Notas Del Corazón by ❄️YUKIHIME❄️ at Inkitt
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NOTAS DEL CORAZÓN

Summary

[Portgas D. Ace x Lectora x Trafalgar Law] Esta historia ha sido copiada y pegada desde mi perfil de Wattpad a Inkitt. Aclaro que necesita algunas correcciones, pero nada grave como para que no se pueda disfrutar de la lectura. Contenido: romance, intentos de humor, drama y escenas explícitas no aptas para menores de edad. Leer bajo propia responsabilidad. Nota: esta historia se desarrolla en el mundo real, aunque he usado el nombre de algunos lugares del ambiente natural de One Piece. Técnicamente, se resume a los nombres de las ciudades y continentes; el resto está basado en nuestro mundo fuera de la dimensión 2D. Espero que no sea ningún inconveniente, y que disfrutes de la lectura.

Status
Complete
Chapters
44
Rating
5.0 2 reviews
Age Rating
18+

Pilot


¿No has pensado alguna vez, que sería genial tener el poder de volver en el tiempo y cambiar, o quizá prevenir ciertas cosas que marcaron tu vida de tal manera, que a pesar del paso de los años siguen doliendo como si hubiesen sucedido ayer?

Y ya sé que piensas: «Oh, ésta debe ser la típica tipa dramática que narra su propia historia y trata de sonar interesante para atrapar el lector». Bueno, no es el caso. No estoy siendo dramática, y honestamente no tengo ningún talento como escritora, pero es tanto lo que guarda mi pecho... que decidí escribirlo. Aunque sé que es estúpido, porque éste es un libro que jamás pienso publicar. Además, lo escribo imaginando que hablo con alguien, porque quizá eso me ayude mucho a sacar estos sentimientos que no dejan de doler y agobiarme, justo como hoy, que se cumple el tercer aniversario de..., bueno, eso lo diré más adelante.

Hay recuerdos que me atrapan cuando el silencio y yo nos juntamos, así como ahora, que estoy en casa... esperando porqueélregrese de su viaje.

Hay cosas que simplemente no se pueden contarle a cualquiera, pero ese rubio... es la excepción. Él sabe todo de mi, así como lo sabía el otro... el que se fue para no volver jamás. Ese que dejó un gran vacío en nuestras vidas. Debo mencionar que ese hombre, es una de las razones principales por las cuales decidí escribir, todo con el fin de desahogarme. Es que, lo extraño tanto, que me duele hasta en los huesos. Aunque no es el único que dejó un enorme hueco en mi pecho... el día que él se fue, mi corazón recibió tres heridas graves, que aún no acaban de sanar.

Todo comenzó ese día...

Apenas tenía un mes de haber egresado de la universidad y la situación económica no iba muy bien, así que debía conseguir un empleo de tiempo completo que me ayudara a pagar mis gastos.

Vivir sola es lo mejor del mundo, en serio, lo es, pero deja de ser tan lindo cuando te sientas a hacer las cuentas, y compruebas que lo que ganas no es ni la mitad de lo que necesitas.

Y allí estaba... con cara de idiota viendo las luces de la ciudad desde la azotea del edificio donde vivía. Y es que me gustaba ir allí arriba, donde me sentía de alguna manera..., libre y descargada.

Era el único lugar donde paraba de pensar y mi mente lograba un merecido descanso.

Y es que en serio debía despejarme.

Tenía muchos problemas; estaba a poco de ser deportada, puesto que mi visa de estudiante estaba por expirar. Un poquito más, y también sería desalojada, ya que estaba atrasada en los pagos de dos meses de renta. La nevera empezaba a vaciarse, y por desgracia no había tenido suerte en ninguna entrevista de trabajo. No tenía amigos ni familia a quién acudir, había venido al All Blue desde un lejano país, a comenzar de nuevo y no tenía dónde regresar.

Pero volviendo al punto...

Contemplaba las estrellas y en verdad tenía la esperanza de que quizá algo milagroso sucediera. Así como esas cosas que sólo acontecen en las películas, donde como por arte de magia y conspiraciones de la vida, el protagonista siempre obtiene lo que tanto deseó, o por lo que luchó. Desafortunadamente... en el mundo real esas cosas no pasan, así que di un último vistazo a la ciudad y decidí irme a dormir antes de las nueve. El día siguiente tenía que levantarme muy temprano para probar suerte, y quizá encontrar un trabajo donde no quisieran una joven de veintiuno, con treinta años de experiencia laboral.

Si alguna vez has buscado trabajo... estoy segura que entiendes el sentimiento.

