Déjame amarte
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La mañana estaba radiante, el sol brillaba más que en cualquier otra ocasión o quizá, se trataba del brillo que salía de las pupilas azules de Hanagaki. Ese día, el joven, definitivamente se sentía más feliz que nunca.
Caminaba por las calles observando todo a su alrededor, en ese momento cualquier cosa le parecía hermosa. En el parque, cerca de los juegos para niños se encontraba su mejor amigo esperándolo. Takemichi corrió emocionado a saludarlo.
—Buenos días, Chifuyu. ¿Cómo estás?
—Buenos días, Take, muy bien. ¿Y tú? —respondió el rubio con una sonrisa en los labios—. Despertaste feliz, cierto. ¿Algo en especial que quieras contarme?
Takemichi sonrió nervioso, se llevó la mano derecha hasta la nuca y comenzó a rascarla, su amigo tenía razón, había algo que quería contarle, ese realmente, fue el motivo para citarlo tan temprano por la mañana.
—Bueno yo… quería decirte que aceptaré la propuesta de Mikey —espetó sin darle más vueltas al asunto—. Esta noche le diré que acepto vivir con él.
—Ya era hora que tomarás esa decisión —comentó Matsuno, con una enorme sonrisa en el rostro—. Takemichi, estoy muy feliz por ti. Esto es un paso más a su relación. Verás que no es tan malo vivir con tu pareja. Lo encontrarás, como decirlo —se llevó la mano hasta la barbilla y la frotó—, entretenido.
—Gracias por tus palabras amigo. Estoy muy nervioso, no te lo voy a negar, pero quiero hacerlo. Mikey es el amor de mi vida, lo que más deseo es estar a su lado.
—Lo sé, Take. Ambos son almas gemelas. Desde que se conocieron, todos supimos que entre ustedes dos existía una conexión especial. Me da mucho gusto por ti. Es gratificante encontrar a tu complemento —expresó Matsuno, cuando apoyó una mano sobre el hombro de su amigo—. Y dime, ¿cómo tienes planeado comunicárselo?
Hanagaki suspiró, la verdad no sabía cómo decirlo, necesitaba un consejo y quién más podría dárselo sino su mejor amigo, además, él ya llevaba más de un año viviendo con su pareja y podría contarle un poco de su experiencia.
—Chifuyu —musitó, haciendo que su fiel compañero lo viera directamente a los ojos—. Tú, podrías contarme qué le respondiste a Baji cuando te propuso que vivieras con él.
—Claro, pero antes necesitamos desayunar. No sé tú, pero yo muero de hambre. Me citaste tan temprano que apenas y pude tomar agua antes de salir. —Sonrió, emocionado, mostrándole al ojiazul su blanca dentadura—. Hay una cafetería cerca de aquí, ¿vamos?
—Por supuesto, vamos.
Comenzar a caminar hasta llegar al pequeño lugar, tomaron asiento, un mesero apareció rápidamente para mostrarles el menú, después de unos minutos ambos pidieron el mismo desayuno, el joven tomó la orden y se marchó dejándolos nuevamente solos.
»—El olor a café es delicioso —dijo Takemichi, al sentir como sus fosas nasales se embriagaban con el placentero olor—. Nunca había venido a esta cafetería, ¿es nueva?
—Para nada —contestó Chifuyu—, tiene mucho tiempo en el vecindario, solo que tú siempre estás en la luna, eres un despistado, Take. En fin, a lo que venimos, qué es lo que deseas saber.
—¡Todo! —exclamó sin pensarlo.
—¿Todo? ¿Estás seguro? —arqueó una ceja cuando notó que las mejillas de Hanagaki se tornaban carmesí—. No tengo problema en contarte detalles si es lo que quieres saber.
Takemichi sintió el rostro arder, siempre le pasaba lo mismo, decía las cosas sin pensarlo, por eso necesita a su amigo para que lo ayudara. Lo que le diría a Mikey por la noche era algo tan importante, que no quería arruinarlo todo con su imprudencia.
—No, no, no, Chifuyu, tus intimidades es algo que no necesito saber —murmuró con la mirada baja—. Me refiero a todo lo demás.
—Te entendí Take, solo estaba bromeando. Sabes que no tengo problema en contarte lo que sea; eres mi mejor amigo y si en alguien confío es en ti.
