louis, y tomó su mano para caminar hacia la parte delantera de la biblioteca. Paula ya estaba ahí, con los lentes de lectura en el puente de su nariz y el libro en su regazo, aquella mujer era la única persona que sabía de su relación y de todas las zonas libres de la biblioteca.

—¿Asustando betas de nuevo? —la omega dejó el libro, y subió los lentes a su coronilla.

—¿Te dijo algo?

—No, pero pude verlo salir corriendo de aquí.

—Oh, bueno. Mientras no diga nada. 

—Louis —Harry le dio una mirada preocupada, casi caprichoso, era muy malo cuando alguien los veía, esas personas usualmente no hacían nada al respecto, pero ahora les tendrían cierto temor por saber lo que habían hecho, y eso no era agradable.

—Solo, hay que irnos ya. Seguro te están esperando —Louis no dijo nada más, ignorando la mirada furiosa de Harry y empujándolo por la espalda baja. 

Ambos alfas salieron después de agradecerle a Paula, y Harry besó sus labios antes de separarse en el último pasillo cercano. Louis lo vió caminar hasta la entrada pública y accesible de la biblioteca, donde su equipo ya lo estaba esperando, le dieron una chaqueta y su pequeño minino, antes de palmear su espalda, pudo escuchar incluso lo que le dijeron acerca de una omega, una con muy buena figura y buen aroma, Louis hizo una mueca.

Su equipo también llegó a Louis, y un par de pesados y grandes dálmatas sobre sus piernas. La situación, así como estaba, ya no era algo que brindaba felicidad. 

Con el juego en marcha, todos veían los pequeños cuerpos de los omegas chocar entre sí y empujar sus cuerpos de un lado a otro en busca del control de aquel balón rojizo con líneas blancas. Era curioso ver ambos equipos llenos de pequeños cuerpos omegas envueltos en trajes y equipo de protección para jugar tal deporte tan agresivo, sabían que era un gran logro para la casta omega llegar hasta ese punto, y se veía que no iban a desperdiciar la oportunidad. 

Louis jamás creyó ver algo así, pero ahí estaba, con sus preciados dálmatas a cada lado suyo y la chaqueta de su propio equipo. Debía decir que los omegas jugaban bastante bien, y aunque estaban jugando entre el mismo equipo por la “tradición”, ambos lados eran buenos; tenían técnicas que ninguno de los equipos ya formados tenía y esa agilidad con la que se movían era sólo de su casta, pues los alfas eran todos bruscos y extremidades increíblemente fuertes y grandes, nada en comparación a ellos.

El alfa podría decir que sería increíble jugar un partido con ellos, pero estaba entre dos extremos sobre las consecuencias que tendría, podría ser extremadamente complicado por los posibles accidentes o humillante—el orgulloso alfa no podría ser ultrajado, ni siquiera era una probabilidad—si los omegas ganaban.

Sin embargo, tenía que conocerlos de alguna manera, y planeaba hacerlo esa misma noche en una salida al bar más conocido por sus extravagantes bebidas y comensales en esa zona universitaria. Tendría que asistir con los otros tres equipos ya formalizados, quizá empezar una rivalidad si es que la fraternidad aquella llegaba a ser formalmente autorizada por el rector.

Los pensamientos de Louis vagaron hasta que alzó la mirada a una de las esquinas inferiores de las gradas, en busca de cierto rizado que se estaba apoderando de todos sus sentimientos. Lo vió junto a su equipo, con ese gato rosado-grisáceo y calvo que tanto odio le tenía en el regazo y la mitad del cabello atado en un pequeño moño. Reía con simpleza, bajando las manos a la cabeza y lomo de su gato, aquella mascota que era la representativa de su fraternidad.

Aquel alfa que bien se podía decir era el capitán del equipo rival, de ese que en el campo estaba dispuesto a derribar a sus jugadores en busca de la victoria, de ir al bar gratis y añadir una gota más a ese vaso infinito de orgullo que todos tenían, en especial el capitán. Harry era muy deseado por todos los omegas y algunos betas, pero lo que nadie sabía era que también de un alfa en especial.

Louis y Harry se habían conocido apenas entraron a la universidad, estaban en el mismo edificio de habitaciones—antes de unirse a sus respectivas fraternidades— y se encontraron de la manera más pura y de casualidad como lo era equivocarse de habitaciones y tener que cambiarse aún si ya habían empezado a desempacar sus pertenencias. Hubo risas tontas y ninguna disculpa, pero sí un brillo en los ojos de ambos que era mejor conocido como “amor a primera vista” o “el click” según los libros que Harry amaba leer.

Al principio, Louis se hizo creer que todo ese alboroto de su alfa era por el omega en una de sus clases, y se negó a siquiera considerar su reacción por la poca interacción que tuvo con el ojiverde. Siguió su vida normal y empezó a salir a algunas fiestas que se iban organizando por parte de las fraternidades.

Los juegos dieron inicio y Louis accedió a ir junto a su compañero de cuarto y apenas al medio tiempo ya estaba emocionado de ir a un entrenamiento y pedir información para poder ingresar y ser parte de uno de los dos equipos que vió. Preparó todo lo que necesitó y solicitó un equipo completo para hacer su prueba, entrenó y vió algunos juegos de ambos equipos en la biblioteca y se mentalizó para lograr su prometido.

 Y ahí estaba él de nuevo, junto al pequeño grupo de los que harían la prueba. Llevaba el cabello corto como lo había visto el primer día y un equipo similar al suyo. Su alfa volvió a tener ese retortijón y rehuyó la mirada cuando se cruzó con la brillante y grande del contrario. Jamás había sido alguien que escondiera sus sentimientos, había salido con alfas en el pasado y su reacción no había sido así, empezaba a creer que algo estaba mal. 

Ambos hicieron pruebas espectaculares para ser considerados como los mejores, pero ambos equipos los querían en ellos y ahí empezó la disputa. Iota Alpha reclamó a Louis primero, pero Gamma Alpha estaba dispuesta a hacer hasta lo imposible por obtenerlo, Harry fue el detonante y no quería tener que elegir entre los dos.

El trato fue sellado de la manera más sofisticada, legal y madura posible, pues Iota Alpha perdió en el típico juego de “piedra, papel y tijera” y Gamma Alpha ganó a Harry en su equipo.

Los entrenamientos, juegos, porristas y victorias fueron lo que todos pudieron apreciar con los nuevos integrantes en los equipos, y ya que eran de los más jóvenes, la popularidad llegó a la universidad y algunas otras empezaron a solicitar juegos con esos dos equipos en especial; se trataba de probar a ambos adolescentes.

