Chapter 1
Capítulo 1
~Porschay~
•Cerré los ojos, suspirando del agotamiento mental al que he estado sometido últimamente. Me di cuenta de que no llegaría a ningún lado si seguía viviendo en esta enorme casa, que ni si quiera me pertenece. No me siento cómodo aquí, y mucho menos soy bienvenido.
¿De qué me servía seguir viviendo en esta casa si yo ya no estaba en una relación con Kim? A pesar de estar presente mi hermano, él solo está aquí por su actual novio; ni siquiera él se encuentra completamente a gusto.
Tengo que irme de aquí lo más pronto posible, ya sea solo o con mi hermano, pero de que me voy a largar, lo haré definitivamente. La decisión está tomada.
3 meses después~
Salí de aquella mansión lujosa, por mucho que me llevara bien con las personas de allí y con Phi Khun, en cualquier momento iba a estallar. Y por supuesto que no iba a lidiar con la angustia de la posibilidad de encontrarme cara a cara con el maldito de Kim. Todavía no estoy listo, no puedo verlo, así que hable con mi hermano, tratando de convencerlo para que me dejara vivir solo. Después de todo, pronto iré a la universidad a estudiar ingeniería... Siento que la música ya no es para mí.
No puedo seguir tocando la guitarra ni cantar con las mismas ganas de antes. Todo ese mundo me recuerda a él y necesito sacarlo de mi mente. Tomé mis cosas apenas logré persuadirlo y las llevé al pequeño, pero acogedor departamento que mi hermano se ofreció a comprar, después de todo, él es quién tiene acceso a todas nuestras cuentas financieras.
“Es completamente necesario que tengas guardaespaldas contigo siempre. Es por tu seguridad.”, es lo que me dijo, sin derecho a reclamo. Tuve que aceptarlo.
No quería que ellos tomaran esas medidas conmigo. Quería estar solo, pero era la única condición indiscutible. Supongo que Hia y Phi Khun siguen preocupados por lo que pasó, sin embargo, a pesar de que es por mi seguridad, creo que es demasiado tener a tantos desconocidos viviendo bajo mi mismo techo. Me lo dejaron a elección y yo no acepté.
Necesito privacidad, ¡maldición!
Suficiente tengo con tenerlos siguiéndome todo el tiempo a cualquier lugar que vaya, pero, aunque tengo tres meses viviendo solo, es como si fuera todo lo contrario, ya que tanto Hia como Phi Khun, con sus guardaespaldas Arm y Pol, vienen todo el tiempo para pasar el día conmigo, preguntándome a cada instante si me falta algo, si necesito algo, si quiero ayuda con la decoración de la sala y el comedor, etc. Por tanta insistencia simplemente dejé que lo hicieran a su manera.
Luego de autorizar la decoración me trajeron alguna que otra planta de interior para hacer ambiente y, con la agente inmobiliaria, se pusieron manos a la obra. Eligieron los muebles, el color de las paredes y más. Estuvieron dos semanas y media, las cuales fueron muy agotadoras, donde traían más y más cosas a cargo de Phi Khun.
Es bastante exhausto tenerlos por aquí, a pesar de que me he estado acostumbrando a sus personalidades, pero para no llevarles la contraria dejo que hagan lo que quieran, siempre y cuando el resultado me parezca decente, y muy en el fondo también porque sé que no quiero estar en mi soledad. Me carcomería la cabeza todos los días al pensar en lo mierda que había sido Kim conmigo, y de cómo es posible amar y odiar a una persona con tanta intensidad como lo hago justo ahora. Por eso dejo que estén todo el tiempo distrayéndome y que me mantengan en el presente. Odio ser débil y cada noche llorar hasta quedarme dormido por lo mucho que echo de menos a la persona que creía conocer.
Todo pasa en cámara lenta. Creé de a poco una monotonía para poder estar activo físicamente y ser alguien de quien se sienta orgulloso mi hermano Porsche, reiterando que es el actual líder de la segunda familia.
Y no sé si eso sea lo mejor...
