Prólogo
A la lejanía escucho un ruido, ¿Mi teléfono? No estoy muy segura, esa presión en mi cuerpo, esa sensación de sentir como se adormece todo mi ser… hacia mucho tiempo que no dejaba de pensar, todo están lejano; mi mente, mi cuerpo, es como si estuviesen separados.
Cada momento es mas lejano todo, ya ni escucho aquel ruido, todo es tan negro…
Marie Vieira
La llamo.
Vuelvo a llamar, pero no me contesta algo va mal, sé que es así. Desde el momento donde dejo de responder mis llamadas he estado en ansiedad, estoy agotada de tanto correr, estoy sin aliento, me arde la garganta, y, aun así, no paro, no sé por qué, pero sé que debo llegar.
Finalmente llego a su piso y llamo la puerta; no sale, no contesta. Mi ansiedad aumenta, mi corazón late a mil por horas, no puede ser lo que estoy pensando, ¿Verdad? Ella no me puede hacer esto. Suelto una risa sin nada de gracia, sigo tocando a medida que llamo a su teléfono. Nada.
Piensa, me repito una y otra vez. Y llega, no sé porque no lo había pensado antes, remuevo mi bolso y luego de desesperarme lo encuentro; las llaves, esas mismas que duplique en caso de emergencia.
Una mirada rápida a la sala y luego a las habitaciones me ponen en alerta, y es cuando llego al baño que mis alertas eran ciertas; ella esta dentro de la bañera y el agua la rebasa. Tan rápido como puedo la saco de allí, la cuesto en el piso y le doy primeros auxilio, mientras marco a la ambulancia, no sé si lo estoy haciendo bien, pero espero sirva de algo, ella no puede acabar así.