Ladron «Namjin»

Summary

Dicen que la mejor forma de conocer a alguien, es un museo, o en el colegio cuando se te caen los libros, pero no... La forma en la que Jin conoció al suyo fue un tanto peculiar. *** La historia se desarrolla en mi país Argentina, si te gusto la historia y eres de este país deja tu me gusta y recomiéndala a otras personas.

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n/a
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13+

Unico


La noche está solitaria, no hay ni una solo alma a la vista. Solo a un ser se le ocurría caminar a altas horas de la noche con dirección a su casa.


—Dios, voy a volver violado a mi casa. Por lo menos espero y me violé un buen macho.


Por culpa de que sus amigos querían terminar todo el trabajo lo antes posible, puesto a que los vagos del grupo querían el fin de semana libre, santo sabe para qué.


Seguramente Jungkook y Taehyung se la pasarían cogiendo, aún se seguía preguntando como es que no quedo embarazado. Mientras que Suga y Jimin dormirían todo el fin de semana. Pero como era de esperarse, terminaron recién a las 12 de la noche. El problema no era ese, el problema era otro.


—Ni un puto billete para un Uber o colectivo.


Como salieren muy tarde. Para lograr mantenerse todos despiertos, tuvieron que usar lo último que le quedaba para comprarse un café y poder terminar a tiempo.


—Sin nada de batería para llamar a alguien si me llegan a robar.


Los últimos 5% que le habían quedado se los gasto Jimin al estar jugando al Pou cada vez que podía. Al final se enojó por qué no pudo llegar a pasar un jueguito del Pou, y encima le gasto todas las monedas.


—¿A qué estúpido se le ocurre mudarse a vivir solo en medio de la nada? Solo a mí se me ocurre.


Al principio se veía raro de eso de que sus padres, principalmente su madre, lo viera como un niño pequeño y todo por ser el menor de sus otros hermanos. A su padre nunca le importo lo que él hiciera, cuando le dijo que se mudaría, el muy desgraciado llamo a sus amigos e hicieron fiesta.


Sin duda el mejor padre lo tenía él.


Cuando se mudó con su Tae todo iba de maravilla, pero una noche en más de un sentido y de lo más sutil posible le dijo que le jodía estar escuchando como su mejor amigo, se la pasaba follando con su amado casi todo el puto día, para especificar mejor, era un servicio 24/7.


—Estúpido Taehyung, estúpido Jungkook.


Maldición parecían conejos.


Su límite llegó de escuchar a Tae como perra en celo, no tuvo de otra que recurrir a su padre, para ver si le podía prestar dinero, para así poder tener su propio departamento.


Claro que el señor estuvo de acuerdo, pero con una condición, él tenía que admitir que no podía vivir sin su dinero. Pero como buen hombre orgulloso y con toda la dignidad que tenía, rechazo completamente la oferta. Intento pedirle a sus hermanos, hasta incluso a su madre, pero con algo de pena.


Pero para mala suerte de Jin, su padre le prohibió a todos no darles ni un centavo.


Cuando se lo contó a su amigo, este se negó a ayudarlo a irse a vivir solo, él temía por lo que le fuera a pasar. Pero es que a nadie le gustaría estar escuchando los gemidos de su mejor amigo, mientras lo penetran pidiendo que le den más duro, esperando que al final de la jornada le haga un hijo. Ja, como si esas cosas pasaran. Para él eso era un trauma de por vida.


—Por culpa de esos calenturientos, me van a robar, me van a secuestrar. Y como nadie se resiste a mi belleza, me van a violar de una.


Según Jin todos tienen la culpa, menos él. Por qué según sus investigaciones, fueron ellos los que lo arrimaron a tomar las medidas desesperadas. Pero nadie le dijo al señorito que tenía que irse a vivir tan lejos.


Su destino no estaba tan lejos, al contrario, estaba cerca, no se escuchaba ni un solo ruido, no había una solo alma, todo estaba tranquilo como a él le gustaba. Pero…


—La puta madre, tengo un miedo, de la concha de la lora. Que se le va a hacer, toca seguir caminando.


