Retorno a Shiganshina
Levi se encontraba asombrado por la incoherencia que su superior quería cometer, era algo tonto cabía decir pero, el capitán sabía con qué tipo de hombre estaba hablando, sabía el tipo de hombre que era su amante.
Las palabras bonitas no se hallaban en esta conversación.
—No puedes moverte de la manera en la que estabas acostumbrado —comentó Levi, con entrecejo ligeramente fruncido—. Así como te encuentras, eres presa fácil para los titanes —agregó sin adornos.
Erwin bajó la mirada y observó su lado derecho, poco del antebrazo quedó.
Se sentía impotente.
Levi sabía eso.
Pero no por eso iba a dejar que Erwin, alguien importante para la humanidad —y para él—, fuera al matadero encontrándose en estas condiciones.
—Deja que Hange lidere las tropas en el campo de batalla. No necesito una carga extra, tú te quedarás aquí esperando las buenas noticias —continuó el capitán—. Le diré que te persuada para que te quedes —avisó, con mirada fija en algún punto por debajo—. Sí, eso haré. ¿De acuerdo?
Hubo un breve silencio, donde el recuerdo sobre la verdad que su padre buscaba llegó a la cabeza de Erwin.
Entonces habló.
—No.
Contestó a secas.
Levi alzó un poco la cabeza y arqueó una ceja.
—No me importa servir de carnada, úsenme. La cadena de mando será la misma, si yo no puedo liderar, entonces lo hará Hange, y si tampoco puede, entonces el siguiente lo hará —comentó, sin atisbo de echarse para atrás.
»Admito que esta es una operación de mayor dificultad. He hecho todo lo posible para asegurar el éxito de algo que será de gran importancia para la historia de la humanidad. Si no soy quien lidera, entonces las probabilidades de éxito serán nulas.
Levi se encontró de acuerdo. Lo que decía no era mentira, él estaba consciente de la clase de comandante que Erwin era. Estaba, por completo, consciente de lo capaz que era.
—Tienes razón. La operación podría fallar —admitió Levi—. Y si mueres allí estaremos acabados —agregó—. Lo único que necesitas hacer es sentarte y pensar. Eres capaz de causarles más problemas a los titanes y hacer más bien a la humanidad estando aquí, que haciendo cualquier otra cosa.
Entonces Erwin contestó—: No, no es verdad, lo mejor que puedo hacer es ir y dirigir la misión-
Levi alzó su mano, cortándolo inmediatamente y refutó—: Alto, alto, alto, si se te ocurre darme otra excusa de mierda más, entonces te romperé ambas piernas.
Aunque parecía más una amenaza.
—Intentaré hacerlo de forma que después se recuperen. Pero debo asegurarme de que estés aquí para la retoma del Muro María. Ir a cagar después de eso no será fácil, sabes —mencionó Levi.
Hubo un breve silencio y, después, Erwin dejó salir una pequeña risa.
—Eso no sería conveniente ahora. Tienes razón... —Bajó la mirada—. Como soldado herido debería evitar el frente de batalla, pero verás...
Alzó la mirada y sus ojos azules encontraron a Levi.
—Debo estar ahí. Cuando se sepa la verdad sobre este mundo debo estar ahí.
Ambos se sostuvieron la mirada por unos momentos sin decir palabra, hasta que Levi habló con una expresión un tanto indescriptible.
—¿Es importante para ti? —preguntó—. ¿Más que tus piernas?
—Sí —contestó Erwin, sin vacilar.
—¿Más que la victoria de la humanidad?
—Sí —contestó nuevamente, con una gran determinación.
Levi bajó la mirada hacia el suelo. Por su mente pasó fugazmente el preguntarle si esto era más importante que él, pero ya sabía que respuesta le daría su comandante.
Y la verdad, con solo saber la respuesta, dolía como nunca.
Por eso mismo, no quería escuchar la respuesta salir de esos labios que tanto amaba besar, por lo que solo se limitó a responder con dos palabras vacilantes:
—Ya veo...
Levi se giró hacia la puerta y la abrió.
—Confiaré en tu decisión, Erwin —dijo por último, sin dirigirle la mirada y entonces salió de la habitación, sin nada más que decir.
A veces le daba miedo la determinación de Erwin.
Cuando una idea le entraba en la cabeza no había quien lo hiciera cambiar de opinión, ni siquiera él.
