EVEN IF I CAN'T BE YOURS

Summary

Seokjin es un aristócrata poderoso que tiene bajo su poder muchos omegas esclavos. Le gusta tener todo bajo control y seguir las normas, es el hijo ejemplar de su familia, dispuesto a cumplir con sus planes de vida. Pero esconde un oscuro secreto, pues hace exactamente aquello que condena.

Status
Ongoing
Chapters
3
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18+

I mustn't love you

Paseó las manos por el interior de los suaves y delgados muslos para separar las piernas del omega, al hacerlo el maravilloso olor llegó a su nariz y de inmediato sintió la necesidad de absorber el aroma directamente del sitio donde más se concentraba, así que bajó el rostro hasta los genitales del otro.

Seokjin sacó la lengua y sin pensarlo lamió uno de los muslos, deleitándose con la suavidad de la piel, se permitió incluso morder ligeramente. El omega jadeó por sus acciones y él se regocijó internamente por ello.

Movió la lengua hacia la entrada, que ya estaba húmeda y goteaba en exceso, muestra de la excitación que sentía el pequeño hombre. Seokjin comenzó a lamer y morder, penetró para tocar con la lengua aquel punto dulce que hacía temblar al omega y ya conocía muy bien por todas las veces que lo había acariciado, con los dedos o la lengua; sólo le tomó unos segundos obtener lo que buscaba. Alargó una mano y la paseó por el cuerpo contrario hasta llegar a uno de sus pezones, lo acarició suavemente con el pulgar, luego lo tomó entre dos dedos para estimularlo. El hombre debajo de él se retorció y gimió alto, estaba temblando y chillando mientras él seguía con sus atenciones. Subió la boca hasta el pene ya erecto y no dudó en meterlo completo a su boca, al mismo tiempo movió la mano al otro pezón para darle la misma atención.

Sin embargo, Seokjin ya no aguantó más, así que finalmente se levantó. El omega dejó salir un suspiro al ser libre de la placentera tortura, y él se permitió admirarlo unos segundos. Su piel era tan blanca y suave, pero estaba sonrojado por completo debido a lo que Seokjin le hizo, el sudor causó que su pelo negro se le pegara en la cara y salivaba ligeramente. El alfa se sintió satisfecho consigo mismo, tomó su ya adolorida erección, luego fue por la mano del omega para que lo masturbara y este no dudó en hacerlo. Ya conocía la forma exacta de hacerlo, así que Seokjin mismo estuvo jadeando y moviendo las caderas en cuestión de segundos. Apartó la mano del omega cuando se sintió listo, entrelazó los dedos con los suyos y se acostó encima de él, con cuidado de no aplastarlo. Usó su mano libre para guiar su pene hacia la entrada que tanto añoraba y entró lentamente, porque ese era el modo exacto en que le gustaba hacerlo.

El omega debajo de él dejó caer los párpados y abrió la boca en busca de aire, cuando Seokjin estuvo completamente dentro se quedó quieto, tomándose un momento antes de comenzar a moverse. Él mismo sintió un escalofrío recorrerlo, dejó salir un pequeño jadeo y dio un embiste suave, pero poco a poco aumentó el ritmo.

Siempre intentaba ser cuidadoso, además, no disfrutaba hacer daño, por lo que sus movimientos eran lentos y precisos, ya tenía memorizado cómo hacerlo para satisfacer a su compañero. Las piernas del omega se enredaron en su cintura, los dedos que tenían entrelazados se apretaron mientras el placer crecía dentro de ellos, y gimieron juntos. Seokjin aumentó el ritmo de sus embestidas y también usó un poco más de fuerza, porque sentía la extraña necesidad de entrar más profundo dentro del omega. El nudo comenzó a formarse y decidió que no haría nada por evitarlo.

Buscó los labios del omega y este gustoso se dejó besar, gimieron en la boca del otro, Seokjin continuó entrando y saliendo hasta que logró provocarle un orgasmo que inevitablemente causó el suyo. Dio unos embistes mucho más fuertes para anudar y dejó una ligera mordida en el hombro ajeno cuando se corrió.

Dejó caer la cabeza junto a la cara del omega, inhalando el dulce aroma de este después del sexo, y cerró los ojos.

La espera para que el nudo bajara siempre era en silencio, Seokjin se movió sólo un poco para no aplastar al hombre debajo de él, le soltó la mano e intentó acomodarse para quedar detrás de él. Le tomó unos minutos, pues su compañero se quejó ligeramente, pero en su defensa, tenía muy pocas experiencia con los nudos y no sabía qué hacer mientras bajaba.

Cuando estuvieron acomodados, la espalda del omega pegada a su pecho, Seokjin se dio cuenta de que el nudo tardaría un rato en bajar por completo. Suspiró y pegó la nariz en la nuca contraria.

—Duerme —ordenó en voz baja.

El omega no se molestó en responder, Seokjin lo sintió relajarse en sus brazos y pocos minutos después ya estaba roncando suavemente. Eso lo hizo sonreír, se permitió acariciarle las manos, el vientre, las costillas que sobresalían de forma alarmante y las piernas.

Era hermoso y sensual, pero también adorable.

