Sangre y Fuego
Los últimos rayos del sol se filtraban entre las modernas cortinas de lona cruda, bajando perfectamente cronometradas ante los comandos que el dueño de casa le asignó, como no ser así, si Carlton Drake tenía un exquisito gusto minimalista, haciendo de su morada un sitio seguro y pulcro, no había escatimado en gastos para darle un diseño perfecto a este refugio anónimo que actualmente era su hogar. Lo mandó a construir hacia ya varios años atrás con la clara intención de volverse su pequeño lugar de escape cuando necesitara estar solo, nadie de su entorno social, laboral o público conoció jamás su ubicación, resultando una casa perfecta para esconderse; su arquitectura la hacía parecer una vivienda sencilla de una sola planta, quedando bien oculta la existencia de dos plantas más bajo tierra, le ayudaba su ubicación bordeando los acantilados de la zona, con una gloriosa vista del océano pacifico, alejada de la bulliciosa y caótica San Francisco.
Atardece y la temperatura desciende rápidamente en el exterior, el típico clima de invierno, ya pasó una semana desde que fue año nuevo. Drake verifico el termostato por segunda vez en el día, preocupado porque todo se mantenga cálido dentro de su hogar, no desea que algo falle, ahora mismo nada puede fallar, no hay cabida a los errores. Solo se tienen a ellos en medio de la nada, como ha sido desde su supuesta muerte en la explosión del cohete, donde Riot y él nacieron como almas fusionadas en un acto de carne y sangre, con fuego, dolor, agonía, muerte, y un renacimiento.
Se preparan como un animal que instintivamente sabe cuándo sucederá, Drake lo sabe, lo siente en sus entrañas, en su cuerpo, y Riot también lo sabe, está completamente conectado a ese inesperado ser, fruto de sus memorias genéticas, de un planeta perfecto, un anfitrión perfecto.
―Será hoy…
―Si, será hoy.―El científico deslizó sus manos por todo su bajo vientre, sintiendo lo tensa y cálida que estaba su piel. ―Al fin sabremos cómo es ella.
―Es perfecta, Drake. Está completamente lista para este mundo.
―...Su mundo.―Sonrió débilmente, sintiendo con más incomodidad la presión en el fondo de su pelvis, las inequívocas primeras señales del inicio de su trabajo de parto.
―Debemos revisar las cámaras de seguridad, no puede haber nadie cerca de aquí.―El simbionte gruño con ansiedad, retorciéndose bajo la piel de su amante, su instinto más básico le pedía correr y ocultarse de cualquier mínimo peligro.
―No te preocupes, todo está bajo control, Riot. Aquí estaremos seguros y sin peligros.
―Si algún humano, o lo que sea, se atreve a merodear por aquí, lo mataré de inmediato.―escupió las palabras de modo tajante, acompañadas de muchas extremidades platinadas que se crispaban sobre el vientre desnudo de Drake.
―Calma, Ribi. Ya hablamos respecto a esto, NADA entrara, estamos a salvo. Podremos estar tranquilos mientras llega el momento de tener a Emma.
El simbionte bajo un poco su angustia instintiva, la unión que compartía en cuerpo y mente con Drake le permitió ser más racional ante sus propios instintos, eran uno, un cuerpo para ambos, su destino sellado en una noche, la noche trágica que los arrojó a las aguas en la costa de San Francisco, cerca de la fundación Life, ese fue el punto exacto de partida.

FLASH BACK
La explosión de un cohete, la llamas cubriéndolos, consumidos por el dolor indescriptible de estar atrapados entre kilos y kilos de metal hirviente para luego caer al mar helado, de cierta manera eso los salvó, el agua helada entró en contacto con el cuerpo destrozado, quedando como una masa sanguinolenta con quemaduras de tercer grado en el 95% del mismo, o lo que quedaba de él. Riot fue realmente eficiente para lograr sobrevivir, hizo un gran trabajo al punto de sacrificar parte de su misma existencia, cayendo en un acto suicida, usando todo de él para mantener vivo a su medio de transporte, su vehículo humano; rápidamente se dividió de modo que logró cubrir todo el interior de Drake con su ser viscoso, capas tras capas hasta llegar a los órganos, inundándolos también como modo de protección, no le importo mucho el exterior: piel, cabellos, ojos, nariz, boca, orejas, todo eso se podían regenerar, lo importante era mantener los órganos funcionando.