—Lo sé y te digo lo mismo, si en alguien confío en esta vida es en ti; pero bueno, ahora sí quiero que me cuentes cómo ha sido tu vida viviendo con Baji.
Matsuno suspiró, tomó un sorbo del café que les sirvieron cuando recién llegaron a la cafetería, observó a su amigo y comenzó hablar.
Hanagaki estaba muy concentrado en el relato de su mejor amigo. Chifuyu era una persona muy alegre, segura de sí mismo, nunca le costaba expresar lo que sentía, por eso a Takemichi le sorprendió, cuando esté le reveló, que se encontraba muy asustado al comienzo de su vida en pareja. El ojiazul comenzó a relajarse y a dejar a un lado sus temores, escuchar a su compañero decir que era normal al principio sentirse así, fue lo que necesitaba para dejar de lado sus inseguridades.
El rubio siguió hablando, él quería que Takemichi estuviera tranquilo, esa era una gran decisión no lo iba a negar, pero también era la oportunidad de vivir muchas experiencias hermosas al lado del amor de su vida.
Matsuno fue muy sincero y le contó a Hanagaki que no todo era color de rosa, la vida en pareja tenía sus altos y bajos, pero son esos momentos de turbulencia los que debían ser un impulso para luchar juntos. Existirían días en los que se amarían como nunca y otros en los que se pelearían hasta por una tontería. Lo que sí le dejó muy en claro, era que las reconciliaciones siempre se consideraban la mejor parte.
Takemichi estaba agradecido por todo lo que su amigo le había contado, habían muchos detalles que él no se imaginaba, ideas que creía solo pasaban por su cabeza al considerarse una persona vulnerable, pero en realidad, todo ese combo de emociones era algo normal. Ahora se sentía mejor, con el ánimo renovado y sobre todo con la seguridad que el paso que estaba por dar sería el más importante de toda su vida.
—Y eso es un poco de mi vida con Baji, honestamente vivir con él es lo mejor que me ha pasado —concluyó diciendo, antes de volver a beber de su café—. ¿Quién más conoce tu decisión?
—Solo tú. Bueno, Mikey se lo comentó a Draken, Baji y Mitsuya, pero les dijo que no era nada seguro hasta que yo lo confirmara.
—Ya veo, si quieres no comento nada hasta que pase esta noche —dijo Matsuno, guiñándole un ojo a su amigo.
—No te preocupes, puedes decirle a tu pareja; además, si tú se lo pides, guardará el secreto hasta que hable con Mikey. ¿Verdad? —lo vio asentir y eso le dio tranquilidad—. Gracias, Chifuyu. Gracias por ayudarme.
—Para eso somos los amigos.
El mesero llegó con el desayuno, ambos comieron en silencio disfrutando de la deliciosa comida. El tiempo pasó volando entre tazas de café y conversaciones agradables.
Matsuno se sentía muy emocionado, quería que su amigo fuera feliz, así como lo era él y los demás. Había pasado muchos años desde que se conocieron, ya no eran los típico adolescentes que pasaban la tarde jugando o haciéndose bromas, ya eran unos hombres. Cada uno había tomado su camino, pero su amistad era invaluable, por eso cada integrante de su grupo se alegraba por la felicidad de otro. Chifuyu estaba seguro que todos se complacerían cuando se enteraran de la unión entre Sano y Hanagaki.
Salieron de la cafetería. Recorrieron despacio las calles de la ciudad, hasta que, llegaron a la tienda de mascotas que tenía Matsuno con su pareja. Chifuyu invitó a su mejor amigo a pasar, quería mostrarle los nuevos gatitos que les habían enviado; así que, Takemichi aceptó contento.
Al ingresar se encontraron con Baji, quien estaba jugando con un pequeño cachorro.
—Buenos días, Baji —saludó el ojiazul a la pareja de su confidente.
—Buenos días, Takemichi. Qué bueno que entraste, así me podrás explicar, ¿por qué sacaste a Chifuyu tan temprano de nuestro hogar? —inquirió arqueando una ceja.
—Bueno yo…
—Baji —susurró Matsuno. El azabache vio a su pareja y relajó el semblante—, Take me invitó a desayunar porque quería darme una noticia. ¿Se la dices tú o se la digo yo?
