Gatita y lobito: el insomnio de la gatita
Son ya las tres de la mañana, y sé que nuevamente no podré dormir. Cierro los ojos y me relajó, pero no puedo dormir. Cierro los ojos y los aprieto muy fuerte, pero tampoco logró nada. La desesperación comienza. Trato de contar los minutos, los segundos. He escuchado que contando se puede provocar el sueño. Aunque nada sucede. Me muevo de un lado para el otro de la cama. Me levantó y voy al baño. Vuelvo a recostarme y nada. Me decido y voy por un vaso de agua. “Sí, seguro que es porque tengo sed”, pienso. Sin embargo, de regreso en la cama, nada sucede: sigo sin poder dormir.
Me asomo por la ventana. El cielo se encuentra lleno de pequeñas y bonitas estrellas. La calle se encuentra vacía de gente. El silencio reina. Las lámparas alumbran lo que pueden, pues siempre hay lugares que escapan de la luz. Yo misma parezco ser alguien que huye. En la oscuridad de nuestra habitación, pensamientos, temores e inseguridades de mi alma parece como si me acompañaran; como si se escondieran conmigo. O, tal vez, como si a mi lado hubiesen encontrado el nicho perfecto para habitar.
Volteo hacía la cama. No quiero despertarlo. Lo miro fijamente siempre en estas noches de insomnio. Es tan hermoso mi lobito. Con su pelaje alborotado. Con sus pelitos oscuros y blancos que al verlos al sol, toman un color que me parece muy cercano al dorado. Con sus ojitos tan llenos de fuerza. Tan solo al mirarlos y que cuando me miran puedo sentir su valentía, y la importancia que tengo para él. Una importancia que en ocasiones me asusta. ¿Puedo ser para él, lo que espera de mí?, me he preguntado infinidad de veces. Él me repite una y otra vez que solo espera que sea feliz estando a su lado. Sé que lo soy. Lo soy inmensamente. Pero siempre me aborda la duda: para él, ¿yo seré suficiente?
Sigo mirándolo en estas noches. Resopla un poquito mientras duerme. Como si ronroneara, y en vez de lobito fuera un tierno gatito. Sé que es porque trabaja muy duro todos los días, y porquese esfuerza siempre por nosotros. Él siempre me agradece mis esfuerzos. Me lo dice con una sonrisa muy tierna en su rostro, sin embargo la duda me vuelve a abordar: ¿será suficiente?
Me habla muchas veces de lo que ve en el mundo. Que sabe que las guerras terminaran, pero que siempre habrá más. Que el hombre suele celebrar grandes momentos en la historia como si hubiese obtenido el gran final, pero que él sabe por la misma historia que los hechos pueden volver a repetirse. Porque casi nunca el hombre aprende de sus errores. Que tal vez lo que si aprende es a como adaptarlos o a adaptarse a ellos.
Cuando lo veo hablar de los temas que le apasionan me encanta ver sus expresiones. Como mueve las patitas, tratando de explicar las cosas. Como su tono de voz cambia, de uno claro y conciso a uno más acelerado; que constantemente se interrumpe. Su mirada es la que más me gusta. Por momentos me observa fijamente, como si observara dentro de mí; como si con ella pudiera tocar mi alma. En otros, pareciera como si no viera el presente si no el futuro. Eso hace que me entusiasme, pero también es algo que me asusta. No sé como a él no le da pánico hacer eso. Yo miro hacia adelante y voy a lugares míos que son muy oscuros. Pienso en la muerte. En que cada vez soy más grande y se acerca. En lo que soñé hacer y no he hecho. En lo que quise construir y abandoné. En los errores que he tenido a lo largo de mi vida. En que cada vez me duele más cometerlos.
