Velada | Matchablossom

Summary

Kaoru, que disfrutaba su tarde libre porque Chinen fue a casa de un amigo a dormir, es interrumpido de su tiempo de calidad cuando su ex marido, Kojiro, llega a visitarlo casualmente.

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1
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n/a
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18+

Sobre dramas, vino y queso

Kaoru se recostó en el sillón de la sala, con tal de relajarse mientras bebía vino y veía su drama favorito del momento en la televisión, después de todo, su pequeño hijo fue a quedarse a dormir en casa de un amigo.

Tenía el resto de la tarde, y toda la noche, para él solo.

O eso creyó hasta que el timbre resonó por la casa.

Kaoru soltó un suspiro como reproche y dejó la copa de vino en la mesa de centro, para después levantarse del sillón e ir a ver quién se atrevía a interrumpir su momento de descanso.

Observó por el pequeño lente de la puerta e hizo una mueca de desagrado al ver a su ex marido parado afuera.

Sin más alternativa, abrió la puerta, dejando que sus rostros se encontrasen.

Kojiro sonrió al verlo y le saludó con un movimiento de mano.

—¿Puedo pasar? —preguntó. Kaoru entornó sus ojos, escaneando.

—Puedes —concedió, a la par que se hacía a un lado para darle el pase y que entrase a su casa, es entonces cuando notó que traía una bolsa de plástico en la mano con algo adentro.

—¿Cómo han estado? ¿Todo bien? —preguntó Kojiro, mientras se dirigía a la sala con total confianza.

—Chinen ha estado muy bien, todo en orden con la escuela, sale a menudo con sus amigos, nada que sea para alarmarse —informó. Se sentaron en el mismo sillón, en cada extremo—. En mi vida no ha habido algo nuevo, todo está en orden —agregó, mientras daba un trago a su copa—. ¿Y tú?

—Kojiro recargó uno de sus brazos en el respaldo, acto que resaltó el movimiento de sus músculos y que Kaoru no pasó desapercibido, pero no dijo nada.

—Yo he estado muy bien —contestó—. Chicas muy lindas han llegado al restaurante y han querido ligarme —comentó, sonriente.

—Vaya dato inútil me acabas de dar, gorila —replicó Kaoru, una vena saltaba en su frente. No entendía qué es lo que Kojiro quería lograr cuando le hablaba sobre sus aventuras con chicas, no era de su incumbencia.

—¿Por qué te molestas? —Sonrió, con ojos cerrados.

—¿Quién está molesto? —Volvió a beber de su copa.

No te exaltes, lo conoces mejor que nadie y sabes que solo quiere molestarte, Kaoru, pensó.

—Y bien, ¿qué es esa bolsa? —preguntó antes de que Kojiro siguiera con su juego.

—Traje sus comidas favoritas —contestó, mientras alzaba la bolsa con orgullo—. ¿Dónde está el niño? —preguntó, mientras lo buscaba con la mirada.

—El niño fue a quedarse en casa de un amigo —contestó y después bebió de su copa con vino.

—¡Ah! ¿Por qué no me dijiste antes? —cuestionó.

—No preguntaste.

—Bueno, entonces dejo esto, me voy —avisó y se levantó del sillón.

—¿No quieres quedarte un rato? —propuso Kaoru, por lo que Kojiro mostró una expresión de sorpresa. Era raro que Kaoru le pidiera quedarse un rato en casa cuando su hijo no estaba—. El drama que pasan a esta hora está a punto de comenzar —mencionó.

—Está bien —aceptó Kojiro, volviendo a sentarse—. Solo estaré un rato porque más tarde tengo una cita —comentó, dando un vistazo a Kaoru, quien meneaba levemente su copa con vino y el cual observaba.

—Uhm... —contestó Kaoru con un sonido de su garganta, a la par que arqueaba una ceja. Kojiro sonrió, divertido—. Ya va a empezar —avisó, viendo a la pantalla, ocasionando que su contrario también lo hiciese, mientras se acomodaba.

—Ese drama es mi favorito, también lo veo —comentó Kojiro, con una sonrisa en la cara.

—Lo sé. —Kaoru sonrió levemente. Kojiro entreabrió la boca, una extraña sensación había provocado un vuelco en su corazón—. Chinen me lo dijo —agregó rápidamente, al percatarse de su sonrisa.