Cuando el nudo desapareció, salió lentamente del omega, tomó un paño húmedo para limpiarlo y luego se vistió. El hombre no despertó en ningún momento, pero Seokjin sabía que lo haría más tarde. En contra de su voluntad, salió de la cabaña que usaba para esos encuentros, estaba un poco lejos de la casa principal así que dejó a su caballo para que el omega lo usara cuando volviera, y se fue.Empieza a escribir aquí...


Las mañanas eran el peor momento del día. Seokjin se veía obligado a convivir con su familia, escuchar sus quejas y comentarios estúpidos. Siempre hablaban de cosas inútiles, la caza, el dinero, ropa y joyas; mientras él tenía que preocuparse por las cosechas y generar el dinero que gastaban.

Vio toda la comida en la mesa, gran parte de ella terminaría en la basura porque nadie se la comería y sólo ordenaron que la cocinaran para satisfacer un estúpido antojo. Esas actitudes arrogantes lo molestaban de sobremanera.

Pensó, inevitablemente, en cierto omega que estaba extremadamente delgado por falta de comida. Quiso llevarlo a esa mesa y dejarlo tomar cuántos alimentos deseara para lograr que la piel cubriera esas costillas que siempre estaban visibles. Se imaginó con él sentado a su lado, vestido con ropa adecuada y comiendo alegremente.

Bufó y se obligó a dejar esos pensamientos de lado, eran sueños estúpidos.

No dudó en salir de la casa una vez que terminó el desayuno, ni siquiera se preocupó por mostrarse un poco más afable, no ocultaba su desagrado.

Fue hasta las cosechas para supervisar que todo estuviera en orden. Los omegas y las alfas que trabajaban las tierras debían empezar desde antes de que saliera el sol, por lo que para esos momentos ya deberían llevar algunos cuantos kilos de trigo.

—Hyung, supongo que ya no te importa mucho lo que piensen de ti —murmuró Namjoon, su hermano menor, mientras encendía un cigarro.

—No te atrevas a fumar cerca de mí —gruñó Seokjin. Dio media vuelta y le arrebató el cigarro, lo tiró y pisó para apagarlo

—Es muy temprano para que tengas ese humor.

—Están trabajando muy bien, llevamos diez kilos más de lo planeado hoy —dijo Seokjin de repente —, eso es lo importante en estos momentos.

—Supongo que por eso vamos a dejarlos terminar su jornada antes.

—No empieces con tus estupideces.

—No son estupideces, es lo justo —replicó Namjoon seriamente.

—Los esclavos no necesitan justicia —declaró Seokjin mientras escribía en su cuaderno.

—Hablas de ellos como si fueran menos que animales.

—Que agradezcan tener una casa y comida.

—En terribles condiciones, ni siquiera puedo considerar esas instalaciones aptas, no…

—¡Ya basta! —gritó enojado y cerró de golpe su cuaderno —. No vengas aquí conmigo a darme tus malditos monólogos progresistas e igualitarios, Namjoon, las cosas son como son. Tú eres un alfa, yo soy un alfa, nuestra familia está bien, y todos estos esclavos —Señaló furiosamente a las personas que trabajaban sin descanso —, son malditos fenómenos de la naturaleza.

Namjoon lo miró con una mezcla de emociones: furia y decepción. Pero al final simplemente suspiró resignado. Se giró para mirar hacia las cosechas intentando encontrar la calma.

—Nuestros padres están preocupados por ti —dijo Namjoon.

—¿Por qué? —Seokjin actuó con indiferencia, siguió anotando cosas en su cuaderno.

—Tu esposa ha hablado sobre lo frío que eres y lo poco dispuesto que estás a cumplir tus obligaciones maritales.

Seokjin inevitablemente se tensó y el bolígrafo que tenía en la mano estuvo a punto de caer.

—Según le contó a mamá, en casi dos años de matrimonio no han intimado más de cinco veces —siguió Namjoon sin mirarlo —. Les preocupa el asunto de los herederos o que tengas algún problema de “ese” tipo… Pero creo que tú y yo sabemos que eso es imposible, eres perfectamente capaz de coger. ¿Cuánto tiempo llevas encontrándote a escondidas con ese omega?

—Suficiente —gruñó Seokjin y enfrentó a su hermano —. Mi vida marital no es un asunto familiar, menos uno que deba discutir contigo.

—Sólo te comunico las cosas que se hablan en casa, hyung.

—Pues escucha y calla, Namjoon.

—Deberías decirles que eres un hombre perfectamente funcional, aunque imagino que sólo con omegas masculinos.

—No tienes ningún derecho a juzgarme por ello, Namjoon, tú menos que nadie, porque no soy el único que se acuesta con un hombre —dijo entre dientes, cada vez más cerca de su límite.

—Oh, pero entre tú y yo hay una enorme diferencia, hyung —Namjoon dio un paso hacia adelante para quedar a milímetros de su cara, aprovechó los pocos centímetros que tenía de más en cuanto a altura para verse intimidante —. Yo no oculto mi gusto por ellos, no los llamo fenómenos ni voy el mundo diciendo que los aborrezco, tampoco me casé con una mujer para disimular y créeme que lo mío con mi omega es consensuado, yo no soy un violador.

—Yo no violo a nadie —se defendió Seokjin con la cara roja.

—¿No? ¿Crees que aprovechar el poder que tienes sobre él para obligarlo a abrirte la piernas no es una violación? No creo que seas así de estúpido, hyung.

—No lo lastimo.

