Prólogo
Era su primera cita.
El omega observaba en silencio al hombre frente a él. Al alfa le había bastado una sola copa de vino para embriagarse. A diferencia de su compostura habitual, sus brillantes ojos marrones estaban completamente abiertos.
«Decía que no aguantaba el alcohol y era verdad».
Taehyung contempló sus mejillas, que gradualmente se teñían de un rojo cálido, asemejándose a un melocotón maduro. Un fruto apetitoso que incitaba a darle un mordisco. Él no tenía prisa; podía esperar pacientemente a que el alfa madurara y supiera aún mejor.
De pronto, Jungkook frunció el ceño tratando de concentrarse y habló con sobriedad impostada:
—Director, ¿por qué...?
—Te dije que me llamaras por mi nombre, no «Director» —interrumpió Taehyung con tono pausado, corrigiendo el trato mientras tomaba la botella para llenar la copa del alfa hasta la mitad.
—Ah, sí...
Jeon asintió con docilidad, intentando mantener una expresión firme sin mucho éxito. Incluso bajo los efectos del alcohol, seguía siendo increíblemente atento, un detalle que a Taehyung le fascinaba. No había nada más desagradable que un alfa que se transformaba en una bestia ruidosa al beber.
Taehyung disfrutó de un sorbo de vino.
Jungkook, tratando de espantar la bruma de su mente, jugueteó con el tallo de la copa antes de alzar la mirada hacia el omega. Parecía un perro de caza de gran tamaño observando cautelosamente las reacciones de su dueño.
«Taehyung-ssi parece estar de buen humor... ¿Será un buen momento para preguntar?»
Tragó saliva con dificultad. El dulzor del vino aún vibraba en su paladar, acentuando su mareo. Cerró los ojos con fuerza y soltó la pregunta que lo carcomía:
—¡¿Por qué me eligió a mí, Taehyung?!
Apenas terminó de hablar, apuró la copa de un trago para sofocar la vergüenza repentina. El alcohol hizo lo suyo rápidamente, encendiendo aún más el rubor en sus mejillas.
—Porque sabes escuchar —respondió Taehyung de inmediato. Sin duda, una de las razones principales para haberlo escogido.
—¿Solo por eso...? —se quejó el alfa, arrastrando las palabras.
Con la mente nublada, se preguntó si no habría alguna otra cualidad en él que le resultara atractiva al omega. Su rostro se descompuso en un berrinche tierno mientras hacía un puchero.
«Y porque eres muy guapo», pensó Taehyung sonriendo. A diferencia de otros alfas con los que había lidia en el pasado, las quejas ebrias de Jungkook no le resultaban molestas; le parecían adorables.
El alfa soltó una boba risotada. El halago sobre su atractivo resonaba una y otra vez en su cabeza. Si el omega lo decía, significaba que no tenía nada que envidiarle a ningún otro alfa, ¿verdad? Un orgullo cálido lo invadió.
—Haam...
Un bostezo incontrolable interrumpió sus pensamientos. Sus párpados cayeron pesados, vencidos por el alcohol. Parpadeó un par de veces más, mostrando el revoloteo pausado de sus largas pestañas.
Aún no debía dormirse... Todavía tenía tanto que preguntarle al Señor Taehyung...
Fue una batalla perdida. Los ojos de Jungkook se cerraron por completo y el sueño lo venció. Su cabeza se inclinó torpemente hacia adelante, cayendo rendido frente al omega.
—Pensándolo bien, creo que esta faceta tuya es la que más me gusta —murmuró Taehyung, inclinándose hacia el rostro del joven que había caído rendido tras unas cuantas gotas de vino.
Sí, definitivamente era un alfa tan tierno que dan ganas de guardárselo en el bolsillo.