Esta vez, Levi quería ser egoísta al no dejar que Erwin fuera a Shiganshina, al querer retenerlo aquí.
No quería perderlo.
Levi era consciente de que su ocupación significaba poner en riesgo tu vida, lo sabía perfectamente. Y ha presenciado tantas muertes que, simplemente tuvo que aceptarlo y vivir con eso.
Pero con Erwin... eso era diferente.
Erwin era la persona que amaba y respetaba más que a nada.
Desde que Erwin perdió su brazo cuando fueron a recuperar a Eren, el miedo descomunal se empezó a adueñar de su corazón y los constantes pensamientos donde Erwin moría lo atormentaban constantemente. Incluso en sus sueños, cuando lograba dormir un poco.
Sabía que en algún momento iban a terminar dando sus vidas por el bien de la humanidad, pero entre él y Erwin, prefería perder su vida antes que perder a Erwin.
Pero Erwin era terco, y Levi lo amaba, tanto que no pudo hacer más que dejarlo ir a Shiganshina.
Era su comandante y el hombre que amaba.
Cuando se trataba de Erwin, era débil.
Poco podía hacer.
Ese mismo día en la noche, la Legión festejaba la pronta partida hacia Shiganshina, por lo que decidieron tomar esto como una oportunidad para relajarse, aunque para algunos era difícil hacerlo.
—Hange.
La persona mencionada volteó al instante en que escuchó la voz de su mejor amigo.
—Levi —saludó con una gran sonrisa.
Levi dirigió su mirada hacia donde había menos gente, acto que Hange entendió perfectamente como señal de querer hablar de algo en específico, por lo cual se terminaron alejando de la multitud.
—No pudiste convencer a Erwin, ¿verdad? —cuestionó Hange a primeras.
Hange ya sabía lo que había sucedido sin que Levi le contara, lo que le facilitaba las cosas al capitán.
—¿Qué se supone que deba hacer? —preguntó Levi, al aire—. ¿Cómo debería sentirme al dejar que Erwin se termine convirtiendo en mierda de titán?
—Los titanes no tienen-
—Ya lo sé, mierda.
Hange le dio una mirada triste a Levi, aunque no hablaran sobre estas cosas, le sentaba mal ver a su amigo de esta forma. Podía entender un poco su sentir, ya que Erwin también era su amigo, pero a la vez era completamente diferente, ya que Levi amaba a Erwin.
—Si Moblit... ah... aunque me sienta del asco, no podría evitar que Moblit diera su vida por el bien de la humanidad, porque era algo a lo que estaba destinado, tal vez. —Hange soltó un suspiro y mordió su mejilla interna—. Perder a Erwin sería devastador. Pero si así es como deben suceder las cosas, entonces poco podemos hacer, menos si es él quien tomó la decisión de asistir a la operación.
Acto seguido, Hange bebió de su vaso.
Levi mantuvo su vista fija en el suelo.
—Creo que solo deberíamos aceptarlo y vivir con eso —concluyó Hange.
—Levi —habló Erwin hacia el capitán.
Levi alzó su cabeza, para encontrarse con los ojos azules que tanto le gustaban. Erwin lo veía con cierta expresión, como si quisiera disculparse por algo.
—¿A qué viene esa expresión de mierda tan deprimente, Erwin? —preguntó Levi, con el mismo tono neutro de siempre, como si no hubiera pasado nada en el despacho.
—Bueeeno, yo los dejo solos —anunció Hange, despidiéndose, para después alejarse de ambos y tomar su propio rumbo.
—Levi —pronunció Erwin.
—¿Qué?
Ante esta contestación, sostuvieron la mirada por unos instantes.
—Vayamos a otro lugar —indicó el superior.
Sin decir más, salieron del comedor y fueron directamente a la habitación del capitán.
Levi abrió la puerta de su habitación y le dio el paso a Erwin. Entró detrás de él y después se giró para cerrar la puerta. Cuando se giró nuevamente, frente a él se encontró con el pecho de su pareja, que lo tenía acorralado.
—Lo siento —se disculpó Erwin.
Levi hizo una mueca de confusión ante la disculpa repentina y sin sentido de Erwin. Alzó su cabeza sin borrar esa mueca y entrecerró sus ojos hacia el rubio.