Se hizo un silencio sepulcral, Baji estaba esperando con los brazos cruzados sobre su pecho; Takemichi tenía las mejillas sonrojadas y la mirada fija en el suelo; y Chifuyu miraba de un lado a otro; así que, suspiró, antes de acercarse a su amigo para darle un codazo en las costillas. Hanagaki reaccionó, levantó la mirada y la clavó en los ojos de Keisuke, inhaló aire, sintiendo como sus pulmones se llenaban de oxígeno, exhaló y se armó de valor para contarle a su amigo su decisión.
—Le pedí a Chifuyu que me acompañara a desayunar porque quería contarle que decidí vivir con Mikey —expresó, seguro, sintiéndose orgulloso de él mismo por no dudar de sus palabras—. Disculpa por sacarlo tan temprano de su casa.
—Takemichi —esbozó el azabache, con el ceño levemente fruncido. Hanagaki lo observó, su mirada era intimidante y lo hacía sentir un poco nervioso. Baji notó el cambio en su amigo y repentinamente se comenzó a reír—. Me alegro mucho por ti. Ya era hora que aceptarás la propuesta de Mikey, ustedes dos son los únicos que no viven juntos, eso ya me estaban preocupando —masculló entre risas.
Takemichi suspiró aliviado, por un momento pensó que la noticia no le había agradado, luego recordó que eso sería imposible pues Keisuke era uno de los mejores amigos de su pareja.
Baji tenía razón, de todos sus amigos que estaban en una relación ellos dos eran los únicos que no vivían juntos. Draken y Emma se unieron hace dos años, Kokōnoi e Inui tomaron la decisión hace seis meses, ellos llevaban más de un año, solo faltaba Sano y Hanagaki.
El azabache se acercó hasta su amigo y lo abrazó por encima de los hombros, le sonrió, felicitándolo sinceramente. Le palmeó la espalda antes de separarse de él y acercarse hasta su pareja. Takemichi los observó y una sonrisa se dibujó en sus labios, sus dos amigos se veían con tanta devoción y amor que sintió unas terribles ganas de llorar, pero no de dolor sino de felicidad al contemplar la conexión tan genuina que tenían sus compañeros.
»—Takemichi, por favor, no vayas a llorar —dijo Baji, mientras abrazaba a Chifuyu por la espalda—. Es un día para celebrar, solo por hoy, deja de ser un héroe llorón.
—Baji, no seas así —musitó Matsuno con ternura. Llevó la mano hasta la mejilla de su pareja y la masajeó con delicadeza—. Sabes que la naturaleza de Take es la de llorar por todo.
—Tienes razón y ese lado sensible es lo que tanto ama Mikey. Te sacaste la lotería, Takemichi —comentó Keisuke con una enorme sonrisa.
—Gra-gracias Baji, gracias a los dos —murmuró limpiándose las pequeñas lágrimas que habían rodado sin permiso por su rostro—. Contar con su apoyo es muy importante para nosotros dos.
—Ese siempre lo vas a tener, mejor amigo. —Chifuyu estiró el puño para chocarlo con el de su compañero—. Ven, te voy a enseñar los gatitos que nos acaban de llegar.
Hanagaki asintió, comenzó a caminar por la tienda para darles un momento de privacidad a sus amigos. De reojo observó a Matsuno darle un apasionado beso en los labios a su pareja, sin querer sus mejillas comenzaron a sonrojarse, ¿así se veían él y Mikey cuando se besaban? Sacudió la cabeza y siguió su recorrido. Debía relajar su mente y prepararse para la noche, ese día marcaría un antes y un después en su vida.
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La luna alumbraba la oscuridad del firmamento con su majestuoso brillo.
En la soledad de un departamento, se encontraba un hombre de mirada profunda y preciosos ojos negros, preparando la cena. El joven había pasado todo el día en el trabajo. Manjirō Sano era un maestro de artes marciales, él se encargaba de entrenar a niños y adolescentes en el dojo que tenía su familia. Era un muchacho serio, pero noble, al que le gustaba mucho compartir sus habilidades con los demás.