Louis simplemente no esperaba caer rendido y completamente enamorado de Harry tan rápido como lo hizo.

En las vacaciones de invierno al final del semestre, su familia no podía adivinar el motivo de su aparente ausencia mental y lo distraído que se encontraba en cada ocasión. Y la incógnita de si Harry sentía lo mismo que él había empezado a hacer de sus sentimientos un desastre para alguien como él que sabía tener un control.

Pero no tenía que preocuparse, pues Harry estaba pasando por la misma situación; preocupado, ansioso y realmente enamorado del alfa ojizarco, el alfa no podía ni siquiera concentrarse en la cena con su familia ni en las salidas con sus hermanos, solamente en la cuestión de si invitarlo a salir sería demasiado. Pero no tardó demasiado en olvidarse de esa cita que tanto quería pedirle, pues los exámenes parciales, proyectos y juegos ocuparon las mentes de ambos en distintos grados, haciéndoles imposible verse además de en los entrenamientos.

Pasaron un semestre completo así, hasta que verse en sus trabajos en la tienda de sándwiches todas las mañanas y trabajar de cajeros en el mismo turno durante el verano los reunió de nuevo. Ahí sí que empezaron a hablarse y a reír de la rivalidad que había entre sus equipos aunque fuera del campo ellos dos tuvieran esa amistad tan dulce y normal ante los ojos de todos. Se conocieron el uno al otro de la mejor manera, desde sus canciones favoritas hasta el motivo de empezar a jugar en los equipos del campus. Todo había salido perfectamente, pero no duraron lo suficiente así.

A Louis le llamaban mucho la atención esos labios que se movían tan lento al tiempo en que Harry hablaba con esa voz ronca y aún más lenta, además de esos rizos que poco a poco había dejado crecer pero que tenía que atar en su nuca por debajo de la gorra de la empresa. Ni siquiera supo el momento en que ya estaba acorralado con el cuerpo del rizado presionando el suyo contra los refrigeradores en la parte trasera de la tienda. 

Pero todo había sucedido tan rápido, sus labios quedaron rojos y Louis no evitó el volver a pegar sus labios en un beso más tranquilo y seco que antes, con sus feromonas más alborotadas que nunca y las pupilas más dilatadas que normalmente. No se dejaron de tocar en ningún momento aunque tuvieran la mente confundida y serios problemas para no volver a juntar sus labios de esa manera.

Y aunque todo surgió muy lentamente desde ahí, los besos fugaces y los toques decentemente escasos en la biblioteca jamás faltaron. Se veían a escondidas y trataban de salir del dormitorio del otro antes del amanecer, aunque casi nunca era un problema porque sus compañeros de cuarto nunca pasaban la noche allí, seguramente pasando la noche en los dormitorios omega.

Se distrajeron un poco en los juegos, recibiendo uno que otro grito en el campo para dejar de verse entre sí y seguir la estrategia. Al rizado se le hacía tan difícil dejar de ver lo perfecto que Louis se veía en esos pantalones blancos tan ajustados que se amoldaban tan bien en ciertas zonas, casi de la misma manera que a Louis con sus brazos y muslos bien tonificados, sin siquiera hablar de las miradas provocativas que se llevaban todo el crédito de esa chispa de excitación que  permanecía en sus vientres cuando el juego acababa.

A Louis le causaba cierto tipo de nostalgia ver a los omegas en ese momento, recordando sus primeros semestres donde el enamoramiento con Harry era tan imposible de manejar y todo era muy obvio.

—¿Ya terminaste de babear? —La voz de Chad lo sacó de sus pensamientos, el alfa estaba a su lado acariciando entre las cejas de uno de los dálmatas a sus pies, con una sonrisa de brillantes caninos en el rostro.

—¿Qué?

—Has estado todo el juego viendo a no sé quién con esos ojos… ¿te gustó alguno? Sabes que puedo conseguirlo.

—No necesito que consigas a nadie, Chad, gracias. Aunque deberías saber que si intentas meterte en los pantalones de alguno de ellos, lo más probable es que salgas sin nudo de allí —Louis tomó un sorbo del agua en su vaso, sonriendo cuando al alfa se le borró la sonrisa en un segundo—. Ya sabes lo que dicen, sólo te estoy recordando.

—No haré nada… por el momento, nadie puede resistirse a un alfa así —señaló su cuerpo y su sonrisa volvió, un poco fingida—. ¿O no, chicos?

Los demás jugadores detrás de Louis vitorearon, haciéndole rodar los ojos y negar con la cabeza mientras volvía su atención al juego, notando que ya se había acabado y estaban recibiendo un discurso por parte del rector y el director de la academia del deporte, sin prestarle mucha atención.

—Sabes, ¿quién quisiera meterse contigo si te elogias a tí mismo todo el tiempo? —Otro alfa se hizo presente frente a ellos, y Louis sonrió hacia él mientras pasaba su lengua por encima de sus caninos—. Yo sólo digo… —Harry le guiñó el ojo al alfa malhumorado antes de seguir su recorrido con su equipo riendo detrás de él por las gradas antes de bajar de las mismas.

—Imbécil… No importa, seguro que es igual. ¿Iremos al bar con ellos o qué?

 

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Louis sonrió al llegar al bar justo después de los omegas, viéndolos bajar de los autos y reunirse con los miembros de Iota Alpha en la entrada del establecimiento. Sus propios compañeros bajaron de los vehículos, lo único que los diferenciaba entre ellos eran las chaquetas con ese aspecto tan conocido de colores distintos y las muecas que se hacían entre ellos al verse.

Muy maduros, eso eran.

Louis vio a su equipo pedir tantos tarros de cerveza como eran, colocando uno en sus manos cuando encontraron mesas cerca del otro par de equipos. Le dio un trago mediano y se acercó al que parecía ser el quarterback del equipo omega—ya que aún no sabía el nombre, prefería llamarlos así—, notando que Harry iba por la misma dirección que él.

—Muy buen juego.

—O-oh, uhm. Sí, gracias —el omega se puso ciertamente nervioso, pero se recuperó fácilmente y les dio una sonrisa amable, viendo que sus compañeros se acercaban de pronto—. No pensamos que fueran a vernos, creímos que estarían heridos por la competencia ahora.

Ambos alfas alzaron las cejas, sonrieron ante las risas de los demás omegas que en algún momento se habían reunido en un círculo alrededor de ellos.