Estuvieron flotando en el agua helada toda la noche, entre metal retorcido y desechos del cohete, soportando la agonía de mantenerse con vida, obligando al corazón de Drake a latir al mismo tiempo que iniciaba la reparación de cada órgano vital que casi sucumbió al calor abrazador de las llamas. Riot mantuvo al científico bajo una especie de coma inducido, cortando todo proceso nervioso, pero con todo y eso, aún el cuerpo humano temblaba, se estremecía en agonía, hasta debió sacarlo de un par de paros cardiorrespiratorios.
Con el pasar de las horas al fin la marea les arrastró hasta la costa, entre uno de los varios desagües de la fundación Life, convenientemente perfecto para ocultarse en un momento tan vulnerable y delicado, lejos de la vista humana, de los seres que seguramente investigarían el suceso.
Riot se mantuvo al margen de la zona, alimentándose de las ratas desafortunadas que pululaban por los desagües, y alguno que otro pez curioso. De un par de días, pasaron a ser un par de semanas, en este punto el simbionte estaba completamente orgulloso de mantenerse con vida, los órganos internos de Drake se estabilizaron poco a poco, recuperó los pulmones, vitales para respirar y llevar el preciado oxígeno a la sangre, también su corazón, sano la epidermis casi por completo, su laborioso trabajo iba de adentro hacia afuera; Drake todavía se veía como una masa rojiza sin piel, sin cabello, sin uñas o pestañas, manteniéndolo desconectado y comatoso, el despertarlo en este preciso momento le causaría un dolor tan intolerable para un ser humano al punto de causarle un ataque cardiaco fulminante, Riot resistía mejor la situación al estar solamente conectado a una pequeña parte del cerebro y sistema nervioso.
De un par de semanas, pasó a ser un mes, en ese mes ya Riot había logrado regenerarse a sí mismo, recuperando fuerzas para continuar con el proceso de sanación en Drake que ya no parecía un despojo humano, sus heridas internas mejorando día tras día, externamente comenzó a salirle piel nueva, cabello y vellos. Riot prácticamente se dedicó a recrear un cuerpo humano usando su propia capacidad regenerativa, cuando se sintió fuerte y seguro, cubrió completamente a su anfitrión en una capa protectora, listo para salir del agua rumbo a las abandonadas instalaciones de la fundación Life, para ese momento ya no había humanos investigando los sucesos, permitiéndoles el refugiarse en los laboratorios abandonados, en medio de la oscuridad, con la soledad de todo un complejo completamente desalojado gracias a la tragedia que ocurrió. De vez en vez Riot se ocultaba para evitar tener algún encuentro con los inútiles humanos vigilantes que quedaron al cuidado de las áreas externas, nunca los vio entrar, solo se paseaban por los jardines, estacionamientos o zonas de carga.
Una noche en específico Riot terminó encontrando las oficinas de Carlton Drake, le llevó la curiosidad, aunque, a pesar de tener al humano en un estado de profunda inconsciencia, él podía sentirlo cuando su mente se alteraba por un sueño, sueños que siempre terminaban en pesadillas, en gritos y agonía, cuando su cuerpo se alteraba Riot se ocupaba de calmarlo, regresándolo a un punto de paz. Los sueños y pesadillas se volvieron el centro de la curiosidad alienígena, Riot decidió ver dentro de la cabeza de su anfitrión, descubriendo que había lugares que se repetían en la memoria de Drake, sitios a los que volvía entre sueños, uno de esos lugares era la oficina a la que estaba entrando, siendo recibido por una pared tapizada de cuadros, títulos, diplomas, placas, era algo que despertaba orgullo en el humano, sus sensaciones ante esa particular pared eran de alegría, de ego y emoción.
Riot tomo como un reto curioso el escarbar en el pasado de esos objetos, conectándolos con hilos invisibles a cada recuerdo posible, vio mucho de un joven e inteligente Drake, vio su pasado, como era, lo atrevido y dominante que siempre fue, eso le encanto a Riot, le gustaban los seres que despiden fuerza y no temen hacer lo necesario, para este punto al simbionte le agradaba su anfitrión cada vez más; en un inicio le mantuvo con vida para él poder vivir también, creía que lograría retenerlo hasta conseguir un nuevo cuerpo sano, tuvo la oportunidad de apropiarse del cuerpo de uno de los vigilantes de las instalaciones, pero no lo hizo, algo le impidió abandonar a Drake, para ese instante ya tenía más de dos meses tratando de estabilizarlo y curarlo, le faltaba tan poco, al fin podía permitirse que los órganos funcionarán casi solos, ahora se ocupaba de reconectar el cerebro, mejorar la motricidad fina y regenerar los cartílagos de orejas y nariz. Fue un trabajo duro, y estaba completamente orgulloso de ello, tanto, que por eso no quiso dejar al humano, necesitaba culminar su salvación y despertarlo para contarle su labor, eso sería algo extra, ya Riot había entrado a la mente de Drake muchas veces desde que cayeron al mar, se le aparecía en sueños, le hablaba, o se mostraba en forma simbólica para calmarlo durante alguna de las acostumbradas pesadillas de dolor y muerte.