—¿Te cambiaron el cerebro por mierda? —preguntó con seriedad.
—Levi...
Erwin se encorvó un poco, acercando su rostro al del más bajo, quien no mostraba emoción alguna.
—Escúpelo —incitó Levi. Hubo un breve silencio por parte de ambos—. Erwin-
El rubio, sin perder el tiempo, posó sus labios sobre los de su pareja y comenzó a moverlos de forma lenta. Levi no tardó en corresponder de la misma forma.
Mediante el beso lento, la pareja se decía muchas cosas que no podían o no sabían decir con palabras.
Ambos sentían el intenso amor del otro en cada movimiento de sus labios.
Se amaban demasiado.
Pero el mundo no tenía cabida para su amor.
Erwin llevó su brazo a la espalda de Levi y lo fue bajando lentamente, provocando diferentes sensaciones con el paso de este.
—Erwin... —pronunció Levi, cuando se separaron para tomar un poco de aire.
—Levi... —pronunció Erwin, colocando su frente sobre la del más bajo, quien aferraba sus manos al pecho cubierto por la ropa.
—Sé que tienes miedo —dijo.
Levi frunció su ceño.
—O bueno, estás preocupado por lo que pueda pasar el día de la expedición —corrigió el superior.
Levi soltó un suspiro.
—Estaría mintiendo si te digo que no tengo miedo —sinceró Levi. El más bajo mordió su labio inferior.
—Pero-
—Cállate. No digas nada más —interrumpió el capitán. Levi aferró más sus manos a la camisa que Erwin traía puesta y continuó—: Si dices una sola palabra más sobre lo de la expedición, te juro que esta vez te haré mierda de caballo.
Erwin rio ligeramente.
—Entiendo —acató.
Levi sonrió y alzó un poco más su rostro, rozando los labios de Erwin con los suyos.
Ambos abrieron ligeramente sus labios, buscándose, pero entonces, Levi se adelantó y comenzó el beso. Un beso que demostraba su desesperación y anhelo. Un beso desastroso.
Levi introdujo su lengua en la cavidad de Erwin y es así como sus lenguas comenzaron a juguetear entre sí. Erwin llevó su mano al trasero de Levi y lo alzó, colocándolo a su altura mientras este seguía recargado en la puerta. Levi rodeó la cintura de Erwin con sus piernas, dejando que sus entrepiernas se rocen.
Los brazos del morocho subieron hasta el cuello del rubio y lo rodearon, acortando la nula distancia entre sus cuerpos. Levi acarició gentilmente la nuca de Erwin, quien gemía de forma ronca entre besos por lo bien que se sentían las caricias de su pareja en aquella zona.
Erwin movió su mano y la introdujo por debajo de la camisa de Levi, acariciando la piel de su espalda y ocasionando que este se arquease ligeramente por el tacto de los rasposos dedos, que delineaban sus músculos tonificados.
Le gustaba cuando Erwin acariciaba su columna de esa forma. Su piel por completo.
Los gemidos de ambos se ahogaban en cada beso necesitado. Instintivamente, Levi movió sus caderas hacia enfrente, arrimando su entrepierna con la de Erwin.
A los segundos, ambos volvieron a apartar sus labios para poder tomar aire nuevamente. Hubo silencio, un silencio que cargaba con los sentimientos de ambos. Y no era incómodo, porque ambos se sentían como en casa cuando estaban juntos.
Realmente se amaban.
Tanto que morirían por el otro.
O matarían por el otro.
Especialmente Levi.
Levi bajó sus caderas lentamente, dejando que el pene de Erwin lo penetrara y expandiera su palpitante interior.
—Ah... —gimió Erwin en un tono bajo al sentir la humedad y calidez del interior de Levi.
—Ngh. —Levi contrajo su interior irregularmente, sus músculos se tensaron y su piel se erizó, así como sus pezones se irguieron.
Finalmente el miembro entró por completo y ambos soltaron un gemido pesado. Levi movía sus caderas de adelante hacia atrás, dejando salir pequeños gemidos cuando el miembro chocaba con su próstata.
Erwin lleva su boca a la garganta de Levi y besa, creando un camino de besos hasta su clavícula, donde comenzó a dejar múltiples marcas. Le gustaba marcar a su pareja, le gustaba ver su rastro en la piel de Levi.
Porque Levi era suyo, y él mismo le pertenecía a él.
