Capítulo único ♡

—Cuentan que hace muchísimos años se reunieron algunos sentimientos y cualidades del ser humano —El señor Kim comenzó a pasearse por el aula de clases, con las manos en su espalda, aprovechando que todos los alumnos tenían la atención en él —Cuando el Aburrimiento bostezó por tercera vez, la Locura propuso: “¡Vamos a jugar a las escondidas!” La Intriga se levantó extrañada y la Curiosidad, sin poder contenerse preguntó: “¿A las escondidas?, ¿Y eso cómo es?“. “Es un juego en donde yo me tapo la cara y comienzo a contar desde el uno al cien, mientras ustedes se esconden. Cuando termine de contar los buscaré hasta que los encuentre”, explicó la Locura. El Entusiasmo bailó contento y la Alegría dio tantos saltos que terminó de convencer a la Duda e incluso a la Indiferencia, a la que nunca le interesaba nada. Pero no todos quisieron participar. La Verdad prefirió no esconderse. ¿Para qué, si siempre la encontraban? La Soberbia pensó que era un juego muy tonto pero, lo que le molestaba era que la idea no había salido de ella. Y la Cobardía prefirió no arriesgarse. La Locura rápidamente comenzó a contar. La primera en esconderse fue la Pereza que, como siempre se dejó caer en la primera piedra que encontró. La Envidia se fue detrás del Triunfo, quién con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto. La Generosidad casi no alcanzaba a esconderse, pues cada sitio le parecía maravilloso para alguno de sus amigos y se los cedía. Por fin, después de pensar primero en todos, terminó ocultándose en un rayito de sol. El Egoísmo en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio, sólo para él. La Mentira se escondió detrás de un arcoíris y la Pasión y el Deseo entre unos volcanes. Cuando la Locura ya casi terminaba de contar, el Amor aún no había encontrado un sitio para esconderse, pues todo ya estaba ocupado. Hasta que al fin vio un rosal y decidió esconderse entre sus flores. “¡Cien!“, dijo la Locura y comenzó a buscar... La primera en aparecer fue la Pereza, que estaba solo a tres pasos. A la Pasión y el Deseo los sintió en el vibrar de los volcanes. En un descuido encontró a la Envidia y claro, también al Triunfo. Al Egoísmo no tuvo que ni buscarlo, pues él solito salió de su escondite, que resultó ser un nido de avispas. La Locura, de tanto caminar, sintió sed y al acercarse al lago, descubrió a la Belleza. Encontrar a la Duda fue mucho más fácil, ya que la halló sentada aún sin poder decidir a dónde se iba a esconder. Así fue encontrando a todos. Pero solo el Amor no aparecía por ningún lado. Entonces, buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyo de la tierra, en las cimas de las montañas y, cuando estaba por darse por vencida, vio el rosal. Tomó una pequeña vara y comenzó a mover fuertemente las ramas. De pronto, escuchó un doloroso grito, porque las espinas habían herido los ojos del Amor. La Locura no sabía qué hacer para disculparse, así que lloró, rogó, imploró, pidió perdón y hasta prometió acompañarlo para siempre. Desde entonces, se dice que el Amor es ciego y va guiado siempre por la Locura.
JiHoon miró a WonWoo, con una ceja alzada y cruzó los brazos. No sabía realmente qué hacía allí, él sólo había pasado a buscar a su mejor amigo pero éste lo obligó a entrar a su salón de clases.
Ni siquiera estudiaba psicología.
—Nos vemos la próxima semana chicos —Dijo el profesor después de recibir aplausos de los estudiantes —Que tengan un buen día.
—¿Me dices que tiene qué ver el complejo de Edipo de Sigmund Freud con lo que acaba de contar tu profesor? —Preguntó JiHoon colgándose la mochila en sus hombros.
—¿El amor? —Dijo no muy seguro, JiHoon hizo una mueca y él lo imitó —Un amor muy diferente, demasiado diferente, está bien, no tiene relación —Admitió soltando una risita mientras salían del aula de clases —El señor Kim siempre sale con temas así al final de sus presentaciones, es divertido.
—¿Les habla sobre el amor?
—Generalmente, hoy en día la mayoría de las personas tenemos un concepto erróneo, lo hemos distorsionado a través del tiempo —Explicó WonWoo mientras caminaban por el campus —Se mide en que sí te contesta rápido un mensaje, cuántas veces te llama al día o si sube fotos contigo a sus redes sociales. Es triste pero nos conformamos con eso, nos sentimos amados con actos superficiales.
—Si lo dices de esa manera se escucha horrible —Dijo JiHoon dejando que los rayos solares tocaran su blanquecina piel —Y menos ganas me dan de enamorarme.
—Siempre encuentras una excusa para no hacerlo —WonWoo negó con la cabeza, sonriendo —Evadiendo a los chicos que te invitan a salir.
—Es por el concepto erróneo que hay en hoy día con el amor —Habló divertido, repitiendo las palabras de su amigo —No volveré a dejar que jueguen conmigo —Su semblante cambió y WonWoo lo notó.
—Pensé que ya habías superado lo de SoonYoung —Dijo en voz baja —Han pasado dos años desde entonces.
—No quisiera volver a pasar por algo así.
—No todos los amores son iguales y no debes cerrarte a la posibilidad de conocer a alguien más —Opinó el azabache acomodándose los anteojos —Quizás algún día te cruces con ese amor tan bonito que te mereces y por temor no lo notarás.
En el instituto JiHoon se enamoró profundamente de SoonYoung, un chico asombroso en el baile robó su corazón.