—Que idiotez, no es necesario el dolor y la sangre para que un acto sea violación. ¿Acaso él tiene la opción de negarse?

Seokjin estaba a punto de responder cuando una beta tocó el tambor que anunciaba la hora del almuerzo. Todos los esclavos detuvieron su trabajo para comenzar a formarse en filas hacia las edificaciones que servían como comedores, las betas encargadas de su alimentación ya estaba dentro con la comida hecha, y aquellos que debían cuidarlos estaban cerca para mantener el orden.

Namjoon volvió a suspirar, sin decir nada más, dio media vuelta y se fue. Lo dejó solo y con un enojo creciente en su interior. Estaba harto de su hermano y de su familia, de ser un alfa, del funcionamiento del mundo.

Inevitablemente, Seokjin buscó con la mirada a cierto omega entre la multitud, porque sí, ese hombre al que se entregaba cada noche era su esclavo. Pero mientras lo hacía vio a un beta correr con alegría hacia el grupo de personas. Encontró al hombre que deseaba ver porque ese beta, que logró reconocer como Jung Hoseok, un guardia bastante amigable, fue hacia él. Presenció cómo le daba una galleta envuelta en una servilleta que sacó de su abrigo, pero el omega de inmediato alzó la cabeza en busca de alguien más. Otro omega más joven apareció, un poco más alto y robusto, pero de cara tierna y ojos grandes; el hombre que Seokjin admiraba a la distancia, le dio la galleta sin dudar, aunque el menor la partió en dos para compartir. Ambos comieron y sonrieron.

Seokjin sintió un dolor en el pecho al ver al omega sonreír, porque con él nunca lo hacía.

Sin embargo, Hoseok no se detuvo ahí, mientras la fila avanzaba él siguió junto a los omegas y luego les extendió una bolsa pequeña. El mayor de los omegas la tomó y sacó de ella dos gorritos, lo mostró feliz al otro y ambos se rieron entusiasmados. Se los pusieron y lo único en lo que Seokjin pudo pensar fue en que se veía adorable, pero también se sintió celoso.

Esa noche, después de correrse en el pecho del omega, le permitió comer. Llevó muchas galletas de diferentes sabores, algunos dulces y un banquete para él solo, aunque el omega no se vio nada complacido con el ofrecimiento, no dudó en tomar cuanta comida pudo. Días después, mandó plantar árboles ya grandes y frondosos en algunos lugares para que pudieran tener sombra en los días soleados.

No permitiría que ningún beta fuera mejor que él.


Los días no se detenían por él, la vida no dejaba de avanzar para que Seokjin se sintiera mejor.

Siempre había cuentas por hacer, orden que mantener, un trabajo que seguir. No había tenido la oportunidad de verse con el omega porque la situación se ponía tensa después del invierno, todo estaba saliendo de la nieve y era más complicada la cosecha, mantener ocupados a los esclavos también requería su esfuerzo.

Una noche, mientras revisaba las cuentas en su estudio, entró su esposa.

Esa mujer estaba en su vida porque así lo decidieron sus padres, obviamente tuvo un matrimonio arreglado, ella era hija de una importante familia del sur.

—Es momento de que vayas a la cama —dijo ella mientras avanzaba hacia donde estaba.

—Tengo cosas que hacer.

—Necesitas dormir —La mujer rodeó el escritorio y se colocó detrás de su silla —. Vamos a la cama —pidió sugerentemente mientras metía las manos en su camisa.

Seokjin se tensó y detuvo de golpe sus movimientos, por instinto tomó las manos de la mujer y las alejó de él, intentó calmarse antes de hablar.

—Ve tú a la cama —ordenó con firmeza —, ya te dije que yo tengo muchos asuntos que resolver.

—Seokjin, alfa —intentó de nuevo, con un asqueroso tono seductor —, acompáñame esta noche.

—No.

—Esposo.

—Deja de insistir, ¿acaso no tienes dignidad?

La mujer se detuvo en seco, se enderezó en su lugar y luego caminó hasta quedar frente a él y verlo a la cara; estaba claramente molesta.

—Mi dignidad no sirve de nada —declaró seriamente —, lo que necesito para sobrevivir es un hijo tuyo, algo que me de valor como omega. No tengo tu marca, no huelo nunca a ti, no puedo ni hablar de que alguna vez me hayas anudado, y por lo tanto, la idea de un hijo es inconcebible para nosotros. Mi valor como mujer depende de ti y lo que hagamos en la cama.

—Que triste y lamentable opinión tienes de ti misma —replicó Seokjin sin inmutarse.

—Incluso si no me gusta, es la verdad.

—Lamento mucho, entonces, no ser de utilidad en tu propósito de vida.

—¿Por qué ni siquiera lo intentas? No me volteas ni a ver, pareciera que… no sirves.

Seokjin detuvo lo que estaba haciendo y miró fijamente a la mujer.

—La que no me sirve eres tú —dijo sin una pizca de amabilidad —. No me gustas, no te deseo, casi me haces sentir asqueado, todas las veces que estuve contigo fue por mera obligación e insistencia tuya, no porque así lo quisiera.

—No importa si te gusto o no, Seokjin, tienes que asegurar un heredero.

