Capítulo 1: La desfortuna en herencia
Desde que tengo memoria y soy consciente de mi realidad, la gente reza y ofrece distintos placeres a deidades superiores, los honran y respetan por admiración, creencia o temor a los castigos provenientes de su insolencia.
Aunque es verdad que las historias de milagros irreales existen y se dispersan cual polvo en el viento no todos somos merecedores de estos beneficios, tal parece que a ojos de los dioses el valor de cada ser humano se puede denigrar, algunos son salvados y bendecidos, casi como si hubieran sido elegidos para un gran camino; mientras que otros simplemente somos desechados y obligados a pasar una vida de tragedias y mala suerte por mucho que imploremos rescate y piedad.
Es cierto que puedo presentar disgusto por el destino, sobretodo por sus injusticias al elegir la vida o la época en la que un ser se desarrolla, pero, juzgar la forma en que alguien construye su camino redactando su historia en aquellos por los que pasa sería un comentario absurdo y suficientemente hipócrita; después de todo, digamos que en cuestión de elección asquerosa para una vida es ridículo mi caso. Mi oficio ya tiene cierta antigüedad, y ahora en el periodo Edo debo decir que es suficientemente popular con poca escasez de trabajo, por supuesto no estoy diciendo que cualquiera pueda ejercerlo, como todo oficio debes cumplir ciertas características para sobrevivir y crecer, salir del infierno en el que subsistes o sencillamente entrar a un mucho peor. El nombre que me otorgaron al nacer es un disparate de acuerdo a mi situación, “Eshima”, según aquellos que me lo otorgaron quiere decir “bendecida” y desde el momento en que nací, la fortuna me abandonó inmediatamente.
El barrio del placer ubicado en Yoshiwara es una de las sectas con mayor número de solicitantes de servicios, Maikos, Geishas y Cortesanas variando el rango, la calidad que se ofrece en sus edificios con mayor popularidad desde atención al cliente como personal es lo que le otorga parte de su fama, la otra parte viene del florecimiento de los cerezos en primavera. Tal como menciona, este oficio tiene sus demandas que, aunque no parezca son bastante exigentes, en primer lugar todo dependerá de que ejerzas; una maiko es entrenada a temprana edad en practicas artisticas para su debut, una geisha debe de tener el talento o la preparación suficiente en actividades tales como la música, la danza o sencillamente la habilidad para mantener una conversación estable y simpatizar con su cliente; por otro lado, una cortesana debe de enfocarse en sus habilidades de cortejo, en su aspecto y en la carisma o algo distintivo que sea capaz de atraer suficientes depravados para subsistir en el negocio. Digamos, que como Maiko y Geisha no tendría la aptitud suficiente, mucho menos estoy en condición de trasladarme a un Okiya, solo me queda saldar una deuda que ni siquiera es mía en la casa Kato, un burdel de calidad media con pésima paga.
Seguramente, si tuviera un nivel intermedio o las características de una Oiran sería más fácil ganar el dinero restante o sencillamente conseguir a un buen comprador que me deseche en cuanto le aburra o pierda la función de mi compra, tal parece que me dieron el nombre incorrecto, no estoy bendecida mucho menos tengo la posibilidad de ser afortunada si dejo que el tiempo pase, solo soy un peón más a merced del destino, una marioneta con la que los dioses pueden jugar y divertirse con mis lágrimas sin importar cuanto implore por salvación, tal vez nunca nadie entienda lo que siento quizá en algún lugar del mundo exista una persona mucho más desafortunada que yo, pero aunque sea así no puedo perdonar esta crueldad contra mi que no cometí ningún pecado aparte de nacer aún así fuera también sobre mi voluntad, tengo lo mismo con lo que fueron creados los demás humanos, entonces, ¿Por qué soy tan menospreciable a ojos del mundo que me rodea?








