Cap I. Me presento
Bien, un nuevo día comienza...
Si no les molesta comenzare hablando sobre mí. Me llamo Legna, para mi madre era el nombre ideal, ya que es como leer la palabra “ángel” solo qué al revés. Cumpliré 18 años en aproximadamente un mes y medio y no me siento muy feliz por ello. Tengo un perro llamado Bobby, es pequeño, de pelaje blanco, bastante juguetón y con un gran apetito. Mi mejor amigo se llama Daniel, nos conocemos hace más de tres años. Vivo con mis padres en un barrio tranquilo a menos de una hora de la ciudad. Mi madre se llama Carmen, es abogada, tiene un carácter fuerte, no les recomiendo que se metan con ella; aun así, es una persona muy amable y cariñosa, se esforzó mucho por tener una buena relación madre e hija, cada que puede trata de pasar tiempo conmigo o en familia y mimarme un poco, dándome algún pequeño regalo o haciendo comidas que me gustan.
(Carmen) - Buenos días mi ángel
(Legna) - Buenos días... - Me saluda cálidamente cuando entro al comedor - ¿Papá todavía no bajo?
(Carmen) - No, aun no, seguramente se quedó dormido – Contesta dejando el desayuno en la mesa, cuando unos segundos después papá por fin baja.
Mi padre se llama Jorge, es pediatra y trabaja en un hospital con gran centro de atención; la manera en la que me cuida a veces es un poco exagerada, cualquier dolor o malestar que sienta ya es digno de llamar su atención y preocuparlo demasiado; es una gran persona y le gusta mucho su trabajo.
(Jorge) - ¡Buenos días! ¿Todavía tengo tiempo para desayunar? - Saluda para luego sentarse en la mesa con nosotras.
(Carmen) - Si, justo a tiempo, desayunen rápido que sino todos vamos a llegar tarde.
(Legna) - No tengo ganas de ir a la escuela hoy...
(Jorge) - Eso dices casi todos los días, pero debes ir a la escuela, sin estudios no puedes hacer casi nada en la vida
(Legna) - Si, lo sé, te gusta recordármelo. - Después de decir eso papá me da un beso en la frente. Al terminar de desayunar, mis papás se despidieron de mí, subieron al auto y fueron rumbo a sus respectivos trabajos. Como mi escuela y el trabajo de mis padres quedan por caminos contrarios voy por mis propios medios a la escuela y cuando digo por mis propios medios me refiero a mi hermosa bicicleta y mis piernitas.
No contare mucho sobre mi vida en el colegio, solo diré que soy cercana a muy pocos y no sé si considerarlos amigos, solo hablo con ellos en la escuela, fuera de ahí no sé más sobre ellos. En general no me cuesta ninguna materia en particular, pero no me considero inteligente, solo soy alguien que presta atención en clase, hace los trabajos asignados y estudia cuando es necesario.
Después de mucho pedalear, llegue a mi escuela, es de las mejores en la ciudad, y aunque me queda un poco lejos como para ir en bicicleta, prefiero salir a andar en ella que tomar el autobús privado de la escuela para estar rodeada de personas que no conozco.
Al entrar a mi salón tomo asiento en mi lugar de siempre y espero a que llegue el profesor mientras escucho una de mis canciones favoritas. Como todos los días hay personas acostadas sobre su escritorio por trasnochar, otras en pequeños grupos cuchicheando y riendo de quien sabe que cosas y otras un poco acarameladas en la última fila. Cuando llega el profesor me quito mis audífonos y veo que este no llega solo, a su lado está un chico que no había visto antes...
(Profesor) - Buen día alumnos – Todos saludamos al profesor y este sigue hablando – Antes que nada, quería informarles que a partir de hoy nos va a acompañando un nuevo alumno, fue transferido de escuela por sus excelentes notas, por favor trátenlo con respeto igual que a todos.
Todos le dimos un pequeño aplauso de bienvenida, la verdad me sorprendió un poco que hayan transferido a alguien a estas alturas del año.
En si era poco común transferir alumnos a esta escuela, ya que es bastante selectiva con sus estudiantes y se necesita tener cierto promedio para poder entrar, el hecho que haya llegado un alumno nuevo en pleno octubre me llamaba la atención.