—Namjoon será perfectamente capaz de hacer eso, créeme, a mí ya no me molestes —Volvió su atención a los documentos para ignorarla y dar por terminada la discusión —. Y más te vale que dejes de divulgar nuestra intimidad a mi familia, no deseo hacerte quedar como una mujer incapaz de hacer que su esposo sienta deseo por ti.

La mujer no dijo nada, lentamente salió del estudio y se fue. Una vez que estuvo solo, Seokjin se permitió tomar unos segundos para intentar relajarse.

Toda la situación con esa mujer era una mierda. Antes de casarse la había visto dos veces, luego tuvo que convertirla en su esposa. No era precisamente fea, era todo lo que se esperaba de una omega, pero no era él.

No pudo consumar el matrimonio hasta dos semanas después, cuando su esposa lo embriagó y lo sedujo, incluso en ese estado de inconsciencia se sintió asqueado y sucio. Las siguientes veces fueron iguales, ya que él no podía tocar a la omega estando en sus cinco sentidos.

Cuando pensaba en hijos, en una familia feliz, en él siendo un esposo, llegaba a su mente la imagen de otro omega. De uno con el que nunca podría cumplir esos sueños porque no era más que un esclavo, era un hombre, un error de la naturaleza… Pero era bello, era perfecto, era lo que Seokjin más anhelaba.

Se cubrió la cara con ambas manos en un inútil intento de conseguir calma, porque mientras más pensaba, más sentía cosas que lo enloquecían. Recordó las palabras de Namjoon, de su padre, de su esposa, recordó al beta que se acercaba a su omega con tanta confianza y naturalidad, pensó en él y todo lo que le hacía sentir.

Quiso llorar y gritar, sintió la ansiedad por todo su cuerpo, poco a poco se estaba volviendo loco.

Su cuerpo actuó por instinto mientras se levantaba y salía de la casa para ir hacia la cabaña donde los esclavos dormían. Necesitaba dejar de sentirse así, relajarse y calmar su corazón acelerado, sólo pudo pensar en alguien que lo ayudaría con eso.

Abrió la puerta de golpe, no se preocupó por la discreción o evitar habladurías, sólo pensó en sentirse mejor. Fue directamente a donde su nariz le indicó que estaba el olor de su omega, mezclado entre los demás aromas rancios y débiles combinados con la suciedad, y lo vio ahí. Sus ojos estaban adormilados, pero sorprendidos, sujetaba con fuerza al joven omega con el que lo vio la última vez y al mismo tiempo otro muchacho se abrazó a su cintura.

—Ven —le ordenó mirándolo a los ojos.

El omega no respondió de inmediato, mantuvo su mirada firme por unos segundos, pero luego suspiró resignado.

—¡No! —gritó el más joven mientras tomaba con fuerza su brazo.

—Hyung, no vayas —pidió el otro.

Pero su omega sólo les dirigió una mirada rápida y les indicó con suavidad que lo dejaran ir, estos no quisieron ceder, pero tuvieron que hacerlo al final.

Seokjin lo tomó del brazo y lo arrastró fuera de los dormitorios sin delicadeza. No tenía tiempo de ir a su escondite, su casa no era una opción y tampoco podía cogerlo en donde estaban los demás esclavos. Lo guió por los árboles de la propiedad hasta adentrarse al bosque y caminó, llevando consigo a su omega.

Pero se detuvo cuando escuchó un suave quejido por parte de este, al girarse pudo notar que tenía su pie estaba en alto y temblaba ligeramente. Iba descalzo, se dio cuenta, así que seguramente se había lastimado con las rocas o alguna rama. Dejó salir un suspiro y lo tomó suavemente entre sus brazos al estilo nupcial, para llevarlo así a donde fuera que decidiera ir.

El omega se tensó por aquello, pero no tardó en relajarse, lo que alegró a Seokjin, pues no quería que pensara mal de él y sus intenciones, aunque él tampoco pudiera saber cuáles eran.

Sólo deseaba sentirse tranquilo y el hombre entre sus brazos lo ayudaba a lograrlo. Ese omega significaba para él mucho más de lo que le gustaría admitir.

Cuando escuchó el río cerca disminuyó lentamente la velocidad para ir hacia allá. Dejó al hombre en el piso y lo primero que hizo fue asegurarse que su pie estuviera bien, no vio ninguna herida grave, sólo un pequeño rasguño, que no dudó en besar suavemente con la intención de sanar. El omega ahogó una risa, pero no dijo nada. Seokjin sonrió ante el sonido.

Por unos segundos se quedaron en silencio, mirándose a los ojos, hasta que el omega sujetó su cara para acercarse y besarlo. Seokjin no supo cómo tomarlo, al principio fue incapaz de responder, pero lo hizo porque era demasiado débil ante él. Se besaron por varios minutos, con calma y lentitud, hasta que el omega rompió el contacto, sólo para levantarse y quitarse el camisón que usaba para dormir.

Seokjin lo observó con fascinación, su cuerpo tenía manchas causadas por su trabajo, algunas cicatrices y las costillas que sobresalían por la falta de alimento. El hombre caminó hasta entrar al río, sin mirar al alfa detrás de él, que se quedó sentado y atontado por su imagen. Comenzó a limpiarse con las manos, se hundió para mojarse el cabello y luego, de repente, giró para verlo. Seokjin se quedó sin aliento, sus ojos eran dominantes y hermosos. No dudó ni un momento en quitarse también la ropa, el omega lo esperó pacientemente en el agua y cuando estuvo a su lado, lo abrazó por el cuello para volver a besarlo.

