La esclava de ojos claros

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Summary

Un aventurero oriental de gran fama, pierde todas sus ganancias en juegos de apuestas y para calmar al hombre al que debe dinero le entrega su mayor adquisición: Una mujer diferente que trajo de la otra punta del mundo, llamada Naina, de piel oscura y ojos verdes, algo nunca visto por aquellas regiones. Naina decepcionada por quién fue su pareja sentimental, es convertida en esclava sexual en el burdel del hombre a quien pasó a pertenecer, donde a pesar de todo sigue luchando por su libertad.

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1



Naina era la atracción principal aquella noche, era el objeto de deseo de las mentes depravadas que la observaban bailar, no importaba si ella podía tener la edad de la hija de uno de ellos, sólo importaba el placer que obtenían al verla moverse lascivamente para ellos y lo que ella podría proporcionarles por ahora únicamente en su imaginación.


El esbelto cuerpo de Naina se movía sensualmente al ritmo de la melodía, su rostro no tenía un atisbo de sonrisa, eso la volvía más misteriosa. Su peculiar cabello rizado, su piel brillante de la matiz del ébano y con unos ojos de un tono verde único que no permitían descifrar sus pensamientos, la volvían aún más llamativa. Pues la combinación de sus características era algo nunca antes visto en aquellas zonas.


“Una belleza exótica”, así la describía su amo Ammat, quien era dueño del burdel y la ofrecía como mercancía a sus codiciosos clientes.


— Esta noche atenderás al señor Rajiv — Le dijo Ammat a Naina cuando ésta había terminado su espectáculo.


La felicidad de Ammat no podía esconderse.


— No creo que esta noche pueda hacerlo — se negó Naina con una voz serena.


— ¿Acaso pregunté tu opinión? — preguntó Ammat agarrando con fuerza el brazo de ella — me estás haciendo ganar mucho dinero, no vas a echar todo a perder ahora.


— Está bien — susurró Naina cabizbaja.


Sin poder negarse, es conducida por uno de los lacayos de su amo a la habitación asignada.


— Que te diviertas — Le susurró el hombre entre risas entretanto que la empujaba con rabia al interior del cuarto.


Ya dentro de la habitación, la actitud de Naina no cambia, estaba acostumbrada a que la forzaran y a los malos tratos.


— ¡Qué bellos ojos tienes! — exclamó el hombre en la habitación asombrado nada más verla entrar.


Naina se fijó en que el hombre en la habitación era incluso mucho mayor que el dueño del burdel y no pudo evitar sentir náuseas.


El hombre cegado por la pasión tomó de la mano de ella con fuerza y comenzó a besarla.


— Por fin esta noche serás mía, pagué tanto por ti… — afirmaba mientras llenaba de sus babas el rostro y el cuello de la joven hasta que en un impulso la lanzó sobre la cama.


Naina cayó sentada en el borde de la cama y lentamente empezó a arrastrarse hacia atrás sobre las sábanas llamando su atención.


— Me gusta que seas tan provocativa — susurró lamiéndose los labios lascivamente hasta que se dio cuenta de algo que le hizo alejarse y apartar la vista del asco — ¿Qué es esto? ¿Pretendes que este contigo para mezclarme con tu impureza? ¡Repugnante!


El hombre enfadado y plenamente ofendido salió de la habitación dando un portazo provocando una pequeña sonrisa en la joven mientras miraba con satisfacción la mancha que había dejado sobre las sábanas.


Momentos después entró Ammat con una mirada de completa desaprobación hacia la mujer.


— Traté de avisarte — alegó Naina.


— Llévatela de aquí — ordenó Ammat a su lacayo.


— Amo, ¿después de hacerlo quedar mal ante uno de sus clientes más valiosos no merece unos latigazos? — sugirió el lacayo.


— ¿Quién es el dueño de esto tú o yo? — preguntó Ammat furioso — yo sé cómo manejar este negocio y sé que a mis clientes no les gustan con cicatrices.


— Comprendo señor — dijo el Lacayo.


— No necesito que comprendas, necesito que te la lleves ¡Ya! — ordenó Ammat aún más furioso dando una patada a la puerta.


Su lacayo temeroso sacó a Naina de la habitación, ella todavía estaba manchada de lo que parecía ser sangre.


La llevó con poca delicadeza al alojamiento donde estaban todas las demás trabajadoras del burdel que no trabajaban esa noche, la aventó con fuerza contra una de las puertas.


— Asquerosa… — espetó el lacayo antes de irse del lugar.


— ¿Estás bien? — preguntó una de las mujeres que había visto la escena preocupada.


— No es nada Asha — dijo Naina sonriendo satisfecha — Todo bien.


