La confesión
Una carta llena de sentimientos.
Una inhalación profunda, sus manos temblorosas y su corazón acelerado.
«Vamos Izuku. Es solo una carta.»
Es el pensamiento del chico de cabello verde parado frente a los casilleros durante las últimas horas de clases.
Izuku Midoriya tiene un enorme crush con el mayor de los hermanos Bakugō, Katsuma. El chico es lindo, inteligente, deportista y sobre todo amable. De los pocos jóvenes que respeta a todos por igual sin importar el nivel económico, la apariencia, las habilidades, la sexualidad o la forma de ser de cada persona.
Izuku ha estado enamorado de él desde el momento en que el chico lo defendió de un grupo de bravucones mientras estaban en la escuela primaria y desde ese instante no pudo hacer más que observar desde lejos cada vez más maravillado por el chico.
Pero ése es su momento. Gracias a las motivaciones de sus amigos ha decidido finalmente confesarse. Si las cosas salen mal Katsuma lo rechazara y no habrá vuelta atrás, sin embargo, las cosas podrían funcionar. Katsuma podría desear intentarlo y quizá, después de un par de citas y tiempo de conocerse, se enamoraría de Izuku tanto como éste lo está de él.
Katsuma es definitivamente el tipo de chico que le daría una oportunidad. En realidad, si Izuku no fuera tan tímido como para no correr a ocultarse cada vez que Katsuma pasa cerca de él, seguramente estaría dentro de su grupo de amigos. Es un chico tan amable que para él cualquiera puede ser su amigo, siempre esta dispuesto a ayudar a los demás y a hacer que todos se sientan Incluidos. A Izuku le parece sorprendente que alguien como él...
—¡Camina anciano! Si no nos apuramos la vieja bruja nos castigará —. Un grito se escucha en el pasillo y nota como un par de personas caminan en su dirección. Rápidamente coloca la carta dentro del casillero y sale del lugar antes de que los vean.
—Ya voy Tsuki, no seas tan desesperado. —Son las últimas palabras que escucha antes de encontrarse con su mejor amiga esperándolo en la entrada de la escuela.
—¿La pusiste? —pregunta emocionada consciente del plan de Izuku, este solo sonríe y asiente igual de emocionado. Los dos comienzan a caminar rumbo a su casa no sin que antes Izuku le dirija una última mirada a su escuela.
... le parece sorprendente que alguien como Katsuma tenga de hermano gemelo a Katsuki Bakugō. El delincuente juvenil de la UA.
Katsuki espera impaciente a su hermano en los casilleros de zapatos. Tienen que apurarse si no quieren que su madre los regañe por llegar tarde y no ayudar el día de la comida familiar. Katsuma solo camina tranquilo y sin preocupaciones mientras sonríe travieso.
—¡Vamos Tuski! No vamos tan tarde. Si caminamos rápido llegaremos a tiempo. —pronuncia el mayor de los dos mientras se cuelga a Katsuki por los hombros de forma juguetona, el más gruñón de los dos hace lo posible por tirarlo.
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Contrario a lo que cualquiera pueda pensar debido al contraste entre sus personalidades el par de hermanos Bakugō se llevan muy bien. Son mejores amigos, hermanos, compañeros de travesuras y cómplices. Por supuesto tienen peleas, desacuerdos, cosas comunes entre hermanos porque es imposible para ellos coincidir en algo. Sin embargo, saben que pueden confiar el uno en el otro sin importar la situación.
Katsuki finalmente logra que su hermano deje de usarlo como mono a un árbol y abre su casillero. El trozo de papel cae al suelo con la suavidad de una pluma. Antes de que Katsuki pueda hacer algo su hermano se apresura a levantarla.
—¿Qué tenemos aquí? —pronuncia con una sonrisa traviesa en el rostro.
—¿Un trozo de papel? —cuestiona Katsuki indiferente —. Pero no es mío...
