Amigos imaginarios
¿Alguna vez tuvieron amigos imaginarios? La imaginación de un niño puede ser impresionante, pueden crear mundos enteros dentro de sus mentes y perfectos compañeros de juego. Pero ¿Qué pasa cuando estos amigos imaginarios no son precisamente benevolentes? ¿O que tal si no son tan imaginarios en realidad?
Eso me paso a mi hace mucho tiempo, cuando vivía con mis padres. Ellos discutían mucho y por eso los demás niños de la escuela no se me acercaban. Con el tiempo empezaron a crear rumores sobre mi y pasaron de ignorarme a agredirme. A mis padres ni siquiera les preocupaba que yo llegara golpeado del colegio, solo se quejaban de que ahora tendrían que gastar más en medicinas y vendajes para mí; una vez los oí decir que solo lo hacían porque seria mas costoso pagar un hospital en caso de que mis heridas se infectaran. Eventualmente tuve que ser yo mismo el que atendiera mis heridas “Ahí están las medicinas, no te quejes tanto”
No era solo la soledad lo que me asediaba, sino que las personas alrededor eran malas conmigo. Hasta que un día una caricatura mencionó que los niños podían crear amigos para que los acompañaran y ayudaran con sus problemas. Sí, le hice caso a unos dibujos animados, supongo que de verdad estaba desesperado. No sabia como crear nada, así que le pregunte a la maestra de arte y ella me recomendó que lo primero que debía hacer era un boceto de lo que quería. Agarre un cuaderno y en la portada escribí “mis amigos”, el primero que cree era mi compañero de juegos, era un niño de mi edad, sus ojos cambiaban de colores y sus ropas se ajustaban a lo que estuviésemos jugando. Jugamos juntos toda la tarde hasta que mi madre me arrastró dentro de la casa, me regañó por hacer mucho ruido y me dio una bofetada. Entonces cree a mi siguiente amigo: una enfermera que curara mis heridas y me cantara hasta quedarme dormido.
Cree muchos amigos más, uno para cada ocasión y no todos tenían apariencia humana, recuerdo que había un león enorme que me protegía de mis agresores y un águila que me cargaba por los cielos. Pero también hubo amigos que yo no cree, ellos solo aparecieron un día y yo los recibí, feliz por tener más amigos. Ellos dijeron que eran lo amigos de niños que crecieron y los olvidaron. Me preguntaron si yo también los abandonaría y yo respondí que nunca crecería, como en ese cuento del niño que volaba.
Fui feliz por mucho tiempo hasta que mi padre llego ebrio a casa y me golpeo hasta romper una de mis piernas. Lloré mucho, el se enfadó por eso y me encerró en mi habitación. Mi enfermera me curó y me puso un yeso muy bonito que todos mis amigos firmaron, ellos eran tantos que las firmas quedaron sobrepuestas. Dormí feliz esa noche y hasta soñé con un parque acuático, pero desperté con los gritos desesperados de mi mamá pidiendo ayuda, ella nunca subió a buscarme. Cuando llegaron los policías finalmente pude ver lo que pasaba: algo había asesinado a mi padre, un animal salvaje enorme al parecer. Mi madre no supo decir que había pasado, ni tampoco supo responder cuando le preguntaron sobre mis heridas o quien las había tratado. Los policías me llevaron a servicios infantiles y de ahí a un orfanato. Nunca supe que paso con mis padres, pero no me importó, yo aun tenia a mis amigos. En el orfanato también me trataban mal, pero mis amigos me defendían. Todo estuvo bien hasta que un niño me dejo afuera del dormitorio toda la noche. Tiempo lo encontraron congelado por haberse quedado fuera del edificio durante una noche lluviosa; otro día, una niña tiro el cabello, a la mañana siguiente la tuvieron que llevar de urgencias al hospital pues le habían arrancado el cabello de tal forma que se llevaron trozos de piel incluidos; en otra ocasión me empujaron de las escaleras, los culpables aparecieron con los brazos y las piernas quebradas, se veían divertidos, como muñecos de trapo. Yo no era idiota, sabia que eran mis amigos lo que hacían esas travesuras.
Eventualmente las cuidadoras se dieron cuenta de que de alguna manera esos incidentes estaban ligados a mí y quisieron llevarme a una iglesia. Mis amigos no querían ir, chillaban horriblemente y aventaban cosas por el aire. Yo aproveché la distracción para tomar el cuaderno donde los había dibujado y salí corriendo. Hasta el día de hoy mis amigos aun me acompañan, ¡y lo mejor es que no he crecido! Mis amigos ya me aseguraron que yo seré un niño para siempre ¡Que genial!








