Cuando la Nieve se Derrita | HaeHyuk

Summary

Donghae estaba conforme con su papel de profesor en la Academia "Ángeles Caídos", su vida era buena, su sueldo más que suficiente y los alumnos lo respetaban. ¿Qué más podría pedir un Ángel Caído? No haber aceptado la apuesta que lo obligó a viajar a la tierra, convencer al primer humano que encontrara de darle posada y sobre todo no enamorarse de él hasta regresar a casa cuando la nieve se derritiera. Por supuesto, no contó con encontrarse a Hyukjae Snow. Una peligrosa apuesta que pondría su alma en peligro y convertiría sus días en el peor de los infiernos. Todos los créditos a su autora original 💕

Genre
Romance/Erotica
Author
Liz
Status
Complete
Chapters
13
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

❄️ Capítulo 1

–¿Crees que he sido blando?– El ángel negro se dio la vuelta y observó a su jefe arqueando una ceja ante la extraña pregunta, haría falta una tonelada de martillos, neumáticos y trabajar con ellos hasta el fin de los tiempo para ablandar al jefe y propietario de aquella Academia de Entrenamiento para Ángeles Caídos y aún así ni siquiera estaba seguro de poder asegurar a ciencia cierta que Lucifer llegase a ablandarse, después de todo, el diablo siempre sería el diablo, con o sin traje de faena.

–¿Qué ha hecho esta vez?– Su voz oscura y profunda, un verdadero pecado para oídos puros y una agónica promesa de placer.

Luc, como prefería ser llamado por sus subordinados, se encogió con natural elegancia.

–Es un recién caído.– Respondió con fastidio, como si aquello lo explicase todo. –Le han dado la patada por algo tan patético como follarse a todo un grupo de animadoras y colgar las imágenes en alguna red social de internet. Patético, de veras. ¿Qué diablos les enseñan en el Heaven? ¿Cómo joder su existencia y no morir en el intento? Empiezo a sentirme como una ONG y ni siquiera estamos subvencionados.

Los ojos negros del caído fueron de su jefe al joven recién llegado que se afanaba en sacar brillo a la placa con el anagrama del complejo: Ángeles Caídos S.A.

Lucifer había creído oportuno crear una sociedad, bajo su punto de vista aquello le daba más glamour al ya de por sí mal visto infierno. Era interesante ver cómo cambiaba la percepción de las cosas cuando las veías desde el otro lado del cristal.

Donghae lo había comprobado de primera mano, en sus años más jóvenes había sido uno de los Puros o Alas Blancas, como se conocía a los moradores del Heaven. Había pasado su tiempo como Guardián y ocasionalmente ocupándose del Departamento de Asuntos Sociales para Humanos. Toda una eternidad al servicio de la comunidad, monitoreando a los humanos, encargándose de aquellos que habían quedado desprotegidos sólo para encontrarse a sus dos últimos cargos asesinados por su propio padre después de haber apuñalado repetidas veces a su madre y pegarse posteriormente un tiro él mismo. Había bastado acompañar a las dos almas de aquellos dos niños que había visto crecer para que decidiera entregar sus alas y cobrar venganza. Aquel hijo de puta estaría asándose en el horno para toda la eternidad.

–Creo que he sido blando.– Las palabras de su jefe lo sacaron de sus recuerdos.–Le mandaré limpiar también la incineradora. –Donghae indicó con un gesto de cabeza hacia el ángel y se volvió hacia su jefe.

–¿Todo el equipo de animadoras?– Lucifer asintió y puso los ojos en blanco.

–Pensarías que tendría mejor criterio que tirarse a una pandilla de adolescentes calentorras, obviamente, lo de pensar no era su fuerte en ese momento.- Respondió con un ligero encogimiento de hombros, entonces palmeó el hombro del ángel y le señaló al jovenzuelo.- Que le saque brillo a las letras, con la barbacoa de la semana pasada se han quedado un poco negras y que se pase por la cocina, ese jodido suflé ha vuelto a estallar, ¿Por qué no puede simplemente crecer o quedarse desinflado? No, tenía que explotar, mis recetas siempre tienen que explotar. –Donghae no dijo nada sobre la reciente afición de su jefe por la repostería, había envenenado a los dos últimos caídos los cuales todavía estaban echando el estómago por la boca y no le apetecía demasiado reemplazar su lugar.