Caminaba cabizbaja, y suspiré un poco decepcionada, porque una vez que cruzara la puerta de acceso al edificio... mis preocupaciones regresarían bombardeándome sin piedad. Sin embargo; así es el mundo de los adultos, ni modo.

Alerta de «spoiler», no crezcas, ¡es una trampa!

Cuando se es pequeño de edad, tendemos a creer que a los veinte y tantos nuestra vida estará solucionada. Imaginamos que tendremos una gran mansión y hasta fantaseamos con que viajaremos por el mundo sin preocupación alguna.

Pues... ¡qué gran mentira!

En fin, caminé hacia la entrada y escuché a alguien llorar. Sí, ya sé que no era de mi incumbencia, pero pensé en que todos alguna vez pasamos por momentos de prueba en los que necesitamos siquiera... alguna palabra de aliento o la presencia de alguien que se interese o quizá, que escuche. Así que me acerqué a la chica que lloraba sin consuelo alguno. Ella estaba sentada en las escaleras, con su cara sobre sus antebrazos, los cuales reposaban sobre sus rodillas. Creo que me sintió llegar, porque levantó su rostro, y me miró con ojos grandes e inundados en lágrimas.

Y ahí entré yo, a hacer una pregunta muy estúpida.

Sé que hablé sobre dar consuelo o apoyo emocional a terceros, pero honestamente no soy la mejor rompiendo el hielo, ni haciendo las preguntas correctas, o dando las mejores primeras impresiones. No obstante: me acerqué, me arriesgué, y pregunté lo primero que se me vino a la mente.

—¿Por qué lloras? —me paré frente a ella, y me miró con cara de «¿y tú quién eres?»

Si bueno, esperaba una respuesta grosera porque me estaba metiendo en lo que no me importaba, pero ella suavizó su gesto y suspiró ganando un poco de calma.

—Mi abuela murió —respondió entre sollozos, y entonces me senté a su lado para intentar consolarla.

Me contó que la señora era su única familia en el mundo, pero que su avanzada edad la había conducido a un sueño de esos de los que ya no se despertaba.

—Al menos vivió feliz y murió sin ningún sufrimiento. —dije con la intención de confortarla, luego de escuchar a la joven hablar con tanto amor sobre su vida con su abuela—. Odio conocerte bajo estas circunstancias, y siento mucho tu pérdida. Mi nombre es (T/a) (Tn). —me presenté dándole mi mano.

—Muchas gracias, me llamo Matsumoto Lily. —me sonrió triste al estrechar mi mano.

Después de un rato de platicar, la invité a mi apartamento. Al parecer llevábamos casi dos años siendo vecinas y nunca nos habíamos visto. Culpo a mis estudios que consumían mi vida social (la cual nunca tuve desde que mis padres murieron) y también, la chica dijo tener dos trabajos, así que ésa era la razón por la que jamás nos habíamos visto antes.

Lily y yo congeniamos muy bien, hasta quedamos de salir a tomar algún café.

Era una joven bastante agradable, muy guapa, de estatura baja al igual que yo. Un poco delgada, rubia, y tenía unos bellos ojos que desbordaban humildad.

Entre plática y plática, llegamos a la parte donde le comenté que estaba en busca de empleo. Dejó a medias el sorbo que le daba al zumo de arándanos que le serví, y reaccionó muy enérgica.

—¡Oh, cielos! —exclamó repentinamente, arrancándome un susto—. ¡Tú eres perfecta para ese trabajo!

—¿A qué trabajo te refieres? —le pregunté confundida.

Lily me comentó que sabía de alguien que necesitaba una asistente de tiempo completo, que no se requería de experiencia y que el pago era muy atractivo. Me tomó de las manos y me miró como si me conociera de muchos años.

—¡Nena... yo te puedo recomendar!

—¿En serio? —inquirí muy ilusionada—. Me salvarías la vida, ¡te lo juro! —le aseguré muy agradecida y sonriente.

La chica escribió una dirección y un número de teléfono en un papel y lo dobló en dos partes.

—Ve a las dos de la tarde. Así ya habré hablado con la persona a cargo. —me entregó el papel y parecía muy segura—. Se que te van a contratar.

Y aunque no hubiese sido así, estaba muy agradecida por el esfuerzo de Lily. Hoy en día nadie hace nada por alguien sin pedir algo a cambio, y ella lo había hecho desde el fondo de su corazón.

Me contrataran o no, apreciaba mucho su ayuda. Así como dice ese bello dicho: «La intención es lo que cuenta».