Seokjin llevó las manos a su cintura con la intención de acercarlo lo más que pudiera a su cuerpo. El beso pronto ganó intensidad y no dudó en llevar una mano a la entrada del omega, que se alejó de sus labios para suspirar. Seokjin comenzó a masturbarlo mientras besaba sus hombros.

El agua no estaba lo suficientemente fría para apagar el calor que poco a poco nacía entre ellos.

Fue demasiado rápido, juntos fueron hasta la orilla del río para poder tener un apoyo, el omega pegó la espalda y separó las piernas en una silenciosa invitación, cuando Seokjin se metió entre ellas, se impulsó suavemente para poder rodearle la cintura con las piernas, aunque fue una tarea bastante complicada de hacer en el agua. Seokjin se acomodó mejor, entró suavemente en el hombre y se tomó unos segundos para respirar.

Sintió que el aire se le iba y su corazón se volvió loco, siempre era así, aunque llevara años tomando a ese hombre y ya lo hubiese hecho suyo de todas las formas posibles.

Comenzó a embestirlo con desesperación, se sujetó de la tierra tras de ellos para tener un poco de estabilidad y mordió el cuello de su amante.

¿Cómo empezó todo?

Desde el primer día que lo vio, casi nueve años atrás, Seokjin sintió que ese hombre era suyo. Al principio quiso negarse a esas emociones, por años evitó al omega y lo trató como a todos los demás, pero tres años atrás todo cambió. Porque fue justo en ese río donde lo vio desnudo por primera vez, se estaba bañando y acarició su piel sin notar los ojos negros que furtivamente lo observaban.

Por supuesto, sentir atracción por un omega masculino era algo que consideró enfermo, pero Seokjin era demasiado débil ante él.

Así que una tarde le entregó una nota que decía claramente:

“Te espero esta noche en el árbol de mandarinas que está afuera de los establos”.

Cuando el omega llegó, él ya lo esperaba, lo subió a su caballo y se lo llevó lejos.

Su primera vez ocurrió en el escondite de siempre, una cabañita personal que su padre le regaló cuando era niño y que usaba para pasar el rato antes de convertirla en su lugar. Le llevó comida, le permitió bañarse y le regaló un camisón; no necesitó decir nada, el omega pronto entendió lo que Seokjin buscaba de él y no dudó en ceder. Abrió las piernas con resignación, y por un momento el alfa deseó ser diferente, decirle que se fuera sin pedir nada a cambio; pero, lamentablemente, no era una buena persona.

Seokjin tomó todo lo que pudo de él esa noche. Besó su cuerpo completo, dejó marcas, robó suspiros y gemidos sucios que el omega se sintió avergonzado de hacer, se robó la primera experiencia del hombre pero le entregó a cambio la suya.

Cuando se vio saciado, a mitad de la madrugada, le dijo que se bañara. El omega obedeció sin decir nada, luego se fueron en el mismo caballo en el que llegaron.

Pudo terminar ahí, quedar como un desliz de una noche, un simple error, pero no fue así.

Seokjin no lo olvidaba, en sus manos y en su boca podía sentir la suavidad de su cuerpo, la dulzura de su ser; lo necesitaba. Días después volvió a dejarle una nota, el omega acudió al llamado y él lo tomó otra vez.

Y otra, y otra y otra.

Se vio incapaz de detenerse, de dejarlo ir.

Luego se casó con esa horrible mujer, pero el matrimonio sólo intensificó su deseo por el omega. Nadie más despertaba sus instintos como él, no podía imaginarse uniendo su cuerpo al de alguien más, dándole su nudo a otro.

Seokjin era malvado, tomó la pureza de un hombre al que no podía ofrecerle nada más que comida, agua y ropa limpia. Era un cobarde que aprovechaba su poder, porque sabía que el omega nunca se negaría a él, justo como lo hizo esa noche.

Seokjin era repugnante.

En algún momento salieron del agua para continuar en la hierba.

El omega estaba encima de él, montándolo, moviendo sus caderas circularmente y de adelante hacia atrás, como ya sabía hacerlo; mientras Seokjin se empujaba dentro de él, impulsado por sus pies, y acariciaba al mismo tiempo los pezones rosas de su amante.

Un millón de pensamientos cruzaron su cabeza.

“Mío, mi omega, mío. Te llenaré de cachorros”.

Seokjin quería que sus hijos se vieran como ese hombre, que tuvieran sus ojos pequeños, su nariz de botón y su sonrisa hermosa. Quería que fuera ese el rostro que viera al despertar, el aroma que lo envolviera al dormir, sujetar esas manos durante la tarde.

Sintió sus ojos llenarse de lágrimas mientras el placer se hacía más intenso.

Se corrió dentro del omega con un gemido largo, pero este no se detuvo, siguió moviéndose hasta lograr que el nudo entrara en él, y cuando eso pasó, se dejó caer en su pecho, saciado y satisfecho.

Ellos no tenían más que esos momentos, no había un futuro o una historia feliz, sólo tenían el placer que la noche les otorgaba en secreto.


Por su propio bien, decidió mantenerse alejado del omega un tiempo. Llevaba ya tres semanas sin buscarlo, más de una vez vio al hombre mirarlo a través de la multitud, sus ojos expresaban pena.

