Prólogo
Mientras subía los escalones con prisa hacia la azotea, solo una palabra tenía en su mente: fracaso. Estaba exhausto de tanto intentar, pero había algo en su mente y en su corazón que no lo dejaba en paz, y estaba completamente seguro de que no lo haría hasta conseguirlo. Esa era su meta, su objetivo. Mejor dicho, él lo consideraba su destino. Lo único bueno de ese viaje es que había estudiado un poco más a la Agencia, y eso le permitiría avanzar mucho más en su siguiente intento.
Sin darse cuenta, ya había subido a la azotea y estaba al borde del edificio. No había escapatoria.
—Detente, Yin—ordenó la voz grave a su espalda—. Podemos arreglar esto de una mejor manera.
Hunt mentía, aunque en realidad no lo sabía. No todavía. Ya había pasado por eso al menos 27 veces, y en todos los intentos siempre acababa peor. La mejor opción siempre es una sola.
—No te lo diré otra vez, Yin—dijo fingiendo calma en su voz, seguramente para no alterarlo, mientras quitaba el seguro de su pistola—. Aléjate del borde.
Pero la decisión ya estaba tomada, y para ese entonces, la batería del Return estaría cargada. Metió la mano dentro del bolsillo interno de su chaqueta, pero Hunt fue mucho más rápido y jaló el gatillo. La bala atravesó su pecho, justo en su corazón, y salió por su espalda. El impacto lo hizo tropezar y caer. 70 pisos de caída libre.
«¿Cuántas veces hemos hecho esto ya?—pensó Yin al momento de pulsar el botón con su último aliento»
Todos los agentes de la ASET se agolparon al borde del edificio. Esperaban escuchar el sonido de un cuerpo al chocar con el asfalto. Pero no hubo sonido. Tampoco hubo cuerpo.
—Maldita sea—murmuró Hunt—. Aquí vamos de nuevo.