I
Me encontré a mi mismo viéndome en el espejo fijamente. Mi rostro se veía cansado pero mis ojos brillaban finalmente.
Luego de casi seis semanas de estrés y llanto, logré por fin encontrar el brillo de mis ojos.
No lo voy a negar, me enorgullece verme asi.
Me desnudé y entré a la ducha. Necesitaba procesar esto que acababa de hacer, lo que hace dias decidí, en un acto de impulsividad, tal vez.
El vuelo sale mañana, debo hacer muchas cosas antes de que Lucas pise México.
Las gotas tibias resbalaban por mi pelo y descendían. Mi alivio era innegable. Me relaje y disfrute la ducha. Respire.
Cuando le di la noticia de que por fin nos íbamos a ver, después de cinco años de estar lejos de el, lloró. Yo igual llore muchísimo, por la emoción.
Creo que es una buena decisión, es decir, debemos hablar de este tema en persona. Yo no puedo ir a Argentina ahora, por mi trabajo.
Hace un par de días que venimos hablando con Lucas de nuestro encuentro. Desde la noche en que lo llame y le confesé que sabía todo.
Estoy demasiado ansioso. Ya quiero verlo y abrazarlo. Lo extraño mucho más de lo que puedo expresar en palabras.
Pasan las horas y siento que me voy a volver loco por la emoción y la desesperación de verlo.
Gracias al cielo hoy entro tarde al trabajo, porque ya es muy tarde.
Mierda
Tome un jean azul claro, un cinturón y un suéter amarillo que tenía una estampa de girasoles. Me dispuse a vestirme rápidamente.
Ya se esta despidiendo el otoño, y el invierno empieza a hacerse presente.
La verdad no me gusta esta estación del año, es muy fria. Por eso prefiero el otoño. La lluvia y los colores de la estacion me encantan.
Agarre mis llaves y antes de salir me observé en el espejo una última vez. Y por primera vez en años pude verme y estar orgulloso de mi, de quién soy. Puedo decir que hoy puedo gritar a los cuatro vientos: "este soy yo, y no hay nadie que pueda cambiar eso"
¿Acaso esto es el amor propio? Si lo es, y me gusta.
Sonreí para mí mismo una vez más y salí con los audífonos puestos que reproducían canciones de Benjamín Amadeo.
Camine hasta llegar a la casa de la esquina. No sé porque es que me llama tanto la atención esa casa.
Me acerque y por la ventana ví al chico con el pijama llorando sobre el sillón en posición fetal. ¿Que le habrá pasado? La vez anterior también lo encontré llorando. Me sentí mal por el a pesar de que no había visto ni siquiera su rostro.
Llegué al trabajo y al ver la mesa de la ventana recordé a Adrián. Lo había estado ignorando por días. Ya perdí la cuenta de cuánto tiempo pase sin hablarle.
Por un instante estuve a punto de escribirle pero resistí el impulso. Al fin y al cabo necesitaba aclarar mi mente.
No voy a negar que lo extraño, que quiero sentir sus labios tibios contra los míos de nuevo o sentir su fuerte abrazo. Pero debo ser firme, necesito aclarar todo. Por más que el vacío dentro mío se haga cada vez más grande sin el.
Eran ya las diez de la mañana y el lugar estaba muerto. No entro ni una persona en toda la mañana.
Pensé que el trabajo hoy sería muy aburrido. Y desee tener por lo menos a Circe conmigo. Al menos ella me haría mimos.
Siendo sincero esperaba que no entrara nadie a la cafetería en todo el día. Por lo menos hasta la tarde.
Y no me equivoqué, se hicieron las cuatro de la tarde y solo había entrado un solo cliente.
Fueron horas de suma tranquilidad pero mi paz se volvió añicos en segundos. ¿La razón? Adrian, siempre es el.
Siempre es él...
Me quedé pensando en esa frase. Hace poco lo conozco, de hecho solo un par de semanas.
¿Como hizo que me enamorara de él tan rápido? Para, ¿estoy enamorado de Adrian?
Un mar de preguntas volvieron como un tsunami a mi mente. Las analice una por una pero no obtuve respuesta esta vez
No entendía porque pero me sentía triste, solo, abandonado. Pero también entendía que era mi culpa, yo elegí seguir este camino.
Mi dedo pareció cobrar vida propia, fue directo a las llamadas. Marque el número de Adrián, pero no llamé.
Tal vez fue porque no tuve valor, tal vez fue porque no supe que decirle o tal vez porque temía que no quiera hablarme. No se.
Me sentía raro. Esto es algo nuevo para mí y no se bien cómo actuar. No sé si lo que estoy haciendo es correcto o está mal.
¿Está bien que lo extrañe? Porque lo extraño, cómo no se imagina pero debo ser fuerte. Por mi, por el, por nosostros.
Pero ¿Cómo espero hacer eso? Si el no está siento que me ahogo, que decaigo, que pierdo mis fuerzas y mis ganas de seguir adelante.
A la vez siento que si vuelvo a lo mismo, a estar con el, puedo lastimarlo con mis dudas y eso no me lo perdonaria
¿Lo amo? ¿Esto es verdaderamente el amor?
Estoy de nuevo en mi cuarto. Somos tres personas aquí, mi hermana Lucí, una chica más que no conozco y yo. Nos reíamos de algo pero no sé de qué
Esa risa...se me hace muy familiar. ¿Quien es esta chica? ¿La conozco?
La risa...su risa...¿Quién sos?...¿Quién sos?
Desperté sobresaltado. Todo había sido un sueño. No lo puedo creer. Me quedé dormido en el trabajo. Y se supone soy un adulto responsable.
Miré la hora y ya eran las ocho. Debía cerrar la cafetería y volver a casa. Acomodé las mesas, apagué las luces y salí del lugar cerrando la gran puerta de roble con llave.
Comencé a caminar con música sonando en mis auriculares. De repente alguien me toca la espalda y escucho decir mi nombre
— Marco— giré bruscamente— ¿Podemos hablar?