—Bueno, ¿cómo nos podríamos perder un juego como ese? —Harry habló con voz divertida y le dió un trago al vaso de agua en su mano—. Parece que la competencia podría ser buena si llegaramos a jugar con ustedes.

—Sí, no dudo de lo fácil que podrían ganarnos, a cualquiera de los dos realmente.

—Oh, estamos soltando los comentarios ahora, ¿no es así? —El omega rió por el comentario de Louis, y se mordió el labio al verlos a ambos—. Al parecer lo que decían de ustedes era cierto, mucho orgullo por portar esas chaquetas que son sólo tela, ¿no es así? Harry Styles y Louis Tomlinson sí que son ese tipo de alfas.

—No se puede decir lo mismo de tí, omega. Sin embargo, no pienso alardear sobre las castas cuando lo que verdaderamente importa aquí son las jugadas que deberán proteger si piensan seguir conservandolas como suyas —Harry rió por lo bajo, dejando el vaso de agua en la mesa detrás de los omegas antes de dirigirse al grupo:— ¿Están seguros de que Michael Clifford las mantendrá a salvo?

Sigma Omega no tiene nada de qué preocuparse.

Louis y Harry sonrieron, recibiendo una pequeña mueca que intentaba igualar sus expresiones de regreso por parte del quarterback rubio. Todos regresaron a sus equipos con sus respectivas bebidas, sin tardar demasiado en volver a reunirse en la pista de baile.

Los estudiantes se arremolinaban alrededor haciendo típicos pasos de baile dependiendo de la música que se oía, Louis sabía que sus compañeros ya estaban bailando en algún lugar, seguramente ebrios y con las manos por el cuerpo de alguna persona que encontraron, pero era viernes y su ánimo no se iba a apagar solamente porque tuvieran entrenamiento al día siguiente, les dejaría divertirse y verlos sufrir con resaca al día siguiente bajo el sol.

Pero su vista se centró en cierto alfa que tenía la mirada perdida en su celular, con los hombros tan relajados que las ganas de irse a acurrucar en su cuello y perderse en su fuente de aroma fueron tan fuertes que no tardó en llegar a él de manera amistosa y sarcástica como se veían sus reuniones públicas ante los ojos de los demás. El ojizarco lo observó cuando estuvieron suficientemente cerca, le dio una sonrisa pequeña antes de acercarse aún más y mirar hacia sus alrededores en busca de espectadores no deseados.

 —Te ví charlando con uno de los omegas del equipo de Michael… —Louis le murmuró al oído, oyendo una risa ronca como respuesta—. ¿Eres consciente de que ese nudo es más mío que tuyo?

La risa se apagó cuando Harry sintió la amplia palma de la mano de Louis sobre su miembro por encima de sus pantalones casuales, apretando su suavidad por encima de la tela y haciéndole morderse el labio inferior para no soltar el gruñido que se formó en su garganta ante lo repentino que el alfa solía ser con respecto a sus movimientos.

Louis sonrió antes de desaparecer su cercanía y salir del bar, sin tardar en ser aprisionado contra una de las paredes de ladrillo con unos labios demandantes sobre los suyos. Había un espacio muy pequeño que servía como pasillo entre el bar y un local de comida rápida, las paredes rojas de ladrillos y cemento estaban frías contra la espalda de Louis, a pesar de que llevaba la gruesa chaqueta, podía sentir el aire frío y seco de la temporada contra su cuerpo y rostro. Harry tenía esa costumbre de alzar su camiseta cuando se besaban, de recorrer la piel de su cintura con dedos largos y apretar sus caderas cuando empezaba a sentirse más excitado. 

Louis lo dejaba tocarlo como quisiera, le gustaba dejarse hacer por Harry y que lo atrapara contra las paredes de sus dormitorios o en cualquier lugar privado. Era principalmente porque sabía que el alfa de Harry era reacio, necio cuando Louis lo tomaba contra el sofá, gruñía y hacía que Harry se aclarara la garganta cuando esos ruidos involuntarios salían de su garganta. Louis había estado investigando, buscando formas de doblegar a su pareja para poder tomarlo cuando estuvieran listos. 

No había muchos estudios psicológicos o tesis sobre el comportamiento de alfas en relaciones con otros alfas, eran casos muy raros y casi considerados como tabúes. Louis siempre leía una y otra vez la misma información, buscando un hueco que le dijera algo importante para poder hablar con el alfa de Harry. Sabía que era porque su madre era un omega, ese comportamiento era más como una costumbre por protegerlo desde muy pequeño, aún si Joe era más protector con su cachorro. 

Harry había tomado las manos de Louis, llevándolas a sus caderas después de tenerlas tanto tiempo sobre sus hombros, eran actos como esos los que Louis aprovechaba para darle el giro que su alfa anhelaba siempre. El alfa abrió las palmas en los músculos de Harry, justo sobre su trasero, apretó los dedos y disfrutó del inaudible gemido que el rizado soltó contra sus labios, sonrió y mordió su labio inferior, jalando de él con sus dientes al retroceder y dejando una mancha de saliva por su boca. 

La espalda de Harry chocó contra la pared contraria cuando Louis lo empujó con fuerza, había metido su rodilla entre sus piernas y ahora estaba presionando la polla de Harry contra su muslo, sin detenerse a controlar el gemido que salió de su garganta, Harry jaló del cabello de su novio con rudeza ante el estímulo, dejando salir el aire retenido en sus pulmones y sonriendo con malicia. Estaba tratando de retener a su propio alfa, Harry cerró los ojos y se dejó llevar para evitar que el lobo tomara el control y lo dejara disfrutar de todos los estímulos que Louis le estaba proporcionando. 

Habían hecho tantas cosas juntos, desde simples trabajos manuales hasta estímulos orales, Harry no dejaba que Louis lo tocara más allá de su nudo, su alfa reaccionaba reacio y se quedaba intranquilo. Louis era tan paciente con él, siempre dejaba besos por sus abdominales cuando se tensaba momentos antes de correrse, antes de experimentar las corrientes del placer en la base de la columna, sólo anunciando otro increíble orgasmo del que sólo Louis sabía darle. Tenían una vida activa, los preservativos se encontraban en cajitas por toda superficie en sus habitaciones de las fraternidades, y siempre había una botella de lubricante a la mano. 