—Ya veo —contestó Kojiro.

Después de unos momentos de silencio, Kaoru dijo—: Si se te ofrece algún aperitivo, eres libre de ir a la cocina y tomarlo.

Kojiro sonrió, mientras alzaba una ceja.

—El gran Kaoru Sakurayashiki me dio permiso de libre albedrío en su casa, esto es de celebrar —se mofó.

Kaoru entornó sus ojos y frunció el entrecejo, después sentenció—: Bromea más y te saco a patadas de mi casa.

—Va, ya no bromeo. —Rio.

El drama empezó, por lo que durante la siguiente hora, estos dos se mantuvieron viendo a la pantalla; en algún corte comercial, alguno de los dos iba por aperitivos y cuando empezaba, hacían comentarios sobre alguna escena del drama y, en periodos, le daban miradas al otro sin que este se diese cuenta.

O era así hasta que sus miradas se cruzaron cuando Kaoru iba a darle un vistazo a Kojiro, quien ya lo estaba viendo con ojos brillosos y una pequeña sonrisa en sus labios.

Kojiro se sonrojó por haber sido atrapado y volvió su mirada a la pantalla.

—¿Qué me ves? —preguntó Kaoru a la defensiva, siendo que él también iba a verlo.

Bien, eso puede hacer que piense que sentí su mirada, pensó.

—Nada —contestó Kojiro, nervioso.

Por haber sido un momento extraño, ninguno de los dos volvió a hablar.

Ambos siguieron concentrados en ver el drama mientras comían y bebían, luego, poco antes de que éste terminase, Kaoru subió sus piernas al sillón en el espacio libre entre él y Kojiro, quedando recostado sobre este, con su brazo apoyado sobre la posadera a su lado.

Instintivamente, Kojiro apoyó su mano sobre la pierna descubierta y acarició la pantorrilla, como siempre lo hacía. Gracias a este acto, que había sido muy natural entre ellos hasta hace unos años, Kaoru dio un respingo.

—¿Qué crees que haces, gorila? —reprendió Kaoru mientras retraía sus piernas hacia él, pero entonces, Kojiro lo tomó del tobillo y estiró la pierna—. ¡Kojiro! —alzó la voz, molesto.

El mencionado lo ignoró y observó las piernas descubiertas con deseo. Kaoru sintió que un cosquilleo recorrió su cuerpo ante la penetrante mirada de su ex.

—¿Estás molesto? —preguntó Kojiro, al alzar la mirada hacia él.

—¡Por supuesto! —exclamó Kaoru, y de un tirón, se soltó del agarre del contrario. Kaoru se enderezó, y Kojiro, al ver las intenciones de Kaoru, se colocó encima de él, acorralándolo—. Muévete —ordenó con entrecejo fruncido.

—Te noto molesto desde hace un rato —comentó.

Kaoru expandió levemente sus párpados y entonces, Kojiro llevó su mano a la pierna desnuda, comenzando a acariciarla desde la pantorrilla.

—Déjame —ordenó, al sentir el tacto en su piel—. Muévete o te pateo las bolas —amenazó.

Kojiro no desistió.

Kaoru tensó su mandíbula conforme la mano de Kojiro se elevaba, llegando a zonas peligrosas para él. Como reacción, la piel de Kaoru se erizó y esto provocó una sonrisa traviesa en Kojiro, quien se relamió los labios.

¡Este maldito gorila! Gritó internamente.

—Dijiste que tenías una cita —recordó Kaoru.

Kojiro lo vio directamente, poniendo sus nervios de punta.

—¿Acaso eres tan patán como para dejar plantada a una chica? —provocó Kaoru.

Sabía que lo dicho le heriría el orgullo a este donjuán. Pero Kojiro ni se inmutaba.

Kojiro acercó su rostro, dejándolo a centímetros del de Kaoru, y confesó—: Era mentira. —Kojiro detuvo su mano en el muslo descubierto y acarició en círculos aquella zona.

—Bastardo —maldijo.

—¿Celoso?

—¿Por qué habría de estarlo? —Sonrió con sorna.

—Siempre que hago mención de una chica nunca me contestas con palabras, o lo haces a la defensiva —contestó. Kaoru se sentía descubierto, por lo que su expresión le terminó delatando.

—¿Qué pretendes? —cuestionó.

—Que seas sincero.

Kaoru tragó saliva.

