EMOCIONES ANIMALESCAS

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Summary

Emociones animalescas es una serie de cuentos que tratan sobre las emociones humanas, principalmente los sentimientos negativos que la mayoría hemos experimentado en algún momento de la vida. Sin embargo, estas emociones están representadas con animales que atraviesan diferentes conflictos internos y reflexionan sobre su vida.

Status
Complete
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
16+

EL SILENCIOSO VIAJE DE UNA HORMIGA

Era un día como cualquier otro. Las hormigas trabajaban, labor difícil el de una hormiga: bajo tierra sin descanso y arriba, siempre expuestas a muchos peligros. Si fueras una hormiga, tal vez un ave o una lagartija podrían comerte, o tal vez tú te comerías a esas aves y lagartijas; una sola hormiga no podría, pero muchas sí lo harían. Una especie con dicotomía, podía ser presa y depredador.

Había una pequeña hormiga, era normal y corriente. Trabajaba en la búsqueda de recursos para el hormiguero, un trabajo que hacía en equipo junto a sus compañeras. Sí había algo que buscar como alimento o cualquier cosa útil para el hormiguero, lo buscaban y lo llevaban al hormiguero. Aunque algunas hormigas no regresaban, ya que era una labor peligrosa, de todos modos ella se encontraba conforme con su trabajo. Vivía en la monotonía del hormiguero y disfrutaba de relacionarse con sus compañeras. Lo principal para esta hormiga era su trabajo, tenía un papel importante en el hormiguero y ser parte de algo tan grandioso le hacía feliz.

Nuestra amiga, la pequeña hormiga, seguía su camino hacía una hoja, recurso vital para el hormiguero. Iba detrás de sus compañeras, dispuesta a cumplir su misión. ¿Qué es eso?, pensó la hormiga al ver acercarse algo negro que emitía un zumbido. Empezó a sentirse nerviosa ante la presencia de un posible peligro. No entendió lo que era hasta que lo tuvo de frente. Era una mosca que se posó sobre ella, la hormiga no estaba segura de lo que pasaba, pero podía sentir que algo perforó su tórax. Con temor, las demás hormigas se alejaron de ella. Finalmente, la mosca se fue zumbando, tal como llegó.

—¿Estás bien? —pregunto una de sus compañeras.

—Sí, creo que no me hizo nada —mintió la hormiga. Aunque sabía que la mosca le había hecho algo, no se sentía muy diferente. Así que pensó, Voy a estar bien, seguro no fue nada.

—Entonces, sigamos, no podemos detenernos —respondió su compañera hormiga.

La pequeña hormiga intentó seguir con su trabajo como era usual. La vida de una hormiga era agitada, el trabajo constante y el tiempo libre era limitado. Sus días transcurrieron de manera normal y sin incidentes, estaba a punto de olvidar el incidente con la mosca. Pero la pequeña hormiga ya no era la misma; había algo diferente en ella, algo extraño.

Después del incidente con la mosca al principio todo parecía estar bien, sin embargo, con el tiempo empezó a notar que no podía seguir el ritmo de sus compañeras; se quedaba atrás. Se esforzaba mucho, pero aun así no podía alcanzarlas. Llego a suceder que sus compañeras la interrogaban.

—¿Por qué te retrasas?

—¡Debes seguir!

—Te quedaste atrás, de nuevo.

—¿Por qué ya no puedes seguirnos el ritmo? —pregunto una de sus compañeras, esta tenía una actitud más preocupada y no era tan crítica como las demás.

—No lo sé, creo que hay algo malo en mí.

La pequeña hormiga no sabía que sucedía, se sentía muy avergonzada por no poder seguirles el ritmo a sus compañeras. Su propósito de vida era serle útil a la colonia y ella ya no era útil. Sentía miedo, su vida era el hormiguero, si no podía ser útil, solo se convertiría en una hormiga insignificante.