*sonidos raros provenientes de un callejón que acababa de pasar*


—No, la puta madre, corre, sin duda corre.


Por si acaso, toca rezarle a todos los dioses que existen, para que no le vaya a pasar nada.


***


Después de haber caminado, o mejor dicho corrido, como si de la muerte se tratara, estuvo así por unos veinte minutos. Su casa se encontraba a unas cuantas cuadras de su destino, Jin estaba de lo más feliz llegando al éxito.


—Ah… llegué a salvo—se permitió respirar en paz.


Pero su felicidad no pudo durar ni cinco minutos más, cuando alguien detrás de él lo sujeta del brazo con fuerza.


Claro no, él yendo de lo más feliz por estar a dos cuadras de su hogar y viene este tipo y le vaya a ser Dios sabe que cosas.


—No aparece nadie en todo el puto camino, pero justo cuando estoy por llegar, aparece este.


Para que mierda rezo. Eso le pasa por rezar siendo ateo. Ya no lo volverá a hacer, ahora tenía suficientes pruebas de que Dios no existe, y si existe, pues este lo odia, y él también, sentimientos mutuos.


Según dicen que la curiosidad mato al gato.


Pues Jin dice que por algo el gato tiene nueve vidas. A base de esa curiosidad, solo por curiosidad quería saber como era la cara del hombre que lo estaba por asaltar. Volteo muy ligeramente su rostro para ver a su atacante y vaya que se llevó tremenda sorpresa.


Puesto que el sujeto, a pesar de tener cara de concha, con sus cejas fruncidas y esa hermosa cicatriz adornando su rostro, era hermoso o mejor dicho, sexy. Pero sus ojos negros, que apenas se notaban con la poca luz de los faroles, al igual que su morena piel y su cabello rubio tan brillante, le daba el toque del típico aire sexy y seductor. A pesar de ser un ladrón, este hombre estaba para comérselo.


Este hombre está más que buenísimo, mierda, si es que guapo—su cara de asombro, y deseo no pudo ser más que notoria.


El silencio que se formó desapareció cuando el hombre dice;


—Ni se te ocurra hacer una estupidez y sigue caminando como si nada.


Con las hormonas a flote, Jin se mojó. Entiéndanlo, esa voz gruesa y varonil… pues… uno no es de piedra como para no hacerle caso a esa voz. Se perdió tanto, que no fue consiente del momento en que fue acorralado contra la pared más cercana.


—Dame todo lo que tengas—menciono sin quitarle los ojos de encima.


Pero Jin estaba más en las nubes que en la tierra, así que ante ese comentario lo único que pudo decir, sin estar consiente fue;


—¿Eres mi ser amado?—pregunto aún con cara seria y sorprendida. No pudo no decirlo en voz baja.


—Niño, ¿Estás bien?—quien en su sano juicio a mitad de un robo se espera ese tipo de declaraciones.


Espera, le acababa de decir niño, ¿Niño? Nadie le dice niño a Kim Seokjin… solo su mamita. ¡Pero nadie más!


Atado por el deseo y su orgullo herido porque un extraño le dijo niño, no se detuvo a evitar robarle un beso a ese rubio tan… sexy.


Se separó con las mejillas ardiendo y daba gracias al cielo, porque a Dios no, de que fuera de noche, y este en contra a la luz para que no se le notara. Él no era un virgen con hormonas por los aires, no, claro que no.


Él tiene experiencia, pero en estas situaciones… ¡Qué beso! Como que la adrenalina se estaba subiendo en estos momentos. Su atacante, luego de salir del tremendo shock en el que se quedó, sonrió y le dio un beso, uno más ardiente y apasionado del que él hizo al principio.


Papito sí…—Jin era el que más disfrutaba—Sí que está que arde, yo estoy que ardo, ¡Todo el mundo está ardiendo!—la sonrisa que le estaba dando lo dejo algo idiota.