—Admite que estás celoso y que aún tienes sentimientos por mi —confrontó Kojiro, con semblante serio, parando con las caricias, pero sin alejar su mano del lugar.

—¡JA! Tonterías —negó, mientras desviaba la mirada.

—Yo aún los tengo —confesó. Al escucharlo, Kaoru sintió un vuelco en su corazón e inmediatamente volvió sus ojos a él—. Aún sigo amándote, Kaoru.

Los latidos incrementaron.

—Seguro se te subió el vino —Kaoru sonrió, desencajado.

—Sabes que eso no es nada para mi.

Kaoru se quedó sin habla, le molestaba saber que eso era cierto, le molestaba conocerlo tan bien. Y que Kojiro también lo hiciera con él.

—¿Lo intentamos de nuevo? —propuso Kojiro.

Kaoru lo observó detenidamente, Kojiro estaba sonrojado. Apartó la mirada antes de perderse en los ojos ajenos y contestar impulsivamente.

—Ya lo intentamos una vez y no funcionó —recordó.

—Éramos más jóvenes —señaló—. Recurrimos al divorcio en medio de una discusión.

—Y éramos tan orgullosos que ninguno retrocedió —agregó Kaoru, mientras sonreía levemente al recordar. Al verlo, Kojiro también sonrió de la misma forma.

—Pero ahora somos adultos, ahora podemos hacer las cosas bien —insistió.

Kaoru ya no podía seguir negando y ocultando sus sentimientos, era cierto que aún seguía amándolo.

Decidió creer en las palabras de Kojiro, tal vez ahora las cosas saldrían bien.

Kaoru llevó sus manos al rostro de Kojiro y lo tomó entre estas, mientras le sonreía con ternura.

—Intentémoslo de nuevo —aceptó en un murmuro.

El corazón de Kojiro saltó de felicidad al oír la respuesta, por lo que se apresuró a besar a Kaoru, quien lo rodeó con sus brazos inmediatamente.

Compartiendo un beso lleno de nostalgia y deseo, Kojiro introdujo su mano por debajo de la yukata y la llevó al trasero, el cual apretó sin vergüenza; con su otro brazo, rodeó la cintura de Kaoru y la atrajo a su cuerpo, dejando que sus pelvis se juntasen.

El beso se convirtió en uno desesperado, por lo que sus lenguas se encontraron y comenzaron a juguetear entre sí, creando un desastre. El sabor del vino estaba presente.

Kaoru llevó sus manos a los botones de la camisa de Kojiro y comenzó a desabrocharla torpemente, descubriendo su torso. Una vez la camisa estaba completamente desabrochada, Kaoru se apresuró y tocó la piel bronceada de Kojiro cuanto pudo.

Sus manos viajaron por el torso y espalda, demostrando cuánto lo había extrañado. Las manos blancas de Kaoru llegaron al pecho fornido, donde acarició y apretó. Jugó con los pezones, que comenzaban a ponerse duros por su tacto y provocó gemidos en Kojiro, los cuales se terminaron ahogando en el beso.

Kojiro se enderezó con Kaoru en brazos y se sentó en el sillón, dejando a Kaoru sobre su regazo. El moreno retiró su brazo de la cintura, lo bajó e introdujo su mano en la yukata, para acariciar el otro glúteo por debajo de la ropa interior.

Por falta de aire, ambos terminaron rompiendo el beso y, mientras lo retomaban, Kaoru, con ayuda de Kojiro, comenzó a mover sus caderas de adelante hacia atrás, ocasionando la fricción de sus entrepiernas, que no tardaron en reaccionar, así como el hecho de que sus gemidos no tardaron en escucharse.

Los bultos en sus entrepiernas no tardaron en sentirse.

Por el movimiento que había, una de las mangas de la yukata de Kaoru se deslizó, descubriendo uno de sus hombros y pronto, la piel de la clavícula y parte de su pecho. Al ver esto, Kojiro no tardó ni un solo segundo en llevar sus labios a la piel expuesta.

Besó delicadamente, logrando estremecer a Kaoru, quien hizo saber que lo estaba disfrutando totalmente. Sus labios llegaron hasta el pezón erguido y lamió, en respuesta, Kaoru mordió su labio inferior al gemir y a la par que arqueaba su espalda.