Sinceramente estoy feliz porque él es feliz últimamente, pero no completamente como me gustaría. Ahora tiene enemigos por doquier, y eso me involucra involuntariamente. Nos expone de una manera que ambos no estamos acostumbrados ya que, después de todo, es de la maldita mafia de lo que estamos hablando, y por mucho que haya tenido de palabra la seguridad que tendrá de ahora en adelante junto con su novio Phi Kinn, nada me aterra más que perder a la única persona que amo incondicionalmente, y todo por culpa de esa gente de mayor cuidado.
Sé que ambos, tanto mi hermano como Phi Kinn, darían su vida por el amor que se tienen, y eso me conmueve, porque, a pesar de todo, mi hermano merece la felicidad que le ha costado encontrar a lo largo de nuestras vidas. Solo espero que su felicidad perdure por el resto de su vida; se lo deseo, más que a cualquier persona que haya conocido. Por mi parte, no pienso interponerme en su camino.
Últimamente siento que necesito volver a reencontrarme conmigo mismo, tratar de hallar y descubrir qué haré en el futuro. No quiero una vida en las sombras por estar metido hasta las narices en los problemas que conlleva relacionarse con los de la mafia, especialmente con Kim. Pensar en él es un constante dolor de cabeza.
Anhelaba una vida tranquila, o así era como lo imaginaba antes de involucrarme con los Theerapanyakun. Quisiera estar lo más lejos posible de Kim y de todos. Aunque quiera mucho a mi familia y amigos, necesito tomar mis propias decisiones. Pronto seré mayor de edad y me convertiré oficialmente en un adulto, donde tendré más responsabilidades de las que me dejaba cargar Hia anteriormente, por eso y por la vida que quiero, necesito dejar de ser tan inmaduro y centrarme en mis propios objetivos, sobre todo ahora que entré a la universidad y necesito enfocarme en mi futuro.
Mi día comienza levantándome por la mañana, ducharme, vestirme con el uniforme, desayunar lo que me dejó preparado ayer la cocinera, que viene tres veces por semana, y que obviamente contrataron para que no muera de hambre o intoxicación.
Después de desayunar, me voy a clases en bicicleta. Todavía no soy mayor de edad para tener licencia de conducir. Apenas llego me voy directo a la cafetería de la universidad y compro una botella de agua mineral, ya que me deshidrato bastante en las dos horas que dura la clase. Luego de comprarla, de camino al salón, me encuentro con mis nuevos amigos de curso, los que hice apenas llegué la primera semana. Mark y Pol son bastante agradables y simpáticos. Los saludo como de costumbre y nos ponemos a conversar un rato sobre lo que entraría en el examen la semana que viene, hasta que de a poco empiezan a llegar los demás estudiantes junto con el profesor.
Hoy tenía una sola clase, así que luego de terminar quedamos en ir por algo de comida rápida al McDonald's que se encuentra a dos cuadras de la universidad. Nos sentamos en la primera mesa desocupada mientras uno de nosotros se dirige a pedir.
—Chay, ¿te parece si nos ponemos de acuerdo para estudiar el fin de semana para el examen? Siento que si no estudió junto a ustedes podría irme muy mal, ¡está bastante difícil y además es mucho que memorizar! —se queja Pol observando todas las guías de estudio que tenemos que repasar, a través de su celular.
—Claro que sí, podría ser en mi casa, si ninguno tiene algún inconveniente —le respondí con una sonrisa.
—Por mí está bien, hay que avisarle a Mark y ya, problema resuelto —me contesta asintiendo la cabeza con una sonrisa.
Apenas llegó Mark con nuestra comida, le informamos lo que acordamos con Pol, él también acepta y mientras comemos, seguimos conversando de cosas triviales y cotidianas de nuestras vidas para seguir conociéndonos.
Media hora después~
Luego de la comida, nos pusimos de acuerdo para el viernes irnos juntos a mi casa después de clases; nos despedimos y me fui de camino a casa cuando de repente suena el celular con una llamada entrante de un número desconocido, el cual siempre ignoro. Rechazo la llamada, sigo mi camino hasta el edificio entrando y dirigiéndome a la puerta, subí por el ascensor al onceavo piso. Camino por el pasillo hasta detenerme al frente de la entrada colocando de inmediato mi contraseña de acceso, quitándome los zapatos al entrar y guardando la bicicleta al costado de la puerta.
