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My little brother

Summary

Daryl siempre ha cuidado a su hermano adoptivo Rick, pero después de un incidente tiene que regresar con Merle y separarse del menor. Cuando sus padres mueren, Dixon regresa a casa de los Grimes y ya no encuentra a su pequeño y tierno hermanito en ella, ahora frente a él se encuentra un hombre, Daryl hará lo que sea para que su hermano lo perdone. Está historia es creada para participar en el reto de #omegacember.

Status
Complete
Chapters
16
Rating
n/a
Age Rating
18+

Autocontrol

Daryl recordaba aquel día en el parque donde un pequeño ángel que había robado dos trocitos de cielo que usaba para verlo, lo encontró después de haber sido golpeado ferozmente por su padre, al principio fue grosero, ya que no quería que nadie lo viera en ese momento tan vulnerable de su vida, porque según su hermano, "los Dixon no lloran y menos frente a idiotas".


— ¿Estás bien? - esa voz, tan inocente y preocupada.


— Lárgate niño.


— ¿Qué te pasó en la espalda? - Daryl se paró y empujó al mocoso entrometido.


— ¿Qué te importa?, solo lárgate o te golpearé.


Al niño se le cristalizaron aquellos pedacitos de cielo, pero se paró y limpió sus ojos, mirando al mayor con evidente enojo, se alejó de ahí. Dixon pensó que por fin podría estar en paz, descansando un momento antes de tener que regresar a casa con el imbécil de su padre, pero grande fue su sorpresa cuando el fastidioso niño regresó y un adulto lo acompañaba, suspiró con pesadez antes de pararse e intentar irse del lugar.


— ¡Oye! - ignoró la voz del mayor y siguió caminando, hasta que sintió como lo tomaban de la muñeca. — Oye amigo... - se safo rápidamente del agarre.


— ¿Qué es lo que quieren? - el mayor levantó las manos, dejándolas a la vista del más joven.


— Tranquilo, mi hijo me dijo que estabas herido, solo quería ver si estabas bien o si venías con alguien. - Daryl miró con reproche al menor que se escondía detrás de su padre. — Soy médico, puedo revisar tu espalda si me lo permites.


— No necesito nada.


— Nuestra casa no queda tan lejos, puedo revisarte rápido, darte algo de comer y luego podrás irte.


— Ya dije que no.


— ¿Y si te doy dinero? - Daryl se quedó pensando un momento.


— ¿Cuánto?


— 50 dólares.


— Bien.


Daryl caminaba detrás del hombre, atento a cada movimiento que este hiciera, y cuando llegaron a la casa las cosas no fueron diferentes, el niño observaba todo a su alrededor.


— Rick, lleva a nuestro invitado a mi oficina, por favor. - el menor asintió y se acercó al otro chico.


— Ven, te encantará la oficina de papá, tiene cosas extrañas con nombre difíciles que solo él puede pronunciar... - el menor no dejó de parlotear en todo el camino a la oficina, Daryl, por otro lado, no le prestaba atención, ya que los cuadros, figuras y demás adornos de la casa tenían toda su atención. — Este es el cuarto de sanación de papá. - el menor abría la puerta con gran orgullo y le enseñaba las cosas que se encontraban en el lugar, al igual que le decía para qué eran algunas.


Esa fue la primera vez que se conocieron, un recuerdo endulzado con el tiempo, igual que los demás días que le siguieron, ya que el señor Grimes lo había invitado todas las veces que quisiera acompañarlos a comer. Después de un tiempo también le compraron ropa y zapatos, algunos juguetes, los acompañaba al parque y compraban helado, también jugaban a fútbol o baloncesto y el señor Grimes siempre perdía contra ellos. Eran buenos días en los que el menor podía olvidarse de sus problemas y su padre, dónde podría verse y sentirse como cualquier niño de su edad, pero llegada la noche tenía que regresar a su infierno.


Uno de esos días Daryl se perdió en el bosque, ¿Cómo fue?, bueno, él simplemente caminó sin mirar atrás, mientras sentía un incontrolable calor por todo su cuerpo, que entre más se adentraba al bosque, los síntomas empeoraban, su visión se volvía borrosa y constantes mareos lo atacaban, hasta que llegó al punto dónde su cuerpo ya no podía más y colapsó. Los Grimes se preocuparon al ver que el chico no llego ese día, ni el siguiente, así que fueron a las autoridades para que pudieran buscarlo, cuando lo encontraron al día siguiente el chico apenas y podía caminar, ya que aún tenía espasmos del celo. Sin pensarlo dos veces, el señor Grimes lo tomó en brazos y lo llevó hasta el hospital, dónde le dieron la noticia de que Daryl se había presentado como alfa, los esposos, aunque felices, decidieron llevar al joven a su casa, dónde podría reponerse mejor de aquel incidente.