–Me encargaré de que las deje relucientes.– Aseguró Donghae haciendo rodar sus hombros, sus enormes alas negras se movieron con el movimiento arqueándose por encima de estos.

–No te olvides de la cocina, realmente necesita una limpieza.– Le aseguró con una última mueca antes de darse media vuelta y marcharse mascullando algo sobre la posibilidad de los pasteles de carne y el cianuro.

Donghae sacudió la cabeza y volvió a fijarse en el novato, dudaba que el pobre chico supiese exactamente en dónde había ido a caer y que le iba a tocar en suerte, la mayoría de los recién caídos se arrepentían de sus actos casi al instante de cometerlos, lamentablemente lo hacían demasiado tarde para las reglas del Heaven: Si habías sido tan tonto para caer una vez, lo serías para siempre. Esa era una de las normas con las que Donghae nunca había estado del todo de acuerdo y se había alegrado al darle la espalda por completo cuando había abandonado el Heaven. Podía haber perdido su estatus de Alas Blancas, pero no se arrepentía de haber caído, en realidad, si tuviese que volver a elegir, volvería a elegir su caída. Ningún humano merecía que lo cuidasen, su amor por los demás demasiado a menudo se convertía en odio y ese odio los conducía a tomar las decisiones más estúpidas. No, nunca volvería a permitir que un humano le preocupase hasta el punto de tener que acompañar su alma al más allá.

–Empieza a frotar con más energía o estarás aquí todavía cuando se produzca el fin de los tiempos.– Donghae se dirigió al joven caído en voz alta, haciéndole dar un respingo sobre el precario taburete, sus alas grisáceas moviéndose a su espalda en un intento de estabilizarle. Las alas de los recién caídos eran de un tono gris claro, volviéndose más oscuro a medida que pasaba el tiempo y sus deseos de volver al Heaven desaparecían siendo reemplazados por sus propios deseos y anhelos. En todo el complejo sólo había dos de ellos con las alas totalmente negras.

–Preferiría estar en cualquier otra parte cuando eso suceda. –Respondió el joven dejando caer nuevamente el paño manchado de hollín en el cubo de agua ya ennegrecida. –En realidad, desearía estarlo ahora mismo.

Donghae respiró profundamente y se preparó mentalmente para el infantil lloriqueo que vendría tras esas palabras, los recién caídos podían llegar a ser realmente como niños cuando se les metía entre ceja y ceja que no pertenecían a aquel lugar. Nuevamente, que lo hubiesen pensado antes.

–Este no es mi sitio, yo no tengo madera de Ángel Caído. –Empezó con su letanía.– ¿Y crees que se han dignado a escucharme? No, nadie lo ha hecho. ¿Y todo por qué? Porque esa calienta braguetas de Hyorin apostó a que no sería capaz de acercarme a esas estúpidas hembras y follarme a su capitana. ¡Pues me la follé y me follé también a las demás!

Este chico era realmente tonto, pensó Donghae mientras escuchaba con los brazos cruzados sobre el pecho la indignada confesión.

–Esa zorra de Alas Blancas era la que tenía que estar aquí, no yo.– Terminó con un puchero.

- ¿Te has tirado a todo un equipo de animadoras, porque una de esas estúpidas Alas Blancas te desafió?– La incredulidad goteaba de la sensual voz de Donghae.

El joven caído enrojeció, sus labios cerrándose en una fuerte línea antes de mascullar entre dientes.

–Es la jefa de las Guerreras Blancas.– Se justificó.

–Y tú un auténtico idiota.– Le aseguró Donghae negando con la cabeza para luego señalar el cubo.- Sigue limpiando. Cuando termines te estará esperando la cocina de Luc.

Refunfuñando el ángel caído se dobló para recoger el paño y volvió al trabajo.

