La sombra que se enamoró del sol

Summary

Shikanaru y Naruto se atraen mutuamente, fácil y sencillo. Es una comisión que encargué de parte de la talentosa Yonkou Historia publicada el: 20/01/2024 *Los personajes no me pertenecen, estos son de sus respectivos autores. *Las imágenes y el arte no me pertenecen, si alguien sabe de quien es, puede decírmelo para darle sus respectivos créditos. *La historia es de mi propiedad porque la comisione a Yonkou y no doy mi permiso para replicarla. *Si los temas que trato te molestan o sientes que son inadecuados, por favor pasa de largo y no lo leas. Nadie los obliga. *Por el contrario si son de tu agrado y pasas a leer ¡¡Muchas gracias por tu apoyo!!

Genre
Romance/Erotica
Author
Erza
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1

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Había algo irónico en la vida en hacer que una sombra se enamore del sol. Lo pensó muchas veces, en lo irónico no solo de la comparación de amor trágico que creaba en su cabeza, sino también de lo bien que le iba a su situación. Porque Naruto era brillante.


Atraía las miradas a él a dónde fuese, ya sea por su risa alta y sus grandes carcajadas o por aquellos cielos que lo acompañaban en su rostro. Por el fuego que no dejaba de arder dentro de él o por cualquier otra razón.


Naruto amaba las multitudes y las multitudes amaban a Naruto. Era todo lo contrario a él. Él encontraba paz en la oscuridad, en lugares calmados y en el pasar de la brisa por las hojas verdes de los árboles.


Odiaba terriblemente los ruidos altos, pero los de Naruto nunca habían sido terribles. Las jaquecas que otros ruidos le generaban no los encontraba en Naruto. Su soledad y su amor a la paz y a la tranquilidad encontraba una irónica balanza cuando venía al rubio de ojos azules y hermosa sonrisa.


Era realmente irónico. Muy irónico.


Tal vez ya había repetido esa palabra en su cabeza unas mil veces. En diferentes tonos y con diferentes expresiones, pero es que no hallaba realmente una mejor forma. Naruto era el sol y él era la sombra.

El sabueso que seguía al sonriente humano a un hogar. Odiaba la poesía realmente; la encontraba fugaz, pero Naruto lo hacía crear las hileras de poesía más ridículamente hermosas que hubiese imaginado.


Y era un amor que no tenía camino. Ni principio, por tanto, tampoco fin. El sol buscaba a la luna, una que estaba siempre con la cara a la oscuridad. Una que, a pesar de los esfuerzos del sol por hacerle sonreír, era casi imposible de cumplir.

Sasuke Uchiha.


El chico guapo, el chico con mil heridas que las almas como Naruto buscaban para sanar, aún si eso significaba partir su alma también. Porque Naruto era así, era honesto y amable, estaría frente a ti defendiéndote de mil males, eso lo sabía. Pero también era terriblemente complaciente y cuando venía a Sasuke la lógica se iba de la mano con la irónica y contraproducente lógica "emocional".

Porque Naruto no podía ser racional con aquel chico.


Y no es que Shikamaru lo odiara, para nada, había cierto sentimiento de celos naturales de cualquier ser humano, pero no odiaba al Uchiha. El tiempo que habían pasado en la academia y lo mucho que Naruto trataba de salvarlo le daban a ver que no era total oscuridad. Sin embargo, todos cambiaban.

Los humanos tanto como las almas que los albergaban también.


Sasuke Uchiha que Naruto conoció y el Sasuke que ahora existía eran dos totalmente diferentes. Naruto se hacía daño siguiendo tras él una y otra vez, se hacía daño luchando por alguien que no quería ni estaba pidiendo ser salvado. Hasta cierto punto podía llegar a ser egoísta, pero no podía culparlo del todo.


El sentimiento amargo en su pecho le gritaba que Naruto amaba a Sasuke.


El amor te hacía hacer cosas de lo más locas a veces. Él era fiel creyente de ello.


Y como la sombra que era y estaba feliz de ser, se mantenía siguiendo al sol y apoyando su camino en lo que podía, pensando que aquel amor de alguna manera se iría, hasta que aquella misión llegó.

No es una misión difícil, van y vienen. Solamente deben de proteger al príncipe.


