Un día desafortunadamente estresante.
En una noche estrellada, Kenny se encontraba trabajando de lavaplatos en un restaurante no muy reconocido de la ciudad. Debido a la poca gente que llegaba al lugar, su puesto no era bien pagado, apenas y le pagaban lo suficiente para vivir.
-Bien hecho, has trabajado bien este día. Estás de suerte, unos turistas considerados decidieron dejarte propina. Genial, ¿no crees, Kenny?- El dueño de la tienda se acercó a la cocina, para darle a el chico buenas noticias, con una voz burlona y maliciosa.
-¿Eh?... Es eso... ¿Enserio?- Los ojos de Kenny se iluminaron por un momento, su cara cansada y gastada de trabajar por la noche y estudiar por el día. Kenny con una voz esperanzada respondió a su jefe.
-¿Estás de puta broma? ¿Tu crees que mereces más de lo que te doy? ¡Deberías de estar agradecido con la oportunidad que te estoy dando, pequeño bastardo!- Después de haber dicho éstas palabras con odio y desaprobación hacia Kenny, se acercó a él, alzó la mano y le dió una fuerte cachetada al chico, dejándolo en el suelo debido a la fuerza. En ese momento, al caer al suelo, dejo caer el plato que sostenía en su mano. Su mano cayó encima de los trozos rotos del plato, haciendo que se lastimara la palma de su mano. Su mano empezó a sangrar debido a la herida. -¡Mira lo que has hecho, eres un idiota! Más te vale limpiar este desastre, no querrás que alguien mire esto, de lo contrario te despediré...- Respondió con ira a Kenny, a pesar de él haber iniciado todo este problema, está abusando de su puesto como jefe del local.
Kenny, asustado y triste por la mentira y la acción de su jefe, empezó a limpiar el desastre, aún con su mano sangrando. Después de haber limpiado el desastre, fue al baño a lavarse la mano e intentar quitarse la sangre con el papel de baño, finalmente dejaría de sangrar. Kenny salió del baño, para toparse de frente a su jefe, con su paga en la mano, eran solamente 50 dólares. El jóven agradeció al jefe por la paga de la semana, luego de eso salió del trabajo.
Caminando por las iluminadas calles de la ciudad, el chico miraba como la gente pasaba con su familia, o miraba que pasaban parejas de jóvenes enamorados, desviaba la mirada a ver los grupos de amigos que salían a divertirse por la noche. Dando un gran suspiro, Kenny se cuestionó a si mismo en su mente: "¿Qué he hecho para merecer una vida tan cruel como ésta?". A pesar de estas dudas que hacía todos los días en su cabeza, por alguna razón había algo que le impidía rendirse. Cada vez que cuestionaba su propia vida, memorias vagas de su madre pasaban al ver las familias alegres por la ciudad.
Kenny siguió caminando, solo. Llegó al hogar de su madre, que todavía era pagado por su padre. El padre aún pensaba que la madre de Kenny seguía viva, cosa que no era así. Kenny abrió la puerta y se fue directamente a su habitación, dónde en todos lados había fotos de su familia. Finalmente, se cambió de ropa y se tumbó en la cama, mirando directamente al techo, pensando en si algún momento su suerte cambiaría. Pensando en si, en algún momento de su vida, habría una pequeña luz de esperanza entre tanta oscuridad.
-Solamente debo de tener fé... Es todo... Algún día, ocurrirá algo bueno, algún día.- Dijo Kenny, mientras cerraba sus ojos poco a poco, agotado por el devastador y cargado día que ha tenido hoy. Eran la 1:30 a.m. cuando el durmió finalmente.
Por la noche, Kenny empezó a tener un sueño bastante acogedor. Era su hogar, solo que en la mesa estaba su madre. Era de día en su sueño, la luz del sol entraba por las ventanas de la casa, dando una sensación reconfortante.
-¡Mamá! ¡Mamá! Mira lo que he encontrado por la calle...- Kenny entraba al hogar, llevando con alegría un pequeño gatito. Con sus dos manos, alzó al gato para que madre viera. El pequeño gato se quedo viendo a su madre, maullando ligeramente.
-Oh... Es simplemente hermoso. Kenny, entiendo que... Te gusten los animales, en especial los gatos pero... A tu papá no le están pagando lo suficiente ahora mismo. Sería imposible para... nosotros tener que cuidar del gato. ¿Entiendes?- con un dolor en el pecho por el bondadoso corazón de Kenny, su hijo, tuvo que responderle honestamente, sin mentiras.
-Ah... Está bien mamá.- Kenny triste por las palabras de su madre, empezó a caminar hacia la salida del hogar, para dejar al pequeño gatito donde lo había encontrado.
Kenny empezó a caminar, mientras al horizonte, en medio de los edificios que habían, se observaba el sol y el mar. El atardecer, es bello, no solamente por la vista, si no por la sensación que recorre tu cuerpo al verlo. Kenny, mientras caminaba, sintió que el gato se movía mucho, así que lo decidió cargar de diferente manera pero, al intentar hacerlo, el pequeño gatito se soltó de sus manos. El felino empezó a correr, hacia enfrente, por las peligrosas autopistas llenas de tráfico.
-¡Espera! ¡No vayas por ahí! ¡Es peligroso!- Kenny gritó con miedo, empezó a correr detrás del animal, con desesperación corría cada vez más rápido. Los carros pasaban al lado de ellos dos a una velocidad lo suficientemente rápida como para matar a cualquiera de los dos. A pesar de ello, Kenny siguió corriendo, hasta que finalmente lo atrapó. Se detuvo y empezó a tomar aire, su respiración agitada apenas le permitía hablar, pero le dió un vistazo al gato y... parece que no le había pasado nada.
-Me has hecho correr un montón por ti, pequeñito travieso... Venga, es hora de dejarte donde realmente pertene...- Antes de terminar su frase, un carro a alta velocidad empezó a tocar el claxon varias veces. Kenny se dió la vuelta un momento, y solo alcanzó a ver las luces dirigiéndose a él.
-¡Noo!...- Gritó, de su cama se levantó con desesperación. No sabía Kenny que todo era un sueño. Con la respiración agitada, se tocó la cabeza, que le dolía un poco por el estrés del día de ayer. Al hacer esto, sintió de nuevo la herida de su mano, bajo su mano de su cabeza para darle un vistazo. Parecía una herida grave, pero Kenny no tenía como pagar algun tratamiento para ello. -Ah... Duele un puto montón... Arde...- Se quejó del dolor, bajo la mano y decidió ver enfrente suyo, parecía ser que era finalmente otro día, otro estresante y desafortunado día, cómo todos los demás.








