Caso De Los Hermanos Lara by Vane K. Séptima at Inkitt
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Caso de los Hermanos Lara

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Summary

Expediente número 1710. Nombre: Caso de los hermanos Lara, 14 de marzo 2013. Fecha: entre 14 y 15 de marzo. Hora: entre 8 y 11 pm. Suceso ocurrido, en casa de habitación de la familia Lara, sujetos involucrados, Roy Lara 20 años, Teodoro Lara 15 años. Aparente ataque de sujeto no identificado.

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16+

Expediente 1710

–Todo comenzó la tarde del jueves 14 de marzo…

Estaba frente a la cocina salteando aros de cebolla para preparar mis hamburguesas, la comida favorita de Teo, solo tiene 15 años no hay más que decir al respecto.

–Roy, tomaré un baño, vine asqueroso de la práctica –exclamó Teo, mientras subía por las escaleras.

–¡Ni creas que te vas a librar, si yo preparo la cena, tú lavas los platos! –respondí levantando la voz para que me escuchara desde su habitación.

–¡Bien! –contestó.

Escuché la regadera, y seguí mezclando la carne, escuchaba Chek to Chek de Ella y Louis que se reproducía en el viejo toca discos de papá, es una reliquia; pero funciona perfectamente. Oí los pasos de Teo bajando apresurado por las escaleras, me asomé y noté que aun llevaba shampoo en el cabello y la toalla a medio sostener.

–¿Qué pasa hermano? Te dije que iba a tomar un baño –explicó.

–Pero no te he dicho nada y estás chorreando todas las escaleras –le reprendí.

–Ash –gruñó y subió nuevamente.

Seguí preparando la cena y escuchando a Ella Fitzgerald últimamente me tiene obsesionado, me gusta el Jazz desde que a los cuatro años empecé a tener noción de la música que le gustaba a mis padres. Puse cuidadosamente la cantidad exacta de condimento a la carne para formar las tortas que serán el sabor principal del platillo, no es que me guste cocinar; pero son gajes de hermano mayor, después de todo, debemos cuidar a esos pequeños demonios que llamamos hermanos.

Nuevamente Teo bajó las escaleras.

– ¿Es en serio? Te dije que me estoy bañando –protestó y la vena en su frente resaltó, siempre pasa cuando está molesto. Aun recuerdo cuando a mis cinco años finalmente apareció la pequeña bola de carne que hacía que el vientre de mamá se viera enorme, apenas entró a casa chilló a todo pulmón y desde entonces su frente se enrojeció, marcando el lugar dónde luego se ubicaría la dichosa vena.

–No sé de qué me hablas, yo no me he movido de aquí –respondí, señalando las tortas que chispeaban en el aceite.

–No es gracioso, le diré a mamá que me estás molestando –amenazó.

–Teo, ya madura, él que está inventando cosas eres tú y ni se te ocurra molestar a mamá. Déjalos disfrutar su reencuentro de ex compañeros de la universidad, algún día sabrás lo ridículamente importante que es ese evento.

–Pero te digo que escuché claramente que me llamabas por mi nombre –aseguró.

Una bocanada de aire se me escapó de los pulmones.

–A ver, olvidemos el asunto. Ve arriba, si escuchas que te llamo, ignora las voces en tu cabeza y termina de bañarte porque la cena está casi lista ¿de acuerdo? –concluí.

Teo me observó desconfiadamente.

–De acuerdo –susurró molesto.

Preparé la mesa y ambos nos sentamos en el comedor. La ventaja de los niños es que olvidan todo rápidamente, Teo un momento estaba muy molesto conmigo y al siguiente charlaba emocionado sin parar sobre sus amigos que vendrían de visita, a pasar las vacaciones de verano. Por mi parte preferiría haberme quedado en el campus y aprovechar el tiempo; pero mamá necesitaba que cuidara de mi hermano para ellos ir a su viaje y aquí estoy perdiendo el tiempo mientras Sebastián adelanta clases y acumula créditos extra; aunque no debería preocuparme, jamás me va a superar.