(Profesor) - Preséntate y luego puedes ir a tomar asiento en uno de esos lugares libres...
(…) - Me llamo Franco Baldoni, tengo 17 años y me transfirieron desde la escuela “Luna nueva” - No pude evitar abrir un poco más mis ojos, esa escuela era casi igual de buena que esta, pero se encontraba en una ciudad bastante lejos de aquí. - Si me permiten voy a tomar asiento.
Este empieza a caminar hacia mi dirección y por un momento pensé que se sentaría junto a mí, pero siguió de largo sentándose más al fondo del salón.
(Profesor) - Ya que todos tomamos asiento, como dije la clase pasada hoy comenzaremos un tema nuevo. Alumno Baldoni, cualquier cosa que no entienda por favor pregúnteme a mi o alguno de sus compañeros, también si desea ponerse a corriente con los temas que hemos visto, le recomiendo que les pida los materiales a sus compañeros. La señorita Ruiz, es una de mis mejores alumnas si lo quiere tener en cuenta.
Puede que me haya sentido un poco incomoda por ese comentario, cualquiera de nosotros puede ser su mejor alumno.
(Franco) - Esta bien. - Eso fue lo único que dijo y sin más tiempo que perder el profesor empezó con la clase.
Al terminar la primera hora y comenzar el receso, como siempre era la última en salir de salón, pero antes de salir el chico nuevo se acerca a mí.
(Franco) - Eres “la señorita Ruiz” ¿Cierto?
(Legna) - Si, soy yo. - No espere que me hablara tan pronto, por lo que me sorprendí.
(Franco) - El profesor dijo que te pidiera los materiales de clase, si no es mucha molestia ¿Me los podrías prestar? - Pude notar que era un chico muy respetuoso, me agrado eso.
(Legna) - Si, no tengo problema; y por favor solo llámame Legna, ese es mi nombre, no hace falta ser tan formal y llamarme por mi apellido. - Voy buscando uno de mis cuadernos y separo una carpeta - Este es el cuaderno de Ingles y este la carpeta de Filosofía, son materias que tendremos la semana que viene, así que tienes tiempo para revisarlas y copiarlas.
(Franco) - Esta bien, muchas gracias, te lo devolveré ni bien lo termine. - Se despide y sale del salón. En ese poco tiempo que hablamos nunca cambio su semblante serio, supongo que no es un chico de muchos amigos y para ser sincera yo tampoco lo era.
Después de seis horas de estar en la escuela, me encontraba volviendo a casa, hoy fue un día bastante normal sin contar la llegada de un nuevo compañero. Ahora solo quiero volver a casa y estar sola en mi cuarto junto a Bobby hasta que lleguen mis padres, pero parece que eso no va a ser así.
Llegue a casa y todo se encontraba en silencio, me parecía raro que Bobby, mi perrito, no me haya recibido en casa, siempre que vuelvo del colegio el me recibe muy alegremente esperando a que juegue con él y le de comida. Pero no fue así, el ambiente por alguna razón lo sentía tenso.
Salí al jardín para revisar si no estaba ahí y no, no estaba. Trate de mantenerme calmada y no estar paranoica por el ambiente que estaba sintiendo, simplemente me dispuse a subir a mi habitación, cuando noto que la puerta estaba abierta y la luz prendida, cosa que, si la memoria no me falla, yo no lo había dejado así.
Sin pensarlo tanto mi cuerpo ya se estaba moviendo y entre a mi cuarto. Al un par de pasos examino mi alrededor, no había nada fuera de lo normal, pero al darme vuelta...
(...) - ¡BUUU!
(Legna) - ¡AAAH! ¡DANIEL!
(Daniel) - JAJAJAJAJA, ¿Te asuste verdad?, ¿Me extrañaste? - Dice con aires de triunfo al ver que todo salió como él quería y cumplió con su objetivo: asustarme.
(Legna) - ¡Claro que me asustaste!, ¿Cómo hiciste para entrar?, ¿Cuándo llegaste y por qué no me dijiste?