Desesperado, Kojiro, quien mantenía su boca ocupada, dejó de acariciar el culo de Kaoru y rompió las bermudas que llevaba puestas, liberando la erección en el acto.

Al segundo, Kaoru dejó de mover sus caderas y dirigió sus manos a la entrepierna abultada, para desabrochar el pantalón rápidamente y dejar la prominente erección al aire.

Kojiro alejó sus labios de la piel blanquecina y dirigió su vista a las erecciones palpitantes.

Kaoru llevó su mano a ambas erecciones y las tomó, el contrario imitó su acto y en movimientos sincronizados, comenzaron a masturbar sus miembros.

Los jadeos aumentaban a la par de sus gemidos y el movimiento de sus manos era más rápido, llevándolos al clímax, al cual llegaron pronto.

—Mierda —maldijeron ambos por lo bajo, mientras se dedicaban a sentir los espasmos recorrer sus cuerpos, al igual que sus músculos tensarse.

Los chorros de semen cayeron sobre sus torsos, manchando su piel y ropa. Los espasmos recorrían sus cuerpos como producto del orgasmo, produciendo una sensación satisfactoria.

Kojiro acarició el muslo descubierto de Kaoru de la forma que siempre lo hacía, mientras este caía sobre su hombro y acariciaba su pecho.

Se dedicaron a retomar el aliento y sentirse el uno al otro; no tenían prisa, tenían hasta el día siguiente en recuperar un poco del tiempo perdido. Habían pasado tantos años separados, que ahora sentían que no podían volver a separarse.

Después de retomar el aliento, Kojiro se levantó con Kaoru en brazos y fueron directamente hasta la habitación de este último.

Kojiro recostó a Kaoru sobre la cama con delicadeza, y comenzó a desnudarse, acto que Kaoru imitó.

Una vez completamente desnudos, Kojiro se inclinó hasta llegar al rostro sonrojado de Kaoru y dejar un beso.

Dejó los labios y besó con cariño cada parte de la piel blanquecina a su paso, creando un camino de besos que llegó hasta el vientre; se enderezó un poco y tomó una de las piernas por el muslo, llevó su boca a la cara interna y besó, lamió y mordió. También se encargó de dejar algunos chupetones.

—Siempre haces eso ahí —recalcó Kaoru, que estaba recargado sobre sus codos en la cama. Kojiro lo vió y sonrió coqueto.

—Me gusta —contestó sin rodeos, mientras le guiñaba un ojo.

Kojiro acercó su rostro a la entrepierna de Kaoru y tomó la verga con una mano, la levantó y besó el glande húmedo, ocasionando una pequeña reacción en el contrario. Abrió su boca y sacó su lengua, lamió el glande mientras veía Kaoru, con deseo. Kojiro siempre había sabido cómo seducirlo.

—Sólo chúpalo —pidió un desesperado Kaoru, llevando una mano a la cabeza de Kojiro, enredando sus dedos en las hebras verdes y rebeldes de este.

Kojiro sonrió e hizo lo que le pidió. Recubrió sus dientes y abrió lo suficientemente grande su boca para poder introducir el miembro en ella.

Bajó su cabeza lentamente, dejando que el miembro llenase su cavidad. Teniendo parte del miembro en su boca, Kojiro comenzó a mover su cabeza de arriba hacia abajo, ayudándose a mamar con el jugueteo de su lengua en el falo.

Kaoru empezó a soltar gemidos agudos y, en momentos, arqueaba su espalda y apretaba el agarre a la cabeza de Kojiro, cada que sentía escalofríos recorrer su cuerpo como producto del placer.

Pequeñas lágrimas de placer amenazaron con rodar fuera de sus ojos y mezclarse con los hilos de saliva que salían por la comisura de sus labios sonrojados e hinchados.

Kojiro parecía disfrutar del mejor de los manjares al chupar el miembro de su contrario, que se retorcía bajo su yugo.

—Voy a... siento... que voy a morir... —jadeó Kaoru, para después morder su labio, ahogando un gemido. Sus manos se aferraban al cabello de Kojiro, quien dejaba evidenciar sus gemidos mientras chupaba.

Kojiro llevó dos dedos a la entrada palpitante de Kaoru y acarició lentamente la zona, para después introducirlos y embestir con estos el interior húmedo.

Las lágrimas amenazantes terminaron por escapar de sus ojos dorados apenas Kojiro comenzó a mover sus gruesos dedos dentro de él y estimular su próstata, que no batalló para nada en encontrar.

