Guerito [CHESTAPPEN]

All Rights Reserved ©

Summary

Max llega nuevo a una colonia en México, sin saber qué el malandro de ahí se iba a convertir en su novio y protector.

Genre
Humor
Author
Alejandra
Status
Complete
Chapters
1
Rating
4.0 2 reviews
Age Rating
16+

Unico

Vivir en México era todo un desafío. No solo el choque cultural y la barrera del idioma eran un problema, la seguridad también lo era. ¿Cómo era posible que me han asaltado 3 veces en menos de un mes? Uno de mis colegas del trabajo me aseguro de que me habían cogido de marrano, por lo que en la última semana me habían ido a llevar en sus autos a la colonia donde vivía actualmente.

Cuando supieron donde vivía no se sorprendieron del hecho que me estuvieran robando, Carlos, un colega, me dijo que el barrio tenía un alto índice de inseguridad y que se sorprendía que con el sueldo que ganaba me hubiera metido ahí, pero ¿yo que iba a saber?, llegue nuevo y cuando busque una casa en alquiler ese sitio era el que cumplía todos los requisitos, debí sospechar por el precio.

Aunque no todo era malo, al principio, la idea de mudarme a un país desconocido me asustaba un poco, pero todo cambió cuando conocí a Sergio. El malandro del barrio, pero con un encanto que resultó ser mi perdición.

Nuestra historia comenzó en una típica tarde soleada en el mercado local. Se me había acabado la carne y estaba decidido hacer esa receta que vi, así que me había ido al mercado más cercano y mientras trataba de descifrar los letreros en español y abrumado por la variedad de productos que desconocía por completo. Fue entonces cuando, de la nada, alguien se acercó a mí con una sonrisa pícara.

—Epa güerito, ¿estas perdido? —, dijo, con un tono chistoso y una chispa de diversión en sus ojos.

Casi me da un infarto, hablaba con muy poca gente de acá, por lo que me sorprendió verlo muy cerca de mi espacio personal.

—Sí, un poco—, admití, riendo nerviosamente. —Todo esto es nuevo para mí.

A partir de ahí, Sergio se convirtió en mi guía improvisado por el mercado. Me mostró los lugares donde conseguir los productos más frescos y los vendedores más amigables. Su charla era fácil y divertida, y antes de darme cuenta, estábamos riéndonos juntos como si fuéramos amigos de toda la vida.

Después de explorar el mercado, Sergio me invitó a comer unos tacos en un pequeño puesto al aire libre. Allí, en medio del bullicio de la gente hablamos de casi todo.

A medida que pasaban los días, nuestras conversaciones se volvieron más íntimas. Sergio se convirtió en mi amigo y quizás en algo más. Descubrí que detrás de su apariencia de “bad boy”, como él mismo se describía, había una persona genuina y comprensiva.

Fue así como nuestra amistad floreció en algo más. Sergio se convirtió en mi confidente, y yo en el güerito que le hacía reír con mis torpezas al intentar pronunciar palabras en español. Poco a poco, sin planificarlo, nos encontramos compartiendo más que solo risas y anécdotas de nuestro día, los atracos en las noches habían dejado de ocurrir ya que Sergio me acompañaba todos los días y si no llegaba demasiado cansado lo dejaba ingresar a mi casa y hacíamos ciertas cosas.

Había pasado un tiempo desde que llegue a México y todo parecía ir en viento en popa.

Una noche, sin embargo, la tranquilidad que había experimentado se vio repentinamente alterada. Al regresar a casa, descubrí con horror que esta había sido blanco de ladrones. Puertas forzadas, objetos tirados por todas partes; una sensación de vulnerabilidad se apoderó de mí.

Desesperado, llamé a Sergio con manos y una voz temblorosa. Le conté lo que había sucedido, esperando encontrar consuelo en sus palabras. No obstante, lo que recibí fue un silencio momentáneo, seguido de una promesa firme.

—No te preocupes, güerito, estaré allí en un momento—, dijo Sergio con una seriedad inusual.

Mientras esperaba su llegada, me invadió la incertidumbre. ¿Cómo podía estar seguro de que Sergio podría hacer algo al respecto? Solo estaba esperando que llegara para que lo acompañara algún hotel a quedarse esa noche.

Pero, para mi sorpresa, no pasó mucho tiempo antes de que lo viera aparecer en la puerta, esta se abrió con un estruendo, y allí estaba Sergio, con la mirada fija en sus ojos y una expresión que no lograba descifrar. Llevaba consigo una bolsa en la mano, pero no era la típica bolsa de compras. Era mi bolsa, con mis pertenencias recuperadas.

—¿Sergio? ¿Cómo...?— balbuceé, completamente sorprendido.

—Contactos, güerito, no te preocupes, no te iba a dejar sin tus cosas—, dijo con una sonrisa de confianza, mientras comenzaba a colocar cuidadosamente mis cosas de nuevo en su lugar.

Me quedé boquiabierto, observando cómo recuperaba cada objeto con una facilidad asombrosa. Su destreza y determinación eran algo que no había imaginado en mi malandro encantador.

—No permitiré que te quedes sin tus cosas, güerito. Nadie te hará daño mientras yo esté cerca—, agregó, como si hubiera hecho algo tan natural como respirar.

Aquella noche, mi corazón y mente solo confirmaron lo que ya sabía, estaba enamorado de ese hombre que probablemente no le aportaría nada a mi vida ¿pero que importaba? Me hacía sentir lindo, seguro y el sexo con él era increíble.

A partir de entonces, nuestra relación se volvió aún más profunda y seria. Sergio no solo era mi guardaespaldas en las noches, sino también la prueba de que a veces, las apariencias engañan, y que la protección que me brindaba no solo era una fachada. Sergio, a pesar de su reputación, tenía un corazón noble y estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para cuidar de mí.