Etamin's children: Rise of the Dragon Riders

Summary

Durante siglos han existido alrededor del mundo una clase de arduos y valientes guerreros cuyas monturas son nada más y nada menos que los míticos y poderosos dragones. Eran los guardianes de la tierra, el cielo y el mar, cuidando los reinos a los que pertenecían o a los peregrinos y comerciantes si por el contrario eran gente sin un lugar establecido. Cuando un jinete de dragón nace, Etamin, la estrella más importante de la Constelación del Dragón, brilla con intensidad produciendo una lluvia de estrellas, las Perseidas, que le indican el camino a su dragón destinado para convertirse en su montura, protector y amigo y permanecer a su lado hasta el día de su muerte. Sin embargo, las guerras y el ansia de poder, así como los fanáticos que rezaban que los jinetes de dragones eran hijos del mal, provocaron la decadencia de los jinetes y sus monturas hasta casi la extinción. Los pocos sobrevivientes a la purga decidieron esconderse para vivir sus días en paz, y por mucho tiempo la Estrella Etamin permaneció apagada... Hasta ahora. 120 años más tarde, nuevos jinetes han nacido, Etamin brilla con fuerza y las Perseidas recorren los cielos indicándole el camino a nuevos dragones en busca de sus jinetes. Esta es la historia de dos de ellos.

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
16+

- ¡Ya dinos lo que sabes!

Y dicho esto le propinó un brutal puñetazo en el estómago.

Eran las 2 de la madrugada, y en aquel claro del bosque se encontraban una banda de ladrones que mantenía atado a un rubio mientras le propinaban una paliza.

-Prefiero morir que decir algo…

Otro puñetazo, esta vez en el rostro.

- ¿Eres estúpido? ¿Acaso crees aguantar?

El rubio escupió sangre y lo miró.

-…Haría esto todo el día…

El líder de los ladrones lo miró y apretó los dientes, furioso ante la terquedad de aquel rubio, y cuando estuvo a punto de propinarle otro golpe un silbido lo distrajo.

-Jefe…

Uno de los subordinados señaló detrás de él, y al voltear a mirar se topó con un joven vestido con una armadura negra, cabellera larga de color castaño oscuro casi negro y ojos azules como el hielo.

- ¿Y tú que quieres, imbécil?

- ¿Yo? Que suelten a mi amigo si no quieren salir mal parados.

El jefe empezó a reír seguido de su banda, pero el recién llegado se mantuvo serio.

-No me jodas… Tu amigo intentó lo mismo que tú hace un rato y mira como está ¿Realmente crees que puedes hacer algo?

-Me subestimas. Te lo repetiré una vez más: Deja libre a mi amigo.

-Los mocosos como tú me tienen harto…

Dejó al rubio que maldecía para sí mismo y se dirigió hacia el castaño. Se paró frente a él con una sonrisa burlona y cuando fue a golpearlo, el joven lo esquivó, golpeándolo en la nariz y tumbándolo al suelo.

-Te lo dije.

-Hijo de perra… ¡A que esperan! –le gritó a su banda mientras se agarraba el tabique nasal- ¡A por él!

- ¡Bucky, cuidado!

Todos los bandidos se abalanzaron contra el recién llegado, pero Bucky, con una destreza y fuerza nunca antes vista, los fue venciendo uno por uno hasta que sólo quedó el jefe. Este estaba con el miedo grabado en su rostro al ver a sus hombres aún vivos, pero fuera de combate ¿Cómo un mocoso logró derrotarlos a todos? No se le ocurrió otra cosa que tomar un cuchillo y sujetando al rubio de la cabellera acercó la hoja a su cuello.

- ¡Detente, monstruo! ¡U- Un paso más y lo mato!

Bucky se detuvo, mirando en la distancia a aquel tipo que tenía a su amigo amenazado.

-Si lo dejas libre, te daré eso que tanto buscas.

- ¿Y qué sabes tú de lo que busco o no…?

-Lo sé perfectamente… Buscas a los de mi raza.

Esto confundió por unos segundos al jefe de los ladrones.

- ¿Cómo que a los de tu raza?

-Bucky, no digas nada…

-Cállate, Steve.

Sin decir una palabra más, Bucky reveló su brazo izquierdo mostrándole una marca en el hombro: una estrella de cinco puntas. El cazador miró aquella marca con sus ojos casi saliendo de sus órbitas, y volvió a mirar al rubio que llevaba una estrella muy similar en el peto de su armadura. No podía ser ¿acaso ese chico era…?

- ¿Hay trato o no?

-Espera… ¿Eso significa que eres…? –miró a Steve- Imposible. Se extinguieron hace años…

-Y por gentes como tú. Pero por la gloria de Etamin han renacido.