Lily y yo platicamos un rato más y nos despedimos casi a medianoche.

Al día siguiente, hice tal cual mi nueva amiga me había indicado, fui a la dirección correcta y una mujer muy amable me entrevistó.

Honestamente yo esperaba la típica respuesta: «muchas gracias, le llamaremos pronto», sin embargo no sucedió. Me contrataron en el instante, y cuando firmé aceptando todas las cláusulas y condiciones, la entrevistadora me sonrió de manera muy peculiar justo después de cerrar el folder con el contrato.

—Buena suerte. —me dijo con un tono de voz un tanto sospechoso.

Me intrigó aquello, pero le resté importancia porque estaba feliz de haber encontrado un ángel como Lily, quien me ayudó a conseguir un empleo en el cuál me pagarían lo suficiente como para cubrir todos mis gastos, y hasta me quedaría algo más para ahorrar y quizá... comprarme una que otra cosilla.

Mi trabajo al parecer no sería difícil; constaba en ser la asistente personal de alguien supuestamente «famoso», no se me dijo el nombre, eso lo sabría hasta el día siguiente que le conociera.

Me dieron un listado de cosas que debía hacer al pie de la letra, más bien... parecía un manual completo.

«Esto me suena como a alguien exigente y muy quisquilloso», pensé al leer el folleto.

Al llegar a mi apartamento, quise agradecer y darle las buenas nuevas a Lily, pero ella no se encontraba en casa y tampoco contestaba su móvil.

Con la emoción de haber conseguido un empleo, dejé todo listo para mi primer día de trabajo y me fui a dormir.

A la mañana siguiente, me levanté e hice todo lo que debía con tiempo. Fui al lugar donde me habían indicado que debía presentarme, y esperé por una chica que me llevaría a lo que sería mi nuevo trabajo.

No fue mucho lo que estuve esperando, cuando la joven pasó recogiéndome y me llevó a una enorme y lujosa mansión. Entramos a la sala de recepción y me encantó todo lo que vi, era muy elegante en realidad.

«Sólo espero que mi jefe o jefa no sea una persona pesada o engreída», pensé preocupada por tanta riqueza apilada donde fuera que fijara la mirada. Todo lucía carísimo.

Estaba sumida en mis pensamientos al ver todo aquello, pero la voz de la linda muchacha me hizo volver al momento.

—Espera aquí, por favor. —me pidió muy amable y sonriente, antes de empezar a subir por las escaleras rumbo al segundo nivel de la casa. Asentí con una pequeña sonrisa y me quedé en sitio, como si fuese una estatua.

«Qué nervios...»

Luego de unos instantes de suspenso, escuché algo que me llamó mucho la atención...

—Espero que esta vez no te comportes como un idiota, te acabarás el mundo y jamás tendrás un empleado que te soporte más de un mes. —alegaba la chica que me pidió que la esperara.

De acuerdo... no mentiré, eso me dio mucho en que pensar. Pero ya estaba ahí y necesitaba el trabajo así que no tenía otra opción más que seguir adelante. No podía ser tan malo, ¿o sí?

Seguidamente la chica se asomó a las escaleras, me sonrió y me llamó con un ademán.

Subí hasta donde ella estaba y abrió la puerta de una habitación.

—Pasa... —me invitó muy carismática.

—Con permiso. —dije al entrar.

¡Y no podía creerlo, estaba estupefacta! Si eso era un sueño... ¡definitivamente no quería despertar!

Cuando esos hermosos ojos grises me miraron, sentí que me iba a desmayar. Quería arrojarme encima del joven y actuar como una fanática loca, porque en verdad amaba a ese tipo. Pero debía guardar la compostura y actuar como toda una profesional, así que me aguanté la emoción (no sé cómo) y la muchacha procedió a presentarnos.

—Law, ella es (Tn), tu nueva asistente. —dijo. Él me miró de pies a cabeza como si yo fuese un bicho raro, y la verdad es que me declaré dichosa y privilegiada. Qué loco, ¿no? Pero eso fue lo que sentí—. (Tn), él es Law. Y sé que quizá mi hermano puede ser un poco difícil, pero por favor tenle paciencia. —añadió la chica, quien momentos antes me había dicho que se llamaba Lami.

Asentí a manera de saludo respetuoso y sonreí muy nerviosa. Law tenía una expresión muy seria, hasta fría se podía decir.

—Oi, empieza trayéndome un café. —pidió muy seco. Lami aclaró su garganta y Law rodó los ojos—. Por favor. —agregó, como si su hermana lo hiciera sentirse obligado a hacer uso de buenos modales.

