único
Jungkook sonreía, mientras meneaba las caderas al compás de la música que salía desde su televisor, mientras movía el arroz recién hecho con una cuchara. Disfrutaba una tarde tranquila en su hogar, cómo todos lo días y le encanta. No podía pedir más, estar tranquilo y cocinado para su esposo, esperando con ansia su llegada, para correr a abrazarlo y darle muchos besitos por mucho tiempo. Desde que era pequeño, soñó con encontrar el amor verdadero y construir un hogar cálido. Y cuándo conoció a Taehyung, encontró a su alma gemela.
Kim Taehyung era un hombre amable y cariñoso, con quien compartía los mismos sueños. Juntos, formaban un equipo inseparable. Después de seis meses, decidieron dar el siguiente paso en su relación y comprometerse para toda la vida. Estaba más feliz que nunca. Para él, el matrimonio significaba más que solo una ceremonia; era el comienzo de una vida de amor y compañerismo.
Condimentó un poco el pollo, para después freírlo, recordando los tiempos en que no sabía absolutamente nada de cocina. Sonriendo al instante, al también recordar todas esas tardes en que su esposo le enseñaba a freír el pollo, porque le daba mucho miedo que el aceite salte. Con el tiempo y los mimos de Tae, pudo volverse un experto en la cocina, que hasta buscaba platos deliciosos para que el mayor sonriera mucho más.
Fue hacia la mesa y la limpió un poco, después sirvió la comida en la bajilla más bonita, dando un toque muy elegante al almuerzo. Sonrió y fue rápidamente a lavar los trastes que uso, los limpió y los secó, quedando todo muy ordenado.
Durante la mañana, se dedicó a mantener la casa impecable. Limpiaba cada rincón con esmero, sin dejar polvo en ningún lugar, su hogar debería estar muy limpio. No había tarea que no hiciera con alegría, desde doblar la ropa y regar las plantas. Así le gusta a Tae y él haría lo que sea por su amado.
Bostezó, sus ojitos luchaban por no cerrarse, despertó muy temprano esta mañana para prepararle el desayuno a Tae y que éste le agradeciera con varios besos. No tuvo tiempo de descansar correctamente, es por eso que se quedó dormido con los brazos cruzados sobre la mesa.
Después de unos minutos, llegó Kim, junto con un ramo de rosas. Cerró la puerta y grande fue su sorpresa al no tener a su dulce esposo llenándolo de besos tan pronto cómo puso un pie en la casa, enarcó una ceja, extrañado. ¿Dónde estaba su Jungkookie?
Pasó hacia el comedor, sonriendo al instante en que sus ojos se posaron en el cuerpo agotado y doblado sobre la mesa, viéndolo con pesar. Su pobre bebé estuvo todo el día limpiando y cocinando delicioso, se agotó por tanto. Con cuidado, se acercó sin hacer demasiado ruido, alzó su mano y acarició los suaves cabellos castaños.
— Cariño, — Llamó en voz baja, acercando sus labios a su oreja. Estando así de cerca podía oler las fresas de su perfume, tan rico. — Ya estoy en casa, despierta.
Taehyung ama verlo así de cansado y desaliñado, le recordaba a cuándo terminan de follar. El sólo echo de tenerlo en frente suyo, completamente derrotado, lo calentaba.
Jungkook parpadeó un par de veces, acostumbrándose mejor a la luz nocturna. Levantó un poco la cabeza, sus ojos se abrieron en grande en cuánto vio a su esposo por fin en casa. Era tanta su alegría, que todo su cansancio se fue y saltó a abrazarlo lo más fuerte que pudo.
— Lo extrañé tanto, Hyungie. — Se escondió sobre el pecho del mayor. Bostezando, nuevamente. — Me hizo mucha falta.
— También me hiciste mucha falta, Cariño. — Apretujó el pequeño cuerpo. Aun estando desarreglado, su Koo seguía viéndose muy lindo. — ¿Fue un día difícil?
Una de sus manos fue hacia sus cabellos, para intentar peinar el descuidado cabello ajeno, riendo por los ojos inocentes que veían hacia sus dedos.
— ¡No tuve tiempo de ponerme bonito! — Se quejó, cómo si hubiera hecho algo muy malo.
— No te preocupes. — Le dio un pequeño beso en los labios. — Te ves precioso. ¿Sabes lo que se merecen los chicos lindos? — Preguntó, después le entregó las flores, que escondió detrás de su espalda todo este tiempo.