Kaoru gimió más alto, importándole poco su imagen ahora mismo. Kojiro era tan bueno como antes.

Kaoru, quien no pensaba en nada más que el placer que Kojiro le proporcionaba, dejó que un agrio pensamiento corrompiera su momento.

De verdad, ¿qué necesidad? Aunque, probablemente, era inevitable.

Kojiro seguía en lo suyo, enfocándose en darle placer a su ex marido y deleitándose con los gemidos y ruegos de este.

—Kojiro… —le llamó Kaoru, entre jadeos. Quería decirle algo, pero justo en ese momento, llegó a su orgasmo, soltando los chorros de semen en la cara de Kojiro, después de que este dejó salir su miembro.

Kaoru relajó su cuerpo, mientras los espasmos por el orgasmo recorrían su cuerpo y, entonces, aprovechó para retomar el aire.

Pero aquel pensamiento le estorbaba y le había hecho molestar un poco.

—Me pregunto cuántas chicas estuvieron en mi lugar en estos años —comentó, mientras sonreía con sorna y tapaba su rostro con un brazo.

Kojiro frunció su ceño y se enderezó, al igual que limpiaba el semen en su rostro con su mano desnuda.

De lo desprevenido que le tomó el comentario, Kojiro no pudo ni decir palabra, entonces vio que Kaoru tensaba su mandíbula, y sonrió ligeramente.

—¿Estás celoso? —preguntó.

Kaoru quitó el brazo de su cara y lo vio con desagrado.

—Tonterías.

—Lo estás —reafirmó al ver que le mintió.

—Claro que no.

—Entiendo —contestó Kojiro, que chupó el semen en su mano y que después se agachó y tomó su pantalón.

—Kojiro —llamó Kaoru, al entender que Kojiro estaba tomando sus cosas para irse, pero no parecía ser el caso.

En su lugar, Kojiro sacó un empaque metálico y rasgó con cuidado, sacando un condón en el acto.

—Entonces tendré que hacerte entender que el único al que amo es a ti —dijo, al tiempo que se colocaba el preservativo en su grueso miembro erecto.

Kaoru sintió que el sonrojo invadía sus mejillas por lo dicho.

Kojiro llevó su erección a la entrada húmeda de Kaoru y se introdujo lentamente en él, dejando salir un suspiro de alivio.

El interior cálido palpitaba y apretaba su verga, lo que le provocaba querer embestir con braveza.

—Esa cosa horrorosa es ridículamente grande —expresó Kaoru.

—Pero te gusta —replicó Kojiro, con una sonrisa ladina, al tiempo que tomaba las piernas de Kaoru y las colocaba sobre sus hombros.

Después se inclinó hacia enfrente, apoyando sus manos a los costados del rostro de Kaoru, quien intentaba desviar la mirada por la vergüenza.

—Comenzaré a moverme, Kaoru —avisó Kojiro, pronunciando su nombre con un tono suave y sensual, provocando un vuelco en el corazón de Kaoru.

Kojiro comenzó a mover sus caderas de adelante hacia atrás, penetrando lenta y profundamente a Kaoru, ambos comenzando a gemir.

—Que... apretado... —gimió Kojiro, viendo a Kaoru lascivamente.

—Más... más… —pidió Kaoru, llevando sus manos al rostro de Kojiro para atraerlo hacia él y besarlo.

Kojiro comenzó a penetrar con más fuerza, provocando que su beso húmedo se viera interrumpido rápidamente. Kaoru rodeó el cuello de Kojiro con sus brazos, pegándolo a él.

Los gemidos de ambos se escuchaban más cerca, provocándoles diferentes sensaciones. Gemían sus nombres al oído del otro y balbuceaban cosas sin sentido.

Con cada estocada, arañazos aparecían en la espalda bronceada de Kojiro, quien gruñía en respuesta y dejaba marcas en la garganta de Kaoru y sus alrededores.

—Te amo —confesó Kojiro, entre jadeos.

Kaoru se aferra más a Kojiro y contestó entre lágrimas de placer—: También… también te amo.

Rápidamente buscaron los labios del otro, para unirlos en un beso pasional y profundo mientras que, desesperadamente, buscaban llegar al clímax, juntos.