Los primeros meses fueron un verdadero sueño, era una relación sana pero se volvió una tortura cuando los celos lo arruinaron, SoonYoung le revisaba el móvil, lo llamaba y le pedía que le enviase la ubicación para saber dónde se encontraba, alejó a sus amigos y al principio JiHoon lo aceptaba, hasta lo encontraba dulce al demostrarle lo mucho que lo amaba, el día que intentó tener relaciones a la fuerza fue cuando abrió los ojos y se encontró solo, se había alejado hasta de sus padres para luego enterarse de que SoonYoung estaba saliendo con otro chico.
Inevitablemente aquel suceso lo hizo cambiar su pensamiento en muchos aspectos, cómo evitar enamorarse, o darse la oportunidad de que eso sucediera, varios chicos de la universidad le habían pedido salir pero siempre se negó.
—Tienes mi perfume en tu piel —MinGyu deslizó su nariz por el cuello de WonWoo haciéndolo reír cuando llegaron a la cafetería y se lo encontraron.
JiHoon hizo una mueca de desagrado —No hagan eso, por favor, es incómodo saber que tuvieron sexo anoche.
—¿Cómo sabes que tuvimos sexo? —Preguntó MinGyu rodeando la cintura del azabache aprovechando de que estaba sentado en sus muslos.
—WonWoo ha estado sonriendo toda la mañana —Respondió JiHoon rodando los ojos —Eso no ocurre todos los días.
—Hacía falta —MinGyu enseñó sus colmillos —Y no lo pude evitar, ayer usó esos pantalones que tanto me gustan.
—Bien —JiHoon tomó sus cosas —Me largo, escuche suficiente.
—¿Nos reuniremos el próximo viernes? —WonWoo miró al pequeño —JeongHan está de cumpleaños.
—Llevaré los globos —Dijo JiHoon —Y jugo, sólo jugo.
—Nadie beberá alcohol —Aseguró MinGyu tranquilizando al castaño.
JiHoon siempre escuchó que no había familia perfecta, hasta los dieciocho años podía asegurar de que aquello no era cierto pues la suya lo era pero luego las cosas cambiaron, su padre perdió su trabajo, por lo que su mamá comenzó a trabajar lavando y planchando ropa de las vecinas, al comienzo dijeron la típica frase; “Nada cambiará pero deberemos privarnos de ciertas cosas” para JiHoon estaba bien, lo entendía y no le molestaba que no compraran su cereal favorito en el supermercado, que ya no le dieran una mesada o que en navidad solo haya recibido una camisa.
No le molestaba porque su familia seguía siendo la misma y la amaba.
Hasta que su papá perdió la cabeza en el alcohol, nunca supo que ocurrió exactamente con él, cuál fue la razón para creer que los problemas se solucionarían bebiendo.
En el segundo año de música e interpretación perdió a sus padres.
Aquel suceso afectó sus estudios, atrasándose un año.
Lo único que sabía era que su padre había llegado a casa ese día, discutiendo con el mundo, pateando todo lo que se encontrara en su camino, salió con su mamá en el automóvil perdiendo la vida al estrellarse en una bomba de bencina.
El gran apoyo que tuvo fueron sus amigos, no lo había superado, ni jamás lo haría pero debía continuar y no quedarse en el suelo llorando por ellos.
Así que al siguiente año retomó la universidad y comenzó una vida solo, vendió la casa donde vivía con sus padres y pudo comprar un pequeño piso bastante alejado de su casa de estudios por lo que una bicicleta fue la mejor opción para no gastar dinero extra en el transporte público.
Trabajaba a medio tiempo en un restaurante, la propina de mesero, más su sueldo, era lo que le permitía vivir.
Era un chico de veintitrés años, acabando su carrera, con un futuro un poco incierto, pero ya no le temía a nada porque formó una coraza que nadie podía traspasar.
Tiró el vaso de café al tacho de la basura antes de entrar a la biblioteca pública, uno de sus lugares favoritos, aparte de su habitación, normalmente salía de clases y se iba a leer lo que fuese, aunque prefería los libros de misterio y terror.
Saludó a la encargada con una ligera sonrisa para luego entrar al pasillo de literatura de terror pero cuando leyó el cartel de “Romance” sus pies se detuvieron solos, quizás una novela de amor haría que volviera a creer en él.
No debía engañarse, seguiría pensando lo mismo pero tal vez encontraría algo divertido.
Dobló en ese pasillo y comenzó a mirar los libros. Se agachó cuando uno llamó su atención, entonces recibió un golpe en la cabeza, se volteó sobándose con el ceño fruncido encontrando al culpable de su dolor.
Un chico lo había golpeado con los libros que llevaba en las manos, iba junto a un perro de pelaje blanco con orejas cafés, tocó las estanterías siguiendo el camino y se detuvo estirando los brazos para sacar uno de los libros de arriba.
—No creo que este sea un lugar adecuado para sacar a pasear a tu perro —Exclamó JiHoon levantándose, mirando al único chico del pasillo además de él.
—¿Te he golpeado a ti? —El pelinegro se giró hacia JiHoon —Lo siento mucho.
—¿Acaso no me viste? —Dio dos pasos hacia el mayor, apretando sus puños —Y si sales con el estúpido comentario de que soy bajito te mato aquí mismo, ¿Has oído bien?
—He oído bien —Respondió el pelinegro con una divertida sonrisa que solo lograba enojar aún más al menor —No conozco tu estatura pero aunque fueses pequeño no podría hacer tal comentario ya que no puedo verte.
JiHoon se quedó en silencio procesando sus palabras, el chico llevaba a un perro labrador y aunque sus ojos eran odiosamente preciosos no lo miraba directamente, se sintió como un idiota al darse cuenta de su error —¿Es un perro guía?
—Su nombre es Yuko —Respondió el mayor encorvándose, acariciando las orejas del canino —Y el mío es SeungCheol.
—JiHoon —Devolvió el libro en la estantería y se acercó estirando el brazo pero bajó la mano al no recibir respuesta —Lo siento mucho.