Había ocasiones en las que Donghae no estaba seguro de la inteligencia de ciertos ángeles y sus motivos para caer en la perdición, pero lo de este joven caído era demasiado. Pasándose una mano por el pelo rojizo liso hizo la nota mental de darles una charla a sus alumnos sobre las “estupideces y sus consecuencias”.

–¿Problemas para impartir disciplina a unos de tus nuevos alumnos, Donghae?

La voz femenina procedente del final del corredor llamó su atención, unos hermosos ojos azules le sonreían en un adorable rostro que nada tenía que envidiar al resto de la anatomía de la ángel caída que caminaba hacia él. Sus alas profundamente negras rivalizaban con el cuero que envolvía sus largas piernas y llenos pechos, el corsé de corte gótico moldeaba sus formas a la perfección y le daba el único toque de color, rojo sangre, a la indumentaria totalmente negra de ella. Sólo su largo pelo castaño cayendo en bucles por sus hombros y que enmarcaba su dulce rostro rompían la armonía de su oscuro atuendo.

–Si fuera uno de mis alumnos estaría limpiando eso con la lengua y no con un paño.– Le aseguró con suficiencia, sus labios curvándose en una conocedora sonrisa.

Ella se rió delicadamente y se detuvo frente a él.

–Me encanta la manera que tienes de educar a tus alumnos.–Le respondió con obvia ironía.

Aquella era su mejor amiga, la única que lo había soportado cuando había caído en aquel agujero y prácticamente le había dicho a Luc dónde se podía meter su jodida Academia. El resultado había sido una ala parcialmente desgarrada, una cuchillada en la otra y varias quemaduras decolorando su piel durante varias semanas y sólo Byul se había arriesgado a cuidar de él, haciendo oídos sordos a todo el repertorio de insultos que había lanzado sobre ella y sobre cualquiera que se acercara.

Tenía que admitirlo, había sido un auténtico cabrón idiota en aquella época.

–Es única, lo sé.– Respondió a su pulla con nada más que un encogimiento de hombros.

–¿Qué haces por aquí? Te hacía en Egipto.

Ella imitó su gesto encogiéndose también de hombros, sus ojos azul claro esquivaron inteligentemente los suyos.

–Acabé antes de lo que había pensado.– Su mirada fue hacia el joven caído que seguía frotando para devolverle la calidad dorada a la placa.

Donghae la estudió durante unos breves instantes conociendo el motivo por el cual ella esquivaba su mirada, sospechando que era el mismo que había motivado su pronto regreso. Faltaban pocos días para la navidad y para Byul eran unos recuerdos llenos de tragedia y dolor. Como Ángel Puro había sido destinada a velar por un humano, un joven médico que había sido incapaz de dar con una cura para su propia enfermedad y había caído profundamente enamorada de él. Había roto todas las reglas del Heaven por estar con su humano, por compartir con él sus últimos días de vida y finalmente acompañarlo al otro lado. Byul nunca había sido la misma desde entonces.

–¿Cuánto tiempo ha pasado ya?– Preguntó directamente, el tacto nunca había sido lo suyo.

La fugaz mirada de dolor que vio en los ojos de ella hizo que le diesen ganas de volver a traer al cabrón de vuelta sólo para matarlo de nuevo, no era justo que alguien tan dulce como Byul sufriera así.

–No entiendo porqué te empeñas en recordar a ese inútil humano cuando ha sido el único que ha hecho que acabes aquí, aguantándome a mí.- Continuó él, buscando el punto de ironía necesario para restarle importancia al asunto.– Luc no debería haberte impuesto un castigo tan largo.

Ella puso los ojos en blanco y resopló.

–Sí, realmente eres como una enorme espina en mi trasero la mayoría de las veces, Donghae.- Respondió ella con pura ironía.– No sé qué he podido ver en ti para seguir aquí, viendo tu patético rostro todos los días y oírte bufar sobre la inmundicia de la humanidad y lo inservibles que son sus vidas.

Él se rió, su risa una sensual cadencia musical que tenía a sus alumnas absolutamente enamoradas de él.

–Ese es el punto, mi querida caída, sus vidas son inservibles, no conseguirían hacer nada bueno con ellas ni aunque se lo pusieses por escrito.– Aseguró con mordacidad.– Los humanos son de naturaleza patética, sus chicos sólo parecen servir para una cosa e incluso en eso, no son tan buenos como ellos creen.