El beso ya había terminado y todo por culpa de falta de aire, uno miraba hacia abajo y el otro hacia arriba. Como odiaba a ver nacido tan chato, sin duda el mundo lo odiaba. En eso una idea se le cruzó por la cabeza, como toda una perra en celo dice;


—¿Vamos a mi depa?


Guarda que no solo el amor te vuelve idiota, tonto y hasta imbécil, la calentura también. El rubio solo lo tomo de la mano y mientras lo veía a los ojos dijo;


—Tú me llevas y yo te sigo.


Jin solo pudo pensar en una solo cosa.


Hoy se coge gratis.


Y él sonriendo mientras negaba cuando sus amigos le dijeron que no se podía tener relaciones sin compromiso. En fin, la hipocresía.


***


No faltaba mucho por llegar, y ya iban, pero Jin estaba bien caliente y que decir de su compañero, el sujeto lo veía con unas ganas… uff y que ganas.


Sin perder ni un segundo, al cruzar la puerta, el primero en abalanzarse es el rubio. Repartiendo besos entre ambos y una que otra manoseada.


—Ah…


Ya estaban en una habitación limpia y ordenada, que contaba con un cuarto, un baño y la cocina, además de la sala


—Ah… mm… sigue.


Era el típico departamento, para trabajar, relajarse, descansar… quizás… hasta se pueda encontrar él-


—Ahhh…


—Me gustan tus gemidos. ¡Agh!


¡Agh, joder! Uno intentando poner romántico el ambiente y ustedes dos arruinando todo con su estúpida calentura. Estos jóvenes de hoy en día.


Entre tantos besos, el hombre fue el primero en meterle mano por debajo de la ropa, por todas partes y con mucha pasión, el peli rosa se sube encima del rubio cuál película erótica.


Nadie puede juzgarlo en estos momentos, ni sus hermanos, ni su madre, ni su padre, amigos, Dios, el último mucho menos, aunque en estos momentos puede que le las gracias… Pero no nos vallamos del tema.


En el cuarto del peli rosa, hay un sillón de los que… bueno, ya saben. Jin no es uno de esos pervertidos, pero cuando lo compro estaba en oferta y no tuvo idea de para que mierda se usaba, hasta esta noche, ahora que lo sabía y vaya que lo estrenara con gusto y de muchas formas.


—Ahh… al sillón… el sillón.


—¿El sillón? No prefieres la cama.


—El sillón dije—no importa si Jin es el pasivo, él lleva el control. Le tienen que cumplir sus caprichos, y este hombre no es una excepción.


—Tus órdenes son mis deseos—beso con profundidad y la orden fue cumplida.


El chorro se sentó en el sillón, con todo y Jin encima.


El sillón es de un color rojo, con unas correas colgando por las cuatro esquinas del mueble. Cerca de estas correas, hay unas agarradas, una de cada lado de la parte superior. Me imagino que ustedes ya se imaginan para qué sirve, pervertidas.


Ambos se quitaron la mitad de la ropa que llevaban, quedando Jin semidesnudo, y al desconocido con solo un bóxer rosado, que apretaba bien ese fuerte trasero… Y vaya glúteos, te daban ganas de morderlos y apretarlos.


—¿En serio, rosa?—no pudo contenerse al burlarse del color de su prenda, puesto que está feo. Un color así en medio de pleno acto le bajaría la calentura a cualquiera.


—No preguntes—una mordida en el labio inferior—Solo gózalo—un apretón en el glúteo derecho.


—¡Ahhh!—la descarada acción hizo que la calentura que se le había esfumado, volviera con un solo apretón.


***


A la mañana siguiente, después de haber practicado todas las posiciones del Kama-Sutra en toda la noche y un poco en la mañana, ambos cuerpos yacían dormidos cómodamente sobre la cama, testigo de todo lo que hicieron. El más alto rodeaba con sus fuertes y grandes brazos la pequeña y diminuta cintura del más bajo, recargando su mentón en el hombro de este, respirando el aroma de su cabello inconscientemente, dejando en la oreja del peli rosa su aliento chocar.