— ¿Daryl? - aquella voz, Daryl podría reconocerla en cualquier lado.


— Rick. - el niño corrió y se subió a la cama del mayor con ojitos llorosos.


— ¿Dónde estabas?


— Salí al bosque y me perdí, no es para tanto. - revolvió el pelo de su compañero y trató de quitarle importancia a la situación.


— Claro que es para tanto jovencito, todos en esta casa estábamos preocupados. - el señor Grimes entraba con una charola de comida a la habitación. — ¿Qué hacías en el bosque tú solo?


— Salí a cazar. - se encogió de hombros, sin darle mucha importancia.


— Pudo haberte pasado algo peor que solo haberte desmayado, además de que estabas vulnerable allá afuera con tu astro presente.


— No sabía que llegaría mientras iba a cazar.


— Bueno, pues me aseguraré de que no vuelvas a darnos sustos así. - Daryl miró al hombre frente a él y solo pudo pensar "genial Dixon, lo acabas de arruinar".


— Cariño, no asustes así a Daryl. - la señora Grimes lo regañó. — Lo que mi esposo quiere decir es, ¿aceptarías unirte a nuestra familia? - Daryl no respondió, su cerebro tenía que asimilar cada oración.


— ¿Tendré que llevar su apellido? - no sabe por qué preguntó eso, quizás fueron esos años en los que Merle le decía que su apellido era genial y él terminó creyéndolo.


— No, si no quieres, podemos ser tus tutores, todo sería igual, con la única diferencia que dormirás aquí e irías a la escuela. - explicaba dulcemente la mujer.


— Piénsalo bien chico, ya que técnicamente ya vives aquí, solo que esto sería oficial.


— ¿Daryl sería mi hermano? - preguntó un curioso Rick.


— Solo si él quiere cariño. - Rick lo miró con aquellos pedacitos azules que le había robado al cielo para poder ver, los cuales brillaban con gran ilusión, luego miró a los mayores, los cuales también tenían ese brillo tan peculiar y su corazón latió con rapidez mientras bombeaba calidez por todo su cuerpo.


— Sí, quiero vivir con ustedes. - algo dentro de él le aseguraba que jamás iba a arrepentirse de aquellas palabras y si tenía dudas, el cálido abrazo que le regaló toda aquella familia las arrancó de su mente.


***********************************


Los años pasaron, exactamente 4, en los que Dixon asistió a la secundaria y actualmente se encontraba en la preparatoria. Las cosas en la familia Grimes eran felices la gran parte del tiempo, ya que había veces en las que Merle lo iba a buscar y terminaba metiéndose en problemas de los cuales algunas veces sus tutores tenían que sacarlo de la comisaría, para después darle un sermón por su mala conducta, la cual él ignoraba la siguiente vez que su hermano fuera a buscarlo, por otra parte, con Rick era un poco de lo mismo, el adolescente también le reprochaba su mala actitud cuando todo ese desastre pasaba y la relación tan unida que tenían de niños seguía, pero había claras diferencias que no podían ignorarse, por ejemplo que Rick ya no seguía a su "hermano" mayor como antes y es que poco a poco el niño iba madurando, Daryl lo enseñó a defenderse para que no dependiera tanto de él. También había un hecho que a Daryl no le terminaba de agradar y era ese amigo con el que Rick se juntaba, sabía que Shane había conocido a Rick desde el preescolar y mucho antes que a él, pero es que el mocoso se había presentado como alfa y se creía el gran protector del menor de los Grimes, lo seguía a todos lados y a Rick parecía agradarle ese tipo de comportamiento, por su parte Daryl nunca se había llevado bien con aquel niño, era muy molesto para poder soportarlo, además de idiota.


Lo único que tranquilizaba un poco a Daryl era que Rick no se había presentado, aun teniendo ya 12 años, que era la edad normal para saber si pertenecería a la casta alfa y omega y si eso no pasaba entonces serías un beta, cosa que Daryl agradecía, ya que dos alfas en una sola casa sería problemático y como omega sería peor, no quería que Rick tuviera que soportar a idiotas como Merle que llegaba a molestar a las pobres omegas hasta el punto que su hermano menor tenía que intervenir y salvar a las pobres chicas.


Claro que la vida no podía ser tan buena como uno la quiere, claro que no, la vida siempre tiene que ser complicada de una forma u otra para que sientas lo que es realmente vivir, y una noche en la que sus padres habían salido a una de sus citas semanales, Daryl junto con Rick se quedaron solos e hicieron lo que hacían en aquellas ocasiones, que era ver una película hasta tarde.