Louis había estudiado tanto, se sabía de memoria al derecho y al revés de todas las técnicas para presionar los puntos clave en la anatomía de los alfas, betas y omegas. Tal vez había estudiado demás a los alfas, había practicado en sí mismo sobre la eficacia de los mismos y pronto pudo aplicarlos en el cuerpo de Harry. Se sabía que los alfas eran sumisos en la historia, habían evolucionado y el comportamiento se había endurecido, se habían hecho más fuertes pero con la misma sutileza al tratar a sus parejas omegas; pero Harry y Louis no eran así.

Harry jamás se había sometido. 

Louis se separó de su cuello, había bajado una de sus manos a apretar el muslo interno del alfa contra la pared, había presionado su pulgar en la parte interna a unos cuantos centímetros de la cadera y podía sentir a Harry soltando más feromonas. Dejó rastros de saliva por su piel y sus labios se mostraron rojizos y húmedos por todos los besos, apreció el sonrojo en las mejillas de Harry y sonrió al verlo desafiar su mirada. 

—¿No es suficiente? Vayamos a casa… —Louis dejó besos suaves, repartió sus labios por las mejillas de Harry y lo empujó un poco más contra la pared, ajustando su cuerpo y encajando un poquito más su pierna en medio de las del alfa ojiverde—. Quiero hacerte sentir bien. 

Harry asintió, olió las feromonas que Louis estaba soltando a propósito, sonriendo lentamente y sin notar que su alfa interno se estaba poniendo cómodo alrededor de Louis, ya se había calmado aunque su respiración aún estuviera agitada por su reciente sesión de besos. Le gustaba sentirse así, con todo el cuerpo flojo y los sentidos relajados, dejando que Louis se hiciera cargo de él, dejando que su aroma tranquilizara a Harry y lo hiciera sentirse de Louis, suyo en su totalidad. 

Bajo el suave resplandor de la luna, Harry y Louis caminaron de regreso a la casa de fraternidad del ojizarco después de esa acalorada noche en el pub local. Ambos con un lazo que iba más allá de su condición alfa, eran novios y compartían una historia de amor que se había fortalecido con los desafíos de la vida universitaria. Siempre que no estaban con sus respectivos equipos, les gustaba tomarse de la mano y juntar sus costados en la calle, aunque casi siempre era en las noches en calles donde nadie los conocía. 

El aire fresco de la noche tenía un toque de humedad, y Harry pasó su brazo por los hombros de Louis mientras caminaban, sintiendo el calor y la fuerza de su alfa. Louis asintió, su rostro iluminado por una sonrisa satisfecha, había logrado tanto esa noche, más de lo que había hecho en ese par de años que llevaban juntos. Harry era tímido, no le gustaba dejar salir a su alfa cuando estaba con Louis, pero tarde o temprano, tenía que aceptar sus conductas. Louis era paciente, y tal vez, en secreto, le gustaba que Harry lo presionara contra cualquier superficie para besarlo. 

Mientras avanzaban por el sendero bordeado de árboles, no se molestaron en detenerse  para disfrutar del sereno paisaje nocturno. La brisa mecía las hojas de los árboles y el silencio les daba un momento de calma. Seguían duros en sus pantalones, los nudos sensibles contra la ropa y las pupilas dilatadas. Casi no había gente alrededor y sus feromonas se mezclaban con la brisa libremente, estaban cada vez más cerca de la casa de Louis, ahí donde no había ningún alfa y podrían hacer de las suyas en paz. 

Siguieron su camino hacia la fraternidad, la conversación se volvió más íntima. Ni siquiera llegaron a la habitación de Louis en el tercer piso, se detuvieron para besarse apasionadamente contra la puerta principal. La complicidad y el amor que compartían eran evidentes para cualquiera que los viera. Harry chocó sus labios con los de Louis, tomando el mando de nuevo y apretando los dedos sobre la chaqueta del otro alfa; se movieron sin separar sus bocas, estaban demasiado dentro de sus propias cabezas que definitivamente no prestaron atención a los detalles en la casa, a las personas que no sabían que estaban ahí. 

Subieron las escaleras a trompicones, con Louis tirando de sus chaquetas hasta que llegaron a la habitación en pantalones, sus camisas y chaquetas quedaron en el escritorio de Louis, cubriendo cualquier carpeta en la superficie de madera e incluso arrastrando alguno que otro papel expuesto. 

Harry se tiró sobre la cama, dejando las piernas abiertas para recibir a Louis en esa posición. Seguía soltando feromonas mientras desabrochaba el botón de su pantalón, luchando con el cierre ante los besos de Louis en su cuello, clavículas y mejillas. El alfa de ojos azules no dejó de molestar al otro alfa, bajando las caderas con fuerza para que sus erecciones se presionaran contra sí, disfrutando del sonido de los gemidos de Harry contra su piel. 

—¿Sabes cómo voy a follarte? ¿Qué tan fuerte voy a hacerlo? —Louis separó sus cuerpos, arrancó el pantalón de Harry y el suyo propio mientras los ojos se le oscurecían. El alfa ojizarco se lamió los labios antes de bajar la cabeza entre las piernas de Harry, sostuvo los muslos del alfa de cabello rizado alrededor de su cabeza y no dudó en meter el miembro erecto a su boca, sintiendo la dureza exasperante en el fondo de su garganta y lo salado del presemen contra su lengua. 

Había algo fascinante en chupar la esencia de Harry fuera de su entrepierna, una chispa de excitación incontrolable cuando su nariz llegaba a presionar contra el pubis del alfa de ojos verdes y brillantes. El olor almizclado de Harry cuando estaba en excitación total era impresionante, Louis lo disfrutaba desde los puntos erógenos más íntimos que podía haber en los alfas y no se quejaba, en lo absoluto. 

Harry hacía sonidos admirables, jamás se guardaba sus gemidos y era muy seguro en sus expresiones para dejarle saber a Louis que estaba haciendo un buen trabajo entre sus piernas. Louis sacó el miembro de Harry de su boca con un sonido húmedo, dejando caer el peso de su nudo contra la cadera rodeada de tatuajes que el alfa rizado tenía, se limpió la barbilla con el dorso de la mano y soltó un gruñido profundo mié tras subía por el cuerpo tendido en la cama. 

Louis besó la extensión del abdomen marcado de Harry, húmedos labios que pasaron por la piel sudorosa y revoloteante bajo sus caricias. Llegó a los pezones de Harry, no dudó en meter ambas protuberancias en su boca, disfrutando como nunca de los tirones en el cabello que estaba recibiendo; se dejó llevar y soltó una mordida en el pectoral de Harry, sonrió con sorna al escuchar el gruñido contrario y se despegó de la zona con un hilo de saliva en el labio inferior. 