El primero en abrir sus ojos es Jin, que con su vista algo dormida recorre toda su habitación, la cual ya no está tan arreglada como antes. Por una entraña razón le dolía la cabeza y siente una pequeña punzada en su parte trasera. Como si no recordara nada de lo que paso a noche.


—¿Qué… paso?—se pregunta algo dormido.


Al tratar de levantarse, un brazo que rodeaba su cintura lo detuvo. Hasta ese momento, creyó que todo lo sucedido había sido un sueño, el mejor sueño húmedo de toda su puta vida, pero no, no fue un sueño.


Cuando giro su rostro, observo que a su lado, el mismo hombre que intento robarle, el que lo beso de una manera sobrehumana, el que lo penetro de una manera hasta dejarlo seco. Bueno, ese mismo hombre, está dormido con alguno de sus mechones rubios, tapándole cierta parte de su rostro.


—Dios, nada fue un sueño… ¡SI COGÍ ANOCHE!


Alguno de los recuerdos de la noche anterior se levantaron de la tumba, en lo que de a poco se quitaba el brazo con delicadeza para poder prepararse a tomar un baño. Después de todas esas rondas de sexo duro, se siente pegajoso, tanto por dentro como por fuera. Al apoyarse en uno de sus pies, un dolor agudo lo ataco.


—Carajo—*Cumplió con su palabra de partirme en dos, pero valió la pena*.


Con su último pensamiento en mente, así como Dios lo trajo al mundo, tomo una toalla y se adentra a la ducha. Sería una ducha fría, ya que con eso esperaba que se le bajara el dolor de su culo… mejor dicho la calentura.


***


Ya con la piel seca, limpia y con el pelo levantado, busco algún conjunto perfecto para ir bien perfecto al trabajo.


Ahora que se menciona el trabajo, ¿Qué hora es?


—Nueve con doce…—espera, sus clases no empiezan a las siete—¡MIERDA LLEGO TARDE!


—Carajo… deja dormir—al fin se despertó. Tuvieron buen sexo, pero ¿No que su primera impresión fue robarle? ¿Quién le va a asegurar que ahora que el lugar estará solo no lo hará? Mejor prevenir que lamentar.


Se acercó muy silencioso, extendió su mano y pellizco su cachete.


—¿Despertarte?


—No idiota, hablo dormido.


Y ¡BAM! Una patada directa y al suelo.


—¡Auch! Hijo de puta, eso duele.


—Hmh, por bobo.


—¿Así de orgulloso eres? Anoche, por lo menos estabas más cariñoso—se cruzó de brazos, acompañándolo con un lindo puchero.


—¡Sí, dale ahí! Te mueves ah… tan bien.


—Que… estrecho eres. Me aprietas… tan rico.


—Callate, no te detengas… tú…—seguía siendo un desconocido. Ni su nombre le dijo.


—Je, dime papi… eso me prende—¿No podía ser más morboso?


—¡Ahh! Sí, papi…


—Eso… así me encanta.


—Cállate— le dio mucha vergüenza por el flash que le ataco la mente, provocando un lindo sonrojo sobre su blanca piel—Mis cinco sentidos no estaban prendidos.


—Uy si, claro.


El moreno se puso de pie, ya que aún seguía en el suelo, y ahí Jin fue consiente de que el otro seguía desnudo, mientras que él estaba en toalla.


Al ser de día, podía observarlo mejor. Su torso bien marcado por un six pack, con músculos fuertes, pero para nada exagerados, piel morena, tan deliciosa… y ese miembro que aun estando flácido resaltaba por su gran grosor y longitud.


Mmm… delicioso…


—¿Qué pasa? ¿Te gusta lo que ves?


—¿Quieres probarlo?—el sujeto acaricio su propia hombría, tentando de a poquito a su víctima.


Con una invitación así, nadie es de piedra. Así que sin más remedio, tomo el pene con sus manos masturbándolo. En lo que su boca empieza a lamer desde la punta de los testículos hasta la punta del glande, terminando con una chupada, del que ya empezaba a salir el pre-semen, repitiendo la acción una y otra vez.


—Métetelo ya… ahhh—pidió, y como buen niño que es, Jin se lo metió a su boca—Ah… sí… chúpala.