Las cosas con su esposa no iban mejor, ella comenzó a volverse más insistente, tuvo que acostarse con ella una vez, aunque recordaba muy poco de ese encuentro. Namjoon tampoco ayudaba, cada día era más acusador e insistente, también se volvió más obvio en sus planes.

Justo como le dijo tiempo atrás, Namjoon tenía un omega masculino como amante, pero no era cualquier omega, era un rebelde. Seokjin lo descubrió una noche mientras los veía huir en caballo, aquella vez regresaba de verse con su omega y sintió mucha intriga al verlos, más porque se unieron a Jung Hoseok. Los siguió sigilosamente y descubrió la pequeña secta de rebeldes que se había formado. Muchos omegas y betas, Namjoon el único alfa hombre, hablaban sobre derrocar al gobierno. Querían terminar con el sistema que mantenía como esclavos a los omegas masculinos y alfas femeninas, con la excusa de que eran fenómenos de la naturaleza; y regresarles su libertad.

Seokjin no dijo nada, porque secretamente esperaba que toda la crueldad que existía se terminara, pero tampoco hizo algo por ayudar. Se mantuvo al margen y adquirió una postura neutral.

Pero Namjoon cada vez se volvía menos discreto, peleaba con todos los ancianos cuando hablaban sobre la esclavitud, ni siquiera escondía la fascinación que sentía por ese omega de labios carnosos y mejillas redondas, menos su amistad con Hoseok. Él tuvo que inventar excusas y excusas.

Una tarde, mientras vigilaba que todo estuviera en orden, llegó su hermano a su lado.

—Taehyung dijo que volverá pronto —informó Namjoon con calma.

—¿Taehyung? ¿Ya terminó la universidad?

—No, pero dijo que ha decidido continuar aquí.

Seokjin se dio cuenta de que eso era una mentira.

Kim Taehyung era su hermano menor, el más soñador e inocente de los tres, un alfa guapo pero infantil; por ello fue fácil utilizar su sensibilidad para convencerlo de unirse a la rebelión. Otra cosa que Seokjin se vio obligado a esconder después de encontrar las cartas que sus hermanos intercambiaban.

—Me parece perfecto, entonces —dijo sin más.

—Hyung —llamó Namjoon y se acercó a él —, yo sé que tú estás enterado de todo.

—¿De todo?

—Lo de… —Namjoon dudó unos momentos, vio a su hermano con duda, pero luego suspiró y se acercó más a él —. Lo de la rebelión.

Seokjin no respondió, sostuvo la mirada del menor y evitó mostrar alguna emoción.

—Sé que nos apoyas…

—No asegures algo como eso, Namjoon —gruñó entre dientes.

—En este tiempo no nos has delatado, has permitido que…

—Lo hago porque los amo, a ti y a Taehyung, no me interesan estas personas —declaró con firmeza —. ¿Por qué apoyaría un movimiento en el que yo pierdo? ¿Por qué dejaría que mis esclavos se vayan lejos y me dejen sin nada? No tengo razones para defender la rebelión…

En ese momento un grito proveniente de la cosecha interrumpió la discusión de los hermanos, quienes se giraron para observar lo que pasaba.

Seokjin se petrificó al darse cuenta de que su omega estaba tirado en medio de los trigales. Sintió la necesidad inmediata de ir hasta él, su lobo comenzó a rasguñar dentro suyo para que fuera hacia su omega, pero se detuvo.

Fue Namjoon quien no dudó en correr hacia él, al igual que Hoseok. Su hermano tomó al hombre entre sus brazos para llevarlo debajo de un árbol mientras gritaba indicaciones, otros betas se apresuraron en obedecer y en poco tiempo volvieron con varias cosas.

Seokjin vio cómo le quitaban al omega algunas capas de ropa mientras usaban sus manos para que tuviera más aire y Namjoon ponía cerca de su nariz un paño humedecido de algo. Pocos minutos después volvió en sí, miró aterrado a todos y cuando encontró la mirada del joven omega que siempre lo acompañaba, se echó a sus brazos. Todos volvieron a su trabajo, mientras Namjoon le permitía irse a los dormitorios para que descansara, junto al otro muchacho que debía cuidarlo.

Lo observó irse lentamente, cubriendo sonrojado su cuerpo medio desnudo, y quiso ir hasta él, al menos encontrarse con sus ojos, pero el omega ni siquiera lo miró.


Dejó que pasaran más días, cada vez con mayor determinación de que debía alejarse de él para formar la vida a la que estaba destinado; pero Seokjin subestimó mucho la necesidad que su lobo expresaba por aquel al que consideraba suyo, porque sólo una semana más tarde fue a dejarle una nota mientras trabajaba.

El papel estaba en blanco, porque ya no necesitaba decirle nada para que el omega entendiera.

Esa noche Seokjin esperó más de lo acostumbrado, incluso creyó que el omega se negaría a ir y eso lo llenó de miedo, porque entonces todo habría terminado y él jamás sopesó esa idea. No podía imaginarse lejos de él, sin verlo, sin tocarlo, sin besarlo, sin su aroma... Sus pensamientos se interrumpieron cuando logró vislumbrarlo poco después a lo lejos, caminando entre los árboles, cubierto sólo con su ligero camisón, aunque se veía… diferente.

