Prólogo
Zeus, la actual deidad suprema del panteón Greco-romano estaba en su trono, en la sima del olímpo, soltando un suspiro cansado, el dios abrió los ojos.
Estaba cansado de todo, de las guerras entre sus hermanos, de los disturbios entre sus hijos, los semidioses, la anarquia que los humanos ocacionaban y, su problema más grande, la desaparición de su heredero, el príncipe de la luna e hijo de su anterior hija favorita.
Sabía que algo como esto podría pasar, pero nunca creyó que pasara tan.. pronto, estaba seguro que, su nieto estaría bien, era poderoso por derecho, es decir en sus venas corría la sangre divina original, no existía forma alguna que alguien pudiera contra el.
Pero como rey, y más importante abuelo no podía evitar preocuparse por el niño, sabía que su hija, Artemisa estaba dañada, pero nunca creyó que llegaría a tanto.
El conocía perfectamente que su hija odiaba a los hombres, desde su nacimiento, al ver como su madre sufría para traer al mundo a su hermano Apolo. Al ver como estos estos dañaban el bosque, lo animales y este odio finalmente explotó, cuando a quien considero su amigo, Orion intento acercarse a ella de una manera más carnal.
Pero por tártaro, nunca creyó que llegara a intentar lo impensable con su hijo, el mismo como demás dioses habían salvado a su nieto de muchos intentos de su madre de asesinarlo, demonios una vez incluso Hera había salvado al chico de ser castrado por su madre.
Y la única razón por la que no alejaba a su heredero de las garras de Artemisa era, que no le creía, pese a ser un niño muy inteligente y poderoso, era eso un niño que se negaba a creer que su madre le haría algún daño.
Y más teniendo en cuenta que Artemisa era una doble cara, cuando su hijo estaba cerca lo trataba como cualquier madre decente, siendo amable y cariñosa con el, pero una vez este se diera la vuelta, el cruel deseo de su hija saldría e intentaría atacar a su hijo.
Lo peor de todo, el padre del niño había muerto bajo circunstancias misteriosas, nadie mas que Artemisa sabía que había pasado, pero nadie, ni la misma Hades pudo sacarle información de lo sucedido.
*'suspiro' espero estés bien Naruto* dijo Zeus, antes de levantarse eh irse, no tenia sentido quedarse en su trono, el mismo bajaría de su hogar para buscar al chico, tal ves y con mucha suerte podría convencerlo de volver, estaba más que seguro que Afrodita quería cuidarlo, siempre tuvo la costumbre de ser protectora con sus hijos, además que legalmente era su "madrina" o lo más cercano a lo que el término mandaba a ser.
~~~~Con Naruto~~~~
Entre las desérticas colinas del Hades, se puede ver a Naruto, un niño de unos escasos diez años, el estaba escondido entre unas cuantas rocas, aparentemente dormido.
El chico tenía varias heridas pero nada realmente grabe, a sus pies un arco plateado el cual estaba partido por la mitad, un corte realmente feo e irreparable.
El niño también tenía los puños apretados, con lágrimas secas bajando de sus mejillas, abriendo los ojos, vio el cielo morado, sus hermoso ojos, antes de un gris platinado, el mismo color exacto que la luna habían cambiado a unos llamiantes ojos dorados los cuales tenían la pupila hendida, igual a la de un felino, pronto el niño se levantó, dejando sus armas atrás este emprendió su camino.
El cual era guiado por los vientos de Enlil, su mano pronto fue tomada por la de un espectro, seguida de la de otro el cual tomó la mano izquierda, detrás de él mas espectros aparecieron, cada uno muy temido en su tiempo.
Pronto en el horizonte se divisó una gran multitud detrás del niño, todos guiando al pequeño Naruto a su hogar, su nuevo hogar, su legítima casa en la primera capital y ciudad dominada por los dioses.
En sólo unas pocas horas llegarían a los campos de Eden.
Y corte