—No te preocupes, JiHoon, no tenías como saberlo.
—¿Necesitas ayuda? —Preguntó refiriéndose a los libros.
—Estoy bien, muchas gracias —Respondió SeungCheol presionándolos contra su pecho con una mano y con otra tirando suavemente de la correa del canino —Vamos Yuko.
Vio alejarse al chico de cabello oscuro bajo una linda boina color gris, un suéter de tonos grises y amarillos, cargando un enorme bolso en su hombro, junto a los libros y un perro lazarillo.
Ese día JiHoon llegó a casa, sacó la cena de la nevera que había quedado de ayer, practicó una nueva canción con la guitarra y se quedó dormido en la cama, la cual estaba llena de hojas con anotaciones y con el instrumento encima de él.
Después de la última clase de la tarde cruzó la calle entrando a la biblioteca, parecía que se había vuelto parte de su rutina, todos los días eran iguales y no era que le molestase, ni siquiera había notado que había caído en monotonía, saludó a la mujer del mostrador y apenas entró en un pasillo se encontró con el mismo perro guía de ayer.
—Hola Yuko —Dijo saludando al canino con cariños en su cabeza y cuello.
—¿Del romance al terror? —Preguntó de pronto SeungCheol cuando un dulce aroma a fresas entró por sus fosas nasales, era el mismo chico de ayer. Sus pasos eran delicados, las vibraciones en su oído lo hicieron voltearse.
—¿Demasiado brusco el cambio?
—No, está bien para mí, hay que ir jugando con la lectura —Sonrió, Yuko llegó a su lado rozando su pierna y esas ligeras vibraciones se hicieron más intensas; se había acercado a él.
JiHoon miró de cerca el rostro de SeungCheol, admirando su sonrisa, era como la de un niño pequeño, dulce e inocente, sus largas pestañas le parecieron lindas, en realidad SeungCheol lo era.
Dio un paso hacia adelante y Yuko gruñó.
—Si le pides la pata te la dará —Habló el pelinegro —Le gusta saludar de esa manera a las personas pero debes agacharte para que te vea a los ojos.
—¿Me debe aceptar para que pueda acercarme a ti?
—Algo así, se sentará a mi lado si le agradas y si no es así estará en posición de ataque por si algo llega a ocurrir —Explicó tranquilamente sorprendiendo a JiHoon pero tenía sentido, una persona no vidente corría muchos riesgos.
—Bien —JiHoon suspiró, se agachó mirando al canino y estiró su brazo ofreciéndole la mano, Yuko lo miró a los ojos y en verdad parecía que estaba viendo más allá de su mirada, levantó la pata saludándolo y JiHoon sonrió cuando se sentó junto a su dueño.
—Le has agradado —Sonrió SeungCheol.
—Eres muy lindo —Comentó el menor.
—Espera, ¿Le estás hablando a Yuko?
—Sí —Respondió JiHoon acariciando al perro —A quién más... Oh —Se levantó esbozando una sonrisa y aunque SeungCheol no podía verlo sabía que se había ruborizado —A Yuko.
—Bien —Sonrió nervioso —Sí, es muy lindo.
—¿Cómo lo sabes? —Preguntó ladeando la cabeza, rodó los ojos y negó por su imprudencia pero a SeungCheol no le incomodó.
—No hay perro que no sea lindo —Respondió sin pensarlo demasiado, no lo necesitaba —Aunque no los he visto, puedo percibir su lealtad, amor y pureza.
Hablaron unos pocos minutos, sobre Yuko y algunos libros, SeungCheol se quería quedar más tiempo allí porque JiHoon le parecía interesante pero el menor le dijo que debía volver a casa.
—Joshua —Volvió a la mesa donde estaba su compañero.
—¿Por qué has tardado tanto? —Preguntó el americano y Yuko se subió en la silla que estaba a su lado para que lo acariciara, recibió un lengüetazo en su mejilla que le sacó una sonrisa.
—Mira hacia la puerta y dime cómo es el chico que está saliendo —Pidió SeungCheol tanteando la mesa, buscando la grabadora para no olvidarse de sus características.
Joshua se volteó en la silla —¿Cuál de todos?
—Es bajito, no sé el resto.
—Hmm —Buscó con la mirada —Hay un chico así en el mostrador, está llevando un libro.
—Debe ser él.
—Es lindo —Comunicó Joshua y SeungCheol presionó el botón de la grabadora —De piel pálida y su rostro es muy dulce, ojos pequeños, tiene un lunar debajo de uno de ellos o también puede ser una hormiga lo cual sería muy extraño.
—Joshua —Regañó tratando de no sonreír, lo cual no sirvió.
—Bien, es delgado, su estatura es tierna, oh, espera, ya está saliendo de la biblioteca —Se levantó de la silla, doblando así todo su cuerpo hacia atrás —Está vestido con una camiseta de líneas negras y amarillas, pantalón negro que le llega por encima de los tobillos y vans, sacó un gorro de la mochila y ahora ya no lo veo.
—Gracias —Detuvo la grabación y la guardó dentro de la mochila antes de que Joshua lo notara.
—¿Lo conoces? —Preguntó el americano sentándose derecho.
—Me lo he encontrado aquí ayer y hace un momento —Respondió apretando sus labios, enseñando sus hoyuelos.
—¿Ajá?
—Es agradable —Asintió con la cabeza y movió un bolígrafo encima de los libros —También le agradó a Yuko.
Joshua se quedó en silencio y SeungCheol soltó una leve risa llena de nervios al ser descubierto.
—Tiene una voz muy dulce —Agregó sin dejar de sonreír.
—Y te gusta —Dedujo Joshua con una pizca de picardía.
—No me gusta —Ordenó los libros sobre la mesa y abrió el primero que se le ocurrió, bajó la cabeza a pesar de no poder leerlo, aquel detalle no pasó desapercibido para Joshua —Mejor continuemos estudiando.