Jungkook esbozó una gran sonrisa, alzando sus manos por el asombro, después tomó con cuidado el ramo y las olió, maravillado. Kim siempre fue un romántico, a pesar de su ocupado trabajo, se aseguraba de comprar un regalo o dejarle una carta, los detalles cómo esos eran pan de cada día.
— Muchas gracias, Hyung. — Encontró un jarrón de vidrio, el cuál llenó de agua hasta la mitad y ahí acomodó las flores —. Son tan lindas. — Llevó el jarrón hacia el centro de la mesa, dejándolo ahí, para luego besar los labios del mayor.
— Tú eres mucho más bonito. — Tomó su cintura, acercándolo un poco más —. Cariño, aprecio mucho todo lo que haces en casa, por eso quisiera...
Jungkook lo miró, expectante.
— Que dejes que te consienta un poco. — Sonrió, cuándo las mejillas del contrario se sonrojaron. — Mantienes muy lindo nuestro hogar, incluso tú te arreglas para mí.
— Pero lo hago porque me gusta, Hyungie.
Taehyung acarició su fina cintura, haciéndolo temblar un poco. Hace un par de semanas que no sentía ese tipo de caricias, esas que lo hacían cosquillear.
— Por favor, déjame hacerlo. — Se abrazó un poco más al pequeño cuerpo, las manos impropias acariciando su espalda —. ¿Si, Jungkookie?
Pudo jurar que sintió sus piernas flaquear, si Tae no lo hubiera sostenido por la cintura, caería a sus pies. El susurro justo en su oreja, mandó una electricidad por todo su cuerpo, que jadeó bajito.
Mentiría si dijera que no le gustaba esto, toda la atención de su esposo puesta en él. Sus ojos iban de acá para allá, viendo cómo Taehyung sacaba sus pillamas y las dejaba en la cama, luego iba y preparaba el agua caliente en la bañera, haciendo espuma de burbujas, sabiendo que así le gusta a Jungkook.
Sonrió cuándo lo vio acercarse, quitándose la camisa y la corbata. Se relamió los labios, queriendo lanzarse besar su piel canela. Pero no, debía ser obediente, Taehyung lo trataba tan bien, que no quería arruinar el lindo momento.
— Vamos a la bañera, Cariño.
Eventualmente, ambos se desnudaron para entrar a la bañera. Primero Tae, para después sentar a Jungkook en su regazo, enjabonando su cuerpo con delicadeza, de vez en cuándo dándole un besito en las mejillas. Éste respondía con la misma emoción, removiendo sus caderas para acercarse y besar sus labios.
Luego de que lavara su cabello, notó que se quedó profundamente dormido. Quizá por lo tibio del agua o por sus manos acariciando su cuerpo. Lo tenía entre sus brazos, su piel caliente y reluciente, aun con espuma blanca por el jabón.
Es tan tierno, parece un pequeño conejito durmiendo, entre los brazos de un tigre hambriento. Su verga se endureció al tenerlo tan cerca, no pudo evitar alzar una de sus manos para apretar esos alegres pezones rosas, mientras que la otra bajaba hacia sus esbeltos muslos. Cuándo decidió que era suficiente, estiró su brazo y su mano pronto sostuvo un puñado de la carnosa mejilla del trasero de Jungkook. Tragó saliva por su garganta seca, al ver el jugoso culo de su esposo.
— Te extrañé tanto. — Susurró sobre su oreja, escuchando un ligero “Mhm” — Entiendo, estoy seguro de que también lo hiciste.
Es más que claro que tienen un acuerdo, saben que follar es algo muy importante en una relación. Y no dejarían que su lindo casamiento termine sólo porque no tuvieron el tiempo para hacerlo. La realidad es que ambos son tan pervertidos cómo el otro, comiéndose con la mirada cada que tienen oportunidad. Esperando el momento de por fin llegar a casa y poder unirse, con ansias. Es por eso, que acordaron que cualquiera de los dos puede usa el cuerpo del otro cuándo uno de ellos está durmiendo.
— Debes entender que es imposible que no te toque. — La mano que antes estaba en su culo, subió hasta su coño, sus dedos tocando justo en su clítoris —. Dije que te consentiría, darte un par de orgasmos es lo menos que puedo hacer por tu dedicación al cuidar nuestro hogar.