Erwin aferró su mano al glúteo desnudo del morocho y apretó con intención de dejar marca.
—¡AH! —Gimió Levi, cuando comenzó a mover sus caderas de arriba a abajo, montando a Erwin, quien también dejaba salir gemidos roncos—. ¡Ngh... ah... ah...!
Movía sus caderas a un ritmo constante, mientras que el sonido del choque de sus cuerpos y el chapoteo se escuchaba por la habitación. Erwin apretó su agarre en la piel desnuda de Levi, dejando marca y luego gruñó en un gemido, quería llegar pronto al clímax junto con el amor de su vida.
Si tuviera que decir cuándo fue que se enamoró de Levi, no lo haría, porque no lo sabía, tal vez fue cuando se encontraron por primera vez en Ciudad Subterránea, o cuando Levi se mostró realmente enojado por primera vez.
No lo sabía, simplemente sucedió.
Erwin sostuvo a Levi con su brazo y se levantó de la cama. Se giró y recostó a Levi sobre la misma, dejando libre su miembro en el proceso. Y, sin necesidad de palabras, Levi entendió que Erwin quería que se pusiera boca abajo, cosa que hizo. Apoyó sus brazos en la cama y arqueó su espalda, exponiendo su entrada húmeda y sonrosada, que palpitaba pidiendo por el pene de su amado.
Entonces Erwin llevó su mano a la cintura de Levi y la tomó delicadamente, apretando sólo un poco. Llevó su erección al agujero que se contraía irregularmente y se introdujo nuevamente, de una sola estocada. Fuerte y profundo
—¡Erwin-! —gimió Levi el nombre de su amante, al sentir que aquella estocada golpeó directamente su próstata, haciendo estremecer todo su cuerpo.
Las embestidas comenzaron nuevamente y los gemidos se hicieron escuchar una vez más. Los jadeos incrementaron con cada golpe y sus nombres en gemidos de igual manera, de vez en cuando, incomprensible maldiciones salían de la boca del capitán.
Levi estrujó las sábanas a las que se aferraba, manteniendo su espalda arqueada y cerrando sus piernas, apretando su interior completamente lleno del miembro grueso de su contrario.
Erwin gimió con pesadez en respuesta, debido a lo estrecho del interior de Levi, era como si lo torturase a propósito.
Pero con placer.
—Estrecho… —balbuceó Erwin, ciñendo su entrecejo.
La ronca voz del rubio hizo que Levi se estremeciera nuevamente, esta vez llegando al orgasmo por eso mismo. Los múltiples espasmos recorrieron el cuerpo de Levi, que no paraba de jadear, ocasionando el temblor de su cuerpo y que terminase apretando su interior una vez más, logrando con ello la llegada al orgasmo de Erwin.
El superior apretó la piel bajo su mano y tensó sus músculos, mientras gemía ruidosamente y al tiempo que su verga expulsaba los chorros de semen en el recto de su pareja, llenándolo más.
Consiguiente, Levi se dejó caer sobre la cama, con intenciones de retomar el aliento apenas Erwin alejó su mano de él y salió de su interior. Así, el comandante se recostó al lado de su amante, quedando frente a frente.
Sus ojos se veían intensamente, había un sinfín de cosas que querían decirse.
Pero no podían hacerlo.
No podían.
Por el bien de la humanidad, no podían confesarse sus sentimientos antes de marchar hacia un destino incierto.
Por el bien de ambos y de la misión.
Era algo cruel.
Pero así era el mundo en el que vivían.
(...)
El titán bestia hizo su lanzamiento nuevamente y las rocas golpearon violentamente cada edificio, destrozándolos sin piedad. En cualquier momento, lo que quedaba de la Legión de Reconocimiento quedaría al desnudo frente aquel horroroso titán.
—Erwin... entonces quieres decir que ya no tenemos forma de contraatacar —reafirmó Levi lo escuchado—. Si es así, entonces debemos prepararnos para la retirada —sugirió—. Vamos a despertar a ese vago de Eren, pondremos a todos los sobrevivientes que podamos sobre él y escaparemos —indicó—. De esa manera podremos salvar algunas vidas.
Erwin se le quedó viendo sin decir nada y luego, se escuchó un disturbio entre unos de los nuevos reclutas. El miedo se había apoderado de la mayoría, sino es que de todos. El pánico y el horror abundaban entre los miembros.