Eso fue lo que la quinta les dijo al mandarlo a él y a Naruto a la aldea escondida entre las rosas, se suponía que era una muy pequeña aldea, rica en el cultivo de varias hierbas medicinales y culinarias, con un régimen monárquico, debían de proteger al príncipe de la aldea que estaba de visita en Konoha y pronto se iría, llevando en sus manos un tratado de libre comercio con su aldea. Uno que no les parecía nada bueno a varias otras aldeas pequeñas cercanas a la de las rosas.


¿Por qué? Simple. La aldea de las rosas era ya bastante poderosa a pesar de su tamaño, debido a las relaciones comerciales que poseía con otras aldeas, cosa de la cual se habían quejado ya unos cuantos líderes de otras aldeas.


―¿Eh? ¿Eso es todo, abuela? Pensé que sería una misión más difícil ―se quejó Naruto, el sol parecía estar en un humor de atardecer. Sonrió al escucharlo.


La vena en la frente de Tsunade se presentó, fúrica al ser llamada “abuela”, Naruto era el único que lograba que no lo mandará a volar de un puñetazo y simplemente le regalará una mirada ámbar llena de fuego. Lo que tenía al rubio tenso y cerrando la boca en segundos.


―Es una misión muy importante en cuestión de política, ¿No quieres ser Hokage? Porque este tipo de misiones suelen ser unas de las más importantes.


Naruto fingió que entendía algo, ojos de cielo prestando atención en la rubia, su rostro formando una mueca muy graciosa, Shikamaru alzó una mano, pidiendo permiso para hablar y se posó un poco más cerca de Naruto. De manera sutil, el olor a girasoles bañados por el sol llenó sus fosas nasales, lo amo.


La mirada de Tsunade pareció analizarlo más tiempo del normal, Shikamaru prefirió no pensar de más. Las mujeres cercanas a él parecían tener un sexto sentido para descifrar que estaba enamorado de Naruto o él era simplemente demasiado obvio.

Ino había sido igual, la coleta larga y rubia moviéndose sobre su espalda en el momento en que comenzó a darle el sermón de su vida por decir que nunca le confesaría a Naruto de sus sentimientos.


Demasiado problemático.


―Bien, al menos no será tan aburrido si Shikamaru va conmigo, datteba’yo. Aquellas palabras no debieron de haberlo hecho sentir tan bien.


―La mayoría piensa que eso es igual a ir solo, soy demasiado perezoso Naruto ―mencionó, el sabor a tabaco se mantenía en su lengua, había fumado de más en esos días.


Los ojos celestes de Naruto subieron a los de él en la corta diferencia de altura que poseían y brillaron.


―Son unos tontos entonces. ¡Hmp! Estoy feliz de ir contigo, sería peor tener que ir con Shino o algo así. No me malinterpretes, es un gran tipo, pero los bichos. Rio a la expresión de Naruto, suave y bajo, como él hacía.


―Si viene algún bicho te protegeré. Es lo que puedo prometer -


Naruto pestaño exageradamente y junto las manos, suspirando como si fuese una princesa de un cuento de hadas, salvada por su príncipe. Shikamaru vio de más las largas pestañas rubias, dándose cuenta de que no importaba lo que Naruto hiciese.


Siempre era hermoso a sus ojos.


―¡Mí héroe!


―Bien, bien, pajaritos de amor. Una cosa más, Naruto ―llamó Tsunade, con el mentón descansando sobre el dorso de las manos. La seriedad lleno su voz―. Hay información sobre Sasuke en la Aldea de las Flores.


Eso quito toda atención que Naruto hubiese tenido sobre él, ni siquiera se molestó en negar lo de los “pajaritos de amor”, nada, su mirada celeste se tornó a Tsunade y todo dejo de existir a su alrededor, llenándose de pura oscuridad.


Shikamaru tensó un poco las manos dentro de la bolsa de los pantalones.


Después de eso Tsunade les dijo que habían llegado rumores de un ninja renegado a las afueras de la aldea, de cabello oscuro y ojos escarlata en el medio de la noche. Un Uchiha, sin duda alguna, no sabían si aún permanecía en los alrededores, pero al menos podría haber una pista. Naruto mantuvo silencio cuando salieron de la aldea, corriendo con lentitud tras el carruaje que llevaba al príncipe.


El aire se sentía fresco, estaban entrando al otoño después de todo.


Buscó la figura de su sol en las hojas, ahí estaba, distraído y pensando que alguien más que él era en verdad el sol. Shikamaru bajó un poco la mirada, pero se mantuvo firme, cuando llegaron a un prado, la noche había caído sobre ellos y el príncipe; que resulto ser mucho más joven de lo esperado con solo 14 años, y su servidumbre empezaron a cenar para ir a dormir.