Naina tambaleándose un poco pero sin perder la sonrisa entró a su dormitorio y las mujeres que se quedaron fuera comenzaron a murmurar.


— ¿No se supone que tenía que trabajar esta noche? — se quejó una molesta.


— Seguro hizo otro de sus trucos para no trabajar y las que pagaremos eso seremos nosotras mañana — se quejó otra — Nos harán trabajar el doble por su culpa.


— Obvio porque es la favorita de Ammat, si una de nosotras se escaqueara así del trabajo nos estarían dando latigazos — objetó otra.


— Pensé que la favorita de Ammat era Asha, es la que trabaja menos — insinuó otra de las presentes.


— Ammat no tiene favoritas tiene cuerpos que trabajan para él — respondió Asha que en todo momento se había quedado callada — No olviden que no estamos aquí por decisión propia, fuimos arrancadas de nuestras familias. Si al final ustedes se resignaron a vivir aquí, es problema vuestro pero hay algunas de nosotras que todavía buscamos libertad.


— Tampoco era para que te pongas así — dijo otra ofendida y las demás se pusieron de acuerdo y comenzaron a murmurar entre sí.


— ¿Fomentando la rebelión Asha?


Todas las mujeres se asustaron al escuchar la voz de aquel hombre y cuando se voltearon a verle, todas hicieron una reverencia en señal de respeto.


— Bienvenido a la casa de las mujeres señor Jal — saludaron al unísono.


— ¿Cómo podemos ayudarle señor Jal? — preguntó Asha con nerviosismo todavía cabizbaja.


— Te hice una pregunta ¿fomentas la rebelión? — siguió cuestionando el hombre con una sonrisa.


— No, señor — respondió Asha.


— Bien, porque sería una pena que perdieras esa lengua aunque no lo necesites para trabajar — dijo amenazante — … a vosotras os toca trabajar mañana así que vayan a sus dormitorios a descansar no quiero tener que ver vuestros horribles rostros con unas malditas ojeras ¿quedó claro?


— Sí señor Jal — asintieron todas.


— ¿Qué hacen todavía aquí? ¡Lárguense! — gritó el hombre y mientras ellas se iban apuradas aprovechó para acomodarse el parche de su ojo y la espada que siempre llevaba consigo.


Aquel hombre viendo a todas marchar no volvió por donde vino, sino que ingresó en el dormitorio de Naina, al inicio no la dijo nada y solo la observa mientras ésta tarareaba frente a un espejo entre tanto que se limpiaba los rastros de maquillaje de su cara con un paño.


— Amor mío — La llamó entusiasmado.


Por un momento Naina se quedó paralizada al escuchar aquella voz.


— Señor Jal — Le llamó confundida.


No pudo voltearse a verlo pues él ya se había abalanzado sobre ella para abrazarla.


— Escuché que un idiota te rechazó porque estabas impura — susurró el hombre mientras la besaba el cuello — Sabes que yo nunca te rechazaría por eso, yo te amo estés como estés ¿no me crees? ¿Quieres que te lo demuestre?


— Te creo, te creo — se apresuró a decir Naina apartándose de él — No tienes que demostrarme nada, yo te creo.


— Sé que lo dices porque me amas — dijo sonriendo — pero necesito demostrártelo.


— No necesitas hacer nada, yo te creo todo está b… — sus palabras son abruptadamente silenciados con una bofetada.


Asustada Naina se cubre el rostro pero Jal vuelve a abrazarla emocionado.


—Perdóname, lo hice porque te amo ¿Por qué eres tan mala conmigo? Solo quiero ofrecerte mi amor yo te amo — Trató de convencerla mientras la acariciaba.


— Esto no es amor — contestó Naina frustrada — si me amaras no me harías esto y me dejarías salir de aquí.


Recibió otro golpe en su rostro.


— ¡Tú no sabes lo que es el amor! — Le gritó furioso — Yo quiero mostrártelo pero eres tan terca que no entiendes, yo te amo más de lo que el idiota que te trajo hasta aquí lo hizo jamás y solo trato de protegerte para que no te encuentres con gente así nunca más ¿Qué no lo entiendes? Aquí estás segura… conmigo.


Naina no volvió a protestar y cerrando sus ojos con fuerza dejó que aquellas manos acariciaran con descaro su cuerpo, después de tantos años todavía no se acostumbraba al dolor ni al asco que le generaba cada encuentro.


— Mi niña… déjame apreciar tus ojos…





A la mañana siguiente, Naina con varios signos de golpes en su rostro toma un recipiente y sale a buscar agua. Las demás mujeres al verla pasar sólo podían sentir pena por ella pero no decían nada.


Cuanto más se alejaba de la casa de las mujeres más ella se daba cuenta que el lacayo principal de su dueño la seguía pero lo ignoró todo el tiempo y al llegar al lago empezó a llenar con agua el recipiente que había traído.