Terminamos la cena. Teo llevó los platos al fregadero, yo me senté en la isla de la cocina a checar mis e-mails de la facultad, revisaba y contestaba cada uno. Esto de ser alumno ayudante de morfofisiología quita mucho tiempo, los chicos que ingresan cada vez son más duros de la cabeza, no les entra nada de lo que les explico, tengo veinte años, pero estoy seguro que tendré canas pronto.

– ¡Roy! –dijo Teo, que aun se encontraba lavando los platos.

–Dime –respondí sin quitar los ojos de mi laptop.

–¿Qué es eso? –preguntó.

–¿Qué cosa?

–!Eso! hay… hay algo en el jardín –susurró. Apenas pude escucharlo porque Ella se elevaba cantando su solo de Blue Skies.

–¿De qué hablas? –dije sin mucho interés; pero al no obtener respuesta de Teo, levanté la mirada y lo encontré petrificado frente al fregadero, viendo a través de la ventana hacia el jardín del patio trasero de nuestra casa.

Me levanté y me asomé por la ventana; pero solo vi los árboles y las flores de mamá.

–Yo no veo nada –aseguré. Vi que los ojos de Teo no se movían, como si estuviera tratando de no parpadear, ni de respirar. Cerré la cortina y con ello Teo se relajó.

–Hermano, en serio había algo ahí afuera, oculto en la sombra de los árboles –aseguró.

–Tenemos un muro perimetral de casi tres metros, más la cerca eléctrica ¿Tú crees que alguien va a subir por ahí? Y peor a esta hora, es muy temprano para meterte a alguna casa a intentar robar –expliqué.

–Pero es que no creo que… –titubeó– yo juraría qué…

–¿Qué? –pregunté impaciente.

–Nada. –susurró tímidamente.

–Miras demasiada televisión, por eso imaginas cosas.

–Seguro tienes razón –aceptó resignado.

–Ya, no sigas dándole vueltas al asunto –dije para tranquilizarlo.

Él asintió y se fue a la sala de estar a jugar con su consola. Me quedé en isla de la cocina y seguí contestando e-mails acumulados, dando una que otra recomendación bibliográfica para los seminarios próximos.

Teo se asomó por el marco de la puerta que divide la sala de estar de la cocina, se paró frente a mí, más pálido de lo normal.

–Hermano, dime por favor, por favor que fuiste tú quién habló a mis espaldas –rogó con voz quebradiza, parecía que el llanto se iba a escapar de sus ojos.

–Teo me estás preocupando.

–No, Roy, dime que fuiste tú, esto ya no me está gustando –en su quebrantada voz se podía notar el miedo.

–Te juro, que no me he movido de acá –expresé con la mayor seriedad posible.

–Entonces, algo me está siguiendo.

–No digas tonterías, ni las moscas te siguen a ti ¿Qué te va a estar siguiendo? –dije irónicamente.

–Ven a la sala conmigo –rogó.

–Teo, ya pasamos por esto, ya no tienes cinco años y no hay ningún monstruo bajo tu cama, ni en el closet y tampoco en el ático. Solo estás imaginando, le diré a mamá que limite tus horas frente a las pantallas, deberías leer más y dejar el uso de esas cosas que solo te atrofian el cerebro.

–Pero esta vez es en serio, lo juro, no miento –insistió.

Vi mi reloj, y daban las once y cincuenta de la noche.

–¿Sabes qué? Es mejor que te vayas a dormir, deja descansar la mente y mañana ya se te habrán pasado los delirios, debes tener cansancio acumulado.

–Bien, no me creas –rugió molesto– ojalá lo escuches tú, para que así veas que no estoy loco –y subió a su habitación.

Teo siempre fue un niño con una imaginación muy activa, tuvo muchos amigos imaginarios que según él lo defendían de la oscuridad a la cual siempre le tuvo miedo, así que no me sorprende que siga teniendo esa gran imaginación.

Decidí echar un vistazo a las puertas y ventanas de la casa, me aseguré que todas y cada una estuvieran cerradas, no estaba de más hacerlo, apagué todas las luces y subí las escaleras. La puerta del cuarto de Teo estaba abierta, la cerré y me fui a la cama.

El día siguiente por la noche, Teo regresó tarde de su salida con sus amigos, el reloj marcaba las diez de la noche. Puso sus cosas en el mueble de la entrada y se inclinó sobre la isla de la cocina, dónde yo me encontraba leyendo a Gerard J. Tortora.