Para el simbionte se volvió un extraño ritual ir a las oficinas de Drake, el sitio le hacía sentir familiarmente cómodo, moviéndose entre el mobiliario lujoso, muebles modernos, líneas simples, colores neutros, todo en orden, se notaba el complejo de control que tenía el humano, control y perfección. Mientras más tiempo pasaba allí, mejor conocía a su anfitrión.
―Eres como yo... siempre buscando escalar, ser el mejor.―el simbionte habló para sí. Su voz rasposa hizo eco en el lugar, un eco que calaba hasta la médula.
Riot se quedó paralizado en medio de la desolada oficina cuando su anfitrión se movió bruscamente en su interior, como si Drake tuviera una especie de espasmo muscular por todo su cuerpo ¿involuntario? ¿casualidad que sucediera cuando él le habló? Cuando le expresó verbalmente sus pensamientos, hasta ahora no se habían comunicado así, el simbionte merodeaba en la mente del científico todo el tiempo, hablaban a su modo, pero expresarse libremente como ahora, eso jamás sucedía, y está fue la primera vez... la primera vez que su anfitrión reaccionaba físicamente a su voz.
Otro par de semanas pasaron, ya Riot estaba completamente agotado, había dado hasta la última fibra de sus habilidades de simbiontes para regenerar a Drake, era un trabajo magistral visto desde su particular perspectiva, pero ya estaba cansado, no resistiría mucho más con una alimentación a base de alimañas como ratas, palomas y algún gato desafortunado, debía buscar otro modo de obtener más nutrientes, el comerse a los torpes vigilantes no resultaría inteligente ya que despertaría sospechas. No tenía más solución que despertar a su “vehículo humano”, el cuerpo de Drake estaba listo, aunque su mente era otra cosa, se encontraba un poco caótica, demasiadas cosas que quedaron atascadas en su memoria, Riot pensó por un momento en hacerle una lobotomía, descartando la idea casi de inmediato, sería un desperdicio el perder toda esa brillante e ingeniosa mente humana, porque si, a estas alturas de su supervivencia, ya el simbionte había visto y clasificado toda la memoria del científico: sus sueños, sus deseos, sus miedos, TODO. Como un libro magistral, así era la mente de Carlton Drake para Riot, nada inútil como le juzgo al inicio.
No tardó mucho en decidir sacarlo del coma, fue una madrugada, ese día preparó todo como si de una bienvenida se tratase, movilizándose hasta la oficina de Drake, sería el lugar más idóneo para que el humano despertara de su largo sueño. Riot ajusto su tamaño, logrando tomar asiento en la silla del científico, una cómoda y enorme silla tapizada en cuero negro, ya sentado tal cual como un rey en su trono, se retrajo poco a poco dentro del humano, era la primera vez que hacía esto desde la explosión; se sintió extraño, como si dejara expuesto una parte de si mismo en el proceso, temiendo en cada centímetro de piel revelada. Sus finas extremidades plateadas siguieron deslizándose por completo dentro del cuerpo desnudo de Carlton Drake, allí se dedicó con sumo esmero a reconectar todo el sistema nervioso para despertarle con un golpe de adrenalina.

La sensación fue completamente surrealista, abrumadora, como cada pequeña descarga eléctrica sacudía su mente, sus sentidos aletargados en el tiempo de inconsciencia eran reactivados en un mézclote pastoso, extraño, primero fue su oído, empezando por escuchar un zumbido agudo, incómodo hasta el punto de hacerlo gemir, eso se escuchó tan extraño, con eco, llevándolo a prestar atención a su alrededor, tomando valor para abrir los ojos, siendo recibido por una marea de oscuridad, estaba casi en penumbras, con exóticas formas y sombras que jugaban delante de sus ojos, intentar enfocar la vista pareció inútil, dónde fuera que estuviera no había mucha luz, llevándolo a tocar todo, usar ese sentido para descubrir su ubicación, el frío sobre su piel hipersensible fue cruel, incómodo, haciéndole notar su desnudez, con manos temblorosas se paseo por las formas frías y suaves de lo que eran los brazos de la silla donde se descubrió sentado, la sensación fue vagamente familiar, buscando confirmar su juicio respiro profundo, usando su olfato para percibir el aroma a cuero de la silla, si, reconocía ese particular olor, lo amaba, le encantaba, lo llenaba de poder, ya sabía dónde se encontraba…
―…mi oficina―susurro con incredulidad, buscando con la mirada algún otro detalle que le confirmara aún más sus pensamientos.