Durante los siguientes tres días los encuentros en la biblioteca siguieron, exactamente en el pasillo de literatura romántica, al cuarto día se dirigieron a una de las mesas para estar más cómodos. No había mucha gente a esa hora y pudieron obtener esa tranquilidad que querían para estar solos, sentándose uno junto a otro.
—¿Qué estudias? —Preguntó SeungCheol interesado.
—Música e interpretación —Contestó el menor, dejando la guitarra a un lado de la silla antes de sentarse —¿Y tú?
—Artes, estoy cursando mi último semestre —Respondió SeungCheol dejando a JiHoon algo confundido, o más bien, bastante confundido —Sí, puedo pintar, lo hago desde los cuatro años, solo que cambie las paredes de mi casa por lienzos.
—Es asombroso —Cargó la cabeza en su mano, mirando al mayor —Ahora me dio curiosidad por ver tus obras.
—Cuando quieras.
—Y para estudiar...
—Escribo y leo en braille —Respondió antes de que JiHoon terminara la oración —Ando con la maquina en el bolso para realizar los apuntes en clases aunque no me gusta usarla mucho.
—¿Por qué?
—Tiene un molesto timbre al acabar una línea y no quiero que mis compañeros me odien —Sonrió jugando con los dedos de sus manos encima de la mesa.
—Deberían comprenderlo —Frunció levemente el ceño.
—No todos lo hacen y prefiero evitarme problemas, por eso ando con una grabadora, así hago los apuntes en casa.
Si JiHoon se imaginaba en una situación donde estuviesen molestando a SeungCheol posiblemente enfrentaría a cada uno de esos idiotas. El timbre de su móvil sonó por lo que rápidamente le bajó el volumen.
—Enseguida regreso, saldré a contestar —Se levantó dejando su sudadera en el respaldo de la silla.
SeungCheol asintió con la cabeza y al estar en completo silencio tocó con sus dedos la sudadera del menor, humedeció sus labios y la tomó entre sus manos, llevándola hasta su nariz, inspiró suavemente llenando sus pulmones de ese aroma a fresas que hacía vibrar a su corazón.
El menor guardó el móvil en el bolsillo y se detuvo al levantar la cabeza y ver a SeungCheol, al principio no supo lo que estaba haciendo pero cuando se dio cuenta el corazón casi se le sale del pecho, se veía tan inocente, tan dulce, SeungCheol vivía gracias a sus otros sentidos y esa era una forma de reconocerlo, de no olvidar su aroma.
Se aclaró la garganta y SeungCheol devolvió la sudadera a su lugar, el castaño llegó a la mesa y lo miró con una sonrisa —Mis amigos están organizando una fiesta para este viernes.
El pelinegro asintió.
—¿Te gustaría acompañarme?
Si SeungCheol se ponía a contar las veces que había tenido una cita, no habría ninguna, al igual que las fiestas en su vida, se reunía con Joshua en casa del americano, donde jugaban videojuegos a pesar de que siempre acababa perdiendo, Joshua también tenía una vida y no quería atarlo a él.
Se despidió de Yuko dejándole comida y repitiéndole que se comportara mientras él no estaba, le había dejado la televisión encendida y algunos juguetes para que se divirtiera, no llegaría muy tarde. Entró a la cocina sacando una tarta de la nevera, se colocó el abrigo y tomó bastón que estaba junto a la puerta, estirándolo antes de salir de casa. Un taxi lo esperaba afuera del edificio para llevarlo a la dirección que le había entregado JiHoon.
El menor llegó a las ocho de la noche a casa de JeongHan junto a MinGyu, la fiesta de cumpleaños parecía haber comenzado sin ellos ya que la música estaba a punto de hacer estallar sus oídos, también las luces de colores que se escapaban por las ventanas, abrió la puerta trasera del vehículo tomando una bolsa con globos y botellas de jugo, al darse la media vuelta vio a SeungCheol a lo lejos por la calle, caminando solo, su corazón latió con fuerza al verlo tan desprotegido.
Le entregó la bolsa a MinGyu para que la fuese a dejar adentro y fue hasta donde el mayor —¿Y Yuko?
—Se quedó en casa —Contestó regalándole una sonrisa, ahora se sentía a salvo —Pensé que aquí podría molestar.
—Jamás lo haría —Soltó un largo suspiro que le hizo recuperar la tranquilidad.
—No te preocupes, estoy bien, he llegado completo —Dijo SeungCheol como si hubiese sido capaz de leer la mente del menor.
—Lo tomaré como una oportunidad —Habló el castaño, levantando la cabeza para mirarlo a los ojos. Brillaban más que las estrellas en el cielo.
—¿Oportunidad?
—Sí, para ser tu Yuko —Respondió agradando su sonrisa —Y ese bastón que sostienes.
—Te aburrirás muy rápido.
—No lo creo —Rozó los dedos del pelinegro al pedirle el bastón, SeungCheol se lo entregó y una mano tomó la suya, dándole una grata sorpresa —¿Vamos a la fiesta?
—Sí —Caminó a un lado de JiHoon, no iba detrás lo cual le gustó, durante unos meses Joshua lo había ayudado a cruzar las calles dándole la mano y siempre lo dejaba atrás, para protegerlo, haciéndolo sentir débil de cierta manera, como si fuese un niño chiquito que necesitaba seguridad y el hecho de que JiHoon lo hiciera caminar a su lado, con seguridad, le fascinó.
—Escalón —Habló el menor y SeungCheol sonrió levantando el pie derecho.
—Gracias.
En el marco de la puerta le presentó a MinGyu y al entrar a la casa saludó a sus demás amigos agitando su mano, estaban divirtiéndose y no quería interrumpirlos.