Kojiro embistió duramente unas veces más y junto con Kaoru, llegaron al orgasmo, rompiendo su beso para retomar el aire.

Kojiro se enderezó y salió del interior de Kaoru, quien se dejó caer sobre la cama; se quitó el condón y le hizo un nudo, luego lo tiró a un lado.

El moreno sacó una tira de condones y tomó uno de ellos; rompió el empaque y se lo colocó nuevamente.

Giró a Kaoru, dejándolo boca abajo, este último alzó sus caderas, mostrándole su agujero al contrario, el cual relamía sus labios, con deseo.

Kojiro tomó las caderas con ambas manos y volvió a introducirse en Kaoru, esta vez de una forma más brusca.

Los gemidos volvieron a inundar la habitación, así como el choque brusco de sus cuerpos. Kojiro no perdió el tiempo y llevó su boca a la espalda desnuda de Kaoru, donde creó un camino de besos y a su paso, dejando marcas de chupetones y mordidas.

Al enderezarse, con una mano tomó a Kaoru del cabello, quien gimió más agudo al resentir el tirón.

La saliva se escapaba por las comisuras de los labios de Kaoru, quien gemía tan alto como podía, las lágrimas rodaban fervientemente por sus mejillas y una sonrisa lasciva adornaba su rostro.

Había pasado tanto tiempo que no sentía este placer.

Después de un momento, de jalonear del largo cabello en momentos, Kojiro lo soltó y pasó esa misma mano por el torso de Kaoru y lo levantó, estando a la par.

Kaoru llevó una mano a su pene erecto y masturbó con ayuda del fluido preseminal, mientras que con la otra acariciaba uno de sus pezones. Recargó su cabeza en uno de los anchos hombros y gimió cuanto pudo en esta ola de placer que lo inundaba sin pudor.

Kojiro, por su parte, se deleitaba con cada gemido y el ver cómo es que Kaoru también se daba placer, por lo que sacó su miembro por completo y volvió a introducirlo en una sola estocada, fuerte y profunda. Hizo esto mismo varias veces, mientras acariciaba el otro pezón erguido de Kaoru.

En algún punto, sus lenguas comenzaron a juguetear, mientras las embestidas no cesaban y provocando más desastre en ellos.

Finalmente y de nuevo, llegaron al orgasmo. Espasmos recorrieron sus cuerpos, al igual que pequeños calambres. Kojiro abrazó a Kaoru por la cintura, sosteniéndolo y aferrándose a él.

—Te amo, Kaoru —repitió, dejando un beso en su nuca.

—Yo también te amo, Kojiro —contestó un sonriente Kaoru, mientras intentaba recobrar el aire y acariciaba débilmente el cabello verdoso con su temblorosa mano.

Kojiro dejó salir su verga del interior y ayudó a Kaoru a recostarse sobre la cama. Repitió el mismo proceso que antes y cuando tuvo puesto un nuevo condón, tomó a Kaoru en sus brazos, cargándolo y sentándose en la orilla de la cama con él sobre su regazo.

Sentó a Kaoru debidamente en sus piernas, mirando hacia enfrente y dejando que sus nalgas rozaran su pene.

—¿Vamos a seguir? —preguntó un desconcertado Kaoru.

Kojiro rio y contestó—: Sí, necesito que sepas cuánto te amo y cuánto te extrañé. —Besó la espalda desnuda.

—Dios mío —contestó Kaoru, ocasionando otra carcajada en Kojiro.

Kaoru abrió sus piernas y apoyó sus manos en las rodillas de Kojiro, arqueó su espalda y alzó su trasero, el cual se movió contra el miembro de Kojiro, que comenzaba a ponerse duro nuevamente.

Kojiro acarició la espalda arqueada con ambas manos y luego le dio una nalgada a Kaoru, quien jadeó sorprendido. Tomó las caderas y las alzó lo suficiente para poder introducir su pene en el agujero rosado.

—Yo me encargo de esto —declaró Kaoru.

Kojiro sonrió emocionado y simplemente dejó sus manos sobre las caderas.

Kaoru bajó sus caderas, dejando que el pene lo llenara por dentro y, al cabo de unos instantes, comenzó a moverlas de arriba hacia abajo, de forma brusca.