Él es Daniel, mi más preciado y único amigo, tiene todo mi cariño y confianza, mientras que él me ha demostrado que recibo lo mismo por su parte. Hablando un poco más sobre él, tiene una apariencia seria y lo es al principio; pero ahora que ya llevamos mucho tiempo de conocernos, puedo decir que es una persona dulce a su manera, aunque no le gusta mucho el contacto físico, guarda sus abrazos para cuando más los necesite, Daniel es como mi lugar seguro.
(Daniel) - Contestando a tus preguntas. Uno: entre por la ventana; Dos: regrese exactamente hace una hora y 17 minutos y, Tres: quería que fuera una sorpresa. Ahora... usted no ha contestado mi pregunta ¿Me extrañaste?
(Legna) Luego de que haya dicho esas palabras no me resistí y lo abrace, era algo que necesitaba - Es obvio que te extrañé – Él también me abraza haciéndome sentir más tranquila, hasta que siento que algo me salta en la pierna. - Bobby, acá estabas, ¿Ese chico malo te secuestro?
(Daniel) - Hey, ¿Cómo qué chico malo? para tu información Bobby colaboro mucho con el plan al no haber hecho ruido y mantenerse quieto para que todo salga bien, no hubo ningún secuestro – Reprocha Daniel ofendido.
(Legna) - Sisi, como digas. Y bien, ¿Cómo te fue en tu pequeño viaje? - Pregunte para cambiar de tema.
(Daniel) - Digamos que bien. Volver a esa ciudad me trae tantos recuerdos, no sé cómo sentirme al respecto. Pero creo que igualmente ese viaje me hizo bien, me encontré con personas que hace mucho tiempo no veía y aunque ellos no me vieron, a mí me hizo muy feliz verlos una vez más.
No supe que decir, la verdad es que Daniel no me cuenta mucho sobre su pasado, sobre cómo era su vida antes de conocernos.
Hay detalles que no se de él porque no me las quiso contar, como su nombre completo, quiénes eran sus padres, si alguna vez se enamoró o como era su vida en la escuela. Son cosas que al parecer son difíciles de hablar para él y no lo voy a obligar a que me las cuente, sé que hay cosas de las que a uno no le gusta hablar.
(Daniel) - Ah, también pase un momento por el orfanato, para mi sorpresa a pesar de que ya pasaron más de dos años desde que nos fuimos, sigue todo igual a como lo recordaba.
(Legna) - Es cierto, no me había percatado de que ya pasaron más de dos años desde que mis padres me adoptaron. El tiempo pasa rápido...
Se me había olvidado de contarles ese pequeño detalle. Como verán soy adoptada y conocí a Daniel en el orfanato, es una época de mi vida que no me gusta recordar, pero que si hace falta se los contaré después...
(Daniel) - ¿Quién diría que esa niñita que parecía zombi resultaría ser una chica inteligente, con gustos ordinarios?
(Legna) - El hecho de que me guste salir a caminar, escuchar música, leer libros o ver películas sola, no me hace una persona con gustos ordinarios. - Solo porque me gustara cosas simples como esas y no salir de fiestas o tomar alcohol como a los otros adolescentes no me hacía tener gustos “antiguos”.
(Daniel) - Pues para mi si lo es, si hubieras estado en mi escuela te tacharían de persona aburrida.
(Legna) - No estoy en tu escuela, ni siquiera me quisiste contar cual era. Por cierto, ¿Quién diría que ese chico que parecía lobo solitario resultaría ser justamente eso, un lobo solitario sin corazón?
(Daniel) - ¿Cómo que sin corazón? Para que lo sepas, si no tuviera corazón no me preocuparía tanto por ti y me hubiera quedado en el orfanato, para que te la pases llorando sola. - Se defiende al llamarlo “sin corazón” haciéndome reír.
(Legna) - Esta bien mi querido lobo solitario con el corazón más grande jamás visto – Exagere – Gracias por siempre haber estado para mí y evitar que haga estupideces... - termino de decir con una sonrisa, la cual él imita.
Esos meses que estuve sola en el orfanato se convirtieron en el invierno más frio que recuerdo, hasta la llegada de la primavera y mi primer encuentro con Daniel. Él me saco de ese frio invierno, cambiando mi pequeña mente el cual solo pensaba en una forma de volver con mis padres y eso que ellos ya estaban muertos.