Dio una bofetada a su vulva, Jungkook despertó con un fuerte gemido por el escozor.
— ¿H- hyung? — Fue poco el tiempo el que sus ojos tuvieron para acostumbrarse a la luz, puesto que Taehyung metió sin más dos de sus largos y delgados dedos, bombeando lento pero profundo. Su espalda se arqueó, pudiendo sentir el roce de la dura verga en su culo, gimió en necesidad. — ¡Sí, sí! ¡Por favor, más!
Amaba tenerlo así entre sus dedos, repartió besos por su mandíbula y cuello, ahí dejó un par de mordidas y succiones, marcándolo, todos quisieran un esposo tan bonito y domesticado, pero mataría a cualquiera que se le acerque. Es sólo suyo.
— Claro, Cariño. Lo mereces. — Dobló aquellos dedos, dando justo en el rugoso punto g, por lo tanto sus piernas se abrieron más, dándole un mejor acceso —. Eres un esposo tan bueno, esperando a su dueño.
Jungkook apretó su coño, inclinando un poco más sus caderas, dejando caer su cabeza en el pecho fornido de su amado. Arañó un poco las piernas de éste, indefenso ante lo que vendría, y lo amaba.
— Sabes que te lo daría todo, lo que quieras. — Su voz gruesa, resonando contra su oreja —. Tú sólo debes mantener las piernas abiertas para aprovecharme de tu coñito.
El chapoteó del agua se hizo más ruidoso, al igual que sus gemidos. Por más que quisiera decir algo, no podía, sus sollozos y quejidos no se lo permitían. Tampoco es que pudiera decir mucho, demasiado atontado con los movimientos de esos falanges. Esas palabras lo volvieron débil, siendo dominado por su esposo, era todo lo que quería en el mundo.
— ¡Taehyung, más! — Babeaba, su viscosidad mesclada con el agua espumosa de la bañera. — ¡Necesito t- terminar en sus dedos!
Entonces dio palmadas sobre su coño, tonalidades rojizas aumentando en cada golpe. Gruñó, su polla adolorida por no enterrarse de una sola estocada, el líquido pre seminal ensuciando un poco el culo de Jungkook, inmediatamente después se disipó en el agua.
Sintió sus dedos ser succionados aun más después de las palmadas. Tenía planeado sólo saciar la necesidad de su esposo, pero su polla explotaría si no ahogaba a Jungkook con ella. Dio una palmada en su culo y le ordenó:
— Ponte en cuatro. — Jeon quiso quejarse, ese lugar parecía un poco incómodo, pero tomaría todo lo que su esposo le diera. Así que, con cuidado, se puso sobre sus rodillas. — Un lindo chico servicial para su dueño, con un culo gordo y un coño apretado.
Con sus dedos abrió los pliegues que escurrían, se acercó para lamer superficialmente, degustando el duce sabor, riendo por lo bajo cuándo los muslos ajenos temblaron, por consiguiente, ese culo gordo se removió sobre su rostro.
Jungkook no aguantaría más, sabía que su Hyung jugaba con él, esperando sus ruegos y lloriqueos para por fin ser comido.
— ¡Por favor, Hyungie! — Tomó con sus manos el borde de la bañera, empujando más sus redondas caderas a la lengua de Taehyung, dónde molió por un tiempo. — ¡Le suplico, por favor, cómame el coño!
Sus suplicas por fin fueron escuchadas, gimiendo agudo cuándo su lengua hizo maravillas en su sensible coño, la punta de sus dedos volviéndose blanca cuándo agarró lo más fuerte que pudo el borde de la bañera para resistir al menos por unos minutos más.
— ¡S- sí! — Gimió, arqueando su espalda y juntando sus muslos, asombrado cuándo los dedos de Taehyung aparecieron otra vez, deslizándose en su agujero —. ¡Mhm, Cariño!
Era increíble, la lengua chupando y amasando su botoncito, mientras que sus dedos se enterraban profundo, dando veloces embestidas en su punto dulce, ocasionando que todo su cuerpo se sacudiera y gimiera incoherencias.
Pero no quería correrse así, no atendió a su esposo y eso era lo primordial. Aunque ese pensamiento era callado por el placer en su coño.
— ¡E- espere, ah! — Trató de hablar, tirando su cabeza hacia atrás, intentando tomar aire, pero no fue suficiente para calmarse. — ¡No quiero correrme a-aún!