—Estás muy lindo esta noche —SeungCheol colocó las manos en los hombros de JiHoon inclinándose hacia adelante y estuvo a punto de provocarle un infarto, el castaño se encogió en su lugar cuando le susurró al oído debido al volumen de la música.
—¿Eso crees? —Preguntó divertido, levantando los talones para hablarle al oído a SeungCheol, embriagándose con su perfume.
—Sí, demasiado para ser real.
—Ven —Dejó el vaso en la mesa y tomó la mano del mayor arrastrándolo al patio trasero donde todos estaban bailando.
—No sé bailar —Confesó SeungCheol, su cabeza estaba girando y si no fuese porque JiHoon lo tenía tomado de las manos hubiese terminado mareado.
—Solo sigue el ritmo de la música, siéntete libre —Alzó la voz —Puedes mover tus pies.
SeungCheol movió sus pies con timidez, no sabía lo que hacía —Me debo ver ridículo.
—Estoy considerando seriamente en invitarte a un club el fin de semana —Bromeó JiHoon.
Estuvieron bailando más de una hora, SeungCheol se estaba divirtiendo como jamás pensó que lo haría y cerca de la media noche se alejaron de la fiesta para caminar por la ciudad en dirección a la casa del mayor.
En el camino supo que SeungCheol vivía solo y aunque al principio le impresionó logró entender la razón, estaba acostumbrado a vivir en la oscuridad, su olfato y oídos se agudizaron al tener perder otro sentido, conocía su casa a la perfección, era un piso que estaba cerca de la universidad, sabía cuántos pasos debía dar hasta la cocina, donde estaba el cereal, los vasos, la comida de Yuko, cuánto tardaba hasta llegar al dormitorio, cuántos escalones eran para poder llegar a la puerta principal, y no era que los contase, ni siquiera en su mente, conocía los caminos de memoria.
Al igual que en la universidad y en la biblioteca, conocía cada uno de los pasillos, incluso mejor que JiHoon.
También escuchaba los pasos de las personas y por más extraño que sonara podía saber cuál de sus amigos llegaba a su lado, guiándose por su aroma y por cuan intensas eran las vibraciones al caminar.
Le contó que hace más de tres años no vivía con sus padres, y su madre fue la más preocupada por su independencia pero con el paso del tiempo se dio cuenta de que podía hacerlo sin ningún tipo de inconvenientes.
—Llegamos —Anunció JiHoon mirando el edificio, era pequeño, de un lindo color amarillo.
—Gracias por traerme —Metió las manos en los bolsillos de su abrigo.
—Gracias a ti por acompañarme —Sonrió y colocó las manos en los hombros del mayor para besar su mejilla —Buenas noches.
—Buenas noches, JiHoon —Recibió el bastón —Regresa a casa con cuidado por favor.
—¿Cómo sabrás si llegué a salvo?
—Podrías enviarme una nota de voz.
—¿Entonces me das tu número telefónico? —Hace días lo quería y finalmente había encontrado el momento adecuado para pedírselo.
—Para que me envíes la nota —Dijo con una sonrisa traviesa, sacando el móvil de su bolsillo.
—Oh, claro —Anotó el número en la agenda y devolvió el móvil —Y quizás alguna llamada si extraño escuchar tu voz.
—No me molestaría dormir escuchándote —Buscó la mano de JiHoon y tomó sus dedos.
—Buenas noches —Se alejó estirando el brazo, no querían soltarse, sonrió y caminó unos cuantos pasos de espalda, mirando a SeungCheol.
—Nos vemos —Se quedó quieto en el mismo lugar.
—Deja de mirarme el trasero —Sonrió al ver a SeungCheol reír.
Cada día JiHoon se convencía de que SeungCheol era un chico excepcional y poco a poco, sin darse cuenta se fue enamorando de las horas que pasaban juntos en la biblioteca, de sus conversaciones que podían comenzar en arte y terminar en recuerdos de la infancia, en sus comidas favoritas o en divertidos debates sobre criaturas mitológicas, se fue enamorando de su risa, de sus sueños, de sus pasatiempos, de sus silencios, de sus manos cuando rozaban las suyas, de sus suspiros, de su concentración al leer, de su cabello, de sus sonrisas, de su valentía y alegría.
Se fue enamorando de SeungCheol.
—Es imposible, no puedo hacerlo —Se quejó JiHoon echándose hacia atrás en la silla, dándose por vencido.
—Es fácil —SeungCheol tocó con sus dedos la hoja de papel leyendo en braille —Se caracteriza por su entrega a la imaginación y la subjetividad, su libertad de pensamiento y expresión y su idealización de la naturaleza.
—¿Cómo sé que realmente dice eso?
—Tendrás que confiar en mí —Se encogió de hombros —Dame tu mano.
JiHoon podía palpar las letras en braille pero miró hacia un lado, observando el rostro relajado de SeungCheol al leer, estaba tan cerca de él, podía ver sus lunares y quería más tiempo para contar sus largas pestañas.
—Su libertad de pensamiento y expresión y su idealización de la naturaleza —Terminó la oración y soltó la mano del menor —¿Lo ves? No es tan difícil.
—No, no lo es —Respondió embobado, mirándolo con una sonrisa de enamorado.
—¿Has logrado entender? —Preguntó SeungCheol.
—Sí.
—Sigue leyendo.
—Su libertad de pensamiento y expresión y su idealización de la naturaleza —Repitió sin dejar de mirarlo.
—Eso es lo que yo acabo de leer —Sonrió enseñando sus dientes y JiHoon cerró los ojos por lo lindo que era.
—Creo que necesito ayuda para hacerlo.
—Dame tu mano —Pidió nuevamente y al tomarlas no pudo evitar frotarlas con las suyas para luego llevarlas hacia su boca y soplarlas dándoles calor —Están muy frías, tengo unos guantes en el bolso, si quieres te los puedo pasar.
