Año 30XX
Año 2,022, 14 de Abril...
Es de noche, en una oscura caverna en medio de la nada, con una sola persona dentro, incada y herida mientras ve al suelo, llena de rasguños además de moretones.
—Todo esta oscuro aquí. —esbozó una chica pelirroja, con su ojo y brazo izquierdo destruidos—. Al menos logré perder a quien me atacó. —esbozó mientras va levantándose del suelo.
Al ver su alrededor nota el interior de una cueva, siendo la entrada cubierta por una cascada de agua clara. La pelirroja pudo notar la salida gracias al brillo de la luna.
—Parece que ha dejado de llover. —habló caminando hacia fuera con lentitud—. Él me esta esperando. —comentó pasando a través de la corriente.
Al caminar ve a un chico de cabello negro, la chica se muestra desconfiada, acercándose discretamente. Entonces ve al chico apenas con vida, con una herida de bala en el pecho, siendo atraída por el pañuelo rojo que el chico lleva en su cuello.
—¿Cómo llegaste aquí? —cuestionó la pelirroja mirando a los cielos—. En medio de la nada...
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Año 2021, 22 de Octubre...
Un tipo avanza despacio por un camino rural. Lleva la cabeza inclinada, y en sus labios se sostiene una sonrisa tenue, casi amable; sin embargo, en sus ojos no hay nada, como si su alma hubiese dejado su cuerpo.
—Escuchame, tienes tiempo suficiente. —susurra una voz áspera en su mente, el cual causa que un recuerdo lo transporta a un consultorio, el olor limpio, la luz blanca; con la claridad incómoda de lo inevitable—. No tienes porque pasar por esto.
El chico se mantuvo en su asiento, inmóvil.
—Podemos usar estos exámenes y comenzar el proceso, podrías tener una vida plena… de lo contrario— continuaba el médico, hasta que el pelinegro alzó la mano; un gesto pequeño, pero definitivo—. Sé que tienes tus razones, pero tal vez si…
La mano descendió con lentitud, como si pesara más de lo normal. —No quiero preocupar a mis padrastros, ni que gasten más dinero en mí —murmuró, ocultando el rostro entre sus manos—. Apenas pude pagar los exámenes.
Hubo un silencio breve, casi respetuoso—. Estoy seguro de que lo entenderán, solo tienes veintiún años y-
—Lo siento, doctor, ya veré qué hago —interrumpió levantándose de su asiento—. Por ahora… dígame ¿cuánto le debo? —cuestionó con una actitud serena—. Y le suplico, no lo comente con nadie.
Ahora, mientras camina, sostiene un sobre entre los dedos: dentro, una tomografía computarizada que pesa más de lo que debería. Se detiene al ver un camión de basura aproximarse. Por un instante, duda.
Solo un instante.
Luego, sin ceremonia, deja caer el sobre entre los desechos, como si fuera algo sin nombre, sin valor, sin historia.
El camión continúo su ruta como cualquier otro dia... y él también.
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En una cocina...
—¿¡De verdad estás loco!? —cuestionó una mujer pelinegra al teléfono—. ¿Cómo que evacuar?
—[No podemos hacer más que esto]. —respondió con un hilo de voz que parecía desvanecerse entre interferencias al teléfono—. [Confía en mi].
Ella apretó el teléfono con fuerza, como si quisiera retenerlo a través de la distancia. —No haremos eso, hay que establecer una zona segura para los sobrevivientes. —impusó con firmeza, pero le siguió un silencio breve.
—[No, lo siento, amor]. —dijó su esposo mientras su respiración parece aumentar—. [Iré por ustedes tres].
—¡No te atrevas a colgarme! —gritó, pero la línea ya estaba muerta.
El silencio que siguió fue más cruel que cualquier palabra. La mujer dejó caer el teléfono sobre la mesa. Sus manos temblaban. Sus ojos, abiertos de par en par, no parpadeaban. Parecía petrificada.
Entonces, unos pasos suaves se acercaron desde el pasillo.
—¿Qué paso mamá? —preguntónla voz del pelinegro, recién llegando.
Ella parpadeó, como si despertara de un trance, ee giró lentamente y vio a su hijo.
Ante sus ojos es un muchacho de cabello oscuro, con la expresión confundida y los ojos llenos de preocupación.
—Edgy. —susurró, tragando saliva—. Hijo.
—¿Peleaste con papá? —preguntó él, frunciendo el ceño—. Le reclamaré cuando regrese.
Ella sonrió, una sonrisa frágil, como una hoja seca a punto de romperse.
—Tu padre y yo... nunca hemos peleado, y dudo que algún día lo hagamos. —afirmó serena.
Edgy la miró con duda, pero su mirada se suavizó al ver la expresión apacible de su madre.
Asintió, aunque algo en su interior no terminaba de encajar—. Ya soy un adulto, mamá. —aclaró Edgy con seriedad—. Si hay un problema... puedes decírmelo.
Ella se acercó y le colocó una mano sobre la cabeza. Sus dedos temblaban, pero su voz era firme.
—Lo sé, hijo. Y si algún día lo hubiera, confiaría en ti para ayudarme. —Lo abrazó con fuerza—. Eres el primero de la familia en graduarse de la universidad... estoy tan orgullosa de ti.
—Aunque dudo que al resto le parezca impresionante —respondió él, bajando la mirada con una sonrisa tímida.
—Para mí lo es, siempre lo fue. —Lo miró a los ojos, con una ternura que parecía querer grabar su rostro en la memoria—. Siempre estuve orgullosa de ti.
—Y yo de usted, mamá. —dijo Edgy, con la voz apenas audible—. Descansare un poco antes de vestirme.
Salió de la cocina con paso lento. Ella lo observó desaparecer por la puerta, y solo entonces dejó que su cuerpo se encorvara.
Tomó su bolso con manos temblorosas. El temblor era tan intenso que parecía que sus dedos no le respondían.
—Hoy es un día especial... —murmuró, forzando una risa nerviosa—. Je... je je. —pero sus palabras no combinaban con sus ojos ya llenos de lágrimas.
—Esta bien hijo ahora salgo. —dijó tomando su bolso mientras la mano de está tiembla como gelatina—. Ho-hoy es un día en especial, je je je.
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Año 30XX, 22 de Octubre...
—El protocolo SurvivalFour se reactiva. —expresó una mujer de cabellos blancos desde su trono—. No mas errores. —agregó mientras una pantalla muestra a los agentes activos en el siglo XXI—. Bien Eridna Bradley, no nos falles esta vez.
Todos los conglomerados están avistando todos los proyectos que el escudo roto tienen activos, pero la monarca mantiene la vista sobre la nephilim de cabello dorado.
La Cruzada De Edgy:
Corrupción Zombi.







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