¿Cómo podía cumplir esa orden, si apenas y entraba en su boca? No pudo ni terminar de meterlo cuando ya le estaba faltando el aire.


—Es… muy… grande—dijo sin detenerse a lamer y poner más duro ese pene, el cual lo penetraría y rompería.


—Es tan grande que romperá ese lindo culo tuyo—ese vocabulario le dio una corriente eléctrica que viajo desde la punta de sus pies, hasta terminar en la punta de su propio pene, que ya palpitaba ansioso porque lo tocaran.


—*Si no me da ahora, yo le doy*—la paciencia es una virtud, con la que los Kim no contaban.


«Mmm… rico»


—¿Lo deseas?


—Debo… ir a trabajar—su corazón palpito a mil por los besos y succiones que dejaba en su cuello, apenas le permitía hablar. Solo podía hacerlo entre tantos suspiros, evitando gemir en el proceso.


—Un día que llegues tarde…—susurraba en su oído—… no le hará daño a nadie—y mete su lengua en su boca.


Mierda, qué sensación más placentera.


Sin esperar invitación, nuestro peli rosa da el primer pasa a la nueva ronda que se avecina, un beso bien húmedo y desenfrenado, con sus brazos alrededor del cuello, y frotando su pelvis con el contrario, creando fricción que provoca que mágicamente la toalla sé callera.


—Esta vez…—beso—vamos…—lamida—a la cama—chupada.


—Juguemos un poco, mi ladroncito.


Con el desconcierto que provocaban sus palabras, Jin aprovecha para amarrar las dos manos del rubio a la cabecera de la mano. Oh, sí, lo mejor ya va a empezar.


—¿Qué estás-? Sácame esto—forcejeo.


—No, es mi turno de disfrutar.


Con las manos libres, recorre el pecho del moreno bajo su cuerpo, deteniéndose en sus pezones para jugar con ellos. El hombre solo pudo tirar su cabeza hacia atrás, preso del placer.


—¡Agh! Hijo de puta…


No se detuvo para nada, y continuo bajando su boca para lamer y seguir chupando el cuello. Dejando una que otra marca a su paso, clara marca de propiedad de Kim Seokjin. Terminado el cuello, bajo más, pasando por la clavícula, donde dejo un camino mojado, deteniendo su camino en uno de los pezones, chupándolo con una gula, para nada disimulada.


—¡Ahh, joder! Suéltame.


—¿Tan impaciente estas que te quieres soltar?—oh sí, era hora de pagar con la misma monera, y se siente bien.


—Malna-¡ahhh!-una mordida.


—Si te portas bien…—chupa el otro pezón—tal vez, reconsidere soltarse…


—Tsk—totalmente resignado.


—Así me gusta—y prosiguió con su trabajo.


—Pero esta vez…—el moreno tomo entre sus manos el miembro de Jin, moviéndolo de arriba abajo para endurecerlo más—El que se divertirá ahora seré yo—y eso que dicen que la venganza se sirve en un plato muy frío.


—¡Ahh!


Bueno que inicie la venganza.


***


Horas después, ambos cuerpos cayeron, como si de unos sacos de papa se trataran. Su vista estuvo fija en el techo de aquel cuarto, sudados, agitados, algo secos, como una toallita húmeda recién usada.


—Namjoon.


—¿Eh?


—Nunca te dije como me llamo.


Era verdad, todo el rato que llevaba con él, siempre lo trato como el extraño que intento robarle. Claro que por las emociones del momento le dijo varios apodos, como por ejemplo; papi y ladroncito. Qué raro, la primera palabra era pertúrbente.


Bueno, por lo menos tiene su nombre.


—¿Y tu edad? Claro que ese es un dato importarte que la policía pueda pedirme, ya que tal vez me cuestione algunos rasgos físicos sobre ti.


Namjoon solo sonrió ante tal comentario. Él solo lo tomó como una broma y no quería que el momento se arruine.


—Tengo veinte ocho años—volteo a verlo—Y trabajo como policía.


—Y robas.