Le empezó a doler la cabeza de golpe, sintiendo como si fuera a estallarle de un segundo a otro si intentaba pensar, es que su mente estaba vuelta una madeja con muchos huecos, lagunas, también reviviendo flashes de sueños y pesadillas... el miedo sin lógica alguna apareció, crispándole dedos de manos y pies, un súbito escalofrío subió desde su estómago hasta la punta de su cabeza, algo estaba mal, algo estaba muy mal en este extraño despertar. Por más que lo intentara Drake no recordaba nada, reconocía que estaba en un sitio familiar, un lugar seguro, pero no tenía claro de cómo llegó allí, del por que de su desnudez, por que sentía tanto miedo sin lógica.
―¿qué me sucedió?―el frío en su cuerpo desnudo se sentía peor a cada segundo, empezando a temblar sin control.
Intentó ponerse en pie, buscar respuestas y algo para cubrir su cuerpo, pero la voz profunda y sería del simbionte rebotó cuál pelota dentro de la cabeza de Drake, finalmente haciéndose presente para el humano que había despertado.
―Nos salvamos.
Drake se quedó paralizado, no pudo ni culminar de levantarse de la silla al oír esa voz tan filosa cómo navajas, profunda y dominante, sintiendo recorrer su cuerpo como una onda eléctrica, erizando los vellos desde la punta de la cabeza hasta la punta de los pies.
―Tú.
No pudo emitir ni una palabra más, su garganta se trabó ante el golpe de recuerdos que comenzó a pasar cuál película por su mente, desde la llegada de Riot a la tierra, su peregrinar hasta la fundación Life, la conveniente unión entre ellos, su acuerdo, la pelea contra Venom y Eddie, el cohete, el estallido, calor, terror, dolor, rabia...
Drake se levantó de un solo golpe de la silla, gritando, abrazándose fuerte ante los recuerdos desbloqueados que traían sensaciones, pudo revivir el dolor en carne viva, oler su piel quemada, recordar cómo sus pulmones ardían por el humo sofocante, estarse ahogando por dentro, ardiendo completamente. Las memorias revividas lo llevaron al punto de dejarse caer al suelo, revolcándose dolorosamente.
―Ya no hay más dolor―la voz de Riot fue tajante, mostrándose finalmente ante el humano que salvó ―Sobrevivimos.
―Yo morí, tú moriste―su mirada completamente desencajada se centró en el rostro del simbionte que se formó delante suyo.
―La única verdad es que vencimos a la muerte.
―¿Tú me salvaste?―pregunto en un susurro lleno de incredulidad, calmando sus espasmos dolorosos.
―Si tu morías, yo moría. La decisión fue fácil.
―Ustedes... son capaces de regenerar el cuerpo humano―Drake se logró sentar en el suelo, abrumado ante las nuevas imágenes que cruzaron su cabeza, Riot estaba mostrándole cómo fue que lo sano, poco a poco, salvándose de una muerte segura.
―Use todo de mi en ti, prácticamente somos un solo ser: tu sangre es mi sangre, tus órganos son mis órganos, tu piel es mi piel. Te reconstruí a costa de mi propia existencia―su voz fue imponente, cargada de satisfacción ante sus actos.
―¿por qué?―el científico preguntó atónito, tocándose inconsciente las manos.
―Porque eres como yo, somos muy parecidos, Drake. Nada nos detiene, deseamos todo.
Afianzó sus palabras haciendo que Drake levantara su mano derecha, observando cómo brotaba de su palma la esencia misma del simbionte, tomando la forma de una gran mano con filosas garras platinadas, juntas, un simbolismo de unión entre humano y simbionte.

―Somos un nuevo ser. Donde tu terminas yo comienzo, donde tú estás, yo estoy, soy tú y tú eres yo.
―Me he vuelto tú…
―Nos hemos vuelto uno.
―Hicimos simbiosis―masculló fascinado.
―Es más que eso.Estoy en cada célula de tu cuerpo, en cada respiro que des, en cada pensamiento, soy todo.
Mientras hablaba, Riot fue cubriendo la piel desnuda de Drake con su propia esencia gris platinada, centímetro a centímetro hasta engullirlo completamente, sintiendo el éxtasis de su otro, el humano se entregó sin un mísero de dudas, rindiéndose al destino de ser unidos en una amalgama de fuego y sangre.
―Y ahora, Drake ¿que haremos?―el simbionte le habló con emoción, ya sabiendo la respuesta de su otra mitad.
―Vengarnos.
Continuará…