Sé que la muerte es algo que está muy presente en la vida. Está en todas partes. Puede estar en un accidente de tránsito; en un asalto por la calle; en una discusión entre amigos o de pareja; en la búsqueda de un sueño; en la tragedia de un terrible cuento. Cuando pienso mucho en eso, volteo a ver a mi lobito y me preguntó: ¿qué pensará él de ello? Se lo he preguntado. Me dice que a él le gusta más pensar en la vida. Que sabe que la muerte está ahí, pero que prefiere pensar en crear. Que si nos enfocamos en la creación de vida, eso superara a la muerte. Después de eso, me suele cambiar el tema. Como cuando me explicó que cuando hay mucho empleo en un país eso también puede ocasionar una crisis en la economía. Recuerdo que en esa ocasión, cuando me dijo eso me quede sorprendida. Sin embargo, el continuaba contándome que más empleo, puede equivaler a más gasto de la población y por ende más consumo, y que eso genera potencialmente una alta inflación. Yo lo escuche y me reí por dentro. En ese momento pensé: “claro el tema de la inflación es muy interesante, pero por qué siento que lo haces con la intención de esquivar y no contestar a mis preguntas. Específicamente cuando te hablo de la muerte.”
Son las cuatro de la mañana y aún no he podido dormir. Muchas veces a esta hora me encuentro desesperada. “¿Por qué no puedo dormir?, ¿acaso hay algo mal conmigo?”, son cosas que suelo pensar. “¿Será alguna especie de castigo por algo?, ¿qué cosa habré hecho tan mal como para sufrir esto?”, son preguntas que me hago, estando muy angustiada. Le he contado a mi lobito de mis insomnios. Muy lindo me ha respondido que cuando no pueda dormir, lo despierte. “Así estaré, contigo. Y si puedo te ayudaré a dormir”, me ha dicho. Pero no quiero que él también padezca lo que yo, así que no lo despierto.
En vez de despertarlo prefiero tomar el celular. Me pongo a ver videos que me den risa. Pueden ser perritos cayéndose, bebes riendo, o simplemente memes chistosos. Aun así, sigo sin poder dormir. Veo shorts de novelas románticas. Me encanta cuando contra todo pronóstico, los protagonistas terminan juntos. Esas risas, esos momentos difíciles que al final logran superar, calman, alivian y hasta alegran un poco mi estado de ánimo. Pongo tiktoks para escuchar y ver pedazos de la música que me gusta, o fragmentos de las películas y series que me encantan. Sin embargo, el sueño aún se encuentra lejos de mí.
Tarde o temprano, y no entiendo por qué, navegar por las redes sociales me lleva a vídeos de polémicas. Polémicas políticas, o polémicas en la vida de las personas que se ventilan. “Polemizar puede llamar la atención en algún tema que puede ser importante para la sociedad”, me ha dicho mi lobito. No obstante, también, me ha contado, “se puede utilizar para dañar. Dañar un país, una sociedad, una persona. Cuando se usa para hacer daño, va acompañada de mentiras, medias mentiras o medias verdades. Lo que sea necesario para desprestigiar. Noticias falsas, fake news o posverdad fueron las palabras que se usaron para describir la intención de crear polémicas con falsedades que pretendían convertirse en verdades. Algo que por cierto, posiblemente haya nacido con la misma capacidad de expresión humana. Y que se haya de alguna forma inconscientemente defendido con la propia libertad de expresión. En la novela de Balzac, las ilusiones perdidas, puede verse un buen ejemplo de que ya lleva tiempo entre nosotros. Lo preocupante es que si una sociedad no se da cuenta a tiempo, la mentira puede erigirse como el orden. El orden incluso del mundo.”
Siempre que me cuenta esas ideas mi lobito, me quedó pensando y dándole vueltas a muchas cosas. “El orden de la mentira”, es una que me preocupa mucho. ¿Y si todo lo que vivo es una mentira?, ¿mi felicidad?, ¿la de él?, ¿el futuro que hemos pensado?, ¿qué sucede si son solo idealizaciones nuestras?, entonces la duda vuelve a gobernarme: ¿seré suficiente?