Una vez dentro quise ir directo al guarda ropa a cambiarme por algo más cómodo, pero, algo muy extraño llamó mi atención antes de dirigirme a mi habitación. Cuando pasé por la cocina, encima de la mesa del comedor había una llave de automóvil y una billetera negra llena con billetes de dólares. No es mía y dudo que sea de Hia, no es su estilo dejar las cosas tiradas por mi casa, pero de todas formas tomé mi celular y lo llamé de inmediato, para preguntar si era de él.
No terminé de marcar cuando de repente sentí que me arrebataban el celular de las manos e inmediatamente mi corazón se aceleró del susto, porque podrían ser enemigos de la primera familia. Me volteé y escuché su voz suave y a la vez autoritaria sonando en mis oídos, mandando escalofríos por mi cuerpo.
—Porchay. —Me miró con ojos penetrantes, leyendo como siempre mi lenguaje corporal.
Me sobresalté de inmediato, primero porque creí que no lo iba a volver a ver y segundo porque estoy sorprendido de tenerlo tan cerca de mi cuerpo. Aún tenía la manía de invadir mi espacio personal y, sobre todo, ahora como si no pasara nada entre nosotros, eso hace que me hierva la sangre y grité internamente de la impotencia.
—¿¡Qué mierda estás haciendo aquí, Kim!? —Le exigí que me respondiera con la mirada. Sentía rabia por soportar y tener que verlo en mi propia casa.
«No estaba listo para lidiar con él, ¿y justo tiene que aparecer hoy?».
—Escúchame. Tenemos que hablar —me dice tratando de mantener la calma, pero sin dejar de verme a los ojos.
«Maldita actitud de mierda, Kim. Te odio».
«Odio que estés aquí haciendo que pierda la calma y la paciencia contigo».
«Odio que siempre te veas sexy, guapo, limpio y dejes por todas partes donde vayas tu olor corporal mezclado con el perfume asquerosamente costoso y que huela tan bien en ti».
—¡NO! ¡Tú y yo no tenemos nada que hablar! ¡Fuera de mi casa! —Le grité acercándome a la puerta rompiendo nuestro contacto visual, para que entienda de que no lo quiero cerca, ni ahora ni nunca.
Su mano me detiene cerrándola de golpe antes de abrir la puerta. Volteé mi cabeza para fulminarlo con mis ojos lleno de ira.
—No vuelvas a gritarme, Porchay. Es sumamente importante que yo esté aquí, y, para que quede claro, no tiene nada que ver con nuestra relación —me explicó tratando de mantenerse sereno, y rescatando sus esperanzas de estar en paz conmigo.
«¿A qué se debe esta formalidad para hablar conmigo? ¿Desde cuándo?».
—¿Qué maldita relación? ¡Tú y yo nunca hemos tenido una relación de verdad! —le respondí con un tono de voz burlón.
Apenas terminé de hablar, él caminó despacio alejándose de mí unos centímetros, inquieto y revolviendo su cabello con impaciencia. Volteó a mirarme con ojos abatidos, y me di cuenta el arrepentimiento en sus facciones.
—Fue real, todo fue real —susurró con voz temblorosa mientras volvía acortar la distancia entre nosotros.
Lo único que podía sentir era la calidez de su aliento abrumándome la vista y los sentidos.
La rabia, enojo y rencor que siento pueden más conmigo, pero se omiten momentáneamente cuando está tan cerca de mí.
—¡Mentira!, si hubiese sido real no me hubieras engañado y mucho menos hubieras tenido una "relación" conmigo para tu propia y egoísta conveniencia. ¡Yo fui real contigo, jamás te oculté nada ni fingía mis sentimientos! No me hables de lo que se supone que para ti es "real" —exclamé con impotencia de escucharlo diciéndome más mentiras, ¿qué no se cansa de seguir con su actuación? —. Quiero que te vayas por favor, no quiero seguir escuchando tu voz.