Esa noche había invitado a su pareja a mirar una película con él antes de dormir. Lo que no esperaba era que su novio le saliera con la noticia que le tenía una sorpresa preparada. Él era un joven muy curioso, podía leer a todos con la mirada. Hanagaki siempre había sido una hoja en blanco ante su presencia, por eso entendió cuando este no quiso llegar al dojo a recogerlo después del trabajo, sino que le pidió reunirse con él, hasta que, estuviera en el departamento. Sonrió al recordar lo nervioso que se escuchaba diciéndole todo eso por teléfono. Observó el reloj y se dio cuenta que faltaba poco para la hora que habían acordado, suspiró y siguió con su labor.
Dejó la pizza cocinándose en el horno, tomó un tazón y lo llenó con snacks salados que terminó bañando con queso derretido, colocó las palomitas de maíz en una fuente y finalmente sacó una botella de vino tinto que tenía en su reserva. Caminó hasta la sala, encendió el televisor y programó la plataforma que usarían para ver la cinta. Todo estaba listo, lo único que faltaba era que Takemichi llegara a su hogar.
Mikey corrió hasta la cocina cuando escuchó su celular sonar. Su novio había llegado, se lo había informado por un WhatsApp. Guardó el aparato y esperó pacientemente a que él tocara la puerta para dejarlo ingresar.
—Buenas noches, Mikey. —Entró al departamento y abrazó a su pareja—. ¿Cómo estás?
—Muy bien, Takemichi. Feliz de verte —murmuró en el oído de su novio—. Y tú, ¿cómo estás? ¿Tuviste un día interesante?
—M-muy bien; bueno, por la mañana fui a… —sacudió un poco la cabeza antes de seguir, todavía no era el momento para contarle—. Por la mañana fui a correr y por la tarde al trabajo, nada fuera de lo normal.
—Interesante, no sabía que ahora querías hacer deporte —espetó con sarcasmo. Hanagaki era malo con las mentiras, pero Sano le seguiría la corriente hasta que su chico le contara por qué le estaba mintiendo—. Deberías decirle a Emma cuando vuelva de su viaje que vaya contigo. No sé si te comenté, pero desde hace un tiempo quiere salir a caminar por las mañanas, le haría bien tu compañía, ¿no lo crees?
—A-así, le diré cuando vuelva —balbuceó al sonreírle.
Mikey lo observó mientras lo tenía abrazado, le daba ternura ver su rostro teñido por el color carmesí de sus mejillas, parecía un pequeño intentando disimular su falacia. Sano le acarició el cabello, llevó la nariz hasta el cuello de su novio para aspirar de su delicioso aroma.
—Ya quiero disfrutar los resultados de tu entrenamiento —susurró antes de depositar un apasionado beso en el cuello de su pareja—. ¿Por qué vas a mostrarme, cierto?
—Cla-claro, eso es para ti —musitó al disfrutar de las sensaciones que le provocaban las caricias de su amado.
—Voy a esperarlo muy ansioso. Deseo que mis manos recorran todo tu cuerpo y se deleiten con esas nuevas marcas en tu abdomen.
Cada palabra que salía de los labios de Mikey estaba cargada de tanta pasión que Takemichi pensó desfallecer entre tus brazos. Ese hombre tenía la capacidad de hacerlo perder la razón con una sola caricia. Deseaba tanto entregarse a la pasión que sentía que si no lo detenía, iba a mandar por un tubo la idea de hablar con él esa noche sobre su futuro. Ya habría tiempo después para amarse.
—M-mikey…
—Dime —murmuró con la voz más sensual que Takemichi había escuchado—. ¿Quieres decirme algo?
—Yo solo quiero, ¡ah! —Un gemido se escapó de sus labios cuando las fuertes manos de Sano recorrieron por las hebras de su cabello—. Mikey, yo…
—No digas nada —suplicó—. Solo déjate llevar.
Eso fue lo último que dijo antes de unir los labios a los de su pareja, su boca era tan dulce que nunca se cansaría de saborearla. Mikey quería más, necesitaba más, con firmeza pegó el cuerpo de Hanagaki contra la puerta, bajó las manos hasta sus muslos y con fuerza los agarró haciendo que Takemichi enrollara las piernas alrededor de su cintura. Lo escuchó murmurar su nombre y eso lo enloqueció, el ojiazul despertaba en él un instinto animal, muy difícil de controlar. Con rudeza se apoderó de sus labios, introduciendo la lengua hasta el fondo de la cavidad bucal de su amante. Empezó a sentir que la ropa le quemaba, con cuidado y sin dejar de besar a Takemichi fue desabrochando el pantalón de su pareja, estaba a punto de introducir la mano en la intimidad de este cuando un fuerte sonido lo terminó sacando de su nebulosa.