—No me gusta cuando gruñes así, ya sabes que te gusta —Louis se acercó al buró de noche al lado de la cama, buscando entre todos los papeles, fotos y joyas que Harry guardaba en el cajón principal. Encontró una caja de preservativos para anudar bajo alguna revista y pronto el lubricante cerca de la caja de mediano tamaño—. Date la vuelta. 

—¿Por qué debería hacerlo? Quiero estar arriba, me gusta cuando te desesperas. 

—Porque estuviste arriba toda la semana pasada, ¿no te preocupas por mí espalda? No puedo seguir arqueando así la espalda cuando aprietas mi nudo, es demasiado y ni siquiera he llegado a los veinticinco —Louis se arrodilló entre las piernas de Harry, sacando la cadena de empaques platinados de la caja, abriendo la tapa del lubricante y esperando a que el alfa dejara de ser tan terco—. Vamos. 

—Hazme. 

Louis alzó una ceja. Harry era un mocoso a veces, nada con lo que no pudiera lidiar. 

El alfa con el cielo en los ojos dejó sus suplementos en la cama, viendo los muslos aún abiertos frente a él. Se dejó caer sobre su estómago en las suaves colchas, y jaló una almohada hasta que pudo meterla debajo de las caderas de Harry, alzando la pelvis del otro alfa para tener más acceso a lo que quería hacer. 

—¿Dónde está? 

—No te lo voy a decir —Harry sonrió, se pasó la punta de la lengua por la fila delantera de dientes blancos, sus hoyuelos hicieron huecos en sus mejillas y sus manos bajaron a rodear la erección de Louis, con un agarre fuerte y sin desaparecer su sonrisa—. ¿No fuiste tú el que quería dejarlo fuera? No lograste resistir, cariño, y no dejaré que lo uses en mí. 

—¿Hueles eso? —Louis inhaló por varios segundos—. Se llama miedo de venir primero. Dime dónde está el anillo, tú fuiste el que sugirió que lo pidiéramos. 

Louis sonrió todo el camino de su charla. Habían adquirido un anillo vibratorio para el nudo, Louis ya lo había probado mientras Harry lo montaba, y se había corrido vergonzosamente rápido, había hinchado su nudo y el juguete lo había apretado tanto sin dejar de vibrar con fuerza que quedó tan sobreestimulado y algunas lágrimas salieron de sus ojos después del agotador orgasmo. Su nudo seguía un poco sensible aún después de una semana entera. 

—Tienes más juguetes aquí, y siempre están en el fondo del armario —Louis sonrió y se levantó con seguridad. Escuchó a Harry silbar bajo la vista desnuda de su cuerpo, abrió la puerta del mueble y pudo encontrar una bolsa de tela delgada, casi pesada, y regresó a la cama. Harry ya estaba sobre su estómago, con las rodillas dobladas y una sonrisa más grande. 

Estaba claro que a ambos les gustaba usar juguetes en cada ocasión que se encontraban en intimidad. Louis le había explicado tanto a Harry, tanto que no se sentían completos sin un vibrador en el cajón cercano. Había esta chispa de emoción, de sentir la euforia de un complemento y de sentirse bien sin opacar la sexualidad del otro, de tener la confianza para detenerse y hablar de lo que no les gustaba y lo que sí. 

Tenían esas charlas siempre, acurrucados entre las sábanas después de limpiarse, decían los detalles y los pocos actos del otro que no les agradaban demasiado. Harry se sonrojaba aún cuando Louis hablaba con tanta naturalidad sobre estar dentro suyo y los maravillosos sonidos que hacía, y quizá en secreto a Louis le gustaba hacerlo sonrojar constantemente. Era importante para ellos estar al tanto en su comunicación, evitar problemas innecesarios y saber con perfección lo que les gustaba para no cometer errores en el futuro. 

Louis había conseguido cada juguete que Harry tenía en esa bolsa, se los había regalado en los últimos meses desde que probaron que estimular la glándula conectada al nudo por medio de nervios era de las mejores técnicas para correrse. Había juguetes para omegas varones, para estimular la próstata directamente, y no servían de mucho en ellos ya que no sentían el mismo placer. 

La verdad era que Louis había estudiado cada parte de la zona rugosa de esa glándula. Tenía tantas conexiones con la entrepierna de los alfas, casi no estaba estudiada ante la poca atención que los alfas le ponían a esas partes internas de sus cuerpos, pero Harry fue muy abierto y casi ansioso para probar ese tipo de intimidad. Había resultado un poco doloroso cuando Louis lo tocó con los dedos la primera vez, habían usado mucho lubricante e hicieron un desastre en la cama de fluidos, pero el alfa de ojos verdes jamás tuvo un orgasmo tan fuerte como ese, a pesar de que estaba gruñendo la mayor parte del tiempo.

Louis encontró un vibrador pequeño, era flexible y tenía forma de huevo, si Harry no le decía dónde había guardado el anillo, él mismo encontraría una alternativa para llevar a cabo su plan. Probó las pilas del juguete y dejó de lado la bolsa, tomó el lubricante de nuevo y cambió la posición de Harry de manera brusca, dejándolo con la espalda en la cama sin ninguna almohada, prendió el juguete de nuevo y lo colocó en la máxima velocidad contra la cabeza del miembro de Harry, obstruyendo la uretra. 

Maniobró con las manos para verter lubricante en sus dedos y llevarlos al agujero del rizado, sintiendo bajo las yemas de los dedos la manera en que los anillos de músculos se apretaban a la nada, sintiendo la piel delicada y lo mucho que quería pasar su lengua por la zona. Metió el primer nudillo hasta que su dedo desapareció por completo, los muslos de Harry se cerraron alrededor de su brazo y ya podía escuchar el sonido ronco en el pecho del alfa bajo sus caricias. Louis se sentó mejor, estiró las piernas y subió las de Harry a sus caderas, puso la espalda derecha y el primer movimiento de su muñeca empezó. 

Giró la muñeca en dirección hacia arriba, dobló su dedo dentro del agujero de Harry hasta que pudo sentir la textura; suave, plana y un poco rugosa, que pronto terminaría hinchada por la estimulación y seguramente se llenaría con todo el líquido seminal que Harry expulsaría de la mejor manera imaginable. Jamás quitó el vibrador de la punta de Harry, sentía los espasmos del miembro en la palma de su mano y la manera en que las venas se marcaban un poco más, tanto visiblemente como al tacto. 

