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Summary

💙 Fem reader x Future Leo | Rise Leo 💙 Relatos NSFW | Lemon | +18 | Smut 💙 One-shots y Drabbles 💙 Distintos escenarios ⚠️ 𝗔𝗱𝘃𝗲𝗿𝘁𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮: posible out of character, lenguaje vulgar, cada capítulo tendrá sus respectivas advertencias. ʕ⁠'⁠•⁠ᴥ⁠•⁠'⁠ʔ No hago pedidos, pero tomo en cuenta sus comentarios 💖

Status
4mo ago
Chapters
16
Rating
5.0 (7 reviews)
Age Rating
18+

Expedición | Future Leo

⭐ Leo del futuro x Fem TN

⭐ Leo edad: 38 años

⭐ 🔞 NSFW | Lemon

⭐ Nota: Ambientado en la línea temporal apocalíptica. Leo y TN son pareja.

⚠️ Advertencia: lenguaje vulgar, masturbación, sexo sin protección, sexo rápido.


Por orden de Donatello, Leonardo organizó una expedición con el objetivo de buscar los recursos necesarios para fortalecer las barreras que protegían a la Resistencia.

El grupo de excursionistas era reducido, pero tú insististe en acompañar a Leonardo, quien, a regañadientes, cedió ante tu petición. Este se asentó de manera subterránea en una cueva y levantaron pequeñas casas de campaña, las cuales estaban deterioradas, pero cumplían su función.

Habían transcurrido tres días desde que abandonaron su guarida en busca de suministros, y finalmente hallaron los materiales necesarios para remediar los estragos provocados por los Krang.

♡

Al caer la noche, el campamento cobró vida con la actividad febril de los supervivientes, quienes se retiraban a sus tiendas con un suspiro de alivio tras haber enfrentado una serie de peligros.

—Y tú que te negabas a dejarme venir —dijiste mientras vendabas su brazo—. ¿Ves que soy de utilidad?

—Eres un gran apoyo pero... —chasqueó la lengua— el exterior es muy peligroso, amor.

—Lo sé, pero alguien debía vigilarte —bromeaste sacándole una sonrisa—. Además, mañana regresamos —besaste su cabeza buscando tranquilizarlo.

Después de terminar su curación, apagaron la linterna y se acostaron para dormir.

Bajo el manto del frío, Leonardo te envolvía desde atrás, buscando el calor que emanaba de tu piel. Al cerrar los ojos, te sumergías en un estado de somnolencia, permitiendo que el descanso se apoderara de ti, aunque mantenías una alerta constante.

Después de pasar media hora, un súbito cambio de sensación en tu trasero te hizo despertar bruscamente: Leonardo, con su miembro en erección, lo frotaba provocativamente contra tu cuerpo.

—Leo, ¿qué haces? —susurraste un poco adormilada.

—Amor, tengo muchas ganas —murmuró sugerente.

Tu pareja tenía un gran apetito sexual, el cual no te molestaba satisfacer, sin embargo, no podías creer que incluso en una expedición y rodeado de amenazas tuviera ganas de hacerlo.

—Debes descansar.

Recibiste un resoplido de su parte. Aquellos días fueron tensos y bastante cansados, en todo momento estaban alerta de posibles ataques. Al ser el líder, Leonardo cargaba con la responsabilidad de regresar con todos íntegros, sin olvidar los recursos.

Pero el deseo ya se había instaurado en la cabeza de tu pareja y no desaparecería hasta que lo cumpliera.

—Linda, por favor.

Sonaba como un niño pidiendo permiso para jugar.

—Pero estamos sucios.

—Sabes que eso no me importa.

A la tortuga –que en su adolescencia vivió en una alcantarilla– no le molestaba algo de tierra y sudor, si bien te limpiabas un poco con tu botella de agua, no se comparaba con tomar un baño en el refugio.

Con suavidad, sembró una serie de besos en tu cuello, buscando despertar tu libido. Su mano trazó el camino desde tu cintura hasta tu glúteo, deteniéndose para manosearlo con morbo. Cerraste los ojos disfrutando de las caricias de tu pareja; a pesar del deseo de girarte y devolverle el gesto, el cansancio había tomado el control de tu cuerpo, dejándote sin energía para responder.

—Leo, estoy cansada...

—No te tienes que mover —te convenció con esto último.

Aceptaste algo somnolienta. Él se encargó de quitar tus prendas inferiores, dejándole vía libre para jugar como quisiera. Volvió a colocarte de lado, quedándose detrás de ti. No te percataste del momento en que sacó su polla, hasta que la sentiste chocar contra tu trasero.