—En seguida, señor... —respondí a medias y me sentí estúpida, no sabía como referirme a él.

Lami rió muy divertida y Law me miró con ojos cansados.

«Y así es como empiezo a fastidiarlo todo, en mi primer día de trabajo...» pensé muy nerviosa.

—Llámame: Law. —dijo con un tono de voz muy aburrido.

El muchacho se puso de pie, dado que estaba sentado en la orilla de la cama. No usaba camisa, tan sólo llevaba puestos unos pantalones para dormir en color azul, los cuales tenían un estampado de ositos polares.

«Qué lindo...» dije en mi interior, a la vez; quise enfocarme en otra cosa, de lo contrario empezaría a babear al ver el atlético y bien formado torso de mi jefe. Esos tatuajes y esos músculos... no era alguien de complexión ni gruesa ni delgada, era..., perfecto.

—Ve al café de la esquina y tráeme un expreso doble. —me pidió, al sacar dinero de su billetera. Asentí en respuesta y salí a prisas.

Lami se quedó con él, y yo tenía la esperanza de que ella saliera de la habitación para preguntar dónde quedaba «el Café de la esquina», porque sinceramente no había visto ninguno. De igual manera fui optimista y salí en busca del local.

Agradecí desde el fondo de mi corazón, el hecho de haber encontrado el lugar sin problema. Me atendieron enseguida dado que no había muchos clientes, y pude regresar rápidamente a casa de Law.

Llevé el café a la habitación del susodicho pero él no estaba por ningún lado, de pronto escuché la regadera y supe que se bañaba. Lami se había ido para entonces, por lo que empecé a dar vueltas en la enorme casa para saber dónde estaba cada cosa y facilitar mis quehaceres. Ese día conocí a dos chicas que se encargaban de la limpieza, cocina y lavandería. Fueron amables conmigo y me mostraron el resto de la casa.

Me encontraba revisando la agenda cuando escuché que Law gritó. Fui corriendo a ver qué sucedía y lo encontré maldiciendo a más no poder.

El tonto se había tirado el café encima accidentalmente.

Me acerqué, y noté que su piel estaba enrojecida por lo caliente de la bebida. Fui al baño a buscar toallas para humedecerlas y también llevé pasta dental. Le limpié el torso y peleé con él porque no quería que le aplicara el dentífrico sobre la piel, y pues... insistí e insistí hasta que me salí con la mía.

Luego de tratar el área afectada, le pregunté si quería otro café por lo que negó con la cabeza al tomar una bocanada de aire.

—No hay tiempo. Tengo ensayos. —respondió al ponerse otra camisa.Entonces fui a la cocina y le preparé un sándwich. Pensé que quedaría bien con él pero me gritó casi sonando espantado—: ¡Aparta eso de mi vista, odio el maldito pan! —Evité tomármelo personal y me limité a hacer lo mío.

Debí saberlo, pero simplemente, no me parecía en nada al resto de las fanáticas. Sí, me gustaba Law, es decir; amaba su música, pero yo no era del tipo de persona que se obsesionaba con leer y conocer todo sobre su artista favorito en las revistas, o que estuviese al pendiente de cada rumor en la farándula o cosas así. Hasta el día de hoy, me limito a apreciar la buena música, y nada más.

Mi trabajo incluía ir donde fuese que Law fuera, estar donde estuviera, y para lo que necesitara, así que nos subimos a una camioneta Cadillac color blanco, y el chofer; quien sólo llegaba si así era requerido, nos llevó al estudio de grabaciones para los ensayos.

Mientras Law hacía lo suyo, me puse a repasar el manual que me dieron y entonces encontré algo a lo que debí prestarle atención...

«¡Soy una torpe!» Me reproché al leer que había una pequeña nota subrayada y escrita en mayúscula que decía:LAW ODIA EL PAN.Me di una palmada en la frente. No podía creer lo descuidada que había sido.

Para no repetir el error, me asigné la tarea de memorizar toda la información escrita acerca de mi jefe, de lo contrario... más temprano que tarde estaría perdiendo mi trabajo.

Corrí al almacén y compré agua tónica, regresé antes de que Law terminara de ensayar, y cuando él salió de la cabina de grabación, yo ya estaba esperándolo con la botella en mis manos. La quedó viendo y luego me miró a mi...

—Ya no tomo agua tónica, ve y tráeme agua mineral.

En verdad tenía ganas de lanzarle la botella en la cabeza. Quería decirle: «Law, el agua tónica y la mineral son lo mismo», pero me contuve, porque en realidad no lo son.