Los días transcurrían, y su debilidad era más evidente. Se sentía inferior a sus compañeras y muy débil. Ahora se encontraba buscando alimento con sus compañeras, apenas podía seguirles el ritmo. Repentinamente, sintió un impulso que nunca había sentido antes; deseaba alejarse de sus compañeras. La pequeña hormiga desconocía la razón tras ese sentimiento; antes nunca haría algo parecido. Una hormiga no se alejaba de sus compañeras y del hormiguero, a menos que algo lo requiera. Andar sin propósito era algo impensable en una hormiga.

Empezó a caminar, algunas compañeras la llamaron, pero ella las ignoró. Cada vez estaba más alejada del hormiguero, ya no podía ver a sus compañeras. A medida que caminaba, el paisaje se sentía más húmedo. Podía ver más árboles, pequeños charcos de agua e incluso otros animales.

Esto es extraño, estoy sola fuera del hormiguero, pero no siento miedo. Todo aquí es lindo y verde. No lo entiendo. ¿Por qué antes no me di cuenta?, pensó la pequeña hormiga. Ella nunca había estado sola sin sus compañeras, ni había hecho algo diferente que trabajar en el hormiguero, toda su vida había sido para el hormiguero, y nunca se detuvo a pensar que podría ser algo diferente.

El sol empezaba a ocultarse en el cielo, pronto sería de noche. La hormiga se detuvo, frente a ella había un ave muerta, con las plumas desordenadas. Su pecho era de color amarillo, sus alas y cabeza, cafés. Tenía un gran pico delgado y largo. A pesar de su estado, se conservaba bien; no debía llevar mucho tiempo allí. Si estuviera con mis compañeras, ya habríamos cogido algo de su carne para el hormiguero y nos habríamos alimentado de ella. Es extraño, nunca sentí lástima de los animales de los que nos alimentamos, pensó la hormiga.

Un sentimiento de tristeza embargaba a la pequeña hormiga. Tal vez era porque se acercaba la noche o porque se encontraba alejada de sus compañeras y no podía evitar sentirse melancólica ante la soledad. Probablemente, porque sabía dentro de sí que algo estaba a punto de suceder con ella.

¿Cómo habrá muerto este pájaro?, ¿Alguien la extrañará?, ¿Alguien la notará? Tal vez tenga crías y sus pichones la estén esperando. O tal vez nadie la esté esperando, tal vez está sola como yo, pensó la pequeña hormiga.

La hormiga miró una última vez el cielo, el sol ya no era visible, y la oscuridad de la noche estaba presente. Era la primera vez que se permitía pensar por sí misma; las cosas que hacía antes no contaban por qué todo lo que hacía era para el bienestar de la colonia. Era difícil admitir que nunca había hecho nada para sí misma, hasta ahora. Vivir esté pequeño momento, aunque triste y melancólico, resultó ser una experiencia muy gratificante. Ver el exterior sin ninguna intención, sin tener una misión de por medio, le permitió ver todo de manera diferente. Había algo más en la vida que el hormiguero. Aunque tal vez ahora era un poco tarde para darse cuenta.

La hormiga observaba al ave sin vida, que ahora le parecía tan llamativa, aunque fuera un ave muy común. Repentinamente, sintió un dolor profundo e intenso. Sin fuerzas se recostó en la raíz de un árbol; un dolor aplastante la sobrecogía. Algo se movía en su cuerpo, podía sentirlo, provenía de sus entrañas. El dolor intenso aumentaba hasta que finalmente desapareció y con ello su vitalidad.

Como una maraca, la cabeza de la hormiga empezó a moverse hasta que se desprendió de su cuerpo y cayó al piso. La hormiga ya no se movía, pero de su cuerpo algo salía. Un animal pequeño y con alas se retorcía; tenía grandes ojos, movía sus alas y caminaba por el suelo. No miró la cabeza de la pequeña hormiga.

—Parece que hoy fue un buen día para nacer —dijo la mosca. Volando desapareció en el horizonte, sin mirar atrás en ningún momento.