Sin duda, Jin era un caso especial para arruinar el encanto.


—¿Qué? No, todo era por qué perdí una apuesta con mis amigos. Tenía que fingir ser un chorro y fingir robarle a alguien, apenas la persona me diera sus cosas, yo se las devolvería y le diría que todo era una broma.


—Pero no entiendo, porque no me quitaste las mías.


—Te me hacías lindo, en muchos sentidos.


—¿Te parezco? Lo soy querido—hay que recalcar que Kim no es de esos chicos modestos a la hora de tratar con su físico.


—Así que, porque no me pasas tu número, para seguir en contacto.


Porque no, no hay nada de malo en darle tu número al chico que fingió ser un ladrón, que en realidad es un policía. El cual después entro a tu casa a tener sexo, y ahora parece querer algo más contigo, aparte un polvo ¿Cierto?


—Díctame—en qué momento apareció el celular en su mano, mejor no preguntar.


Cuando terminaron de intercambiar números, ambos adultos se dieron un largo, pero refrescante baño. Para Jin, sería el segundo.


Al bañarse juntos los llevo a tener unos cuantas rondas más. En simples palabras, Jin no fue a trabajar.


***


Por las oscuras calles del hermoso país de Argentina, camina un joven de tan solo 25 años, con dirección a su casa. A decir verdad tendría que aprender a elegir lugares menos tenebrosos, pero al parecer le gusta el peligro. El joven acababa de salir de su trabajo y su única meta era llegar a casa y tirarse a dormir.


Ya al frente de su puerta, coloco la llave y con mucha cautela entro. Al parecer no había nadie, con mucho cuidado busca el interruptor, al encontrarlo, este no prende.


—Carajo, volvió a masticar el cable.


Hace un año adopto a un perro para no vivir solo, pero lo que consiguió a cambio es que esa bola de pelos le masticara los cables. Al parecer no había nada fuera de lugar, ya que cuando salió en la mañana, se olvidó de cerrar correctamente la puerta y eso explique por qué no encontraba a su adorable mascota.


—Debo tener más cuidado. No vaya a ser que un día si me entren a robar.


¡CRACK!


El sonido de algo caerse, hizo que se armara con lo primero que tuvo a su alcance; la escoba. Con su poderosa arma en mano, se dirigió al sitio del origen del ruido; la sala. Con el miedo a flote y sus piernas peores que las de una gallina, abrió la puerta y entro.


—Guau~


—A LA PUTA MADRE.


Mierda, que suerte que no sufre del corazón o alguna otra enfermedad. ¡Ese maldito perro casi lo manda con sanpedro!


—Maldito perro—estaba molesto, y el adorable animalito pagaría los platos—¿Terminaste de asustar? ¿Tienes hambre?


Estaba loco por hablar con un perro, pero sabe que no es el único que lo hace. Guiño, guiño.


—Guauuuuu~


—Pues te jodes, te quedas con hambre por andar asustando.


—Manos arriba y suelte él… arma. Un escalofrío le recorrió toda la columna, y a la vez se quedó callado, pero aun así, obedeció.


—Kim Seokjin queda detenido por fraudes económicos y por intento de robo a una de las compañías mejor conocida—en lo que hablaba el policía, le colocaba las esposas—Todo lo que digas puede y será usado en su contra. Si no puede pagar un abogado se le proporcionará uno.


Ya a nada de salir de la habitación, Jin hablo.


—Oficial, sé que podríamos llegar a un acuerdo, ya que yo no hice nada de lo que dijo.


—Ahorre su saliva y úselo para cuando se enfrente al juez.


—Vamos, señor policía, —con las manos aún esposadas en su espalda, giro su cuerpo para encarar al uniformado—Haré lo que sea…


—Joven Kim, ¿Está tratando de seducirme?


—Depende—roso sus labios con los del contrario, tratando de provocarlo—Si me deja libre, ambos podemos sacar provecho de esto, ¿Qué opina?


Las cosas no se demuestran con pruebas, sino con hechos. Eso nos enseñó caso cerrado, la doctora polo. El hombre no contestó, solo termino con la poca distancia que había entre el peli rosa y el moreno, empezando con una noche pasión.