En la cocina un condenado reloj anunciaba que la pizza ya estaba lista. Mikey quería mandar al diablo la comida, el horno y todo lo que se entrometiera en su apasionado momento. Estaba por maldecir a todos cuando los labios de Takemichi le rozaron la mejilla.
—Creo que la comida ya está lista —comentó con una sonrisa—. Si no vamos a sacar lo que creo tienes en el horno, terminaremos comiendo pizza quemada, y debo decirte que eso, no está entre mis planes.
—Maldito horno —esbozó con rabia, mientras su novio, que aún permanecía aferrado a su anatomía, reía con más fuerza—. Lo más hermoso de mi noche es verte sonreír.
—Y lo más hermoso de la mía eres tú —expresó Hanagaki con ternura—. Deberíamos darnos prisa o los vecinos llamarán a los bomberos.
—Tienes razón, vamos.
Caminaron juntos hasta la cocina, Takemichi observó a su pareja y pensó que de ahora en adelante así podrían ser sus días, llenos de pasión, romance, comedia, un poco de caos y amor, mucho amor. Suspiró y se acercó hasta Sano para ayudarlo con la comida, lo mejor sería que disfrutarán de la pizza antes de ponerse a conversar, además moría de hambre y la cena se veía deliciosa.
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Las horas habían pasado y la película estaba por terminar, ambos eran amantes del género de acción, siempre que podían disfrutaban de una buena serie o novela de pandilleros.
La pareja se encontraba tendida en el sofá, Mikey estaba sentado y sobre sus piernas descansaba la cabeza de Takemichi. Los dos habían comido hasta saciarse, devorando todo lo que Sano había preparado.
—La película estuvo genial, ¿no te parece? —preguntó el ojiazul mientras veía de reojo a su novio.
—Sí, lo estuvo, aunque lo que más disfruté es la compañía —susurró, acariciando con la yema de los dedos las ruborizadas mejillas de su pareja—. Takemichi, y, ¿mi sorpresa?
—Mikey, bueno, yo… —se levantó del regazo de Sano y se sentó, dejando los ojos fijos en la mirada azabache—. No sé si lo que te diré será una sorpresa, pero es muy importante para mí, mejor dicho, para los dos.
—Lo sabía, tú no sabes mentir —dijo, cuando le dio un toque con los dedos en la nariz—. Desde la tarde sentía algo extraño en ti; algo que se confirmó cuando llegaste. Ese cuento que saliste a correr por la mañana es una mentira, ¿cierto?
Takemichi bajó la mirada, se suponía que él le había dicho a Mikey que le daría una sorpresa, quizá él esperaba algo significativo, como un obsequio o algo parecido, pero no era eso, lo que debía comunicarle era su decisión; al parecer había utilizado las palabras incorrectas. Suspiró y comenzó a jugar con sus dedos, era un desastre, toda la seguridad que sintió por la mañana se fue al carajo por su falta de tacto al hablar.
»—Take… mírame, por favor —suplicó Mikey con su dulce voz, esa que solo Hanagaki tenía la oportunidad de escuchar—. Lo que sea que me vayas a decir, me va a sorprender, eso lo tengo claro. Vamos, habla ya, por favor.
—Mikey —pronunció el nombre de su amado con ternura, levantó la mirada y la volvió a clavar en los orbes negros de su novio—. Quiero decirte que he pensado mucho lo que me propusiste, sobre que tú y yo viviéramos juntos. —Tenía toda la atención de su compañero; así que, prosiguió—. Tienes razón te mentí, jamás salí a correr, por la mañana fui a desayunar con Chifuyu. Le pedí que nos reuniéramos porque necesitaba su consejo para la decisión que tomé.
—Ya veo —susurró con calma—. Y, ¿cuál fue la conclusión a la que llegaste?