Kojiro fue el primero en dejar salir sus gemidos gracias a los movimientos de Kaoru, quien sabía perfectamente cómo moverse. Kaoru embestía con sus caderas y los gemidos se prolongaban en la habitación, el agarre a sus caderas se apretaba tanto que era seguro que quedaría marca.

Desesperado y con ojos llorosos, Kojiro lleva su boca a la piel desnuda y mordió con necesidad. Aun así, Kaoru no se quedaba atrás en cuanto a placer, gracias a la posición, el miembro entraba más profundo en él, rozando constantemente su próstata. Los ruidosos gemidos aumentaron.

—Así, así, mi amor —indicó Kojiro entre gemidos. Kaoru mantuvo el ritmo constante, así como Kojiro se lo pidió.

Kaoru tensó su abdomen y apretó su interior mientras movía sus caderas, sabía que a Kojiro le gustaba cuando hacía eso.

—Ngh, Kaoru... mi verga... —jadeó, al tiempo que apretaba la piel blanquecina con sus dedos. Kaoru sonrió satisfecho y siguió moviéndose de la misma forma, brusca.

No pasó mucho tiempo para que se hallen nuevamente en el orgasmo.

Kojiro rodeó la cintura de Kaoru con sus brazos y se recostó sobre la cama con él encima, liberando el miembro en el proceso. Se enfocaron en retomar el aliento y en eso, Kojiro dejó pequeños besos en el cuello —que tenía una capa de sudor, así como el resto de sus cuerpos—.

Se mantuvieron acariciándose por unos momentos y luego Kojiro mencionó—: Aún no hemos terminado, mi amor.

Giró hacia un lado con Kaoru en brazos, mientras este se quejaba y después, se cambió el condón por otro.

—Cálmate un poco, gorila —reprendió Kaoru.

—No puedo, te he extrañado tanto —confesó en un puchero, mientras flexionaba una pierna de Kaoru.

El corazón de Kaoru dio un vuelco al escuchar sus palabras, por lo que no pudo desistir.

Pronto, las embestidas y gemidos comenzaron de nuevo.


Al día siguiente, Kaoru despertó al sentir algo pesado y bromoso que le abrazaba por la espalda, giró su rostro y vio a Kojiro, que dormía plácidamente y con una sonrisa en su rostro.

De verdad lo hicimos toda la noche.

Inconscientemente, sus comisuras se alzaron en una sonrisa pequeña.

Kaoru se giró sobre su lugar, quedando frente a frente con Kojiro. Cuando iba a acariciar su rostro, notó que los labios de este se fruncieron levemente, delatándolo.

Kaoru borró su sonrisa y entornó sus ojos para después asestar un pequeño golpe con el proximal de su mano en la cabeza, logrando que se quejara.

—Gorila desgraciado, estabas despierto —reprendió Kaoru, avergonzado.

—Lo siento, lo siento —se disculpó y lo rodeó con sus brazos, evitando que quisiera escapar—. Buenos días, mi amor —saludó y plantó un beso en los labios de Kaoru, después se mostró sonriente.

Kaoru aligeró su ceño y saludó—: Buenos días, gorila.

Se quedaron viendo por unos instantes, y luego un cierto recuerdo llegó a Kaoru, que le hizo enderezarse bruscamente de la cama y después resentir en su cuerpo todo lo de la noche anterior.

—Mierda —maldijo, llevando un mano a su cintura, mientras que figuraba una mueca de dolor—. Lo hiciste muy fuerte, gorila. —Volteó a verlo.

Kojiro también se enderezó y llevó su mano a la cintura y acarició levemente, sobando la zona.

—Así de fuerte es mi amor por ti.

Kaoru le vio incrédulo por el disparate que acababa de decir.

—Ajá. Bueno, dejando eso de lado —mencionó, mientras buscaba con la mirada—. ¿Qué hora es? Debo recoger al niño.

—Es mediodía —contestó Kojiro, después de ver su celular.

Kaoru bajó de la cama y comentó—: Quedé en recogerlo a las dos, no puedo seguir durmiendo. —Se levantó de la cama y, al haber dado un paso, sus piernas flaquearon, haciéndole caer, pero antes de siquiera tocar el suelo, Kojiro reaccionó rápidamente y lo sostuvo en sus brazos.

—Tranquilo, Kaoru. —Lo sentó en la cama y le dio un beso.

—Te ayudaré a bañarte, nos vestiremos y te acompañaré a recoger a Chinen —propuso, dándolo por hecho.