— ¿Vas a estar ahí todo el tiempo? — preguntó ella molesta cansada que el lacayo la estuviera observando en silencio.


— Sabes que no puedo perderte de vista — afirmó aquel hombre — ya intentaste escaparte varias veces, con los años aprendí a no tener que perderte de vista como le pasó al idiota de Jal perdiendo un ojo por tu culpa.


— ¿Hablando mal del sobrino de tu jefe? Que Ammat no se entere — dijo Naina con desprecio — además este lugar está rodeado de los Mercenarios de Ammat, tú presencia aquí sobra.


— Tú y tu maldita boca… tienes suerte que Jal se encargara de ti anoche — dijo bromeando el lacayo tomándola el rostro con fuerza — Seguro lo disfrutaste…


— Idiota… — espetó Naina.


— Seguro que sí — se burló una vez más — me imagino la reacción de tu cuerpo mostrando lo que tus labios no admiten… te gustó…


— Sigue imaginándome porque nunca serás capaz de comprobarlo — replicó Naina con rabia.


— ¿Qué dijiste?


— Maldito eunuco…



Ofendido el lacayo le dio un fuerte golpe en la cara a Naina, quien no pudo resistir el golpe y cayó al suelo. Pero verla de esa forma no lo detuvo, continuó dándola patadas en su vientre mientras ella trataba de protegerse hasta que se cansó.


— ¡Maldita Naina! ¡Mil veces maldita! — gritó furioso poniéndose encima de ella continuando con los golpes en su rostro, luego empezó a asfixiarla con sus manos.


Cuando por fin dejó de golpearla se puso de pie pero la furia no lo abandonaba y ella al verse finalmente liberada de su abusador trató de levantarse pero no dejaba de toser sangre perdiendo el equilibrio.


— ¿Pegarme te hace sentir más hombre? — preguntó ella dedicándole una mirada de odio — lástima que solo esto puedas hacer…


— ¿Acaso quieres morir? — gritó el lacayo, la ira en su interior se había desbordado.


Sin pensarlo rompió una rama de uno de los árboles del lugar y se acercó a su víctima terminando por arrastrarla hacia él rompiéndola la ropa.


— Ahora verás de lo que soy capaz maldita inútil…



Los gritos desgarradores de Naina resonaron por todo el bosque pero nadie se acercó a socorrerla…



Más tarde Naina estaba en su cama recibiendo las atenciones de Asha y de otra de las trabajadoras que la estaban aplicando en sus heridas plantas medicinales.


— Te pondrás bien no te preocupes — susurró Asha tratando de animarla pero Naina no respondía, tenía la mirada perdida y no emitía ningún sonido.


De pronto se adentraron al dormitorio Ammat y el lacayo quien lucía decaído.


— Maldita sea, menudo desperdicio has hecho con su rostro — se quejó Ammat fumando mientras observaba con desdén el estado de Naina.


— Lo siento señor Ammat pero ella me provocó, no podía dejarla sin castigo — se defendió el lacayo sin remordimientos.


— Por tu culpa estará unos días sin trabajar — dijo Ammat.


— ¿Sólo unos días? — preguntó Asha — con el debido respeto señor el daño que tiene Naina no termina en unos días.


— Pues es una lástima porque no puede dejar de trabajar — aseguró Ammat indiferente — en cuanto a ti inútil lacayo vas a tener que pagar con monedas de oro por cada día que ella pase sin trabajar.


— Pero señor eso serían todos mis ahorros — se quejó el lacayo.


— Pues tenías que haberlo pensado antes de divertirte tan macabramente — se burló Ammat — lástima que seas pobre con tus gustos habrías sido un cliente muy interesante.


— Señor…


— Más te vale que me pagues antes del anochecer, o tendrás que pagar con otro miembro de tu cuerpo o varios según mi humor — dijo Ammat amenazante.


— Pagaré señor, pagaré — asintió el lacayo.


— Bien — Ammat salió del dormitorio tranquilamente seguido después por su lacayo.


— Monstruos — espetó la otra joven que atendía a Naina.


— Lo siento Naina — dijo Asha tratando de reconfortarla pero Naina continuaba con la mirada perdida con su respiración como único indicio de que seguía viva.






Pasaron los días y Naina retomó su trabajo sin muchos problemas. Tras un largo y fatigante día de trabajo ella regresó a la casa de las mujeres. Estando en su dormitorio quitándose las joyas, una de las jóvenes del lugar entró entusiasmada y se sentó junto a ella.


— ¡Naina! — la llamó la joven emocionada.


— ¿Está todo bien? — preguntó Naina confundida.


