El Destello de Eterna Aurora

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Summary

En el reino de Clarifonte, en un pequeño pueblo llamado Luminara, donde las sombras se extienden como mantos oscuros sobre la tierra, la luz del sol ha desaparecido, sumiendo al reino en una eterna penumbra. La esperanza, sin embargo, persiste en la memoria de algunos, quienes recuerdan la profecía de una elegida destinada a restaurar la luminosidad perdida y guiar al reino de vuelta a la luz eterna.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

El despertar de Althea

Capítulo 1

El despertar de Althea

En el tranquilo pueblo de Luminara, donde las calles adoquinadas se perdían entre casas de madera y tejados cubiertos de enredaderas, Seraphina despertó con la sensación inusual de que algo extraordinario estaba a punto de suceder. La luz del alba se filtraba tímidamente por las cortinas de su modesta habitación, pintando patrones dorados en las paredes desgastadas.

Se levantó con una decisión nueva, algo que nunca había sentido antes. La noche pasada, tuvo un sueño raro: una figura brillante le hablaba en voz baja y le contaba sobre un rollo antiguo escondido en las ruinas del templo cerca del pueblo. La curiosidad y un sentimiento de que algo grande la esperaba la llevaron hacia el lugar que vio en su sueño. Así empezó su día, con la oscuridad aún afuera y la certeza de que algo importante le esperaba en su camino.

Con pasos silenciosos pero apresurados y con mucha agilidad dejó su casa y su pueblo para introducirse en aquel bosque oscuro, pero aun así no tuvo miedo porque la adrenalina que recorría su cuerpo y esa emoción por el misterio de lo desconocido, la guiaban con paso decidido y sin temor, corría entre aquellos robles, con deseo de encontrar la verdad detrás de aquel sueño.

Las indicaciones de aquella voz se repetían una y otra vez dentro de su cabeza, era increíble cómo no olvidaba ni una sola palabra:

—Entra en el bosque de los robles y no pares de correr hasta encontrar las ruinas de Althea.

—Pero ¿cómo sabré cuando llegué o cuales son las ruinas? —Pregunté

—Lo sabrás cuando llegues —dijo la voz— Porque TÚ eres la llave, recuerda esto muy bien Seraphina, “La luz no la encuentras y la enciendes, la luz se enciende cuando tu intención es iluminar a otros no solo a ti”.

Las sombras de la madrugada se aferraban a las piedras antiguas del templo, pero Seraphina no titubeó. Al llegar al templo tomó una bocanada de aire y se dejó caer en el suelo cansada de tanto correr.

No puedo creer que las haya encontrado, pensó con asombro y alivio al mismo tiempo.

Se levantó y empezó a examinar el lugar.

A medida que exploraba los restos olvidados, sus manos tropezaron con un pergamino polvoriento. Al desenvolverlo, vio inscripciones que resonaban con la promesa de un renacimiento para Eldor, un camino para disipar la oscuridad que envolvía su hogar.

¿Pero?, pensó

¿Eldor?, no reconocía el lugar del que se hablaba en el pergamino

Y entonces recordó las historias que contaba su abuelita y los demás ancianos del pueblo, sobre un país lleno de maravillas, tenían un sol brillante que les iluminaba el día y les daba calor, en donde todo árbol que se plantaba, su fruto era delicioso, cada especie de animal por más diferente que fueran no se atacaban ni pensaban en pelear por territorio ya que había suficiente para todos, las flores del campo tenían colores brillantes y parecían pintadas por un artista, el olor del campo se decía que era curativo y por eso en aquel país las personas no enfermaban, y sobre todo, lo más especial era que en la noche las estrellas brillaban y alumbraban toda la ciudad, habían auroras boreales y a esas noches les llamaban noches de Althea, porque se decía que aquellas noches eran tan hermosas que Dios las utilizaba para sanar a aquellos que creían y confiaban en él y en especial los que apreciaban y eran agradecidos de su creación y todo lo que él les daba.

¡Claro! ¡Eldor! Como no lo pensé, emocionada con su descubrimiento, volvió a su pueblo, pero, no pensaba en toda la responsabilidad con la que cargaba ese pergamino, la vida de un pueblo, un país y sobre todo la luz que iluminaría a toda una nación.

Este descubrimiento marcó el comienzo de su viaje. Seraphina ya se encaminaba hacia una senda desconocida, llevando consigo la esperanza de Luminara y la responsabilidad de un destino que se desplegaría ante ella como las páginas de un libro antiguo.

El pueblo aún dormía, ajeno al despertar de su heroína inadvertida. Seraphina, con el pergamino cuidadosamente guardado, avanzaba hacia el horizonte que le aguardaba con secretos y desafíos. Así comenzó su viaje, entre la quietud de la madrugada y la certeza de que el destino de Luminara estaba entrelazado con el suyo.