—Manjirō Sano. —Tomó las manos de su pareja y entrelazo sus dedos con los suyos—. Quiero decirte que eres el amor de mi vida, mi complemento, la única persona que me acepta tal y como soy, que ama mis defectos y celebra mis virtudes. Mi alma gemela…
Mikey suspiró, al notar el brillo en los ojos azules de Hanagaki, unido a unas pequeñas lágrimas que caían de sus párpados a medida que iba hablando. Esas palabras que le estaba expresando eran las más hermosas que alguna vez pensó escuchar en la vida. Apretó más las manos de su novio, brindándole con ese gesto seguridad para que siguiera hablando.
»—Mikey quiero vivir muchas experiencias a tu lado, por eso he decidido que acepto tu propuesta. ¡Vivamos juntos! —exclamó, feliz, con una sonrisa enorme que invadía todo su rostro.
Sano se quedó sin palabras, si esa no era una sorpresa no sabía que podría serlo. Él se esperaba otra cosa, quizá alguna anécdota con los chicos que él no sabía o alguna propuesta de un nuevo trabajo, cualquier cosa, pero nunca eso, no es que no estuviera feliz, lo estaba y mucho, solo que pensó que Takemichi se llevaría más tiempo en decidir, sabía que ese era un gran paso, por eso no quería presionarlo. Que llegara con esa excelente noticia en tan corto tiempo, lo hacía sentirse con el corazón arrugado de la felicidad. Todo lo que quería era tener a su lado al amor de su vida, a su alma gemela.
—Ta-takemichi —balbuceó su nombre, cuando sintió que una pequeña lágrima salía de sus ojos sin haberle pedido permiso—. Esto no me lo esperaba, esta sí es una maravillosa sorpresa —expresó con todo el amor que albergaba en su pecho—. Ven acá.
Mikey jaló con delicadeza el cuerpo de su pareja hasta dejar el pecho pegado al suyo, lo rodeó por la cintura con sus fuertes manos y enterró la nariz en su cuello. Quería impregnarse de su olor, ese que lo embriagaría de ahora en adelante, desde la noche hasta el amanecer. Aspiró su dulce aroma y con la nariz comenzó a acariciar la zona. Takemichi suspiró, llevó las manos hasta el cabello de su novio y enterró las yemas de los dedos en las hebras rubias, su cuerpo estaba reaccionando a las delicadas caricias que Sano le estaba provocando.
»—Vamos a la habitación, a nuestra habitación —susurró en el oído de su novio, viéndolo asentir mientras le besaba el lóbulo de la oreja.
Mikey se puso de pie, le extendió la mano a Takemichi y cuando este la tomó lo levantó, haciendo que el ojiazul enrollara las piernas en su cintura, lentamente caminó con él hasta la alcoba, encendió la luz, dejándose caer los dos sobre la cama.
Sin esperar más comenzaron a besarse, sus bocas se estaban pidiendo a gritos, así como sus lenguas que danzaban la una con la otra cada vez que se encontraban. Siguieron besándose, deleitándose de sus dulces sabores mientras sus manos se acariciaban por todo el cuerpo. Tocarse por encima de la ropa ya no era suficiente, querían más, necesitaban más.
Con total agilidad, Sano desvistió a su amante, dejándolo solamente en ropa interior. Takemichi era más sutil, le gustaba torturar a su pareja haciendo todo más despacio, sin prisa. Con cuidado iba sacando cada una de las prendas que llevaba puestas su novio. Mikey sentía que iba a enloquecer, esas manos recorriéndole la piel lo estaban matando, sin poder esperar más se arrancó la camisa haciendo que los botones salieran volando, escuchó a Hanagaki reír por su acción, ya que él se encontraba en ese momento quitándole el pantalón.
»—Me quiere matar —susurró con la voz entrecortada al sentir las manos de Takemichi recorrerle la espalda.
—Solo de placer —musitó cerca de los labios de su pareja.
Sano no esperó más, cerró la poca distancia que les quedaba estampando los labios contra los de su novio. Lentamente fue bajando hasta instalarse en el cuello, lo lamió y se saboreó, le excitaba tanto escuchar su nombre entre los gemidos que salían de los labios de su pareja. Sin perder el tiempo siguió recorriendo su anatomía, hasta llevar la mano a la palpable virilidad de Takemichi. Bajó la prenda y tomó entre sus dedos el miembro del ojiazul, levantó la mirada del cuello y lo observó retorcerse de placer cuando él apretaba la mano en su sexo, recorriéndolo de arriba hacia abajo.