—Cierto —realizó—. ¿Cómo le vamos a decir a Chinen que hemos vuelto? —Volteó a verlo.

—Sólo así: “tú papá y yo hemos regresado”. Lo entenderá —contestó Kojiro, sonriente y optimista.

—No puede ser así de directo, no sabemos cómo lo tomará, recuerda que el divorcio fue difícil para él —recordó Kaoru, acompañado de un suspiro.

Kojiro llevó una mano a la cabeza de Kaoru y acarició, reconfortando.

—Nuestro hijo lo tomará bien, no te preocupes. —Besó su frente.


—Hola, pa —saludó un sonriente Chinen a Kaoru, apenas entró al carro—. Hola, viejo —saludó a Kojiro al percatarse de su presencia, estaba sorprendido. Acomodó sus cosas en el asiento y se colocó el cinturón después.

—¿Te divertiste? —preguntó Kaoru, mientras le sonreía.

—Solo fue una pijamada, no es para tanto —contestó Chinen, un tanto avergonzado.

—Bueno, ¿pero no te aburriste? —preguntó esta vez Kojiro. Chinen negó con la cabeza.

—Y bueno —habló el menor, viéndolos, expectante—. ¿Por qué vinieron a recogerme juntos? —preguntó.

Los padres se congelaron al ser cuestionados, sus prácticas sobre la conversación se fueron al caño. Esto era algo difícil.

—¿Y por qué no? —cuestionó Kojiro en cambio, ligeramente nervioso.

Chinen entornó sus ojos, había algo extraño.

Kaoru tomó valor y se atrevió a preguntar—: Hijo, ¿qué pensarías si tu padre y yo decidiéramos reconciliarnos?

Conque eso era, concluyó Chinen, mientras sonreía malévolamente en su cabeza.

—Que no funcionará —contestó, con una sonrisa inocente.

Kaoru y Kojiro se petrificaron, definitivamente no esperaban que su hijo les respondiera eso, mucho menos que fuera tan directo.

—¡Chinen! —reprendió Kojiro. El menor dio un respingo por el regaño, y posteriormente, aplanó sus labios.

Parece que me pasé un poco de la raya, comentó para sí mismo.

—B-bueno… —balbuceó, avergonzado. Miró a un lado y agregó—: No estaría mal —admitió.

Por dentro, Chinen estaba realmente feliz y emocionado de que sus padres regresaran, no se llevaban mal, así que no entendía el por qué se habían separado en primer lugar. Aunque poco recordaba de cuando sus padres estaban juntos, cabía decir.

Kaoru y Kojiro compartieron miradas de alivio, las cuales el menor notó y sonrió en consecuencia.

—Te dije que no se lo tomaría mal —dijo Kojiro, acariciando la cabeza de Kaoru y mientras que este le regalaba una amplia sonrisa.

—O sea —intervino Chinen, viéndolos—, ¿el viejo regresará a casa? —preguntó, con aparente entusiasmo.

Kaoru se quedó sin habla ante aquella pregunta, no había pensado en eso. Kojiro se giró a ver a Kaoru y lo miró, expectante.

—Aún no —contestó Kaoru. Kojiro y Chinen le vieron, con confusión—. Tu papá y yo estamos yendo lento, no queremos acelerar las cosas —explicó.

—AJÁ —señaló Kojiro, riendo, divertido.

Era gracioso que dijera que estaban yendo lento, cuando su reconciliación involucró sexo toda lo noche. Eso no sería precisamente lento.

La mirada acusatoria de Kojiro sobre Kaoru hizo sonrojar a este último, quien sabía que había mentido totalmente. Chinen se encontró un poco perdido en la conversación, sentía que no se había percatado de algo, pero a su vez, sentía que no quería saber que era de todas formas.

—Tú cierra el hocico, gorila depravado —reprendió Kaoru, avergonzado y mientras se acomodaba nuevamente en su asiento.

—¡Pero no he dicho nada! —exclamó el susodicho mientras reía, imitando la misma acción de Kaoru—. No te preocupes, Chinen, no pasará mucho tiempo para que me mude a casa con ustedes de nuevo —declaró Kojiro, viéndolo por el espejo.

Chinen sonrió ampliamente, y en los siguientes minutos en que se dirigieron a casa, Chinen se entretuvo viendo a sus padres.

Estaba feliz.