Era un viaje largo, dos días a carruaje, por lo que guardar energías y descansar era lo mejor.


Se encontró a Naruto cerca del prado, no tenía su bandana en la frente, la tenía entre las manos y una taza de café caliente y un plato de la comida servida se mantenía a su lado, el césped verde bailaba tras él y las luciérnagas le seguían sobre la calma del lago reflejando la luna. Se sentó a su lado, sin decir nada, con solo una taza de café y un cigarrillo entre los labios. Se escuchaban risas, palabras, llamados tras de él, todos provenían de la gente del príncipe y el príncipe.


En donde ellos estaban el sonido era menor, comenzó a entender por qué Naruto lo había escogido para descansar un rato.


—Me pregunto…


La voz le sorprendió. Naruto usualmente hablaba en tonos altos, tonos brillantes, una voz que era imposible de ignorar. En aquel momento era todo lo contrario. Había una calma en él muy parecida a la del lago frente a su mirada.


Soltó un sonido de pregunta, sacando el encendedor de su antiguo maestro del bolsillo para prender el cigarrillo. El sabor a tabaco lo relajaba.


—¿Estaré enamorado de Sasuke?


Aquello lo detuvo. Detuvo cualquier otro movimiento que hubiese tenido en mente hacer. Le dolió. Sintió su corazón estrujarse y aquel sentimiento doloroso de rechazo hundirse en su garganta, de pronto, ni siquiera el cigarro le dio consuelo.


—Sí. Creo que lo estás.


Naruto pasó la mirada del lago hacia él, con la respiración calmada, espero una reacción más exagerada. Un sonrojo tal vez; uno que no sería para él, pero tendría en su mente. Sin embargo, nada de eso llegó.


—No. No lo estoy.


Shikamaru arrugó el ceño, confundido.

Usualmente era bueno para leer el ambiente y la situación, encontrara lógica en todo de manera rápida, pero ahora… No entendía. ¿A qué se refería Naruto?


—Dicen que la persona que ames tiene que hacerte sentirte bien —confesó él. Vio de reojo como había empezado a jugar con sus dedos. Nervioso. El sonido de la fiesta tras ellos menguo, iban a ir a dormir.


—Hay amores que son dolorosos, pero siguen siendo amor. A pesar de que nadie debería de estar en ellos.


El silencio volvió a aparecer. El sonido de la brisa parecía un cántico, acariciaba la mejilla marcada por el zorro, del joven a su lado.


—Creo que sientes un gran amor por Uchiha Sasuke, pero sabes que no es algo que llegará a nada.


Naruto no lo negó. Fue la primera vez que bajo la mirada aún más, los cabellos rubios taparon su rostro. Shikamaru se preocupó.


—Je, no. No llegará a nada. Eso es algo que sé desde hace tiempo.


La mirada celeste estaba nublada. Había tormentas de nuevo.


Extendió su mano sin pensarlo; realmente no lo pensó, solamente la extendió y entrelazó su mano izquierda con la derecha de Naruto. Él se tensó y Shikamaru pensó que había arruinado todo, sin embargo, el agarre fue devuelto y una sonrisa cálida le fue regalada.


El sol le había sonreído.


—Gracias… Shikamaru.


Y ahora no había otra sonrisa en el mundo que pudiese opacar su brillo.


—No es nada. Naruto... Tú... —susurró, tomando unos segundos para tomar aire y pensar realmente si lo que iba a decir debía de decirlo. Al final, ganó el pensamiento de hacer que esos ojos celestes brillaran de nuevo.


—Tienes un corazón hermoso. —Mierda. Estaba sonrojado, pero le enterneció que el rubio también— Un corazón lleno de bondad que siempre repartes para todos por igual, eres increíblemente terco, tanto que puedes llegar a ser un poco egoísta. Está bien. El egoísmo es esencial para vivir también.


¿Qué demonios decía? Que Asuma lo ayudara.


—El tuyo nace de tu necesidad de proteger y ver feliz a otros y respeto eso. No sabes cuánto.


La mirada de Naruto nunca había estado tan centrada en él. Sentía que las mariposas en su estómago no podían parar. Así como tampoco su boca al hablar. 


—Cualquiera que llegue a ser tú pareja será afortunado de tenerte, sin embargo, siempre cuida que esa persona pueda ver tu brillo también y cuidarlo. No dejes que te consuma.


Ahí.