Algunos caballos habían escapado.
Ese era el conflicto.
Palabras producto del terror salían de la boca de Floch, intentando hacerle ver a Marlo que ya no importaba si los caballos sobrevivían o no, ya que nadie los montaría de regreso.
—Todas las esperanzas para sobrevivir, del escuadrón de Hange y el nuevo escuadrón, se han ido junto con los caballos. ¿Qué tal si los usamos como ruta de escape? —preguntó Levi a Erwin—. Usarlos de carnada, ir con Eren y escapar sobre él —sugirió.
—¿Y tú qué harás, Levi? —preguntó Erwin.
—Pelearé contra el Titán Bestia... y lo sacaré de aquí —contestó.
—Imposible —refutó Erwin, inmediatamente. Era una locura lo que Levi le decía—. Ni siquiera podrás acercarte a él.
—Probablemente... pero mientras tú y Eren regresen a salvo... siempre habrá esperanza. —Miró a Erwin—. ¿No te has dado cuenta de que necesitamos medidas extremas para esta situación? —Erwin desvió la mirada nuevamente—. Esto es una derrota. Para ser honesto, ni siquiera creo que alguno de nosotros regrese con vida.
Levi tenía razón, la situación ahora mismo era terriblemente desfavorable para ellos.
—Sí… —concordó el comandante—. Si no encontramos una forma de contraatacar...
A los pocos segundos, Levi se dio cuenta de lo que Erwin sugería.
—¿Tienes una idea? —preguntó al instante.
Los amantes se sostuvieron la mirada por un momento, parecía que Erwin dudaba muy en el fondo sobre contestar aquello.
Esto marcaría su destino.
—Sí —-contestó Erwin finalmente.
—¿Por qué no lo mencionaste antes? ¿Por qué te callaste con esa cara de mierda?—cuestionó Levi.
Las rocas volvieron a golpear violentamente lo que quedaba de los edificios fuera de Shiganshina.
—Si este plan funciona… deberás ser capaz de enfrentarte al Titán Bestia —mencionó Erwin—. Funcionará si sacrificamos las vidas de los nuevos reclutas y la mía —agregó.
Los reclutas soltaron gritos de terror al escuchar el impacto de las rocas, que cada vez más se acercaban a ellos, llamando la atención de aquellos dos hombres.
—Tienes toda la razón —dijo Erwin, volviendo a ver a Levi—. Igualmente, la mayoría morirá aquí. Es mucho más probable que muramos todos. Debemos apostar por la victoria del modo que sea necesario. —Caminó unos pasos, pasando al lado de Levi, quien lo seguía con la mirada—. Para ello tendré que pedirles a esos jóvenes que se dispongan a entregar sus vidas.
Levi le siguió el paso, mientras Erwin se dirigía hacia una caja de madera que estaba protegida por una casa que aún se mantenía en pie.
—Tendré que inventar una buena excusa, como un estafador —comentó Erwin—. Si yo no voy al frente, nadie cargará con la responsabilidad de liderar —recalcó lo obvio—. Seré el primero en morir, sin saber saber qué hay en el sótano.
Levi veía el suelo, estaba estupefacto por las palabras de Erwin.
¿Erwin moriría primero?
Lo que tanto temía estaba sucediendo.
Su pecho dolía.
Era como si clavaran puñales en su corazón sin piedad alguna.
Su mente se había quedado en blanco por un instante.
—¿Ah? —fue lo único que sus labios pudieron decir.
Erwin soltó un suspiro pesado y, posteriormente, se sentó en aquella caja de madera con la mirada puesta en el suelo.
Era difícil.
La mirada dolorosa de Levi se clavaba fervientemente en él, podía sentirlo.
Era una situación sumamente difícil.
Renunciaría a su sueño y a una vida al lado de Levi, si eso le permitía trazar un camino a la victoria en esta misión.
—Quiero ir a ese sótano —confesó. Y el corazón de Levi se estrujó ante lo dicho—. Estoy aquí ahora mismo sólo para ello, para este día. En que, un día corroboraría la respuesta. Muchas veces pensé que sería mejor morir.
Era doloroso.
Levi quería que esto parara, que Erwin dejara de hablar.
Le dolía.