Caminé lejos de él suprimiendo la tentación seductora que su presencia me provoca, y trato de llegar la más rápido posible a mi habitación, para no seguir discutiendo con alguien que nunca ha tomado con seriedad mis palabras, y mucho menos mis sentimientos.
—¡Espera! Todavía no hemos terminado de hablar, hablo en serio cuando te digo que no estoy aquí para discutir contigo, sino para poder conversar de un tema que te concierne demasiado. Sólo escúchame, ya luego podrás opinar al respecto, pero déjame explicarte la situación —me dice detenidamente hasta lograr captar mi atención.
—¡Perfecto! Te escucho, hablamos del tema y luego te largas para siempre de mi vida, ¿okey? —le respondo cruzándome de brazos y poniendo límites.
—Sí así lo quieres... Está bien —me respondió sin preámbulos en un susurro.
«Si él creía que yo aceptaría sus condiciones, está muy equivocado. Ya no seré aquel niño sumiso, tímido y flexible con el que podía hacer lo que quisiese a su antojo».
«Esa debilidad ya no está».
Caminé para sentarme en el sillón, y empezar a escucharlo darme sus explicaciones. No quiero seguir tomando más de su tiempo. Él se sienta al otro extremo y comienza a hablar.
—No es justo que estés estudiando ingeniería cuando sabemos que no es lo que te apasiona, así que me he atrevido a matricularte en el área de música, fuiste aceptado y puedes empezar el próximo semestre, está listo todo el papeleo y el trámite financiero. Y antes de que te enojes quiero decirte que esto lo hago porque es injusto para ti tener que olvidarte de tus sueños por culpa mía; amas la música, eres talentoso y mereces la oportunidad de tener un lugar en el mundo para que la gente escuche lo que quieres transmitir con tus canciones, por favor no seas terco y sigue con tus estudios. Hazlo por ti, por tu futuro y por Porsche que siempre te ha apoyado en todo lo que tú has querido... —Me observa tomando una pausa antes de volver hablar, tratando de convencerme de que yo haga lo que él quiere nuevamente— Y porque quiero que seas feliz.
Escuché todo lo que tenía que decir, pero ahora no puedo dejar de pensar en que todo esto lo está haciendo por lástima, no porque sea su deseo verme feliz.
—No tenías que involucrarte en nada, jamás te lo pedí y estoy muy satisfecho con mi elección, así que no digas cosas que no he dicho, además, esto lo estás haciendo por lástima, ¿no es cierto?, para no seguir cargando con la culpa de que un niño ingenuo dejó sus sueños porque le rompieron el corazón —contesté volteando los ojos con irritación.
Apenas terminé de hablar vi su rostro exhalar lentamente y poniéndose de pie encaminando sus pasos hacia mí. Yo, confundido, me intenté alejar de su cercanía hasta que sus cálidas manos, tanto como las recordaba, capturaron mi cara para acercar rápidamente sus labios húmedos a los míos mordiéndolos con anhelo, con desesperación en su toque tratando de trasmitir sus sentimientos en este sorpresivo pero apasionado beso.
Estaba choqueado por completo con la vista fija en su rostro junto al mío.
Jamás pensé que pudiera besarme de esta manera tan hambrienta, como si su vida dependiera de lo que está sucediendo entre nosotros. Su cercanía en mi cuerpo hizo que de inmediato me quedara inmóvil, sin poder creer que este aquí conmigo, haciendo que cada célula de mi piel respondiera de inmediato y que lo anhelara apasionadamente.
No pude corresponder a sus deliciosos labios tanto como me hubiese gustado porque mi parte racional me impidió dejarme llevar y mandar todo a la mierda, es imposible porque mi corazón todavía está herido. Luego de unos minutos se apartó lentamente un par de centímetros de mi cuerpo mirándome con los ojos rojos y con lágrimas bajando por sus mejillas.
No podía dejar de mirarlo casi sin pestañear, observando cada movimiento suyo.
—Te amo, Porchay, de verdad que lo hago. Perdóname —me dijo entre llanto abrazando mi cuerpo con mucha fuerza sin querer dejarme nunca escapar de su lado.
Él estaba tan destrozado como yo, eso no lo podía negar.