—¡Tsuki, esto es una carta! —grita su hermano emocionado y poco a poco los ojos del chico de carácter explosivo se agrandan mientras comprende la situación —. ¡Alguien te escribió una carta! Tienes un admirador secreto, o quizá alguien quiere confesarse o...
—¡Dame eso! —gruñe el rubio arrebatándole la carta. Con fingida indiferencia la coloca en su mochila mientras saca sus zapatos y cierra el casillero de golpe—. Ahora vámonos. Se nos hace tarde.
Katsuma contempla a su hermano, curioso. Ladea la cabeza un poco y después de sacar sus zapatos sonríe. Sabe que aunque no lo deje ver su hermano realmente está emocionado por la carta.
A Katsuki se le complica bastante fingir indiferencia durante el resto del día. Al principio no entendió bien el significado de la carta, después de todo no estaba acostumbrado a recibir confesiones de amor, en realidad está seguro de que esa es la primera que recibe en toda su vida y eso, aún si no lo quiere, causa dentro de él un sentimiento burbujeante.
No es que tenga una baja autoestima, a decir verdad es todo lo contrario. Es consciente de su buena apariencia: un rostro perfecto (cortesía de la genética de su madre), buena musculatura, un cabello rubio cenizo y unos anormales ojos de un rojo brillante. Por supuesto todo eso viene con un enorme “pero”, el “pero” en este caso era su terrible carácter, su mal vocabulario, su arrogancia y su falta de tacto.
En cualquier otro mundo no duda que hayan personas capaces de tolerar todo eso con tal de poder presumir al mundo que tienen como novio a un chico de buena apariencia, sin embargo, en su caso, nadie está dispuesto a arriesgarse con él cuando tienen la opción de acercarse a su hermano gemelo quien físicamente es idéntico a él, con la única diferencia, de tener una actitud mucho más amable y solidaria.
Desde siempre Katsuma fue el objeto de montañas de cartas de amor, chocolates de a montón el 14 de febrero y alguna que otra fanática loca que llegaba al grado de acosarlo. Katsuki está bien con eso. No le molesta ni se siente celoso de su hermano (quien la mayoría de las veces es demasiado despistado como para saber que hay gente interesada en salir con él), en realidad está bastante cómodo dejando que sea su hermano quien se lleve toda esa atención innecesaria porque en su opinión: “Hay cosas más importantes”.
Pero ahora tiene una carta en su mochila, la primera que ha recibido en toda su vida y a pesar que se obliga a sí mismo a no prestarle atención no puede evitar sentir un hormigueo en sus manos que lo tientan a sacar el pequeño sobre decorado y abrirlo para leer lo que dice en ese mismo instante.
Llegar a su casa y saludar (no muy amablemente) a sus padres, usualmente suele ser algo muy rápido, en esta ocasión el camino a casa se le hace eterno y un pequeño saludo se siente como si estuviera perdiendo tiempo valioso. Ayudar a preparar la comida por lo general es algo que disfruta, en una situación normal se tomaría su tiempo; disfrutaría de picar los alimentos y molestaría a su hermano por su falta de habilidad en la cocina, en ésta ocasión se apura a preparar todo y espera impaciente el momento en que sus padres terminen de acomodar toda la mesa para poder servirles a todos.
Tan pronto llega la hora de comer ignora por completo la conversación de sus padres, no consigue prestar atención a todo lo que Katsuma dice sobre su día y responde a todas las preguntas con gruñidos y monosílabos. Se siente liberado cuando la comida acaba y sin siquiera despedirse corre a su habitación y cierra la puerta con un sonoro golpe para que nadie entre.
Entonces abre su mochila impaciente y expectante, con sumo cuidado saca la carta. Es un sobre hecho a mano con una hoja blanca, simple, pero hecho con dedicación, está decorado de tal manera que incluso a Katsuki le causa cierta ternura y sin darse cuenta termina sonriendo. Para ese momento él no lo sabe, pero todo en su ser está dispuesto a darle una oportunidad a esa persona, después de todo, alguien que se esforzó en hacerle una carta merece un mínimo de atención, ¿o no?
