Primera parte
—Fred, no está bien que nos pongamos las ropas de estos tipos.
—¿Y qué quieres? Ese casino es un lugar exclusivo, no nos van a dejar entrar en estas fachas.
—Sí, pero aprovecharse de su borrachera para robarles la ropa, ¿no es eso caer muy bajo?
—No me vengas con clases de moral, Eusobio. Tú le robaste el almuerzo a una viejita cuando fuimos a visitar a tu abuela.
—En mi defensa, yo estaba muy hambriento y la vieja estaba dando rodeos para comerse el pollo.
—¡Se le había caído la dentadura! No era rodeos, estaba poniéndose la caja de dientes en su lugar.
—Como sea, pero esto que estamos haciendo se considera robo.
—No…, porque lo que tú hiciste con la vieja no fue robar. Vas para el infierno, ¿quién deja sin comer a una ancianita?
—¡Ya deja de recordar el pasado y pásame los zapatos!
—Espero que no nos descubran. Toma sus billeteras y ese maletín, también.
—¡Ahora sí somos ladrones!
—¡Aja! ¿Y cómo piensas jugar en el casino?
—Vaya, nos vemos elegantes. Hoy contrataremos las mujeres que se nos antoje.
—Vámonos, antes de que alguien nos vea.