—Por favor.
SeungCheol se giró buscando su bolso, sacó los guantes y tomó las manos de JiHoon, colocándolos con cuidado —Ahora tú tendrás que soplar en mis manos o acabaré congelado.
—Bien —La idea le gustaba.
Salieron a almorzar y cada uno se dirigió a los salones de clases correspondientes, al terminar con sus horarios volvieron a la biblioteca, encontrándose en su lugar favorito, era de ellos, una esquina solitaria rodeada de libros, con una ventana en frente.
—Tengo algo para ti —JiHoon sacó una hoja de su mochila y la dejó sobre el libro que leía SeungCheol.
—¿Me estás invitando al cine? —Preguntó después de leer lo que estaba escrito en la hoja.
—Sí, ha salido una película que quiero ver... —Se detuvo al escucharse cayendo en cuenta sobre su propuesta —Oh por Dios, lo siento, soy un tonto.
—No, no, no te preocupes.
—Estuve tres días escribiéndolo —Llevó las manos hacia su cabeza y desordenó su cabello con frustración —Qué desastre.
—Me gustaría ir contigo —Habló SeungCheol doblando la hoja que le había entregado JiHoon, la guardaría.
—¿De verdad?
—Nunca he ido a uno.
El día miércoles por la tarde JiHoon tomó la mano de SeungCheol caminando por la oscuridad y silencio de la sala de cine, buscando sus asientos, al encontrarlos le entregó la gaseosa y él sujetó las palomitas de maíz que compartirían.
La película comenzó y sus manos se encontraron en los primeros segundos de la cinta, JiHoon tomó la palomita y la llevó hasta los labios del mayor.
—¿Qué pasó? —Preguntó SeungCheol cuando escuchó las risas de los demás.
JiHoon se inclinó hacia un lado acercándose al oído del pelinegro —El asesino enterró el cuchillo en el pecho de la chica y al sacarlo salió con un implante de silicona.
En un momento de la película JiHoon apoyó la cabeza en el hombro de SeungCheol susurrándole todo lo que estaba viendo, convirtiéndose en sus ojos.
El fin de semana después de que JiHoon fuese con WonWoo a la lavandería decidió caminar por el centro de la ciudad mirando las vitrinas de las librerías, y en unos milésimos segundos su rostro se iluminó al ver a SeungCheol caminando en dirección contraria, hacia él, se apresuró en darle un beso en la mejilla, sin darse cuenta de que lo había dejado en la comisura de la boca del pelinegro, sus mejillas se sonrojaron y SeungCheol sonrió como si hubiese sido bendecido por los labios del menor.
—¿Has venido solo?
—Aquí venden un café muy bueno pero no me dejan entrar con Yuko, lo he dejado en casa —Respondió SeungCheol —Esto lo hago una vez al mes, es como un placer culposo.
—¿Te puedo acompañar?
SeungCheol tenía razón, el café era exquisito y el ambiente muy tranquilo, se sentaron cerca de las ventanas con las cortinas de terciopelo, escuchando la suave música, sin querer miró la libreta del pelinegro que estaba encima de la mesa y ladeó la cabeza al ver escrito su nombre en las hojas que sobresalían de ella.
—¿Y cómo van las cosas con tu novio? —Preguntó SeungCheol.
—¿Novio?
—Sí, MinGyu.
—Nosotros no somos novios —Tomó la taza de café y bebió otro sorbo —Él está con mi mejor amigo, se llama WonWoo, no te lo pude presentar pero le he hablado de ti, te agradará.
—¿Entonces el papel está disponible?
—¿Cómo? —Cuestionó confundido.
—El de la audición para ser tu novio.
JiHoon bajó la mirada y al volver a subirla una sonrisa se dibujó en sus labios —¿Interesado?
—Me gustaría audicionar —Contestó con una risita nerviosa —Ya sabes, sería una nueva experiencia.
—Claro, emocionante.
—Bastante emocionante.
Ese día perdieron la noción del tiempo, solía ocurrir cada vez que estaban juntos, parecía que las manillas del reloj se detenían para ellos.
SeungCheol se detuvo para quitarse el abrigo acomodándolo en los hombros de JiHoon, continuaron caminando mientras anochecía, le concedió la palabra al menor, imaginando el color de cada una de sus emociones mientras las narraba y estaba casi seguro de que podía predecir sus reacciones antes de que las hiciera.
Parecía que a propósito JiHoon ensayaba sus gestos que eran los favoritos para SeungCheol, los sonidos que hacía con sus labios, predecía sus movimientos, como cuando rozó su mano y cuando tocó su hombro.
Le embelesaba la facilidad que tenía para contarle acerca de su vida, de su familia, sus amigos, sus preocupaciones y disgustos, como si se conociesen desde siempre.
Y quizás lo hacían.
De otra vida.
Por otro lado, JiHoon se aprovechaba del humor sencillo de SeungCheol para provocarle risas por cualquier razón, le gustaba ver esa sonrisa que era capaz de arreglar cualquier mal día.
Pero desde que lo conoció ninguno lo era.
Ya en casa, SeungCheol se dirigió a su habitación, entró al cuarto de baño y se desvistió para bañarse antes de dormir, terminó de lavarse el cabello y tocó el vidrio la ducha, acercándose con torpeza para dejar un beso corto en el cristal, separó los labios y volvió a intentarlo, sin saber cómo moverlos, cerró el grifo y soltó un suspiro.
—¿Crees que soy lindo? —SeungCheol le preguntó a Yuko, sentado en el borde de la cama, el perro ladró respondiéndole —Claro que lo piensas, soy quien te alimenta y acaricia tu pancita pero dímelo siendo sincero.
El lazarillo volvió a ladrar.
—¿Y crees que a JiHoon le parezco lindo?