Hizo caso omiso. Al contrario, metió un tercer dedo y tomó todos sus jugos, lo cual lo hizo ver estrellitas cuándo su coño se apretó lo más que pudo, jadeando Sus caderas buscaron más profundidad, rebotó un par de veces, sus piernas temblando por la cercanía a su orgasmo.
— Puedes correrte, Bonito. — Levantó la otra mano, atrayendo el culo de Jungkook hacia su rostro, para que no se separara, ayudándolo con las embestidas —. Sé que lo quieres, estás apretando tan bien.
Todo su cuerpo tiembla, pero Taehyung no lo dejó caer, siguiendo con sus movimientos. Gimió tan fuerte, sus piernas temblando al igual que su culo, justo en el rostro satisfecho del pelinegro.
— ¡Taehyungie, chorro!
Era la gloria, empapar por completo el rostro de su esposo, con todo su chorro. Marcándolo cómo suyo, con cada gota de su orgasmo, chillando duro cuándo los dedos fueron reemplazados, por aquella boca succionando su agujerito para vaciarlo por completo y que todo cayera en su garganta, calmando esa sed.
Los sonidos de sorbos se esfumaron, ahora se oía sus respiraciones agitadas y uno que otro quejido de Jungkook. Quién era mimado sobre el pecho de Taehyung, dándole besitos, terminando de bañarlo después del explosivo orgasmo.
Le encantó, ama a su esposo. Pero aun no olvida lo más importante.
Después de salir de la bañera, secarse y ponerse ropa cómoda: Koo con un babydoll con encaje rosa y Tae sólo con pantalones grises holgados. Fueron a cenar al comedor.
Miradas lascivas iban y venían de uno al otro, bajaban por su cuerpo y de vez en cuándo se mordían el labio para no dejar escapar jadeos, siguiendo así con la conversación a la que no le ponían realmente atención.
Hasta que Jungkook se animó ha hablar, mirándolo fijamente.
— ¿Podría montarlo, por favor?
Sus ojos brillosos, fueron suficientes para saber lo necesitado que seguía. Es que era imposible no estarlo, cuándo tenía en frente a su sexy esposo, especialmente con esos pantalones que no dejaban nada a la imaginación.
— Lo que desees, Cariño. — Sonrió. Jungkook se paro rápidamente de la silla, yendo hacia él. — Estoy a tu completa disposición. — Sus manos tomaron las suyas, sentándolo sobre su regazo, justo en su erección. Aprovechando la cercanía para besar su cuello y clavículas —. Puedes montarme hasta dejarme seco, si es lo que quieres.
Poco les importó los platos aún con restos de comida, ni siquiera que ya fuera de noche y que los vecinos pudieran escucharlos. No detendrían su amor, su necesidad por el otro.
Ambos gimieron, cuándo sus caderas hicieron círculos sobre la erección palpable. Por un lado Jungkook disfrutando burlándose de él, no permitiéndole profanarlo tan pronto, y por otro estaba Taehyung, quien amasaba la piel suave de su pecho y muslos, conteniendo su lado animal. Si por él fuera, estaría obligándolo ha abrir sus piernas para follarlo hasta el cansancio contra la cocina. Pero es el momento de su Koo, lo respetaría cómo un buen esposo.
Gracias al cielo, su polla fue liberada minutos después, deshaciéndose de su ropa interior y de su pantalón. Sin embargo, dejó el bonito baby doll en Jungkook, era un deseo follárselo con esa tela transparente.
— Por favor, Koo. — Rogó, mordiendo su labio inferior, magullando ese culo. — Te necesito tanto.
Claro que lo sabía, sonriendo orgulloso de ponerlo así de duro, babeando al ver la gran polla lista para empalarlo. Su coño se apretó de sólo pensar en ello, debido a eso elevó un poco sus caderas, para por fin adentrarse de a pocos.
O al menos ese era su plan, hasta que Taehyung lo tomó por la cintura y lo forzó a penetrarse totalmente. Su rostro se deformó de placer, el sudor brillaba en su piel, tensándose a la inesperada intromisión. Agradeció la preparación que tuvo por los dedos ajenos, si no, estaría llorando del dolor.