Una vez que llegó a su lado, subieron a una carroza que Seokjin llevó esa ocasión, pues el omega seguía débil desde el primer incidente; se desmayó una vez más y según le dijeron tenía un problema estomacal que lo hacía vomitar todas las mañanas. También notó que su aroma era más tenue, casi imperceptible.

Cuando llegaron a la cabaña el omega no dudó en darse un baño en la tina, Seokjin le dio privacidad mientras él mismo se quitaba el saco y las botas. Le llevó bastante comida y algunos abrigos, aunque el invierno no estaba ni cerca de llegar, sintió una extraña necesidad de cuidarlo.

El omega volvió poco después, seguía viéndose extraño y Seokjin quiso preguntar si estaba bien, pero de su boca no salió nada. En cambio, el omega caminó hacia la cama que había junto a la ventana y se recostó con la espalda pegada al colchón, ya desnudo y listo.

Seokjin tragó el nudo que se formó en su garganta por lo resignado que actuaba, quería ser un hombre honorable, pero no lo era. Fue hasta él, se colocó encima de su cuerpo con cuidado de no aplastarlo y lo besó con calma. Dejó que una de sus manos pasearan por el cuerpo delgado del hombre mientras su boca bajó a su cuello para llenarse de su aroma, de su esencia tan adictiva.

Pero lo que olió lo petrificó por completo.

Detuvo sus atenciones para volver a olfatear y cerciorarse de que no estaba equivocado.

El aroma del omega estaba ahí, pero más dulce, más suave… Eso sólo significaba una cosa.

El hombre debajo de él se tensó ante su calma, no respiró y se quedó bien quieto.

Seokjin alzó el rostro para mirarlo, sorprendido e incrédulo, el omega estaba aterrado.

—¿Qué…? —murmuró Seokjin mientras se levantaba.

—Por favor, por favor… —El omega también se levantó, pero él fue directamente al piso para arrodillarse —. Por favor, le suplico que no lo dañe, se lo ruego, señor —pidió mientras comenzaba a llorar —. No mate a mi cachorro, no le haga nada a mi hijo. Le juro que no le daré problemas, nadie sabrá que usted es el alfa de mi bebé, me iré lejos y desapareceré, se lo juro, pero no le haga nada.

Seokjin no pudo decir o hacer nada, miró con miedo al omega que lloraba y suplicaba en el piso, a sus pies. Era la primera vez en años que lo escuchaba hablar, todo lo que salía de su boca durante sus encuentros eran gemidos y jadeos, a veces pequeños gritos; y lo que le decía era eso.

Sintió un dolor en el pecho, algo inexplicable que atacó todo su ser.

Intentó procesar lo que acababa de descubrir, lo que estaba sucediendo frente a sus ojos.

Su omega esperaba un hijo, un hijo suyo.

Y le pedía entre lágrimas que no lo matara.

Lentamente Seokjin reaccionó, tomó una de las sábanas de la cama y se agachó para estar al nivel del omega, que seguía llorando en el piso, y cubrió su cuerpo desnudo. Con cuidado pasó los pulgares por el rostro húmedo del hombre y acarició sus mejillas, sonrió tranquilizadoramente y sin dudarlo dejó un beso en su frente.

—¿Cuál es tu nombre? —inquirió sin despegar los labios de su piel.

El omega no se calmó por sus atenciones, seguía alerta y tenso, pero usó todas sus fuerzas para regular su respiración.

—Yoongi —respondió en voz baja —. Mi nombre es Yoongi.

Seokjin sonrió y con cuidado lo abrazó, lo sentó en sus piernas y besó su cabello mientras sentía las lágrimas correr por su rostro.

—Mi Yoongi —murmuró apretandolo contra su pecho.


Seokjin era egoísta, sí, nunca fue bueno.

Después de enterarse del embarazo de Yoongi tomó la decisión más importante de su vida.

Esa noche lo dejó en la cabaña para que no volviera a trabajar, le llevó comida todos los días e intentó mantenerlo sano mientras intentaba encontrar una solución. No iba a pedirle a Yoongi que abortara, no era el deseo de este y él lo respetaría, pero tenía la obligación de hacerse cargo en todos los sentidos.

Él era el culpable de que Yoongi estuviera en esa situación, él lo embarazó y lo puso en peligro.

Mientras los días avanzaban, Seokjin reafirmó que era demasiado débil ante él en todos los sentidos y Yoongi lo descubrió muy pronto, así que le pidió que le llevara a su hermano, Jungkook, que descubrió era el joven omega que siempre estaba pegado a él. Así que los dos terminaron en la cabaña, lejos de todos.

Pero Seokjin entendió que esa era una salida fugaz e inestable, lo que realmente necesitaba era algo más real, más grande.

Así que cuando Taehyung llegó no dudó en poner en sus manos el bienestar de Yoongi y su cachorro en camino.

Seokjin se uniría a la rebelión, usaría su poder para llegar a puestos más altos en el poder, no temía mancharse las manos con la sangre de los más grandes políticos, a los que él conocía muy bien.

Pero eso también podría traer grandes consecuencias, estaba bien consciente de ello, y morir era una probabilidad en su caso.

Así que su única condición para unirse y apoyarlos fue que Yoongi estuviera totalmente a salvo.

Namjoon se alegró al saber que lo apoyaría y no se sintió intimidado por su actuar, entendía que necesitaba tener la seguridad de que su familia estaría bien.