–¿Ya volvieron papá y mamá? –preguntó.

–Su vuelo se atrasó, así que regresarán por la madrugada o quizás mañana.

Teo se incorporó de inmediato. Su mirada se fijó en la puerta que daba al patio trasero.

–Ay, no hermano, ahí está, ahí está esa cosa otra vez –su voz tembló.

–Teo, ya no es gracioso. –reprendí.

–Te digo que ahí está –repitió.

Me levanté de la silla y me asomé por la pequeña ventana de la puerta.

–No hermano, no la abras la puerta, no dejes que esa cosa entre –suplicó, mientras me tomaba del brazo y sentí sus manos sudadas y temblorosas.

–Deja –advertí– te voy a mostrar que no hay nadie aquí.

–¡No! ¡Hermano por favor! –imploró.

–Cálmate Teo, te pueden internar por delirios consecutivos.

–¡Que no son delirios! míralo ahí está. No abras la puerta por favor, no la abras.

A pesar de las súplicas de Teo abrí la puerta y como era de esperar no había nada en el patio, entonces una ráfaga de viento gélido, atravesó la puerta.

–Ves, te dije que no había nada –reiteré.

Y en cuanto dije esas palabras, el bombillo de la cocina explotó. Teo soltó un grito aterrador y corrió escaleras arriba. Yo fui tras él, tenía que calmarlo y hacerle ver que sólo eran coincidencias, ese bombillo seguro ya estaba de media vida; pero las luces de toda la casa comenzaron a parpadear, el toca discos sonó a todo volumen; pero leía el disco al revés. Observé como cada cuadro de la casa caía repentinamente “un temblor” pensé y terminé de subir las escaleras, Teo había puesto llave a la puerta de su habitación.

–¡Teo! Abre la puerta, Teodoro Ignacio Lara Guzmán, no me hagas repetirlo –advertí mientras movía la perilla que se resistía a abrir.

Las luces del pasillo seguían centellando sin parar. Escuché a Teo gritar dentro de la habitación seguido de un golpe seco. En ese entonces ya no pude mantener la calma, empecé a golpear la puerta; pero esta no se abría, retrocedí y de una patada la abrí, en ese instante Teo impactó con fuerza contra mí y ambos caímos al pasillo.

–¡Ayúdame hermano, por favor ayúdame! –suplicó, jamás había visto tanto miedo en sus ojos, ni cuando bajó la cuesta de la calle marcoleta con su bicicleta sin frenos.

Teo clavó sus manos en mis brazos y se aferró contra mí.

–Por favor cálmate –supliqué.

Y entonces fue cuando entendí, que Teo no mentía y que todo esto no se trataba de un temblor, porque algo que no podía ver lo arrancó de mis brazos y lo azotó contra la pared.

–¡No! –grité.

Mi mente trabajaba a mil por horas, no podía creer lo que estaba pasando.

“Esto no pasa en la vida real, este tipo de cosas solo son producto de la imaginación retorcida de algún maniaco escritor que disfruta asustar a los niños, con sus absurdas historias”pensé. Me levanté rápidamente y fui a revisar a Teo que yacía en el suelo, inconsciente.

–Teo despierta, despierta –dije a prisa, no quería que lo que fuese que lo haya golpeado, lo hiciera otra vez, tenía que sacarlo de ahí. Los objetos eran arrojados con furia en todas direcciones, el cristal de la ventana al final del pasillo reventó en pedacitos, los trozos afilados rozaron mi cuello, causándome pequeñas heridas, al menos logré cubrir a Teo y hacerlo reaccionar.

–Levántate tenemos que salir de aquí –indiqué. Lo tomé de la mano y corrimos escaleras abajo; pero Teo se detuvo de golpe antes de poder cruzar la puerta de la entrada.

–¡Déjame en paz! ¡Lárgate! ¡Lárgate de una puta vez! –gritó hacia la puerta, él parecía tener muy claro lo que estaba viendo y yo no podía ver nada.

–Teo ¿Qué hiciste? ¿Por qué te están atacando? ¿Qué quiere de ti?

