Μηδέν
LUJURIA
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-Tócame... tócame por favor. -
El aroma... cuando entró a la habitación y el almizcle llego a mi nariz, mi omega se volvió loco.
-Aquí, frótame aquí -
Era la primera vez que un Alfa extraño estaba tan cerca de mí además de madre.
Quizá esa fue la única justificación por la que lobo me hizo perder toda razón.
El contacto visual fue inevitable, algo comenzó a escurrirse por mis piernas e ineludiblemente sus fosas nasales se dilataron, el calor que se apodero de mi cuerpo no tardó mucho en desperdigar de forma casi cruel desde mis pies hasta la cabeza, no era un gusto la sensación, pero a Omega parecía fascinarle.
Recuerdo haber tomado lo que estaba en el buró junto al catre donde llevaba ya cuatro días de desconsuelo, me preguntaba por qué al despertar eso de pronto apareció, pero ¿Realmente importaba?
Di un trago con impaciencia, tratando a toda costa de obstaculizar el cosquilleo en mi estomago fallando al instante, el líquido era tan amargo que casi lo escupí, igualmente se coló a la fuerza por mi garganta quemando cada centímetro de mi esófago.
En lugar de la nota refrescante que buscaba, un calor impropio se alojó en mi vientre.
Él, asechaba mis torpes movimientos en el diván en el que al entrar se sentó, no tenía expresión alguna, y, aun temblando todo de miedo Omega alucinaba bajo la precaución de los fanales que se antojaban extraños y a la vez, tan llenos de una errática sensualidad que obligaba a mi naturaleza a doblegarse, volviéndome más dócil. Vulnerable. Sumiso.
Me sentí drogado cuando me miro fijo, igualito a cuando me inyectaban esa cosa en el brazo para no sentir hambre.
No podía verlo con claridad cuando el lloro se abarrotó en mis ojos, la voluntad me abandono y el desconcierto me atesto cuando me moví en automático hacia él, aun así, y contra toda razón, me arrastré temblando para culminar el recorrido entre las gruesas piernas del extraño, desde la punta de su zapato hasta su entrepierna me refregué gustoso, orquestando cada movimiento con la memoria muscular de haberlo hecho desde siempre, aun si no era cierto, el menester de su tacto fue el instinto abnegado grabado en mi piel.
Llegar a su cremallera tomo apenas unos segundos, observar el creciente bulto del Alfa bajo los pantalones de lino negros incitaba a mi lobo a continuar, aun si el estado de inconciencia en el que estaba sumergido ansiaba continuar con la faena, la pizca de lucidez que mantenía presente,< y que por el momento era lo único a lo que podía aferrarme >observaba todo el espectáculo en primera fila, pero con la nota amarga del desacuerdo, aun en el detestable estado en el que me encontraba sabía que eso era apenas una pequeña llama del verdadero infierno que me esperaba, pero, ¿Realmente me esforcé en detenerlo?
El hilo de pensamientos se esfumo cuando mi boca comenzó a salivar igual que cuando pasaba días sin comer, con el ansia de mantener la boca ocupada en algo, no entendí nada, pero igualmente dejé a mi Omega hacer lo que quería, la intensa sensación de algo palpitante en una parte inexplorada de mi cuerpo estaba comenzando a humedecerse. El desespero me abrumo, no logrando entender porque mi cuerpo pedía tan necesitado lo que Alfa guardaba bajo el pantalón, quedando atónito cuando bajé lento la cremallera con mis dientes y con la punta de mi lengua lamí su ombligo dejando ese rastro brilloso cuando descendí al elástico de su bóxer, sus gruesos bellos me raspaban en toda la cara, tan fascinante, tan varonil, yo no tenía de esos aun, pero los suyos se sentían exquisito cuando los frotaba todos en mi carita.
Ya no había contacto visual, su cabeza yacía recostada hacia atrás, mis ojos miraban hacia arriba de vez en vez cuando alguna oleada de placer punzaba entre mis entrañas, y, ya con los sentidos completamente viciados, me sumergí al instinto por completo sin ataduras o remordimientos.
Sin rodeos omega metió todo eso de una a la boca, con la necesidad de tragarlo completo. Recorrí esa puntita rojiza con mi lengua, luego succioné despacio, y lo metí a mi boca de nuevo, tan terco al tragarlo y aun así no cabía, mi manito subía y bajaba envolviéndolo, se sentía caliente, y a medida que más lo tocaba más y más grande se hacía. Podía escuchar sus jadeos subiendo de intensidad, el hormigueo en mi intimidad incrementaba, detenerme no fue opción, el cuerpo dejo de obedecerme, omega lo hizo todo y yo solo mire, con la panza revuelta, no es que no supiera lo que pasaba, había presenciado escenas así cientos de veces, solo debía hacerme bolita en el rincón y tapar mis orejas muy fuerte, ahora era igual a ellos.
Con la mirada risueña bajé mis pantalones junto a mi ropa interior y me senté sobre él, mis piernas no me daban las fuerzas para moverme, aun así, lo intenté, de una lo guie por mi virgen entrada, mi frente estaba sostenida por su hombro, yo hice todo, el no puso en mí su mano siquiera para sentirme, poco me importo, no necesitaba de sus caricias, solo tenía que enterrarme su cosa ahí donde se sentía húmedo y caliente.
Quería llorar en desesperación, asustado, pero el deseo en mi omega de tenerlo pudo más, poco importo cuando sentí mis carnes abrirse delicioso, la combinación entre el dolor y placer me erizo de la espalda a mi nuca, mi vientre estaba tan lleno, di un pequeño salto con las fuerzas que me restaban, lo sentí llegar hasta mi útero, continue con ritmo lento, tratando de acostumbrar a mi pequeño cuerpo.