El huevo vibrador le hacía cosquillas en la palma de la mano, pero ajustó su agarre y no dejó que las caderas rebeldes de Harry modificaran la forma en que la situación se estaba dando. Tenía un plan en mente que debía ser ejecutado tal y como se lo imaginaba. 

Presionó la yema de su dedo contra la glándula de Harry, vió los movimientos de caderas y las gotas de presemen espeso que escurrían desde la raja del otro alfa, manchando el juguete y las pieles de ambos. El olor en la habitación dejaba muy poco a la imaginación, las feromonas volaban con fluidez y los gemidos de Harry eran cada vez más fuertes, audibles y calientes por sí solos. 

A Harry le dolía el cuello por la manera tan violenta en que estaba arqueando los huesos por el placer, tenía ya los labios resecos e hinchados por tanto o estarse pasando la lengua para aliviar la incomodidad de no recibir tantos besos, esos que Louis le estaba negando. Su cabello ya estaba extendido en las sábanas y las raíces húmedas por el sudor se pegaban a su frente y a su cráneo, tenía las manos bien apretadas en las sábanas y ya había arrancado una esquina del colchón, dejando ver la tela esponjosa debajo. 

Temía que si soltaba la tela de la ropa de cama, bajaría a quitarse a Louis de encima y tomar el control por sí mismo. Tenía tantas ganas de hacerlo sentir la misma desesperación que él estaba sintiendo bajo todos los estímulos en sus zonas más erógenas, pero algo en el fondo de sus pensamientos le decía que se merecía estar ahí disfrutando de las caricias tortutosamente lentas y exasperantes. Apretó el interior de su cuerpo involuntariamente, lo que le hizo sentir aún más la presión y presencia del delgado y largo dedo conocedor de sus entrañas. 

—Fóllame ya —espetó sin importar el volumen de su voz, agudo e impaciente. Soltó los puños y los volvió a cerrar a sus costados—. No me voy a correr hasta que lo hagas. 

—¿Es eso un reto? Puedo hacer que te corras antes y después de que recibas mi nudo esta noche. 

—Puedo durar más que tú y lo sabes, mi amor —Harry no aguantó más en la posición, un gemido salió de sus labios mientras se sentaba a horcajadas sobre las piernas de Louis, cerró los tobillos a las espaldas del alfa ojizarco y empujó las caderas con fuerza en el agarre de Louis sobre su entrepierna, dejando que el vibrador siguiera en su trabajo cuando Louis sacó su dedo de su interior—. Sabes que es verdad. 

—Si dejas de hacer esas muecas maravillosas, podría durar más. 

—No me quejo, si mis muecas son maravillosas, imagínate lo calientes que son las tuyas —Harry sonrió antes de pasar los dientes por el lóbulo de la oreja de Louis, gimiendo vulgarmente en el oído cuando sintió las vibraciones subir y bajar por su dureza, se presionó en su nudo y apretó los puños nuevamente, ahora sobre los hombros bajo él—. Quiero escucharte gemir, me gusta cuando gruñes en mi boca, cuando me muerdes los labios y me aprietas las caderas. A tí también te gusta eso, ¿verdad? 

Louis se quejó con fiereza, se relamió los labios y agarró los glúteos de Harry, apretando las manos con la misma intensidad con la que sentía sus hombros ser sujetados. Se abalanzó sobre los labios de Harry, abrió la boca y sus lenguas se juntaron en choques eléctricos de excitación, la saliva se escurría por las comisuras de sus bocas y los tirones de cabello no se hicieron presentes hasta que sus respiraciones se interrumpieron por sus acciones. 

Louis aventó a Harry contra la cama, el juguete quedó olvidado entre sus cuerpos y también fue desplazado cuando las vibraciones estaban en la espalda baja del rizado y le causaron risa. Chocaron sus labios con avidez profunda, las manos trazaron rastros de felicidad por el cuerpo del otro, marcando con rasguños y líneas de uñas las extensiones de sus pieles. En el suave resplandor de la luz tenue de la habitación, Louis se alejó lentamente de Harry.

Con una delicadeza apenas perceptible después de la rudeza de sus acciones pasadas, Louis extendió la mano y, con la punta de los dedos, trazó suavemente un recorrido por la piel de Harry. Cada contacto fue como una caricia sutil, explorando la textura sedosa que se revelaba bajo el roce. Los duros abdominales en el frente del cuerpo del rizado, la suavidad de sus caderas y lo pegajoso de su ombligo con el líquido preseminal que simplemente bendecía el olfato del ojizarco.

El alfa castaño se detuvo por un momento, maravillado por la suavidad que encontró. La piel de Harry respondió con una tenue respuesta, una combinación de sensibilidad y calidez. Cada caricia fue un descubrimiento, un encuentro íntimo que reveló la delicadeza de la superficie que se desplegaba ante Louis. Una extensión que le gustaba morder cuando era demasiado, cuando pasaba sus labios y succionaba porciones dejando manchas rojas temporales.

En ese instante, en el silencio de la habitación, la conexión entre Harry y Louis se intensificó, como siempre que se encontraban bajo los confines de la excitación y el placer. Los toques se convirtieron en un lenguaje silencioso, una expresión sin palabras de aprecio y conexión. La textura de la piel se convirtió en un puente que unía a ambos personajes en un momento íntimo, donde el tacto se alfas en un medio de comunicación tan elocuente como cualquier palabra.

En un arranque de pasión repentina, Louis, aún imbuido por la suave sensación de la piel de Harry, se acercó con determinación. La atmósfera cambió, y el roce delicado se transformó en un beso más rudo, pero cargado de deseo. A su vez, Harry respondió con una entrega igualmente intensa.

El beso fue una amalgama de emociones, una danza frenética de labios que se encontraron con fervor. La suavidad inicial dio paso a la urgencia, y cada movimiento pareció transmitir una intensidad creciente. Los alfas, ahora inmersos en un abrazo apasionado, exploraron la conexión física con una ferocidad que contrastaba con la delicadeza anterior.

La habitación se llenó de la electricidad palpable de la tensión entre ambos. El beso, más rudo que suave, se convirtió en un encuentro ardiente que reveló la chispa de una pasión que ardía con fuerza. Los susurros de la piel suave se mezclaron con la intensidad del beso, creando un momento cargado de deseo y emoción.