-Me estás jodiendo… ¡Eres un dra-! –más no pudo terminar de hablar porque Bucky lo agarró del cuello y lo levantó en peso, haciéndole soltar el cuchillo.

-Te advertí que liberaras a mi amigo, pero no hiciste caso y me subestimaste –empezó a apretar – Y ahora…

Parecía que llegaba el fin para ese tipo, pero el castaño simplemente le propinó un brutal cabezazo en la frente que lo desmayó, aflojando el agarre para que cayera al suelo estrepitosamente. Luego miró a Steve y acercándose lo soltó de sus ataduras.

-Dioses… Bien, ahora hemos d- sin embargo, Bucky le propinó un brutal puñetazo, interrumpiendo su charla- ¡Auch! ¡¿A que ha venido eso?!

-Es más efectivo que el ya clásico “te lo dije”

-No empieces, Buck…

-Igualmente lo haré: Te lo dije, que era peligroso venir solo, pero el señorito “Yo puedo hacer esto todo el día” nunca me escucha.

-Ey, lo tenía bajo control ¿Si?

Bucky arqueó una ceja y lo miró de arriba abajo, con el rostro magullado por los puñetazos y la armadura salpicada de sangre por las heridas.

-Si por bajo control te refieres a casi morir a golpes… Si, perfectamente bajo control.

El rubio solo resopló y buscando unas cuerdas empezó a atar a los ladrones, despojándolos de todas las armas y objetos que pudieran ayudarles a escapar.

-No quería que te hicieran daño, Bucky.

-Déjame recordarte que de los dos, yo soy el dragón.

-Y por eso mismo es que no quiero que te descubran ¿Qué no recuerdas lo que pasó hace más de 100 años? Acabaron con la gran mayoría de nosotros y los pocos que sobrevivieron decidieron esconderse para vivir sus últimos días en paz. Probablemente somos los últimos dragón y jinete que quedan vivos, al menos en el continente…

Bucky gruñó y ayudó a Steve a atar a los cazadores.

- ¿Y eso significa dejar que te expongas tu sólo a todos los peligros? Somos un equipo, Stevie, tú y yo. Llevo la marca de la casa Rogers en mi hombro, lo que significa que soy tu compañero y protector hasta el final de los días. Pero tú te empeñas en hacerlo todo solo y estoy empezando a cabrearme.

-Lo seguiré haciendo si con eso consigo mantenerte a salvo. Y no se hable más.

- ¡Aaarrrggg! ¡¿Qué demonios voy a hacer contigo?! ¡Joder!

- ¡Esa lengua!

- ¿Es enserio? ¿No tienes nada mejor que decir?

El castaño se alejó refunfuñando mientras Steve terminaba de atar a todos los maleantes y comenzaba a rebuscar entre las cosas algo que pudiera servirle en su misión, pero solo eran antiguos cachivaches y cosas valiosas, posiblemente robadas de algún mercader. Por su parte Bucky se había trepado a uno de los árboles más altos del bosque, del cual se podía ver con claridad a Etamin, la estrella más brillante de la Constelación del Dragón. Suspiró y se frotó el hombro donde reposaba su marca, la marca de la casa Rogers.

- ¿Qué estoy haciendo mal? Es como si no quisiera que estuviera a su lado, como si fuera un estorbo… ¿Realmente somos compañeros? ¿O tal vez soy yo, que no soy un buen dragón guardián? Ya no sé qué más hacer. Etamin, Ancestros… Enviadme una señal, por favor.

Pasaron unos segundos sin que ocurriera nada, y Bucky algo decepcionado bajó del árbol y fue a dar con Steve. Este seguía hurgando entre las cosas de los bandidos, y el castaño estuvo a punto de sentarse a esperar cuando un destello llamó su atención: cerca de una de las bolsas había un objeto brillante de color turquesa. Se acercó y lo tomó con cuidado, inspeccionándolo.

- ¿Y esto que es?

Steve dejó lo que estaba haciendo y se acercó hasta el castaño, curioso, pidiéndoselo para verlo más de cerca.

-Parece un emblema… Pero ¿de qué?

Bucky volvió a tomarlo, observándolo con detenimiento y acariciándolo. Poseía un color vibrante, junto a ese doble triángulo invertido con una especie de líneas que salían de cada lado del triángulo mayor.

-Creo haberlo visto en alguna parte, pero ahora no recuerdo donde… -miró a los bandidos y los señaló- Deberíamos preguntarles.

-No, Bucky –Steve se lo quitó- Lo averiguaremos por nuestra cuenta.

-Stevie, viejo, no es por menguar tu espíritu de detective, pero el 99% de las cosas que haces por tu cuenta no acaban bien. Y tu cara es un ejemplo de ello. Además ¿Qué más da sonsacarles de donde consiguieron eso?