Pacientemente para no romper el sobre (no quiere arruinar el esfuerzo de la persona) abre la carta y saca ese trozo de papel. Comienza a leer y al repasar cada palabra siente como su corazón se acelera. Es una larga carta con una letra desordenada en donde son pequeñas frases las que hace que provocan en él una tormenta de sensaciones y sentimientos que no sabía que podía sentir.
«Me gustas»
«Me gustan tus ojos»
«El color de tu cabello cuando choca con los rayos de sol»
«Pero no puedo solamente decir que me gusta tu apariencia porque soy consciente de que tienes un hermano gemelo, me gusta más que solo tu apariencia»
«Me gusta tu personalidad»
«Sé que eres más de lo que dejas ver»
«Me da pena acercarme a tí»
«Quiero conocerte»
«Quisiera pasar más tiempo contigo»
La carta termina pidiéndole verse al día siguiente en los jardines de la escuela al final de las clases.
Con eso en mente Katsuki pasa un día entero haciendo sus tareas y pasando el tiempo libre con un anormal buen humor. Un hecho que no fue ignorado por ningún miembro de su familia.
A la mañana siguiente mientras cruza la puerta del salón de clases decide hacer una evaluación rápida de sus compañeros de clase.
Debe de ser alguien de su clase, no cree que alguien externo sea capaz de acercarse a él especialmente por los rumores que circulan. También espera que sea un chico, aun con su falta de experiencia en relaciones románticas sabe perfectamente que es gay y aun si está decidido a darle una oportunidad a quién le haya escrito esa carta tampoco piensa darle falsas esperanzas a alguna chica. Realmente espera que sí, la caligrafía de la carta es floja y descuidada pero tampoco quiere juzgar, especialmente considerando que su propia escritura es bastante ordenada para ser la de un chico.
Da una evaluación rápida a todos sus compañeros y su mirada se detiene en Izuku Midoriya. Cuando se percata de su mirada el chico de rizos verdes encoge sus hombros nervioso y trata de esconderse mientras Katsuki sonríe. No le importaría que ese chico adorable fuera el remitente de su carta.
Después de lo que fue una larga jornada de clases en la que no prestó mucha atención llega la hora de la salida y justo como se lo pide la carta va al jardín trasero de la escuela. Entonces lo observa a lo lejos, cabello verde y rizado, camina de un lado a otro mientras parece estar murmurando sin darse cuenta de su mirada.
Katsuki sonríe, cuando pensó que le gustaría que ese chico fuera el autor de la carta no se imaginó que efectivamente se tratara de Izuku. Camina con confianza hacia él y una vez estando a su lado llama su atención.
—¡Bakugō! —salta nervioso. Luego mira a todas partes menos a su rostro mientras juega con sus manos.
«Lindo» es lo primero que piensa Katsuki y efectivamente Izuku se ve muy lindo así de nervioso.
—Yo, supongo que ya, supongo que ya recibiste mi carta. Es decir si estas aquí claramente la recibiste pero, bueno yo quería... —murmura con la mirada baja. Katsuki supone que no lo mirara a la cara hasta que termine de hablar así que lo deja continuar —. Quería poder decírtelo en persona.
»De verdad me gustas mucho. Sé que es raro, y soy un chico. ¡No tienes por qué responderme nada! Si quieres puedes fingir que nada paso y continuar como antes, pero de verdad quería sacarlo de mi sistema. Pienso que eres alguien genial y si tú tal vez me dieras una oportunidad yo podría, es decir, me gustaría, yo quisiera...
—Acepto —dice Katsuki interrumpiendo las divagaciones del peliverde. Ya le ha quedado claro lo que quiere decir el chico y no quiere ponerlo más nervioso haciéndolo hablar más.
Izuku alza la mirada y finalmente lo ve a los ojos. Entonces su expresión pasa del nerviosismo a una totalmente asombrada.
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