Tal vez se estaba ilusionando demasiado y era peligroso pero quería correr el riesgo, no se echaría para atrás, JiHoon lo había enamorado, su ternura, su compañía, sus risas, sus conversaciones telefónicas por las madrugadas donde ninguno de los dos podía dormir, su personalidad encantadora lo había conquistado.
Con su mano buscó la grabadora encima de la mesita de noche y presionó el botón para reproducir la cinta escuchando la voz de Joshua diciendo algunas de las características físicas de JiHoon, se levantó de la cama lleno de inspiración y tomó un lienzo nuevo para colocarlo en el caballete que estaba en el cuarto que utilizaba para pintar.
A JiHoon le gustaba practicar en la sala de música al terminar las primeras clases de la mañana, podía concentrarse mejor en la soledad pero miró la hora en el reloj de pared y pensó que en treinta minutos más vería a SeungCheol.
—¿Hola?
Una voz masculina y muy conocida lo hizo levantarse dejando la guitarra a un lado en el sofá, una sonrisa se escapó apenas vio al mayor asomándose por la puerta del salón, entrando con timidez —Hola Cheol —Se dirigió a la puerta y lo ayudó a entrar llevándolo al sofá para que se sentara —Cuidado, ven por aquí.
—Pensé que me había equivocado de salón —Admitió apenado —Temía por llegar al edificio de arquitectura.
—Me alegra que no haya pasado, estaba pensando en ti.
—¿En mí? —El sofá se hundió a su lado izquierdo diciéndole hacia dónde debía girarse, la rodilla de JiHoon rozó la suya sin querer, ayudándolo a saber lo cerca que estaba de él.
—¿Te sorprende? —Alzó sus cejas.
—Depende.
—¿De qué?
—¿Qué pensabas?
—En que quería verte —Respondió sinceramente, se sentía cómodo para hacerlo.
—Entonces pensábamos lo mismo porque yo también moría de ganas por verte.
—SeungCheol —Le golpeó suavemente el brazo.
—De estar contigo —Corrigió entre risas —Moría de ganas de estar contigo.
SeungCheol supo que su amor por JiHoon sí podía crecer cuando lo escuchó tocar la guitarra, su voz al cantar era dulce, aún más si es que era posible, y podía jurar que lo estaba mirando al hacerlo e incluso que la canción era para él.
—No lo sientas, no te preocupes, no tengas miedo, no llores más, para mí eres alguien infinitamente precioso.
“Hug” quería sacar la grabadora de su mochila pero sería inútil intentar capturar ese momento en una cinta así que prefirió quedarse allí, escuchándolo cantar, cada nota, cada palabra, cada vez más cerca, más cerca de su corazón.
Había disfrutado uno de los mejores conciertos de toda su vida, uno personal y no muy lejos de la realidad, porque esa canción JiHoon la había escrito pensando en él.
—¿Y siempre has sido así? —Preguntó el castaño, tomando los palillos, los llevó hacia sus dientes delanteros y cuando los separó se los entregó a SeungCheol.
—¿Así cómo? ¿Guapo o ciego?
—Ciego —Dijo soltando una risa.
—Desde que nací —Respondió SeungCheol tomando un poco de la comida que el menor encargó —Llegue al mundo con una atrofia del nervio óptico.
—¿Y estás bien con ello?
—Sí, pero no siempre ha sido así, cuando era adolescente me enojaba con todo el mundo pero logré acostumbrarme, tengo muchas ventajas.
—¿Cómo cuál? —Preguntó con curiosidad.
—Conozco a las personas sin necesidad de verlas.
Era fácil perderse en el aroma de JiHoon, lo estaba haciendo en ese momento donde estaban en la biblioteca, sentados uno junto al otro, apoyando las cabezas sobre la mesa, compartiendo los audífonos del móvil del menor, los latidos de sus corazones iban al ritmo de las muchas canciones que escucharon.
Era día sábado y estaban solos en el lugar, siendo rodeados de libros y pensaban que no podían tener un panorama mejor que ese.
Al reincorporarse en la silla SeungCheol sintió unas manos a los costados de su cabeza que lo hizo girarse hacia JiHoon.
—¿Qué haces?
—Quitándote la venda de los ojos para que logres verme —Respondió JiHoon simulando estar desatando un nudo en la parte posterior de la cabeza del contrario, bajó las manos lentamente tocando las orejas del mayor, llegando hasta sus hombros, sonrió y se giró hacia adelante.
—Quizás esto no te lo pregunten a menudo pero... —Susurró SeungCheol —¿Puedo tocar tu rostro?
—Sí —Respondió en voz baja —Puedes hacerlo.
SeungCheol humedeció sus labios y levantó las manos buscando el rostro del menor, sonrió cuando lo sintió, JiHoon se había inclinado hacia adelante para que lo tocase.
—¿De qué color es tu cabello? —Preguntó atrapándolo entre sus dedos.
—Castaño.
—Es muy suave, también tu rostro, es pequeño, tienes lindas facciones —Con las yemas de sus dedos dibujó cada centímetro de su rostro, imaginándolo y grabándolo en su mente, era precioso, mucho más de lo que había pensado, llegó a sus mejillas y notó unos adorables agujeros en ellas —Dios, tienes hoyuelos.
JiHoon sonrió radiante marcándolos aún más.
—¿Quieres matarme? —Preguntó riendo bajito. Continuó con su nariz y se detuvo en las comisuras de sus labios —¿Puedo?
—Sí —Estaba conteniendo la respiración, SeungCheol tocó sus suaves labios y sonrió —¿Por qué sonríes?
—Quería conocer los labios que estuvieron a punto de besarme el otro día.
—Lo siento —Sus mejillas se encendieron.
—No te disculpes —Llevó sus manos a las mejillas del menor, apretándolas ligeramente antes de bajar sus brazos —Pero debo decir que si lo hubieses hecho probablemente te hubieras llevado una mala experiencia.
