Capítulo 1 ...la última cría...
Las gotas de una fuerte tormenta cesaban, dos demonios unieron sus narices mientras se transmitían mutua preocupación, una despedida silenciosa a los pocos días del nacimiento de su tercera cría.
Los ojos del demonio se perdieron en los de su pareja, expresando su renuencia a marcharse, dudoso de sus decisiones y temeroso por primera vez, su mano acarició el cabello de su hembra, ella pego un suspiro y miró a sus hijos para expresar firmemente. —Ni a taiste tea (Ya no hay opción). —
—Asteshka mai. (Amada luna)—exclamó el demonio mientras juntaba tiernamente sus labios sobre la frente de su pareja, acción ante la cual se formaba en ella una lucha interna para no detenerlo, —A saji ane mi tem (No dejes que te maten). —
El demonio ergio la espalda y llevó sus pasos hasta salir del lugar, marchándose sin mirar atrás, la lluvia volvió a caer y las lágrimas anidaron en los ojos de aquella que contemplaba las huellas desvanecerse del suelo, mientras guardaba en secreto un deseo de regreso, uno tan imposible como nieve en verano.
◇○○◇
Los ojos de un cachorro de demonio se abrieron al salir el sol, dos demonios pequeños lo miraban extrañados mientras que su madre se mantenía en el lecho.
—¿Mitun ishia aril ner quime? (¿Nosotros también fuimos tan pequeños?) — cuestionó la cría mientras curioseaba a su nuevo hermano.
─niumeria lua kai quime micte rechal (Todas las crías son pequeñas cuando nacen). — Respondió su gemelo. —zek ane u Jie (Verdad que si Jie) — miró a su madre, ella asintió levemente.
—¿Mi lua kife? (¿Vas a nombrarlo?) — Preguntó él picando una de las mejillas de su hermano.
—Kume tu kife nua lua aril (Kume lo nombró antes de irse) — Expresó ella mientras miraba al cachorro,
—Tu kife lua Furuya…kuroshiva…a axeter lua shir, (Su nombre es Furuya…kuroshiva, no recuerdo el orden)—
◇○○◇
Con el paso de los años las cosas como hablar y caminar se hicieron posibles para el último cachorro, su curiosidad crecía constantemente, llegando al nivel en el que custodiarlo se volvió una actividad diaria. Su hermana, Neri, se encargaba de ello la mayor parte del tiempo, sin embargo, mientras más se le permitía conocer, controlarlo se volvía un reto más difícil, pues ¿quién sería capaz de contener a un demonio puro en crecimiento?
Una ajetreada mañana los pasos salvajes de un cachorro huyendo de su hermana resonaban por el bosque, pisando sobre las caídas hojas y raíces sobresalientes, corriendo y saltando Furuya tomaba el escape como un juego, uno en el que por su pequeño tamaño corría con ventaja, no contemplando el bosque que creía eterno corrió con libertad, saltó sobre las ramas, se adentró en los arbustos, y sin conciencia alguna se alejó de su hogar, acercándose cada vez más al lugar en el que se encontraba él fin de la montaña. sus pasos apurados saltaron troncos y resbalaron en piedras, Furuya volteó a su cansada hermana mayor mientras permanecía corriendo de espaldas, un descuido bastó, un tropiezo lo hizo caer entre los arbustos y rodar colina abajo hasta salir completamente de la montaña.
Un lugar nuevo, criaturas sin cuernos o garras qué lo miraban con miedo, Neri corrió para traerlo de regreso, al verla aproximándose la cría lo tomó a juego y sin dar importancia a su alrededor se levantó y corrió nuevamente sin mirar enfrente, corriendo despreocupado impactó su pequeño cuerpo contra una niña, cayendo los dos al suelo —¡ay! — se quejó la humana mientras que Furuya se incorporó envuelto en carcajadas. —jajaja, ¡sun te! (¡otra vez!)—
Sin entender la naturaleza de la criatura que tenía enfrente, la niña lo miró con curiosidad y sorpresa, su mano ligeramente raspada se levantó con intención de tocar a aquello que la tumbó, sin embargo, esté fue alejado por los brazos de Neri, quien tomó a su hermano y retrocedió tres pasos, entrando en guardia.
Los aldeanos les dedicaban miradas de miedo y repulsión mientras que lentamente empuñaban sus armas.
Nerviosa, Neri apresó a su hermano con fuerza entre sus brazos, al ver aquella reacción, la niña humana se levantó y con pasos tranquilos trató de acercarse, sus labios se abrieron con una cálida expresión, sin embargo el sonido no logró emitirse, pues las manos de una mujer cubrieron su boca antes de que pudiese articular y la atrajeron lejos, abrieron el paso para que estos se fueran y sin pensarlo dos veces Neri corrió hacia la montaña con su hermano y se adentró en el bosque, asustada, no paró hasta agotarse, solo entonces bajó a su hermano y comenzó a gritar —¡A lavuj lua maera ju! (¡no vuelvas a hacer eso!), ¡¿Añes hejusto ge lua kume?! (¡¿quieres terminar igual que Kume?!)—
El pequeño la miró sin entender y entonces los ojos de la niña se llenaron de lágrimas y se lanzó a abrazarlo, —a kai istia, a ti parveta (No seas tonto, no lo repitas). —