Byul levantó la mano y le dio una palmada en la nuca.

–Estás ofendiéndome, señor sólo pienso bien con la polla.– Ella lo apuntó con un dedo, entonces puso los brazos en jarra.– Estás comparando a los chicos humanos con los calienta braguetas que tienes por alumnos y eso es patético, yo tengo amigos humanos y le dan mil vueltas a esos calentorres con los que te encierras en el armario de las escobas.

Donghae frunció el ceño y apuntó lo obvio.

–No tenemos armario de las escobas, cielito.

Byul bufó. Había cosas que simplemente no iban a cambiar por más palabras que utilizase y Donghae era una de ellas. Amaba a su amigo como sólo un Ángel Caído podía hacerlo, en él había encontrado un alma a fin en su tormento pero el dolor que aquejaba Donghae iba mucho más profundo que el suyo, tanto que el propio ángel había olvidado que seguía ahí, pero eso no quitaba que siguiera existiendo, comiéndole desde dentro. Echó un vistazo a sus alas, la oscura pureza de sus plumas la estremeció, entre los suyos él era uno de los más antiguos junto con ella misma y sus alas tenían el negro más brillante que indicaba que había llegado a un punto sin retorno. Los caídos antes o después llegaban a tener ese tono en sus alas, pero nunca tan rápidamente como lo había alcanzado Donghae. Y como lo había alcanzado ella misma.

Para ella las alas negras no eran un símbolo de haber fallado a sus deberes, eran el crespón de luto que su alma llevaba por su amado, un recordatorio de que había sido capaz de amar, aunque sólo fuera por unos pocos instantes. Donghae no sabía que era el amor, ni siquiera creía en él y la idea de que ella hubiese amado a un humano le parecía absolutamente inconcebible. Quizás fuera hora de demostrarle cuan equivocado estaba.

–Y deberías cuidar tus espaldas si piensas que esos seres inferiores saben siquiera el significado de la palabra amistad.– Continuó Donghae sin darse cuente el brillo que había prendido en los ojos de Byul.– Esos chicos, te sacarán los ojos con las uñas antes de que te hayas dado cuenta siquiera y entonces sí que no me vengas llorando, mis advertencias sólo surten efecto una vez, la única que las pronunció.

Byul curvó sus labios en una conocedora sonrisa.

–¿Sacarme los ojos con las uñas?– Ella lo miró de arriba abajo.– Te equivocas, Donghae, eso sin dudo lo harían contigo.

Él arqueó una ceja en respuesta.

–No lo ponga en duda, pero me arrancarían la ropa... no los ojos.– Se rió él con un ligero y desinteresado encogimiento de hombros.– Pero para ello, debería estar interesado en alguno de esos insulsos humanos y no es el caso... se convierten en unos estúpidos balbuceantes después de una ronda en la cama.

Los ojos de Byul brillaron ante tan masculino comentario.

–Por una vez me hubiese gustado verte caer de rodillas ante un chico.– Aseguró ella añadiendo una rápida explicación.– Y no precisamente para estar a la altura de tus... expectativas con él.

Él hizo rodar los ojos ante la simple sugerencia.

–Ningún humano vale tanto como para que ensucie mis plumas.– Respondió con verdadero desinterés. Ella se le quedó mirando fijamente y añadió con mucha suavidad.

–En mi caso si lo valió.

Donghae se mordió una rápida maldición que brotó desde el fondo de su garganta, no era eso lo que él quería decir y Byul lo sabía perfectamente.

–¿De veras? ¿Incluso cuando él murió en tus brazos y tuviste que acompañarle hasta su siguiente viaje?– Respondió lentamente, con una crudeza que no pensaba que utilizaría nunca con su amiga.– ¿Consideras eso algo que valió la pena?

Byul se puso rígida y apretando los dientes asintió con lentitud.

–Al menos yo sí sé lo que es el amor, pedazo de idiota egoísta.–Le aseguró ella con rudeza.– Tú no lo reconocerías ni aunque fuera lo primero que vieses al despertarte cada mañana y lo último al acostarte cada noche. Lo único que haces es seducir, follar y largarte, no durarías ni una semana conviviendo con un humano cualquiera.