Algo que siempre le había querido decir y finalmente había salido. Porque por más que lo quisiera tener a su lado, por más que quisiera ser su alma gemela también, por más que quisiera que lo escogiera a él. Amaba más verlo feliz, incluso sino era a su lado.


No sé dio cuenta de las lágrimas que había estado aguantando hasta que una de ellas resbaló de su mirada. Quiso ocultarlo rápidamente, no era usual en él hacer aquello. Usualmente se guardaba los momentos emocionales para cuando estaba solo. Sin embargo, Naruto lo notó. Por supuesto que lo hizo, él era así.


Fueron segundos en los que dos manos cálidas tenían sus mejillas tomadas y los pulgares limpiaban las lágrimas y unos labios dulces lo dejaron sin habla.


Eso no pasaba. Ese tipo de cosas definitivamente no le pasaban a gente como él. Era cómo esa vieja canción que había escuchado en la radio de una aldea lejana. Hablaba de un espectador, de alguien raro que simplemente quería que la otra persona que amaba lo notara. No es que Shikamaru no tuviera orgullo.


Lo tenía. Y eso incluía estar seguro sí mismo y el aceptar las diferencias que lo volvían él. Sin embargo, Naruto era el sol, él era el sol, el sol perseguía a la luna, era lo normal.


Era lo que ya se había empujado a creer, era lo que siempre había estado creyendo. No había más. El tener aquellos dulces labios contra su boca, besándolo, Dios, sí. Besándolo. Era algo que jamás pensó pasaría. 


Las manos se movieron antes que cualquier otra parte de su cuerpo, para atraer a Naruto más cerca, sus ojos se cerraron finalmente y correspondió, Naruto suspiró contra sus labios temblorosos, abriendo los suyos propios al volver a besarlo. Era dulce, una danza dulce y extraña que no quería que parará, quería seguir besándolo. Conociendo el calor de aquel par de labios suaves que conocían su nombre de tantas maneras y eran adictos a ellos. Quería huir, muy lejos, con Naruto en sus brazos. 

Poco a poco la fantasía se tuvo que disipar, porque el ser humano no podía vivir de ella todo el tiempo y eso era algo que Shikamaru conocía muy bien. Sin embargo, no fue un corte abrupto, fue un corte lento, los labios caramelo de Naruto se separó de los suyos, las mejillas estaban pintadas de un hermoso color rosado y las ventanas al cielo que tenía por ojos estaban brillantes.


Miles de sentimientos que no siempre eran comunicados con palabras estaban ahí. El pecho les subía y bajaba, el cantar del viento acariciando sus cuerpos era el único testigo de lo que habían hecho si era que el silencio en la tienda de acampar del pequeño príncipe era una indicación.

 

—Y-o… —habló Naruto. Relamiendo sus labios en segundos que Shikamaru perdió la vista en—. Lo lamento, no sé por qué hice es…


Shikamaru trato de recordar otro momento como ese en su vida, trato de guardar la compostura porque era normal que Naruto pudiese estar confundido, en necesidad de protección y de amor, podía estar muy afectado aún por lo que Uchiha Sasuke hacía y él por más que lo amara no sería la vasija vacía para reemplazar a alguien más.


—Naruto… 


—No. Por favor, déjame —susurró, firme, avergonzado—. Es solo que… todo este tiempo en el que hemos ido de misión, en el que te he hablado para consejos, para poder olvidar un poco a Sasuke y ver lo objetivo de todo… Siempre estas ahí. Eres un tipo diferente. 


Una pequeña risa resbaló de los labios del rubio, ladeando la cabeza y abrazándose a sí mismo en el frío del exterior de madrugada.

 

—Es como esas estúpidas novelas del Ero-sennin, ¿Sabes? No lo sé. 


Su corazón latía rápido, ¿Qué era lo que Naruto le quería decir? ¿Qué era exactamente?


—Es solo que… comencé a buscar el olor a nicotina antes que el que tengo en la memoria, comencé a buscarte por las calles de la aldea, busque razones para hablarte y escucharte hablar de temas demasiado complicados para mí. ¡Soy honesto! 

Shikamaru sonrió, una mirada suave y llena de sentimiento hacía el explosivo futuro Hokage de Konoha.


—Y no me aburría. Eres cálido, la manera en que me ves es algo aun que no logro entender. ¿Estoy mal por sentirme tan feliz cuando estoy a tu lado? ¿Es solo otra fantasía que se tornara desastre? Soy demasiado idealista. Yo—


—Naru…


Él negó, volviendo a posar aquellos océanos en él con esa seguridad de la que tanto estaba enamorado.