Movió sus caderas deslizando su longitud entre tus muslos, usándolos para masturbarse. Comenzó a manchar el interior de estos con el preseminal que goteaba en su punta, haciendo que su verga resbalara con facilidad. Apretaste tus piernas al sentir el roce con tu vulva, provocando que Leonardo gimiera bajo.

—¿Te gustó eso, linda? —preguntó seductor.

Continuó deslizando por el estrecho espacio que había entre tus muslos, buscando tocar y acariciar tu coño en cada movimiento.

Levantó tu pierna dejando expuesta tu intimidad ya húmeda, frotaba su glande de arriba a abajo acariciando tus pliegues. Leonardo amaba torturarte de esa manera, pero esta vez se sentía desesperado por estar dentro de ti así que no lo prolongó más.

Deslizó su dura erección en tu caliente y húmeda cavidad, provocando que instintivamente cubrieras tu boca para sofocar cualquier gemido que amenazara con escaparse. Inició un vaivén lento, permitiendo que su miembro se impregnara con tu esencia.

Sujetaba tu pierna manteniéndola alzada en todo momento. Esa posición le permitía alcanzar tu punto más profundo, además, podía acercarse a tu rostro y mimarte.

—Extrañaba tenerte así... —murmuraba cerca de tu oreja con tono grave.

Su polla chocaba una y otra vez contra tu cérvix, salía y entraba con facilidad manteniendo un ritmo constante de embestidas; estas eran fuertes y reflejaban sus ganas acumuladas por cogerte.

Giraste un poco tu torso a causa de la estimulación que recibía tu punto sensible con cada penetración. Leonardo aprovechó para besarte; mientras sus labios se fundían con lujuria, no perdió la oportunidad de explorar cada rincón de tu boca con su lengua juguetona. Al separarte brevemente, un hilo de saliva se formó, uniendo sus bocas. Con su mirada fija en la tuya, sentías cómo el placer te invadía, haciéndote entrecerrar los ojos y morder tu labio, sofocando los gemidos.

Con cada arremetida, su vigor resonaba en las profundidades de tu ser, mientras el eco del choque de sus cuerpos comenzaba a hacerse notorio.

—Te van a escuchar —susurraste nerviosa.

—¿No quieres que escuchen lo bien que te follo? —dijo con una sonrisa pícara en sus labios.

Leonardo ignoraba a los demás que dormían en sus casas de campaña. Estaba tan excitado que a este punto no le importaba hacer algo de ruido.

—Leo, por favor... —suplicaste por su silencio.

—¿Qué van a hacer? ¿Reclamarme?

La tortuga estaba consciente de su posición dentro de la Resistencia, mantenía a todos sus miembros a salvo defendiéndolos con su vida... ¿de verdad se atreverían a reclamarle?

Dejó escapar uno que otro jadeo. Las vibraciones de su voz erizaban tu piel, nada te ponía más caliente que escuchar a Leonardo gemirte al oído. Sin embargo, no eras sinvergüenza como él, te preocupaba que los escucharan y al siguiente día te juzgaran con la mirada.

—¿Quieres que me calle? —preguntó juguetón y asentiste—. Deja correrme dentro.

Maldijiste internamente, no te apetecía limpiarte sus fluidos a esas horas de la noche, pero era mejor que pasar pena con tus colegas al día siguiente.

Leonardo se deleitaba en tomarte desde el costado, sus movimientos se volvían más enérgicos y salvajes, provocando espasmos de placer en tu entrepierna, indicando que el clímax estaba próximo.

Deslizaste tu mano por su nuca, atrayéndolo hacia ti con ansias voraces, mientras ambos se sumergían nuevamente en un beso ardiente. Su mano se aferró con fuerza a tu pierna, la cual mantenías alzada, mientras sus estocadas alcanzaban una profundidad extasiante. Finalmente, su cuerpo se estremeció, liberando su esencia dentro de ti y tiñendo tu coño con su esperma caliente.

Te rodeó nuevamente desde atrás, envolviéndote en su cálido abrazo. Depositó tiernos besos en tu cabeza y exploró con suavidad tu mejilla con otros más, mientras sus manos acariciaban tu vientre.

—Te amo, linda —murmuró contra tu piel.

Aún se mantenía en tu interior, tentado a preguntarte si podía quedarse dentro, pero notó que ya te habías quedado dormida. Tomó tu silencio como un consentimiento implícito y decidió disfrutar del momento.

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