-A este ritmo no lograras sacarme una sola gota de semen, ¿No dijeron que las putas en este lugar eran las mejores? - Sus manos aferradas en mi cintura fueron como hierro caliente sobre mi piel -Ábreme bien esas piernas, no tengo tiempo para esto -
<< Como una puta... >>
Las palabras se quedaron atascadas en mi memoria, quizá más tiempo del necesario.
Aunque todo en mi mundo se detuvo, el Alfa sobre mí no lo hizo, su enorme miembro me heria las paredes, golpeaba sin delicadeza alguna mi interior, tampoco supe cuando perdió el control de sí, me dejé llevar de las sensaciones, como bestias sin control, sus ojos brillaban en rojo y naranja, el hermoso color del fuego, tan ardiente que comenzó a quemar, ardía por dentro y por fuera, mis nalgas rebotaban acompañadas del chicloso sonido de su sudor y el mío. Quería huir, mi matriz era tocada sin cuidado, y de a poco, sentí tan apretado, me sofoqué, me estaba ahogando, asfixiado, asqueado, tan grande dentro de mí, dolía, grité, grité alto, lloré y jadeé en queja, pero no se detuvo, no lo hizo, aunque pedí piedad.
La vista se me nublo, él aumentaba su fuerza contra mí, sus manos dejaban marcas dolorosas alrededor de mi cintura y caderas, el aroma de mi dulce lubricante se mezcló al de la sangre fresca, me rompió y eso no lo detuvo de continuar, yo lloraba más alto y el más alto gemía, sabía que disfrutaba de abusarme de usarme, porque eso fui yo para él, su entretenimiento.
Rogaba en mi interior que el cosquilleo que me llenaba el cuerpo de placer se detuviera, asco y dolor, no lo sé, ¿es así como debía sentirse el sexo? sus fuertes feromonas me embriagaron, me envolvieron en una nube de éxtasis. Me anudo abriéndome todo, llevándolo al límite...
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Había sangre seca y semen en toda la extensión de mis piernas, él dormía aun a mi lado, traté de recobrar mis sentidos, todo en mi dolía, mi entrada aun palpitaba y ardía, mis caderas resentían el impacto constante de la noche, me removí ansioso, su aroma fuerte me llenaba las fosas nasales, estaba desnudo mostrándome descaradamente su virilidad, y yo, yo no pude evitar relamer mis labios de forma automática, ¿Todo eso estuvo dentro mío? ¿A él le dolería como me duele a mí? me acerque despacio, cauteloso y lo toque, lo acaricie lento y con cuidado lo sobe, era más pequeño que en la noche, suave y blandito. Así me gustaba más, quizá así no dolería cuando lo metiera de nuevo.
Sentía el vientre lleno y mis piernas seguían temblando. Mi omega aún estaba mareado en el placer de las feromonas impregnadas en la habitación, yo quería irme, odiarlo, asco sentía nada más, pero omega rogaba por volver a abrirse para él, para que nos repletara el útero de su caliente semen. Confundido me recosté de nuevo en la cama húmeda de sudor y fluidos, que más daba si despertaba y me volvía a tomar, a donde iría yo de todos modos.
Estuve contemplando un buen rato a Alfa dormido, como bebe, cada lunar en su rostro me lo grabé. Eso decía mama Alfa, el buen Jungkook es muy bueno recordando cosas importantes, pero luego me trajo a este lugar y ya no volvió más.
Deseaba que mi omeguita tomara el control de nuevo como el día anterior, así no dolía, así no se oprimía mi pecho y mi interior aullaba de dolor. Como una película para no sentir nada, que lobo me tome con rudeza para que se me olvide todo, que me desmaye y todo se vuelva negro, fácil, total que si estoy como en celo siempre se me va la mente como anoche.
Y quizá fue el penetrante de mi mirada o mis manos curiosas las que despertaron al hombre al lado mío, daba igual porque Alfa solo se levantó de la cama, esos ojos como un alazán me observaron profundo de nuevo y yo enrojecí hasta la nuca.
-Hazlo una vez más- Dije casi rogando cuando se aproximó a la puerta, y esta vez no fue omega, sino el pánico de alguien más tocando mi cuerpo, solo él, solo porque me lastimaba hasta desconectarme de todo como droga, como si yo fuese un tonto.
-Eres pequeño, ¿aun así no te llene completo ya? - Su mirada oscureció cuando me aferre a su brazo como un cachorro, lo hice volver a la cama y me monte, manche sus piernas y abdomen de semen, pero no importo, solo me refregué, duro, al ritmo perfecto, tome algo que debajo mío crecía, y lo acaricie. Justo como anoche, imitando lo de ayer, consciente y asustado me abrí de nuevo para el Alfa.
Omega volvió a mi como magia. Observando, rogando de nuevo por tenerlo dentro, palpitante, venoso y perfecto, no como cuando dormía, más grande, firme y curveado. Ansioso lo froté, y hasta sentí bonito, omega lo hizo todo, yo solo observé risueño los ojos que volvían a cambiar, brillado en rojo, el dulce color del infierno.
Lo introdujo lento, y mi carne se abría de nuevo feo, ardía mucho, pero lo resistí, si me quejaba ya no iba a querer y de nuevo me quedaría solo.
Lo empujo fuerte y el aire de la panza se me fue, me asfixiaba todo, a lo lejos lo escuche gemir y yo por fin deje de funcionar, drogado y extasiado yo me fui, con el papel tapiz sucio como testigo descanse poquito y llore, diferente si, acá de dolor y allá de placer. Pero descanse, descanse y dormí esperando ver el negro siempre. Como mamá Alfa siempre quiso, justo así...
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- Zaho :)