Son las cinco de la mañana. Es una de las horas más oscuras. Todo comienza a moverse. La gente, los autos y el silencio, que empieza a ceder ante la llegada del ruido. Es el movimiento lo más característico de la vida. Avanzar y crecer, sin embargo yo a veces me siento paralizada. Pasa el tiempo, y a pesar de lo que hago y vivo pienso nuevamente que no es suficiente. “No seas conformista”, les escucho decir constantemente a los humanos. Sé que es una palabra compleja. Que incita al menos dos posibles consecuencias. Claramente puede servir para ayudar a las personas a que avancen; a que salgan de alguna etapa complicada. No obstante, también puede incitar a querer avanzar mucho más rápido de lo que se pueda o deba. No ser conformista muchas veces lleva a pensar que no somos suficientes. No ser suficiente en lo estético, en lo laboral, en lo económico, en el éxito. Y no serlo, puede llevar a la frustración, al odio, al miedo.
Yo misma he estado en ese lugar. Un espacio que quiere ser complaciente con lo que se espera de mí. Un espacio que no quiere ser conformista. Sin embargo, se me ha vuelto un espacio de mucha incertidumbre y miedo. En muchas ocasiones, como hoy, siento que aún me encuentro ahí. Siento que las dudas me envuelven y tratan de ahogarme. “Sé valiente, siempre”, me dice mi lobito, pero no es nada fácil. “¿A qué te refieres con sé valiente?”, le he preguntado. “¿Acaso es que sea fuerte?”, también le he cuestionado. Tan solo me dice que está haciendo un cuento en donde tratará de explicarme a lo que se refiere. En verdad, me intriga saber.
Seis de la mañana en el reloj. Mi lobito esta por despertar. Voy al baño a enjuagarme la cara. Pongo un poco de maquillaje debajo de mis ojos para ocultar las ojeras. No me gusta preocuparlo. Cuando ve mis ojos, dice que puede ver que no dormí bien. Le digo que no se preocupe; que me encuentro bien. De todas formas veo su angustia, así que además me pongo dos gotitas de medicina en los ojos para que no se me vean rojos. También cepillo un poco mi pelo para que lo vea arreglado. Me gusta que me vea bonita. Ver su carita iluminada al verme, me encanta. Espero que siempre me vea así; espero siempre ser suficiente para él. Cuando se lo pregunto, él me dice que sí. Que recuerde que somos “gatita y lobito, juntos eternamente”. Yo a veces me pregunto: si la vida, juntos, termina con la muerte, ¿qué será eternamente?
Miro a mi lobito. Sigue profundamente dormidito. Nada parece perturbar su sueño. ¿Soñara conmigo?, porque yo casi siempre sueño con él. Sueño que corro a su lado por las montañas. Sueño que cantamos y bailamos juntos toda la noche. Sueño cuando me besa de forma tan apasionada que mi cuerpo pierde todas sus fuerzas. Ese momento en el que sé que soy completamente suya y que nada más importa. Sueño cuando me abraza con tanta paciencia, calor y ternura. Sé que él es así: tiene los ojos de un lobito, pero el alma de un corderito.
Ha pasado media hora. Llegando a ese tiempo sin haber dormido, escuchar música me tranquiliza. Mi lobito, muy lindo, me ha hecho una playlist que me ha dicho reproduzca cuando no pueda dormir. Las últimas canciones que ha agregado son Stay, de The Sweeplings; Rain, de Sleep Token; Luna, de Ollie Wride; y Fast Car, de Luke Gombs. Dice que cuando las escucha, sabe que él y yo podemos viajar por universos. Que podemos viajar entre nubes, eternamente. Solos, él y yo. Eso me parece muy lindo y tierno. Creo que esa es la manera en la que él me dice que también sueña conmigo. Aunque nuevamente me pregunto: ¿qué será “eternamente”?
Son las siete de la mañana, la hora en la que se despierta mi lobito. Para mí, su gatita, ha sido una noche más sin poder dormir. Una noche cualquiera de insomnio. El sol comienza a salir. El cielo abandona poco a poco la oscuridad. Es otoño. Una época que me pone nostálgica. Una época en la que las hojas caen, anunciando el comienzo del fin del año. Una época que inevitablemente me provoca muchas preguntas. Preguntas sobre la existencia misma. Y al final, sobre su significado. Me pregunto: ¿Qué pensara mi lobito de eso?
Alberto Pascual