Hanagaki estaba perdido, Mikey sabía cómo hacerlo alcanzar las estrellas. En un movimiento en el que Sano liberó el agarre de su hombría, aprovechó para invertir los papeles, tumbó a su pareja sobre la cama y él se posicionó encima de su cuerpo. Con sus labios comenzó a recorrer por su pecho, besando y lamiendo todo su torso. Mikey se retorcía entre las sábanas a medida que las caricias de Takemichi se intensificaban.
Llegó con la boca hasta la única prenda que lo separaba del miembro de su pareja, con cuidado y encargándose de tocarle los muslos lo fue retirando. Se mojó los labios cuando la predominante erección de Sano quedó expuesta, ¡por Dios, nunca se cansaría de disfrutarlo! Con la punta de la lengua rozó la cabeza del órgano antes de enterrar la boca en toda su hombría. Lo escuchó gritar y eso lo impulsó a seguir con las lamidas. Sintió las manos de su novio sobre su cabeza haciéndolo que se enterrara más alrededor de su sexo.
Mikey creyó que iba a explotar, la mandíbula de Takemichi se acoplaba a la perfección a miembro, haciéndole perder la cordura cada vez que la lengua le tocaba su zona erógena. Estaba tan excitado, que lo único que quería era fundirse en su amante para lograr juntos alcanzar el cielo. Con sutileza, quitó las manos de la cabeza de Hanagaki, él levantó la mirada y llevó su boca hasta los labios de su amado para besarlo con pasión. Sano aprovechó ese ardiente beso para levantar la espalda de la cama, con su pareja encima sin romper el beso, llevó el cuerpo hasta la orilla de su lecho, acarició la espalda de su novio hasta llegar a su trasero, con cuidado y mucha delicadeza frotó la zona, haciendo pequeños círculos en su entrada.
El maestro de artes marciales ya no podía más, necesitaba entrar en él. Sin dejar sus labios lo levantó por la cintura y de un solo movimiento enterró su miembro en la anatomía de Takemichi. Lo escuchó gritar de placer a medida que sus embestidas iban aumentando. Hanagaki brincaba de arriba a abajo sobre el muy erecto sexo de Sano mientras jadeaba su nombre. Los dos estaban sucumbidos en sus emociones, perdidos entre las caricias del otro, dejándose amar hasta el borde de la locura.
Mikey apretó con fuerza el miembro de Takemichi cuando clímax estaba por llegar.
Hanagaki arqueó la espalda cuando las caricias de su pareja lo hicieron terminar. Sano lo embistió con fuerza una vez más, logrando liberar el orgasmo dentro de él.
Los dos cayeron tendidos sobre la cama, esa sin duda alguna, había sido la mejor manera de iniciar una vida juntos.
—Takemichi —susurró con la voz entrecortada—, te prometo cuidarte y protegerte, pero sobre todo, te prometo amarte y hacerte inmensamente feliz.
—Mikey —musitó con dulzura—, estar así, entre tus brazos es todo lo que necesito para ser feliz.
—Te amo, mi héroe llorón.
—Te amo, mi alma gemela, gracias por dejarme amarte.
Con esas palabras y ese amor que se profesaban se dejaron llevar al mundo de los sueños, un mundo que era real para ellos, pues todo lo que alguna vez desearon estaba ahí, descansando entre sus brazos.
Fin.
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Hola.
¿Cómo han estado?
Bueno qué les diré, nada más que esta es una nueva faceta en la que estoy incursionando con mis historias. Debo confesar que estoy completamente enamorada de este manga-anime. En especial del personaje de Mikey y Takemichi, y la pareja MaiTake.
He llorado tanto con esta obra de arte, que necesitaba escribirles algo lleno de amor y pasión a mis bebés. Se lo merecían. Además, quería hacer mención a las otras parejas que tienen ganado mi corazón.
Espero puedan disfrutar esta pequeña historia tanto como yo.
Especialmente, deseo que la disfrutes tú, mi reina preciosa, a quien dedico este One-Shot. Ya que fue ella la que me trajo a este maravilloso mundo llamado «Tokyo Revengers». Y es quien me inspira y llena de amor con las joyas que escribe para esta hermosa pareja. Te adoro con mi alma, Temari05Nara.
Pronto nos seguiremos leyendo.
Con amor.
GabyJA.