En el fragor del beso apasionado, Louis y Harry se entregaron por completo al torbellino de emociones. Las manos del alfa arriba se deslizaron con avidez por la espalda del ojiverde, explorando cada curva con una mezcla de posesividad y deseo. Harry respondió con un suspiro contenido, permitiendo que la conexión intensa se profundizara aún más, empujando los hombros de Louis hasta que este terminó bajo la calidez de su cuerpo.

El aliento se mezcló en un ritmo acelerado, creando una sinfonía de susurros entrelazados. La intensidad del momento se reflejó en la manera en que los cuerpos se acercaron, buscando una cercanía que iba más allá de lo físico. La piel suave, que inicialmente fue acariciada con ternura, ahora fue marcada nuevamente por la presión apasionada de los labios y las manos.

Cada contacto se convirtió en un eco de la pasión compartida, y el ambiente se cargó de un calor ardiente. A medida que el beso rudo persistió, el deseo se convirtió en una llama incontrolable que consumió cualquier reserva. Los alfas se perdieron en la vorágine de la conexión, creando un momento donde el tiempo pareció detenerse y solo existió la intensidad compartida de ese encuentro apasionado.

Era un juego de tira y afloja, en el que los besos se entregaron cada vez más fuertes y las feromonas se hicieron paso por sus poros. Ambos estaban en la dicha de escuchar el gruñido profundo del otro, las dentadas se iban haciendo más grandes y los colmillos picaban en donde querían encajar las mandíbulas alrededor de sus cuellos. 

En la cúspide de la pasión desbordante, el juego entre Louis y Harry alcanzó su punto álgido. Cada contacto parecía encender una chispa más intensa de deseo compartido, y la habitación se impregnaba con la ardiente energía de su conexión. En ese éxtasis, el tiempo se distorsionó, extendiéndose en un momento sin fin donde solo existía la intensidad compartida de su encuentro apasionado.

El gruñido profundo resonó en el aire, una sinfonía primitiva que se entrelazaba con los sonidos de los besos y las mordeduras. Las dentadas se volvieron más pronunciadas, y los colmillos se hundieron en la carne, marcando territorio en sus cuellos. Cada mordida era una afirmación de posesión, un testimonio de la entrega mutua en medio del frenesí pasional.

La dicha de escuchar los gruñidos del otro intensificó la conexión, llevándolos más allá de los límites conocidos. Las feromonas fluían libremente, envolviéndolos en un perfume embriagador de deseo y posesión. El calor de sus cuerpos entrelazados se mezclaba con la sensualidad del momento, creando una atmósfera cargada de intensidad y entrega.

En un éxtasis compartido, Louis y Harry continuaron explorando los límites de su conexión. Los besos se entregaron con una fuerza irresistible, como si quisieran fusionarse en un abrazo eterno. Cada mordida, cada gruñido, cada gesto era una expresión primitiva de amor y deseo, una danza salvaje que trascendía desde lo más profundo de sus seres, de en los que sus lobos estaban en sintonía y peleando por el dominio.

Se separaron después de lo que parecieron horas, la espalda de Louis que ya se encontraba contra la cama se levantó de manera repentina, doblando a su pareja y gritando sus cuerpos. Harry quedó sobre su estómago a espaldas de su novio, se alzó en las manos para darse la vuelta de nuevo y sus acciones se vieron en duda cuando uno de sus brazos de despegó de su frente. 

Louis había tomado la muñeca del alfa bajo él, giró su brazo y lo colocó a su espalda, Harry ya no podría moverse ni enfrentarlo a menos que se soltara. Apretó la extremidad debajo de su cuerpo y sintió la presencia del ojiverde, piel caliente y sudorosa, rizos húmedos y marcas rojizas en la muñeca en que se estaba apoyando, así como en su cuello y abdomen. 

Su miembro se balanceaba contra las sábanas, duro, rojizo y húmedo en dónde no había sido tocado y la piel de la base estaba irritada, como si su nido hubiera estado siendo estimulado constantemente con rudeza. Louis lo apreció, y lo pegó a su cuerpo sosteniendo ambos nudos en posiciones exasperantemente difíciles. Apretó la mano y escuchó de nuevo gruñidos, pero más líquido salió de ambas entrepiernas, haciendo un sonido húmedo al soltarlas. 

—Ábreme —Harry se giró con impaciencia, jalando de su brazo en la espalda hacia el frente, sin lograr ningún otro movimiento más que el de Louis ajustando su cuerpo encima del suyo—. Tal vez siga abierto desde la mañana. 

—Descarado —Louis buscó la botella de lubricante por las sábanas, que ya estaban hechas un desastre por toda la extensión de la cama, manchas húmedas por todos lados y líneas en donde habían estado dando vueltas—. Te dejé durmiendo en la mañana, no era para que te despertaras a tocarte a ti mismo. 

—No sabes cuántas veces me corrí en la mañana. Pensé que lo sabrías por la sensibilidad en mi nudo. 

Louis silbó, así ya tenía información suficiente sobre la irritación en la piel de Harry y cómo ya estaba relajado a pesar de no haber tenido orgasmo alguno en presencia de Louis. 

Abrió la botella de lubricante con los dientes, haciendo una mueca ante la textura en su boca, no soltó el brazo de Harry y vertió sin cuidado el líquido espeso en la grieta del alfa. Jamás se había interesado en alguna persona que produjera lubricante naturalmente, su nariz era muy sensible para los aromas florales y cítricos, por lo que prefería usar el simple y sin olor que podía llegar hasta su casa en un par de días después de comprarlo en línea. 

El líquido se extendió por la apertura de Harry, frío y cayó hasta sus testículos llenos e hinchados por una nueva corrida. La vista de Louis se desvió a su nudo nuevamente, pero no le tomó tanta importancia mientras metía dos de sus dedos en el interior de Harry, hasta que lo escucho suspirar y jadear, moviendo el brazo nuevamente. Algo que apreciaba era la entrepierna de Harry, le gustaba sacar todo de él y tragar su semen cuando su nudo se activaba, le gustaba pasar los juguetes por la zona y ver a Harry retorcerse y gemir bajo su nombre. 

Vertió más lubricante y maniobró las manos para poder introducir sus dedos de nuevo, dejó la botella de lado en la espalda de Harry, en el surco entre sus hombros y unas gotas se recurrieron en su piel, haciéndola más brillante aparte del sudor. Los músculos de la espalda de Harry estaban brillando, se veían tensos en la posición incómoda y se movían mientras él lo hacía, sus caderas se sacudían y su mano libre soportaba todo su peso tomando un puño del borde del colchón. 