—¿Por qué?
—No he practicado mucho mis besos —Confesó haciendo una mueca, sentándose derecho.
—¿Nunca has besado?
—Suena muy trágico cuando lo dicen de esa manera, no he practicado mucho.
JiHoon quiso morir de ternura en ese instante por la reacción de SeungCheol y el hecho de que sacara un libro cualquiera de su mochila para leerlo acabó por derretirlo, no quería imaginar cómo sería besarlo, sentir el movimiento de sus labios al compás de los suyos, cómo sería sentir su aliento chocar en él, su caliente respiración quemándolo, probar su sabor.
No quería imaginarlo.
Pero ya era demasiado tarde.
Luego de haber terminado los libros que SeungCheol le había pasado hace un mes atrás decidió ir a dejarlos a su casa, los dos encontraban excusas baratas para verse y esa era una de ellas, al igual que cuando el pelinegro apareció por su casa entregándole un bolígrafo olvidado en la biblioteca. Entró al antiguo edificio y subió por las escaleras hasta llegar al séptimo piso, verificó el número en la puerta al encontrarla abierta, se asomó e ingresó en silencio.
—¿SeungCheol? —Preguntó en voz baja, mirando a su alrededor, Yuko estaba acostado en el sofá y apenas lo vio comenzó a mover su cola, se acercó al canino acariciándole y preguntándole dónde estaba su dueño. El lugar era pequeño pero estaba perfectamente ordenado, tenía un ambiente muy cálido y acogedor.
Se levantó y caminó por el pasillo hasta llegar a la próxima puerta abierta, vio la espalda de SeungCheol frente a un caballete, tenía una mesa cerca de él donde dejaba sus pinturas y un paño para limpiar sus manos, con una sonrisa divertida se fue acercando con cautela sin hacer ruido en el piso de manera con la intención de sorprenderlo.
Pero fue todo lo contrario al ver la pintura que SeungCheol estaba terminando.
Era él, su rostro pintado detalladamente sobre el lienzo, SeungCheol había utilizado todos los colores creando una obra extraordinaria que lo dejó sin aliento, realizaba los trazos con destreza y delicadeza moviendo el delgado pincel como si fuese parte de él.
—Espero que te esté gustando, JiHoon —Habló de pronto SeungCheol sobresaltando al mencionado, dando un paso hacia atrás para coger más pintura de la mesa que tenía a un lado.
—La puerta estaba abierta —Habló JiHoon tocando su pecho por el susto —¿Cómo supiste que estaba aquí?
—Tu aroma —Respondió SeungCheol con una sonrisa —Y caminas como si estuvieses pisando algodones de azúcar.
—¿Es algo malo?
—Te hace diferente y logro reconocerte con más facilidad que al resto.
JiHoon miró los cuadros terminados que estaban afirmados en las paredes y se cuestionó por qué no estaban siendo exhibidos en una galería, no conocía mucho sobre arte pero eran preciosos, SeungCheol tenía talento, demasiado para lograr pintar sin conocer los colores.
Había manchas de pintura seca en la madera del suelo, algunos lienzos rotos y pinceles viejos.
—Quería esperar a que estuviese terminado para que lo vieras pero ya que lo hiciste me gustaría saber tu opinión —Dijo SeungCheol dando un paso hacia atrás y a los pocos segundos sintió la presencia de JiHoon a su lado.
—Es increíble —Volvió a comprobarlo al ver la pintura terminada.
—¿Lo dices por ser amable?
—No, no, es grandioso —Levantó la cabeza mirando al mayor —Por un momento pensé que no pintabas a personas.
—No lo hacía pero debo recordarte que tú me quitaste la venda de los ojos para poder verte.
SeungCheol se giró hacia el menor y tomó el paño de la mesa limpiando sus manos, JiHoon miró sus labios y levantó los talones uniéndolos con los suyos por unos escasos segundos. Se quedaron en silencio, no había nada que decir, el castaño colocó las manos en los hombros del más alto y volvió a besarlo, tres cortos besos que SeungCheol recibió sin protestar, unieron sus frentes y JiHoon dio el siguiente paso, besándolo una vez más, con más pasión, ladeando la cabeza para profundizarlo.
Podía notar la inexperiencia de SeungCheol y no le importó, con suaves movimientos le fue enseñando, con tiernos susurros, caricias y sonrisas rozando sus labios lo guio.
Se distanciaron por falta de oxígeno pero SeungCheol rodeó la cintura del menor para que no se alejara demasiado, JiHoon colocó las manos contra el pecho ajeno, y se inclinó hacia él besándolo de nuevo.
—Tus labios tienen todos los colores del arcoíris —Musitó el mayor subiendo una mano por la espalda de JiHoon hasta llegar a su nuca.
—¿Cómo sabes cuáles son?
—Los he podido conocer gracias a ti —Respondió sonriendo —Llegaste a mi vida para llenarla de colores.
—No, eso no es cierto —Subió sus manos hacia las mejillas de SeungCheol y lo besó con ternura —Tu vida nunca ha sido oscura, ves y conoces a las personas mejor que nadie.
—Te veo a ti.
—¿Y qué ves?
—Amor.
El cuerpo de JiHoon se estremeció, acarició las mejillas del mayor y con las yemas de sus dedos pulgares tocó los labios del contrario, levantó los talones acercándose y ambos sonrieron antes de fundirse en un apasionado beso lleno de colores.
JiHoon se dio cuenta de que el Amor sí era ciego pues lo sentía sin necesidad de abrir los ojos.
SeungCheol deslizó las manos por la espalda del menor y podía afirmar que la Locura sí era la acompañante del Amor porque él era capaz de ver a JiHoon.










me encantó 🥰🥰🥰