***


—Eso… estuvo increíble—expreso entre jadeos.


—Ni que lo digas—el otro estaba peor que el moreno.


—Creí que te habías olvidado.


—Jajaja, yo nunca olvidaría el día que te conocí.


—Hmh, vaya forma de celebrarlo.


—Vamos, si te gusto.


—¡Me esposaste!


—¡Tú me amarraste!


—Pero no puedes negar que te gusto.


—Y tú tampoco.


—Tsk—odiaba que alguien más tenga la razón y él no—¿Cómo se te ocurrió esto?


—Pues… recordé que me conociste como un ladrón falso, así que pensé por qué no revivirlo como un policía.


Jin sonrió, sí que su enamorado era una cajita de sorpresas. Nunca sospechaba cuando su novio le preparaba una sorpresa, pero jamás en los tres años que llevan juntos, jamás imagino algo así. Su relación avanzó como cualquier otra relación, fueron tres años, uno para conocerse, otra para convertirse y el último para al final ser parejas. Sin duda, fue muy romántico.


—Jin.


Con un movimiento de cabeza salió de su ensoñación y dándole a entender que le prestaba atención. Cuando lo miro, este estaba hincado en una de sus rodillas, justo del lado de la cama de Jin. Este sostenía una cajita roja, en forma de corazón, y dentro de esta contenía un anillo.


—Apenas llevamos dos años siendo parejas, pero para mí son tres años conociéndote—en su rostro se podía ver un millón de emociones, y era difícil de descifrar que emoción quería que resaltara más.


Resulto ser que Namjoon no era un ladrón como creía que era. Si no que todo fue una apuesta la cual el muy imbécil acepto, ya que estaban festejando la despedida de soltero de uno de sus amigos. Solo tenía que robarle a alguien, tomar algunas fotos como evidencia, y listo, devolvería las pertenencias y ya. Pero jamás imagino que gracias a esa apuesta conocería al ser con el cual compartiría dar el siguiente paso.


—Me tienes perdidamente enamorado de ti. Y estoy 100% seguro que quiero compartir el resto de mi vida contigo, contigo a mi lado. Por favor…—los nervios empezaban a ganarle—Acepta ser mi esposo.


El más joven, estaba en shock, con muchas cosas en la cabeza, con muchos sentimientos nuevos, no sabía como responder ante esa petición. Un nudo se formó en su garganta y su estómago no ayudaba mucho que digamos, si la respuesta que Namjoon esperaba no salía, estaba más que claro que vomitaría.


—Namjoon…


—Jin… ¡Auch! ¿¡Por qué me golpe-Umh!?—Jin lo había golpeado y necesitaba una explicación—Mhn—pero… puede que la explicación pueda esperar.


—Sin duda eres un tarado, pero… eres mi tarado. Esas cosas no se preguntan.


Y justo en ese momento, Namjoon exploto de felicidad, repartiendo besos, abrazos por todas partes de su ahora esposo.


—Me haces tan feliz—beso—Te amo.


—Sí, sí, sí, ya para—con una mano aparto la boca del contrario, no era de admitir las cosas en voz alta, pero él estaba muco más feliz que el moreno—Ahora ponme el anillo, que mañana, cuando vaya al trabajo, tendré algo que enrostrar.


No importa que Jin estaba en modo arrogante y presumido, él tenía su lado tierno y más cuando tiene un lindo sonrojo adornando sus lindos cachetes blanquitos. Sin más que decir, Namjoon volvió a tomar la cajita, que ahora que la veía de cerca, por dentro era de terciopelo color azul. Sin duda era hermoso, la sortija era de un color dorado brillante y justo dentro llevaba escrito;


El ladrón de mi corazón.


Para cualquier otro ser esa frase no significaría nada o no entenderían a que se refería, pero solo ellos sabrían que quiere decir esa frase, después de todo así se conocieron. Sin duda, lo mejor que le pudo haberle pasado, fue que un ladrón falso intentara robarle.