— ¿Acción, comedia o terror? - Rick era el encargado de escoger la película, mientras Daryl preparaba la botana.


— Acción. - decía desde la cocina.


Cuando todo estuvo listo, los dos hermanos se sentaron en el sofá a disfrutar de aquella noche. Daryl estaba tan atento en la pantalla que no se dio cuenta cada vez que Rick se acercaba a él, hasta que sintió la cercanía del rostro de Rick en su cuello.


— ¿Qué pasa? - se volteó a ver al menor.


— ¿Sabías que hueles a roble? - por un segundo Daryl lo miró expectante sin comprender a que iba tal comentario, hasta que sintió el olor a lavanda en la habitación, sin pensarlo dos veces se paró del sillón y se alejó de Rick.


— Sube a tu habitación y cierra con llave. - ordenó mientras se dirigía en a la oficina del señor Grimes, pero en vez de acatar la orden de Dixon, Rick lo siguió.


Al llegar a la oficina buscó los supresores que siempre tenían ahí por precaución, al notar la presencia de Rick, Daryl lo tomó de la muñeca y lo llevó a su habitación.


— Tienes que tomar dos de estos, te ayudarán a que no duela tanto, ¿Bien? - Rick no estaba escuchando, al contrario, su atención estaba concentrada en el cuello de Daryl. — Rick. - lo tomó de los hombros y lo miró a los ojos, gran error, aquellos pedacitos azules que le había robado al cielo para ver, estaban brillando, como si una tormenta eléctrica estuviera pasando por ellos y su alfa gruñó, deleitado con aquella electrificante mirada, sacudió la cabeza, el olor del menor lo empezaba a llamar, así que tapó su nariz y boca, hizo a Rick a un lado y salió de su cuarto, cerró la puerta con llave y la metió por debajo de la puerta, no iba a arriesgarse a que su alfa saliera y tuviera la inteligencia de abrir aquella puerta.


El tiempo pasó y las cosas empeoraban, el olor a omega en celo ya se había esparcido por toda la casa y Daryl caminaba de un lado para otro en la sala mientras tomaba su pelo con fuerza, había pensado en salir de casa y llamar a los Grimes para qué regresarán antes y cuidarán de Rick, pero sus celulares estaban apagados y temía que si dejaba a Rick solo un alfa idiota entraría a la casa a la fuerza y atacara al pobre chico, solo pensarlo hizo que un gruñido saliera de su garganta, él era el hermano mayor de Rick y tenía que protegerlo. Solo podía escuchar el tic tac del reloj mientras se encontraba sentado en el sillón ya con una dolorosa erección en los pantalones y un alfa inquieto en su interior que quería salir al escuchar los chillidos del omega en el piso superior, quería salir y fumarse un cigarrillo, pero no quería que el olor de Rick saliera de la casa, sería peligroso, así que entró al baño, lleno la tina de agua fría y se metió en ella. Dentro de la tina intento volver a llamar a los padres del adolescente, pero nada, luego miró hacia abajo, la erección no había bajado ni un poco y el dolor era intenso, se desesperó al saber que esto no estaba funcionando, su mente le dio una idea, no era de las mejores, pero no había opción, sin pensarlo se hundió en la tina, bajo el agua no podía oler u oír nada, lo que le dio cierta tranquilidad, aunque la necesidad de oxígeno lo obligó a volver a subir a la superficie, dónde solo tomo el aire suficiente para volver a sumergirse, no supo por cuánto tiempo estuvo haciendo eso, solo que el señor Grimes lo saco con rapidez de la tina y el tocio por intentar llenar sus pulmones.


— Ey, tranquilo, ya pasó, todo está bien.


— Ri... ck... - pronunció apenas entendible.


— Estará bien, su madre ya le dio los supresores que dejaste en su cuarto, lo hiciste bien, gracias por cuidar de mi cachorro, estoy orgulloso de ti. - el hombre lo abrazó, importándole poco mojarse.


Daryl se quedó paralizado ante aquellas palabras, pero al final relajó su cuerpo y se dejó sentir aquella calidez.


— Daría mi vida por ustedes. - afirmó.


— Y nosotros lo haríamos por ti chico, recuerda que también eres nuestro hijo.


Esa noche Daryl les dijo que dormiría fuera hasta que Rick estuviera mejor, los mayores aceptaron un tanto preocupados, así que le dieron dinero para que pudiera quedarse en un hotel y para que comiera esos días. El tiempo que estuvo fuera de casa lo ayudo a reflexionar con esa noche de forma más tranquila, ahora que Rick es un omega, él debía de protegerlo aún más que antes, no dejaría que cualquier imbécil se acercara a Rick sin antes darle una jodida paliza que no olvidaría nunca, esa era su promesa.

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