–¿Crees conocerme tan bien como para poder asegurarlo?

Byul sacudió la cabeza y le apuntó con un dedo.

–Demuéstrame que estoy equivocada.- Respondió ella en abierto desafío.- Y me haré cargo de tus alumnos durante una semana entera.

Donghae frunció el ceño y la estudió durante un largo instante, haciendo que ella sonriese todavía más y añadiese.

–¿Dudas, Donghae?

El ángel caído se enderezó en toda su altura, sus alas se extendieron a su espalda con un golpe de aire haciendo volar algunas plumas antes de volver a plegarlas asomando por encima de sus hombros.

–No dudo en mí, Byul, si no de tu buen sentido común el cual parece que acaba de esfumarse por completo.– Respondió él con un despreocupado encogimiento de hombros. –Sé perfectamente que ningún humano en esta vida o en las siguientes podría llamar mi atención como para querer hacer algo más que follarlo... eso si llegase a darse el milagro de que me interesara hasta tal punto.

Byul se miró las perfectas uñas y luego a él.

–Mi sentido común está mejor que nunca.– Aseguró ella con una pacífica sonrisa.– ¿Qué hay de tu sentido de la aventura?

Donghae entrecerró los ojos y se cruzó de brazos.

–Que sean dos semanas de prácticas.– Respondió él con suficiencia.– Ningún humano puede ser tan penoso como para soportar su presencia durante unos cuantos días.

Ella se mordió una ilusionada sonrisa.

–Ya que estás tan seguro de ti mismo, permíteme que añada una pequeña cláusula.– Pidió con estudiada inocencia.– Te quedarás con la primer persona a la que veas.

Él se echó a reír.

–¿Pretendes que cuide de un anciano, un infante?

Ella sonrió en respuesta pero no respondió.

–Llegarás con la primera de las nieves y estarás obligado a regresar cuando la nieve empiece a derretirse.– Continuó ella marcando las pautas.

–Descartamos entonces la Antártida y Canadá, ¿uh?

–Y si te enamoras de él... perderás.

–Ahora sí que estoy seguro de que has enloquecido.– Aseguró Donghae con una audible carcajada.

Ella sonrió y se encogió de hombros.

–¿Aceptas el trato?

Él sacudió la cabeza y se le quedó mirando, entonces empezó a caminar de un lado para otro.

–Déjame que lo resuma. Bajar con la primera nevada y regresar cuando la nieve empiece a derretirse, seducir al primer humano con el que me tope... para no morirme de tedio mientras espero, siempre y cuando no sea un anciano o un menor, porque ni siquiera yo puedo caer tan bajo y absolutamente nada de enamorarse.– Enumeró mirándola a ella después de cada pausa.– Y así te demostraré lo patéticos que son los humanos, lo inservibles que resultan la mayor parte del tiempo. Oh, y tú te ocuparás de mis alumnos durante dos semanas.

Ahora fue el turno de ella de hacer una mueca.

–¿Es realmente necesario?, ¿Tus alumnos?

Donghae sonrió de oreja a oreja. Los jóvenes caídos que llegaban a manos de Donghae eran conocidos por acabar con la paciencia de cualquier otro mentor en la Academia de Ángeles Caídos, ya fuera por su rebeldía, ñoñería o la insistencia en llamar a sus mamás.

–Absolutamente.– Aseguró él con seguridad.

Él vio suspirar a Byul pero al final la ángel caída asintió y le tendió la mano.

–Acepto tus términos, Donghae.– Aceptó ella, en su voz parecía haber un deje de resignación.

–Quizás debieras ir conociéndolos, muy pronto, serán todos tuyos.– Aseguró él estrechando su mano con la de ella en un firme apretón.

Ella sacudió la cabeza y bajando el tono de voz y mirándolo a los ojos le recordó.

–No te enamores, Donghae.– Le recordó la más importante de las cláusulas.– Si lo haces, perderás.

–Oh, pequeña, en el Infierno empezará a hacer frío cuando eso ocurra.