50 sombras de Jesucristo: Satanás x Jesús +18 (Gay)

Summary

Dios se impacta al presenciar la relación incestuosa entre Jesucristo y Satanás, sosteniendo relaciones sexuales, la que lo obliga a interponerse. —¡Oh, sí, Satanás, eres un toro con esteroides embistiéndome! La tienes tan grande... ¡Ay, sí, llévame al cielo de un empujón! —Oh, sí, Jesús. Eres mi esclava, ¡repítelo! —Soy tu esclava, papacito. Termina de enterrarme ese enorme chorizo tuyo... ¡Ay, duele! ¡Me encanta! Las puertas resonaron al azotar las paredes. Era Dios mismo de paseo por el infierno que acostumbraba a nunca tocar antes de entrar. —¡Jesucristo, Satanás! ¿¡Qué mierda hacen!?

Status
Complete
Chapters
7
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

—Satán, esto no me parece correcto —habló cabizbajo con sus manos en el pecho, agarrando la delgada tela blanca que vestía.

—No te preocupes, seré gentil —susurró a su oído, sujetándole los hombros desde atrás—. ¿No quieres pasarla bien conmigo? —Sonrió pícaro con Jesús parado en medio de la habitación, mirando hacia la puerta, indeciso de si dejarlo penetrar carnalmente en él o abandonar su aposento.

—Sí quiero, pero me da miedo que padre nos descubra. No puede saber mis pensamientos ni acciones, pero sí lo que pasa en el mundo humano y en el Cielo.

—Pero no lo que pasa aquí abajo.

Dijo el mayor con doble sentido mientras pasaba su amplia y callosa mano por encima de la entrepierna de Jesús, lo que provocó que este se llevara una mano al pecho y otra a sus genitales a la vez que juntaba las piernas.

—No... Satán, para. Él sabrá... que no estoy allá... —Los besos de Satán le cortaban el aire—. ¿¡Q-qué mierda es eso!? —Reaccionó al sentir algo duro apoyándose contra sus glúteos.

—No está bien que un alma tan pura diga tales groserías —Le mordió un hombro y lamió su cuello—. Déjame terminar de corromperte —En un giro se abalanzaron sobre la cama, haciendo que esta rechinase y golpease contra la pared.

—¡Satán, nos van a escuchar!

—Dejémoslos que escuchen —Sonrió pícaro.

El mayor se levantó de la cama y dejó caer su pantalón, quedando en bóxeres. Posó las manos en sus caderas y preguntó:

—¿Qué opinas? —Subió la mirada.

En ese momento, Jesús no supo cómo reaccionar. Lo que se marcaba bajo esa tela negra captaba su atención como si en la habitación no hubiese nada más. Se llenó de deseo y su cuerpo le rogaba tocar, sentir y probar cada milímetro de su piel. El mayor se acercó a la cama y se recostó sobre su cuerpo, besándolo sin parar y dejando muy evidentes marcas sobre su pálida piel.

—Yo no puedo dejarte de estas marcas —mencionó por la rojiza piel del mayor.

—Entonces, ¿por qué no intentas más fuerte? —Lo miró a los ojos y empezó a mover sus manos de manera que, con rapidez, logró dejar semidesnudo a Jesucristo—. ¡Qué calzón tan apretado andas! ¿Cómo puedes caminar con él? Es tan difícil de quitar que tendremos que romperlo.

—¡No, espera, no tengo más! —Y lo rompió, dejando expuesta la erección del menor.

Un silencio incómodo inundó la amueblada habitación.

—¿Por qué paras tan de repente, Sati?

—Es pequeña...

—¿¡Có-cómo!?

—¡Ah! ¡Perdón, no quería decir eso!