—Pero mi sueño y el de mi padre me venían a la mente, ahora la respuesta la tengo al alcance de mi mano. —-Gesticuló con su mano, y en su rostro se podía ver la dolorosa ironía de la situación. Erwin se encogió en el mismo asiento y con voz ligeramente temblorosa, repitió: —Está justo ahí.
El comandante se enderezó levemente y apoyó su brazo en su muslo.
—Levi... ¿puedes ver a nuestros compañeros? —Levi no contestó, sólo se limitó a verlo—. Nos observan —hizo saber—. Quieren saber qué fue de los corazones que entregaron —declaró—. Porque la batalla aún no terminó.
Una vez más, el estruendoso impacto de las rocas se hizo ver y ante ello, no hicieron falta los gritos de aquellos reclutas aterrorizados.
—Tal vez todo sea una mera ilusión infantil de mi cabeza —comentó Erwin por último.
Alzó la cabeza ligeramente, encontrando a Levi, que entornó sus ojos hacia él. Levi sabía que ya nada podía hacer. Erwin estaba dispuesto a renunciar a todo aquello por lo que luchó desde joven, y él ya no podía hacerlo cambiar de opinión.
Y si Erwin demostraba esa determinación, entonces Levi también debía renunciar a él.
A su único amor.
Al amor de su vida.
Con todo el dolor de su corazón, Levi, quien no inmutaba su expresión, se arrodilló ante Erwin. y agachó un poco su rostro.
—Peleaste con valor —reconoció—. Gracias a ti estamos aquí.
Levi sabía que esta era su despedida.
En algún punto, su expresión demostraba negación ante todo esto, pero ya no podía hacer más nada para detenerlo.
—Pero sé que decisión tomar —determinó. Alzó su cabeza y ciñó su entrecejo ligeramente—. Abandona tu sueño y muere. Lleva a los reclutas al infierno mismo. Yo mataré al Titán Bestia.
Erwin le dio una mirada de resignación y sonrió. Levi lo había liberado de aceptarlo por sí mismo. Ahora que Levi, su amado, le había dicho lo que debía hacer, ya no había marcha atrás.
Esta era su despedida.
Sus ojos se encontraron y aquella mirada les confirmaba que sus caminos se separarían. Para siempre.
Por dentro, Levi estaba destrozado.
No importaba cuán acostumbrado estuviera a perder a su gente, no importaba cuán acostumbrado estuviera a la muerte. Nada de eso importaba porque siempre dolía, pero cargaba con las muertes de sus compañeros con la esperanza de hallar la verdad sobre este mundo.
¿Pero Erwin?
Lo amaba.
Lo amaba más que a nada en este putrefacto mundo lleno de muerte, era su luz. Era todo para él. Y ahora debía renunciar a él de esta terrible forma.
¿Por qué el mundo era tan cruel?
Tenía mucho tiempo que no pensaba en aquello, pero hoy, esa pregunta resurgió.
Levi apretó su mano hecha puño y tensó su mandíbula. No quería que la muerte le quitase aquello que más amaba.
Erwin, en cambio, relajó su mirada, como comandante no podía permitir doblegarse ante su amor por Levi, ante su sueño.
No podía permitirse sentir remordimiento ni miedo.
Pero, tan sólo una última vez, quería demostrarle a Levi que lo amaba.
Aunque fuera cruel.
Erwin llevó su mano al rostro de Levi y acarició su mejilla.
Le dio una mirada llena de amor al capitán y posó un triste beso en sus labios, sellando su despedida.
Cuando Floch subió al techo de aquel edificio cargando con Erwin en su espalda, Levi sintió que su deseo se había cumplido. El alma le había regresado al cuerpo. Erwin aún no había muerto.
Aún había tiempo para rescatarlo inyectándole el suero, aunque se convirtiera en titán. Nada de eso importaba, si podía estar con Erwin por lo menos unos años más.
Nada de eso importaba.
Pero Eren y Mikasa se opusieron e iniciaron una disputa sobre si debían inyectarle el suero a Armin o al comandante de la Legión.
Floch había confesado que quiso matar a Erwin apenas lo encontró vivo, pero eso habría sido muy bueno de su parte.
“Él debía seguir viviendo en el infierno.” Dijo.
Levi sentía cómo su corazón volvía a romperse en pedazos. El dolor se expresó en su rostro ante lo dicho por el recluta.