Entonces Teo me vio y lágrimas rodaron por su rostro.

–No hermano, a quien quiere… es a ti.

–¿Qué? –respondí y por primera vez un escalofrío recorrió mi cuerpo, tuve miedo porque algo que no podía ver quería llegar a mí, lastimando lo más importante que tengo, mi hermano pequeño y entonces lo entendí, si esa cosa me quería a mí, debía alejarme de Teo.

–¡Ven por mí, entonces! –grité.

Salí hacía la calle vacía y corrí lo más lejos que pude. Di la vuelta y observé como una fuerte ráfaga de viento se acercaba hacía mí, reventando todas las luces de los faros a su paso, y cubriendo la calle de oscuridad, me preparé para ser golpeado por aquello que no podía ver y entonces Teo que al parecer me había seguido se lanzó entre la ráfaga y yo, quise evitarlo; pero no lo logré, al ser golpeado cayó al suelo. Lo sostuve entre mis brazos y observé con verdadero terror como los ojos de Teo estaban fijos, inertes, sus pupilas no reaccionaban. Saqué rápido el celular de mi bolsillo y marqué.

–Emergencias, ¿En qué puedo ayudarle? –dijo la mujer al otro lado de la línea.

–Rápido, envíen una ambulancia a la calle marcoleta, algo, una cosa golpeó a mi hermano y no reacciona.

–Estamos procesando, por favor revisa los signos vitales de tu hermano.

–¡Estudio medicina maldita sea! eso ya lo hice, él está respirando; pero no reacciona, ¡Envía la ambulancia ya, por favor!

–Trata de guardar la calma ya están en camino, llegarán en unos minutos –respondió la mujer.

Tenía un nudo en la garganta, con mi hermano en mis brazos, inerte sin reaccionar, sólo deseaba que recobrara la chispa de su mirada y que se brotara su vena al decirme ¡te lo dije! Me sentí un completo inútil, no pude hacer nada por él…

–Y eso fue todo lo que pasó, después de eso ustedes llegaron y nos trasladaron acá –dije al oficial. Eddie Morales rezaba la placa en su pecho.

–Entiendo –respondió y anotó en su libreta, arrancó la hoja y la guardó en un folder con el título “Caso de los hermanos Lara, 14 de marzo 2013”

–Por favor, dime como está mi hermano –supliqué al detective Morales, mientras me interrogaba en el pasillo del hospital.

–Hasta el momento, nos informan que le están realizando pruebas, está estable no te preocupes.

–¡Hijo! –el gritó desesperado de mamá me sorprendió, estaba llegando al hospital junto a papá y corrí hacia ellos.

–Lo siento, no pude protegerlo, lo siento –dije y por segunda vez en la noche me rompí a llorar.

Pasamos la noche en el hospital, esperando por los estudios de Teo. El seguía teniendo ese aspecto de paciente con lobotomía, con la mirada perdida en ningún lugar, totalmente vacía.

Pasaron tres semanas desde el fatídico día. Mamá y yo esperábamos en el cuarto de hospital de Teo, la visita del doctor para que nos informara si había algún avance. El doctor entró con expediente en mano.

–Le daremos de alta, para que sea cuidado desde casa, ya lo hemos tenido en observación estas 3 semanas, le hemos dado los medicamentos ya que sospechamos de un ataque psicótico severo que lo dejaría en este estado catatónico; pero aún no sabemos cuándo va a reaccionar, puede ser en cualquier momento. Igual esperemos que la recuperación de Teo sea pronto –concluyó.

–Pero mi hermano, no padece enfermedades mentales –protesté– yo sé lo que vi.

–Es normal que cuando haya un ataque psicótico de este tipo se desarrolle una histeria colectiva; por eso crees que fuerzas sobre naturales les atacaron. Entiendo que eres estudiante de medicina, tú deberías saber de esto.

Mamá me vio preocupada, le he repetido muchas veces lo que sucedió; pero no termina de creerme. No quise seguir discutiendo con el médico; porque no quiero ser internado en algún psiquiátrico; pero yo sé lo que vi y fue real. Necesito cuidar de Teo, necesito saber que le pasó, sea como sea, yo voy a recuperar a mi hermano…

Fin.

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