 

—¡ME GUSTAS! 


Todo su rostro enrojeció tanto como el de Naruto y de inmediato sus manos fueron a dar a la boca de Naruto, con la intención de no asustar a nadie ya dormido, sin embargo, aquello lo hizo caer sobre el césped. Cabellos rubios desordenados en la frente de su sol y labios rosados que podía besar. 


—Shikamaru. Me gustas. 


—Lo escuche… Yo, lo escuche. Es solo que… —su voz ronca tembló, Naruto suavizo su mirada y sonrió, Shikamaru no tuvo demasiado en qué pensar después de eso, lo beso con todas las ganas que había reprimido por tanto tiempo, sus manos tomando con delicadeza las mejillas marcadas, casi como si fuese la más hermosa estatua de porcelana.


Hermoso, el sabor, el tacto, los colores entremezclándose en su mente ahora al sentir lo que era ser correspondido por él. Naruto soltó un gemido ahogado contra su boca, enredando las piernas alrededor de su cintura y él maldijo en voz baja, el césped se metía en la palma de su mano y entre los espacios de sus dedos. No era el lugar más cómodo, pero era perfecto. 


—Te amo —confesó cuando se separó de él, centímetros apenas. Naruto jadeó, el cristalino color del celeste y del azul anunciaba que aquello lo había tomado totalmente desprevenido. Shikamaru lo sabía. Un te gusta y un te amo eran dos cosas muy diferentes, pero ese era su sentimiento.

Decirlo lo hizo sentir libre, lo hizo sentir casi como si un peso desapareciera de sus hombros. —Te he amado desde hace tiempo ya, jamás pensé que llegarías a gustar de mí. En el mundo ninja, el tema del amor es problemático, lo sabes… Lo sé y aun así todo lo que quiero es seguir besándote, quiero… Naruto.


No tuvo que terminar la frase, porque la mano que rozo su mejilla le dio a entender que sabía exactamente lo que quería, lo que necesitaba Y Shikamaru solo pudo agradecer. Naruto por otro lado, repetía las mismas palabras una y otra vez en su mente. La cantidad de veces que la había escuchado eran terriblemente pocas, solo una vez de una persona, supuso que también de sus padres, aunque no lo recordara. 


Era un amor diferente, claro, pero el sentimiento, Dios. 


—Quisiera verme de la manera en que tú me ves. 

Shikamaru sonrió, rozando la nariz con la mejilla ajena, en una caricia suave y delicada. Dulce, beso la piel con suavidad, Naruto suspiro, encontrando que amaba eso. Shikamaru halló algo más adictivo que la nicotina o que cualquier droga que hubiese leído de. Una que le hacía bien.

 

—Si te vieras así creo que sería vergonzoso. 


—¿Ah? No me importa. Y-o… 


Shikamaru alzó las cejas preguntando silenciosamente, sentía las mejillas calientes.


—Solamente quiero saber que tanto has amado de mí en todo este tiempo. ¿Qué hay de sorprendente en mí? 


Sí. 


Estaba acostumbrado a ser llamado sorprendente, estaba acostumbrado a tener que ganarse la confianza de los demás y demostrar cosas que para otros eran normales, que para otros eran cosas de nacimiento. Nunca había escuchado a alguien al cual no le tuviese que haber demostrado nada a parte de Iruka y él le decía que era sorprendente. 

¿Por qué?


—¿Soy sorprendente? 


Shikamaru sonrió y encontró que le gustaba muchísimo esa imagen, él sobre él, con aquellos labios brillantes de sus propios besos y una sonrisa que parecía ser exclusiva para él. Le gustaba eso. Le gustaba mucho eso. 


Le gustaba Shikamaru Nara.


—¿Esto es parte de la misión también, ninja-san?

Ambos se pusieron en guarda de inmediato al escuchar aquello, el príncipe soltando un gritillo de miedo al verlos tornarse tan serios a pesar de que estaban tan rojos como tomates, el héroe de Konoha y el ninja genio estratega de Konoha serían la nueva pareja celebrada en la Aldea de las flores, así como en Konoha, si no era que Shikamaru y Naruto morían de sonrojos y vergüenzas primero. 

Por alguna razón, encontró que no tenía miedo. 

El sol estaba ahí siempre y la sombra le seguía. 


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Hola, hola!!!! Soy Erza y está es una comisión que pedí de la talentosa Yonkou, así que el crédito es para ella. Nos leemos pronto