— Sí, bueno no… necesito que leas algo por mí. Es que eres la única que conozco aquí que sabe leer — dijo señalando el trozo de papel que tenía — por favor.


— Está bien ¿Qué tengo que leer? — preguntó Naina tomando el papel.


— Mi enamorado me envió esta carta — dijo la joven emocionada.


— ¿Enamorado? — preguntó Naina confusa.


— Sí, es un joven que solía pagar por mis servicios pero solo habla conmigo y no me hace nada, no es como los demás hombres — explicó la joven animada.


— ¿Es noble?


— Si fuera noble, Ammat le obligaría a pagar por ti o por Asha o las demás — dijo con una sonrisa triste — pero ese no es el caso, nos conocimos y nos enamoramos, me prometió que volvería por mí llevaba tiempo sin saber nada de él. Esta noche no habló conmigo solo me entregó esta carta y necesito saber qué dice.


— Tendrías que decirle que no sabes leer — Le dijo Naina.


— Me da mucha vergüenza admitirlo — dijo la joven — mi padre nunca dejó que aprendiera antes prefirió ponerme a trabajar y cuando tuvo la oportunidad me vendió a Ammat.


— Lo siento Lía — se apenó Naina.


— No pasa nada, solo quiero saber qué dice la carta — pidió la joven Lía y Naina asintió.


— «Amada Lía, hoy estabas más hermosa que la última vez que te vi, a pesar de tu fingida sonrisa tus ojos seguían destellando esperanza — continuó leyendo —, esperanza que pido que mantengas hasta que yo regrese. Mi partida fue para reunir suficiente dinero para comprar tu libertad y así empezar junto a ti una nueva vida porque te amo, amarte me hace ver los días más cortos y los golpes de mi capataz duelen menos cuando pienso en que algún día serás mi esposa. No me olvides amada mía, espérame.»


— ¡Lo sabía! ¡volverá a por mí! — exclamó Lía feliz.


— ¿Quién volverá a por ti? — preguntó Ammat, quien recién había entrado en la pieza — qué es ese papel en tus manos Naina.


— Nada importante — dijo Naina quemando la carta en una de las velas que iluminaban el cuarto.


— ¿Una carta de amor? Conociendo tu historia Naina, lo dudo bastante o no aprendiste suficiente de tus propias experiencias — dijo Ammat riéndose —. Entonces ¿la carta era para ti Lía? No seas estúpida y deja de esperar que alguien venga a por ti, aparte de fea eres prostituta ¿Quién quería tenerte como esposa y pagar dinero por ti? Seguro sólo es una estrategia para que le cobres menos.


Ammat se echó a reír y sus súbditos que estaban tras él se rieron con él. Avergonzada Lía se levantó abruptadamente estando al borde de las lágrimas.


— “Lo siento” — musitó Naina apenada y Lía sólo asintió.


— Si me lo permite señor Ammat, iré a mis aposentos a descansar — dijo Lía saliendo del dormitorio no sin antes hacer una reverencia.


— No seas malagradecida Lía — Le advirtió serio Ammat antes que ella partiera — os doy suficiente libertad en esta casa y sólo tenéis que trabajar de vez en cuando como pago. Olvida las fantasías.


Lía asintió en respuesta y salió del dormitorio.


— ¿Necesita que lo atienda esta noche señor Ammat? — preguntó Naina ocultando su repulsión a esa frase.


— Mmm no, pero quiero que hagas algo por mí — hizo una señal y los hombres tras él trajeron cargando a una joven pelirroja que parecía estar dormida — Necesito que te encargues de ella.


— ¿Por qué?— cuestionó Naina levantándose.


— Porque así lo quiero — afirmó Ammat — prepárala en todos los aspectos, en su ropa, arreglos, en el baile y en cómo entretener a los clientes. La tengo reservada para un cliente en particular.


— ¿Quién es ella?


— Alguien con bastante potencial, que impulsará mi negocio si todo sale bien — dijo alegre Ammat — Seguro que os llevaréis bien, tenéis historias similares: Ambas acabasteis aquí por culpa de “vuestros amados”.


— ¿Qué? ¿Cómo? — cuestionó Naina estupefacta mirando cómo los súbditos dejaban a la joven pelirroja en su cama.


— Alégrate Naina — dijo Ammat — si todo sale bien, ella te sustituirá y tendrás menos… trabajo. Los dos ganamos, tú consigues a una que haga parte de tu trabajo y tienes más tiempo para descansar y yo tengo nueva mercancía llamativa y bien preparada que presentar a mis clientes.


Ammat y sus súbditos salieron de la habitación dejando a Naina sumida en sus pensamientos, se sentía perdida y confundida en lo que debería hacer. Quería su libertad ¿pero a qué costo? ¿Valdría la pena traicionar a aquella desconocida?