Al contrario de eso, sus caderas se balanceaban en círculos, disfrutando de los besos húmedos que eran dejados en su nuca, esperando un momento para acostumbrase al tamaño, su coño mojándose mucho más. Porque sí, aquella verga era un manjar, grande y gruesa, con venas marcadas. Sollozando al tenerla llegando hasta un poco más arriba de su ombligo, luchando por no volverse tan tonto con sólo el tamaño.
— ¡Ahh, m- muy lleno! — Impulsó sus caderas, rebotando con parsimonia, jadeando por cada centímetro. — ¡Hyungie llena muy bien a Ggukie!
Mejor de lo que debería. Buscando más de ese cosquilleo insistente, su culo chocando contra las bolas ajenas. Dejando que su cuerpo fuera amasado por las grandes manos de Taehyung, quien gruñía y jadeaba detrás suyo, calentándolo más. Lo volvía tan urgido que lloraría por la increíble atención que recibía su agujero, siendo abierto y atiborrado.
— ¿Ah, sí? — Empujó la silla hacia atrás, sostuvo al castaño de la cintura y se levantó. En una perfecta posición, presionando la delicada espalda contra la mesa, viendo al instante cómo su polla se zambullía entre esos jugos —. ¿Entonces aguantarás más por tu esposo, no? — Tiró de las hebras castañas, sonriendo al verlo sacar la lengua pecaminosamente.
La suave tela del mantel acariciaba sus pezones y presionaban su clítoris, se estremecía con cada embestida, una más fuerte que la otra. Lloriqueaba en total sumisión, alaridos agudos y el retumbar de la mesa sonaban a la par, pequeñas lágrimas de placer caían por sus mejillas.
— ¡S- sí, Cariño! — Cerró los ojos con fuerza unos segundos, abriéndolos cuando fue obligado a mirar hacia la izquierda, enredando sus lenguas en un impetuoso beso, salivando y mordiendo sus labios. — ¡Más, por favor, por favor!
Tan tonto, sumido en ordeñar la polla de su chico. Y lo hacía muy bien, Taehyung sentía su verga palpitar por la calidez y humedad desbordante, era un manjar. Agradecía tener un trabajo tan ajetreado, si eso significaba llegar a casa y hundirse en esa delicia.
Así pasaron los minutos, navegando en lo más brillante de sus pieles. Hasta que aparecieron esos cosquilleos, tan cerca a sus orgasmos que las penetraciones se hicieron mucho más rápidas y desordenadas. Podían jurar que incluso la mesa se movió unos centímetro más por lo fuerte que eran las embestidas.
— ¡Atiendes tan bien a tu esposo, que te dejaré escurriendo todo mi semen! — Poco después, sus caderas se tornaron más salvajes, el traqueteo desordenado por la tensión en sus bolas y el cosquilleo en su estómago. — Que cada vez que mires tu coño, recuerdes quién es tu dueño.
Dejó caer a Jungkook sobre la mesa, sonriéndole aunque no lo viera. Se veía tan jodido, luciendo sus temblorosos muslos, empapados de fluidos. Una imagen exquisita en todo sentido y se encargaría de mejorarla mucho más.
En consecuencia, se vio obligado a tomar grandes bocanadas de aire, intentando llenar sus pulmones en cada suspiro gritado. Su coño se cerró sobre aquella verga, sus uñas arañando la tela en la mesa, aumentando sus lágrimas cuándo el espeso y pegajoso semen salió a tiras.
— ¡L- lo amo, Taehyungie! — Gritó, con sus últimas fuerzas. Todo su cuerpo convulsionando por lo apretado que se puso su coño, a penas resistiendo expulsar su chorro junto a la eyaculación de su esposo. — ¡Ahh, fue tan bueno!
Cayó rendido encima de la mesa, lloriqueando por el explosivo orgasmo, sus piernas aún temblando. Las manos de Tae divagando por su espalda, queriendo calmar sus sollozos.
— También te amo, Cariño. — Sin importarle lo empapado del cuerpo de Koo, lo cargó en brazos, sonriendo por lo exhausto que lo dejó, acomodando sus cabellos para ver mejor su rostro sonrojado —. Te ves tan bonito.
Cada vez que lo veía así, su corazón revoloteaba de amor. Agotado, oliendo a fresas y a semen, desnudo y con las marcas de sus manos en sus caderas, mordidas y chupetones decorándolo. Un buen esposo, obteniendo su recompensa.
Fin.
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