Una noche, cuando Yoongi presumía ya tres meses de embarazo, fue que todo se decidió, el golpe que daría inició a la guerra se llevaría a cabo esa madrugada. Taehyung, que se había vuelto muy cercano a Jungkook mientras convivía con Yoongi, los ayudó a empacar las pocas pertenencias que tenían, todas otorgadas por Seokjin y él mismo. Salieron en caballo a mitad de la madrugada, para no llamar demasiado la atención, y fueron hasta un puente donde ya los esperaba el grupo de rebeldes que los llevaría a las afueras al norte, donde estarían en paz hasta que la guerra terminara.

—Más te vale que esté bien —amenazó de nuevo Seokjin a su hermano Namjoon una vez que bajaron de sus caballos —, si algo le pasa a Yoongi o al cachorro, te aseguro que no me tentaré el corazón para hacerte mierda. Así como puedo ayudarte, tengo el poder para destruirlos.

—Y créeme que lo tengo claro, hyung —Namjoon sonrió y puso una mano en su hombro —. Nadie se acercará al norte a menos que quieran morir, es el lugar más seguro del país, pero sabes que siempre serás libre de visitarlos.

—Es hora —interrumpió Taehyung y señaló las antorchas que se acercaban a ellos.

Sacó un instrumento de aire de su bolsillo y lo tocó para emitir una melodía extraña, que los otros respondieron, así era como se identificaban.

Yoongi y Jungkook se despidieron de Jimin, el omega de Namjoon, que se quedaría a luchar con ellos. Taehyung y Namjoon también se despidieron, ya que el más joven iría al norte con los omegas, y luego lo abrazó a él.

—Cuídate, Tae —pidió Seokjin mientras le daba unos golpecitos en la espalda.

—Tú también, hyung. Tienes dos razones para salir de esta guerra con vida.

Seokjin asintió, sus ojos inmediatamente buscaron a Yoongi, que no dudó en ir a él con pasos lentos.

—Es hora —murmuró Seokjin mientras acomodaba mejor la capa que llevaba Yoongi para cubrirse del frío.

—Es momento de irnos.

Yoongi le tomó una mano para llevarla a su vientre plano.

—El bebé… nuestro bebé necesita a su alfa, así que asegúrate de estar bien —dijo en voz baja.

—Iré a visitarlos en cuanto tenga oportunidad —aseguró y dejó un beso en su frente.

La relación entre ambos era extraña, Yoongi no podía presumirse enamorado o al menos no igual de encantado que Seokjin, pero el embarazo lo hacía dependiente. No tuvieron el tiempo suficiente para conocerse bien, primero por la situación en la que vivían, después porque Jungkook estaba siempre presente y Seokjin no tenía mucho tiempo libre mientras planificaba la rebelión.

Sin embargo, Yoongi siempre le dejó bien clara su postura, él estaba consciente de que Seokjin no era su príncipe azul, sino un abusador.

Lo volvió su prostituto, lo usó mientras seguía profesando sus discursos de odio, lo mantuvo como esclavo y le quitó su libertad; pero supo dejar eso de lado por el bienestar de su bebé, porque, para bien o para mal, él también necesitaba al alfa.

Y existía una innegable atracción, que lo llevó a robarle besos y abrazarse a él más de una vez.

Seokjin perfumó muchas prendas para él y Yoongi también le dio una camisita con su olor, a petición suya.

—Antes de que te vayas, debo darte algo —murmuró Seokjin.

Dentro de su abrigo llevaba una pequeña bolita de tela amarrada con un listón, se lo extendió a Yoongi, quien lo tomó con curiosidad. Dejó que la tela que sirvió de envoltura cayera a los lados para mostrar el regalo, que era un curioso trajecito blanco, diminuto y adorable.

—Para el bebé —informó Seokjin con las orejas rojas.

—Seokjin…

—Por si no tengo la oportunidad de ir antes de que nazca y…

—Tienes que ir —interrumpió Yoongi con firmeza —, no te perdonaré si nunca vas. Seokjin, te necesito, mi lobo y el bebé te necesitan.

—Lo sé, lo sé, pero hay cosas que no están en mis manos.

—No me importa, tienes que hacer hasta lo imposible para volver… —Yoongi apretó los labios y lo miró con decisión —. Tienes que volver a mí, a nuestro hijo.

Seokjin sintió que iba a llorar, sin pensarlo tomó las mejillas de Yoongi entre sus manos y lo besó con intensidad, necesitaba recordar esa sensación, la de tener a ese omega entre sus brazos.

—Volveré a ti —susurró con los labios a milímetros de los de Yoongi —, y prometo que seré un alfa digno de convertirse en tu compañero, si quieres darme la oportunidad. Seré buen padre, les daré a ti y a nuestro bebé un mundo libre, te lo juro.

—Debes cumplir tu palabra, te estaré esperando antes del nacimiento y también debes estar ahí el día que nuestro bebé llegue al mundo, debes acompañarme a nombrarlo.

—Así será.

Después de otro beso, tuvieron que despedirse. Yoongi subió a un cómodo carruaje custodiado por varias personas con armas y a caballo, Seokjin lo vio irse con un peso en el corazón, pero firme en su decisión de darle a su omega la libertad que tan cruelmente le quitó.