Prologo
¿Una relación funciona cuando una de las partes está dañada y el contrario hace todo por acompañarlo y guiarlo para sanar o que al menos aprenda a vivir con el dolor?
¿Ellos serían diferentes?
Él era un príncipe vampiro que regía su aquelarre, un aquelarre cerrado ante las demás especies, incluso recios al contacto con aquellos de su propia especie que no formaban parte de ellos.
Estaba marcado por el dolor de la pérdida, la incompetencia y el deber; no quería relación con el exterior y tampoco deseaba un salvador. Él mismo protegería a los suyos sin interferencias, o al menos eso había pensado.
¿Amor o deber? De entre esos dos conceptos era todo lo que tenía para escoger; sin embargo, era difícil, sumamente difícil, más cuando le tienes amor a lo que se considera tu deber. Porque no tenía planeado conocerlo, pero lo conoció y todo se complicó.
Él era un omega, fuerte, grandioso, el mejor guerrero. Era el príncipe de toda su especie, también el catalizador para que todos regresaran. Llegar al aquelarre Min no fue planeado, sino un error.
Su pareja lo llamaba con fuerza y él quería ceder con tanta pasión, pero no podía. Era cerrado, incluso obtuso a tal magnitud, que le pedía dejar perecer a su pueblo, todo por deseos egoístas, y no era justo, malditamente no lo era.
Tomó la decisión: su pueblo no perecería solo por la incapacidad de su pareja de intentar superar el dolor. Tenía sus metas claras, así como su deber. No tenía el tiempo ni la necesidad de estar suplicando por algo que no se le daría.
Él era un príncipe, estaban en igualdad de rangos y no se rebajaría en nada, ni mucho menos si esto le era impuesto por precarias razones que no le incumbían.
1º Libro: Zahorí
2º Libro: Ubineli
3º Libro: Ryutaro
4º Libro: Augur
1.5 Libro; Zahorí: La Maldición.