Y cuando Levi, que sentía una espantosa mezcla de emociones en su ser al ser abrumado por aquellos recuerdos y luego ver a aquel pobre chico, iba a inyectarle el suero a Erwin, en un acto reflejo, Erwin alzó su brazo bruscamente.
—¡Erwin! —pronunció Levi, sorprendido por la acción.
—Profesor... ¿cómo sabe... que no hay gente al otro lado de las murallas...? —cuestionó Erwin, moribundo.
La cabeza de Levi se esclareció por un momento, mostrándose conmocionado por aquella pregunta y, entonces, recordó aquello a lo que le pidió renunciar.
“Abandona tu sueño y muere.”
Eso le dijo.
Las palabras que su tío, Kenny, dijo también en su lecho de muerte, también estaban presentes.
“La gente necesita embriagarse de algo para seguir adelante.”
Y luego lo que él le juró mientras hablaban.
Erwin era cruel con él.
Levi mordió su labio internamente y tomó una decisión, por más dura que fuera.
Tienes que dejarlo ir...
Erwin ya había vivido en el infierno por mucho tiempo, era hora de que descansara de esta terrible carga.
Debía dejarlo partir.
Con el corazón en la boca y una expresión apacible, Levi se levantó e inyectó el suero en Armin.
Debía aceptarlo.
Debía dejar que la persona que más amó pudiera descansar de tanta carga y sufrimiento.
No importaba que doliera, esa fue la decisión que Erwin tomó.
Levi le pidió que renunciara a su sueño y muriera.
Y Erwin lo hizo.
Este había sido el adiós para su amado, quien ya había aceptado su muerte.
Ahora era su turno de aceptar que Erwin ya nunca jamás iba a regresar.
—Capitán, ¿por qué? —preguntó Floch, conmocionado.
—Perdónalo —pidió Levi, con aquella triste expresión en su rostro—. No tenía opción, tuvo que ser un demonio. Se lo impusimos. Y ahora que está libre de este infierno, intentamos traerlo de vuelta. Pero tenemos que dejarlo descansar.
Era cierto, ahora Erwin ya podía descansar.
Tenía que digerir sus propias palabras por más que le doliera su pérdida.
—Erwin —pronunció en dirección a este—, te prometí que mataría al titán bestia, pero me tomará tiempo —se disculpó, mientras Hange revisaba las pupilas de este.
—Él... ya está muerto —avisó Hange, con pesar.
Al escuchar aquella frase, Levi sintió que una parte de él murió.
Ahora sí, Erwin, su amado, había muerto.
Su rostro, que demostraba el profundo dolor de la pérdida, sólo pudo musitar—: Ya veo.
Antes de partir hacia el sótano para descubrir la verdad del mundo en el que vivían, Levi se encargó de llevar el cuerpo de Erwin hacia una de las casas que seguían en pie. Dentro, recostó el frío cuerpo en una cama con mucho cuidado y lo observó.
Inevitablemente, sus recuerdos con él llegaron a su mente, haciendo este momento aún más doloroso. Levi se hincó en el suelo y luego llevó una de sus manos al rostro, el cual acaricia gentilmente.
Está frío.
Fue lo primero que pensó y con ello, su corazón se estrujó más.
Por tonto que pareciera, nunca creyó estar en esta situación, nunca creyó estar así con Erwin. No creyó que él sería el primero de ambos en morir.
Es que era increíble.
Ahora mismo que estaba solo, y sabiendo que esta era la última vez en que lo vería, Levi se permitió sacar su dolor para poder continuar.
Se permitió reprocharle internamente sólo por esta ocasión.
Se permitió llorarle.
Sus lágrimas salían estrepitosamente, humedeciendo su rostro y empañando su vista.
Levi tomó la mano fría entre las suyas y apretó su agarre mientras lloraba y balbuceaba cosas que ni él entendía.
Erwin se había ido y no regresaría jamás.
Erwin había muerto.
Y le dolía peor que el infierno que vivía cada día, en cada excursión.
Nada superaría el dolor de haber perdido al amor de su vida.
Después de estar unos minutos permitiéndose un capricho, Levi se levantó del suelo y apoyó el brazo de Erwin nuevamente sobre la cama y limpió sus lágrimas.
Se quitó su capa verde con el escudo de la Legión y con ella cubrió rostro y torso de amado.
—Adiós, Erwin.