-No insistas, Buck. Podrías exponerte.

-Y vuelves con eso… Si sabes que soy un dragón guardián ¿verdad? ¡Mi función es protegerte!

- ¡No hables tan alto! Pueden oírte.

- ¿Quiénes? ¿Las ardillas? ¿Los pájaros carpinteros? ¡Hace siglos que no salimos de este bosque! Mis alas están empezando a atrofiarse y ya estoy olvidando como volar… Si quieres saber qué fue lo que pasó exactamente con nuestros ancestros y quien fue el causante de nuestra decadencia deberíamos replantearnos el ver más allá, te guste o no, empezando por averiguar de quién es ese emblema.

Trató de recuperarlo, pero Steve fue más rápido y lo alejó, guardándoselo en una de las bolsas de su cinturón.

- ¡He dicho que no! No quiero que te pongas más en peligro.

- ¿Por qué me iba a poner en peligro por preguntar? No voy a estar transformado, si es lo que te preocupa. Y el golpe que le di al jefe en la cabeza lo dejará inconsciente por un buen par de horas. Los demás no saben nada de quien soy en realidad...

Steve decidió ignorarlo y siguió buscando, haciendo que Bucky gruñera bastante molesto: desde aquella vez que lo capturaron Steve se volvió demasiado sobreprotector, prohibiéndole incluso que tomara su verdadera forma y revelara su marca ¿Cómo se supone que haría su función de dragón guardián si ese rubio testarudo no lo dejaba transformarse?


A muchos kilómetros de allí, casi al otro lado de aquel gigantesco bosque, dos figuras, una femenina y otra masculina, descansaban bajo uno de los enormes árboles a orillas de un río. De pronto, la marca que la mujer llevaba en el centro del pecho comenzó a brillar: parecía estar emitiendo una señal.

- ¿A qué viene eso? –el hombre que estaba recostado contra el tronco del árbol se incorporó- ¿Por qué de pronto pareces una luciérnaga?

-Es tu emblema, parece que está cerca de aquí.

- ¡Estupendo! Esos bandidos pagarán el habérmelo robado. Separémonos y busquemos, nos reuniremos aquí en una hora.

La fémina lo miró preocupada, tapando su marca con la capa que cubría sus hombros.

- ¿Será prudente separarnos? No dudo de tus habilidades, pero…

-Tranquila, cielo. Con estos nuevos guantes no podrán hacerme mucho daño, más bien se lo haré yo a ellos.

-Esa cosa me está quitando el trabajo…

Su compañero rió y se levantó.

-No te preocupes que ninguna armadura, por muy actualizada que esté, podrá sustituirte. Siempre serás mi guardiana, compañera y amiga.

La chica le sonrió y tras darse la Bendición de Etamin, se despidieron y separaron.


Bucky se había sentado en la hierba, fabricando con ayuda de sus garras una lanza con un trozo de rama que arrancó de uno de los árboles. Miraba a Steve en la distancia que seguía rebuscando entre las cosas de los ladrones y resopló: quería mucho a su amigo, pero la terquedad en él había aumentado desde hacía ya varios años, justo desde el momento que lo rescató de aquella secta que, según ellos, pretendían convertirlo en un ser invencible a base de hechizos, ritos y modificaciones corporales. Por suerte lograron escapar y destruir el lugar del culto, pero eso hizo que Steve se volviera sobreprotector con el pobre dragón, casi intercambiando los papeles.

Volvió a resoplar, clavando la lanza en la tierra junto a otras cinco, y cuando se levantó para buscar otra rama el emblema que Steve tenía guardado en su bolsa empezó a brillar.

- ¡Steve! ¡Esa cosa está brillando!

El rubio lo miró extrañado y acto seguido a la bolsa, sacando el emblema que efectivamente, brillaba como una gema preciosa. Bucky corrió hacia él y ambos lo miraron anonadados, con el castaño sintiendo como emitía una fuerte energía, como si el dueño de ese emblema estuviera cerca… Parecía magia muy avanzada.

- ¿Qué crees que signifique, Buck?

-No lo sé, pero me estoy aburriendo. Steve, por favor, llevamos casi una hora aquí y no hay nada y a estos tipos les va a dar conmoción cerebral de los golpes que les he dado para mantenerlos dormidos. Recoge todo y vámonos, por favor.

Steve suspiró decepcionado pues esperaba conseguir algo que le diera pistas, más no fue así. Decidió hacerle caso a su amigo y guardándose el emblema nuevamente en la bolsa, recogió todas sus pertenencias así como los objetos que los ladrones habían robado, para a ser posible entregárselos a sus respectivos dueños. Comprobaron que no quedaba nada, ni una pista, y desaparecieron entre los árboles para buscar un refugio donde pasar el resto de la noche.