Louis sacó sus dedos húmedos, después de abrirlos en el agujero de Harry y apreciando lo suelto que ya se encontraba por sus toques en la mañana. Tomó el lubricante de nuevo, vertiendo una linea gruesa de la sustancia viscosa y transparente sobre su miembro, siseando ante el frío que lo envolvió. Pasó una mano apretaba por su extensión, suspirando satisfecho cuando obtuvo un poco de alivio de su propio toque. 

Había algo excepcional en ver la forma en que el alfa debajo de Louis se estaba entregando, aún así era con gruñidos y forcejeos que cualquier alfa haría al no tener el control total de la intimidad. Era algo que a ambos les gustaba, ver al otro buscar el poder y tener que calmar a los lobos internos de cada uno con lo mejor que existía en ellos; orgasmos. 

Pero eso no importaba más, Louis dejó la botella de lado y agarró con firmeza la mano libre de Harry, haciendo un apoyo cuando embistió en su interior de una sola vez. A ninguno le gustaba tener que esperar a que cada parte entrara, era más placentero hacerlo de una vez y dejar al alfa sin aire cada vez que lo hacían así. Harry jadeó y sus rodillas se doblaron hasta que quedó apoyado contra la cama, con las rodillas de Louis en medio de sus piernas y sus manos agarrando las suyas. 

El arrastre fue húmedo, y el choque de sus pieles cuando se conectaron de nuevo después de la primera embestida fue sonoro y placentero. Los choques empezaron con fuerza, la cama se movía y las patas del mueble rechinaban contra el suelo ante la fuerza brutal con la que Louis estaba entrando en Harry. 

Era lento, violento al entrar y suave al salir, duro al chocar las caderas con los glúteos. Los músculos de ambos estaban tensos, se veían ajenos a lo que sucedía a su alrededor, reanudaron sus empujes con mayor velocidad después de reajustar sus posiciones; Louis estiró ambas manos de Harry sobre su cabeza y contra las almohadas desacomodadas, las sujetó con las suyas en los dorsos y plantó bien las rodillas a horcajadas de las caderas del rizado. 

Empezó de nuevo. 

Louis tuvo que detenerse unos segundos para mojar más a Harry, poniendo cantidades exageradas en su agujero y su polla antes de entrar nuevamente. Él sabía que tenían más marcas de lubricante que no se secaban ni se absorbían tan rápido como el que estaban usando en ese momento, pero aquellos estaban bien resguardados en su habitación para cuando la rutina de alguno de los dos se presentara, o para cuando estaban de humor de anudar tantas veces que no salían de sus habitaciones en todo un fin de semana, por lo que realmente eran importantes. 

Pero Louis ya sentía su nudo empujando su piel, sentía el revuelo en el estómago y las manchas detrás de sus párpados que sólo se iban haciendo más prominentes con cada movimiento de cadera. Se dejó caer en la espalda de Harry, mordió su hombro con fuerza y gruñó; el alfa debajo suyo se quejó y apretó sus dedos, moviendo y empujando hacia atrás en el momento en que sintió el cambio en las acciones de su novio. 

—Córrete, vamos —Harry murmuró en medio de jadeos, apretó su interior sin intenciones aparte de hacer venir a su pareja—. Quiero que me anudes, sabes que puedo soportarlo así. 

Louis gimió en su oído y empezó a moverse, Harry estaba tan apretado a su alrededor, cálido y lleno de humedad excitante. Sabía que podía anudarlo, estaba suficientemente relajado y abierto, podría hacerlo rápido y ninguno de los dos saldría lastimado como la primera vez que lo intentaron. Se dejó llevar y soltó las manos del alfa, sosteniendo su propio cuerpo en lo alto mientras cambiaban de posición nuevamente, quedando de cara a cara y reanudando sus acciones. 

La cabeza del alfa con el cielo en los ojos cayó en el centro del pecho de Harry, quién agarró mechones del cabello a su disposición mientras seguía gimiendo. Los empujes se volvieron descuidados, rápidos y más fuertes que antes, su agujero ya dolía y podía sentir la suave y baja hinchazón del nudo de Louis en su borde. Louis bajó una de sus manos, rozando el borde abierto de Harry y empujando hacia arriba, casi metiendo su dedo en su interior para abrirlo más. 

Esa fue la única señal implícita que Harry recibió antes del último empuje, antes de sentir más líquido siendo derramado en su agujero para tomar el mudo que seguramente Louis le daría. 

—Dámelo, alfa —los timbres de voz alfa salieron a relucir en la voz de Harry, con las cuerdas vocales tensas y añadiendo un gruñido gutural cuando Louis encajó la mandíbula en su esternón, rompiendo la piel y enlazando sus almas como siempre lo hacía. El orgasmo atacó a Harry sin pensarlo, con fuerza salió disparado por su abdomen hasta tu pecho, manchó la piel de Louis y arrastró sus uñas por la nuca de Louis—. Dámelo

Louis se corrió con un gritó, alzó la mano que estiraba aún más el agujero de Harry y la subió para apretar el nudo del alfa en su mano, cerrando el puño dolorosamente ajustado alrededor del miembro a su disposición. Escuchó a Harry gritar y las líquido siendo expulsado hacia su dirección. 

El nudo de Louis expandió las paredes internas de Harry, duro cada vez que crecía y soltando cargas amplias de corrida. Soltó las mandíbulas del pecho de Harry y lamió la sangre en sus labios, levantándose en su altura y quedando arrodillado; jaló los muslos del alfa sobre los suyos propios y se pasó el dorso de la mano por la boca, limpiando el sudor en su labio inferior. 

—Carajo —los labios de Harry se estiraron en una sonrisa—. No sabía que podía sentirse así, no me había corrido tan duro desde que me mordiste la primera vez, y no puedo respirar bien. Así que fue bueno. 

Louis sonrió, soltando una rosa ante el comentario de Harry. Ninguno de los dos era experto en la cama, pero sí sabían con seguridad lo les gustaba hacer en ella. Se agachó a besar los labios del alfa, tranquilo y húmedo tratando de no jalar del nudo. Había tomado tanto tiempo para ambos aprender a anudar que aprovechaban bien los escasos momentos que su anatomía les daba para depositar amor en sus corazones. 

Pero la nebulosa de los orgasmos era demasiado dura, sus aromas estaban por toda la habitación que sus mentes estaban ciegas y sus narices no funcionaban lo suficiente para darse cuenta de que había alguien cerrando la puerta, entrando con un celular en la mano y riendo tan fuerte. En realidad no lo sabían.