En fin, corrí de nuevo a la tienda y compré el agua mineral más cara de la historia.

«No hay manera de que no le guste». Me alenté en el momento.

Tuve que arriesgarme y apostar a mi suerte, ya que ese cambio de preferencias era algo que no estaba en la lista.

Volví al estudio de grabación y me encontré con sus amigos; Shachi, Penguin y Bepo, quienes eran y siguen siendo integrantes de su banda de rock, Heart Pirates. Los dos primeros chicos fueron muy simpáticos y conversadores conmigo, sin embargo Bepo, era un poco tímido, pero eso sólo me pareció más lindo de su parte.

Luego de presentarme con todos y aguantarme las ganas de pedirles su autógrafo..., repartí las botellas con agua. Estaba agradecida por haber cedido ante la tontería de llevar seis botellas de diferente marca. Sucedió que al final me fue de gran ayuda, porque también le di a los chicos.

Law se acercó a mí, y le entregué agua mineral exportada desde Dressrosa, de las cascadas ocultas de Green Bit. Él me quedó mirando de manera fría, y soltó un bufido antes de tomar el contenido de la botella.

«Qué alivio...», pensé recuperando un poco de tranquilidad.

Estaba a punto de sentarme para descansar un momento, cuando alguien habló, detrás de mí...

—¿Me darás una botella de agua mineral a mí también?

Cuando volteé, me di cuenta que se trataba de uno de los dos manager de Law. Éste era el dueño de la disquera «Donquixote Records», con la que mi jefe tenía su contrato.

Me puse de pie y muy sonriente le di lo que pedía.

—Soy Donquixote Doflamingo, mucho gusto muñeca.

—Soy (Ta) (Tn), es un verdadero placer, señor Donquixote. —me presenté al estrechar la mano que me ofrecía.

—No seas tan formal chiquilla, llámame Doffy. —dijo al soltar una risa simpática. Me dedicó esa mirada que las chicas pequeñas de estatura amamos. Dado que era extremadamente alto y yo quizá le llegaba abajo de la boca del estómago..., él me veía así, tan masculino, tan coqueto, y muy seductor. Aagh... no sé cómo ponerlo en palabras, pero en lo que yo seguía atontada por su gran atractivo, éste continuó—: Imagino que eres la nueva asistente de Law. —Asentí, y muy a gusto con su personalidad... acepté lo anterior.

—Esta bien, te llamaré Doffy. Y sí, es mi primer día.

Con eso dicho por mi parte, él se sentó en el sofá, ya que estábamos en la sala de descanso. Se pasó los dedos en su corto cabello rubio y me miró con una expresión que, sinceramente no sabría cómo describir.

—(Tn)... —dijo, dirigiendo su mirada hacia mi jefe, quien estaba con sus compañeros de banda—. Te pido que seas paciente con Law, aunque llegue a parecerlo... no es un mal chico.

Bueno, no podía negar que lo que Lami había dicho por la mañana, y lo que Doffy me acababa de comentar... era un raro contraste en la situación. En fin, no pedí explicación alguna y sonreí aceptando la petición.

Seguidamente, llegó ese muchacho que, bueno... simplemente me encantó todo de él, así como me había fascinado Doflamingo desde que lo vi frente a mí.

Este otro hombre era increíblemente lindo, tan guapo como el primer rubio. Cualquier chica se habría derretido al tenerlos a él y a Doffy frente a frente.

—Hola, eres la nueva asistente si no me equivoco.

«¡Ay, por todos los cielos! ¿Qué hice bien para merecer estar cerca de estos hermosos ejemplares?» Pensé suspirando.

En serio, estaba en un lugar con seis hombres extremadamente guapos. Tenía lo mejor de cuatro mundos; dos rubios, dos morenos, un pelirrojo, y un chico tímido de cabello platinado.

Si Doflamingo me había dejado atontada, ese otro rubio terminó de jugar con mis emociones. Era más bajo que Doffy. A éste, yo le llegaba quizá hasta el pecho al igual que a Law, pero... aaah... sé que hice el ridículo en aquella ocasión, porque tuve una reacción tardía. Literalmente, me di varias palmadas en las mejillas para despertar de mi idiotez. Doflamingo notó mi acción y se rió, lo mismo que el otro muchacho rubio frente a mí.

—Soy Rosinante, Donquixote Rosinante, pero puedes llamarme, Rosi, o Corazón, si así lo prefieres. —dijo—. Soy el representante de Law. —añadió sonando muy amable.

—Mi nombre es (Ta)(Tn), mucho gusto Corazón. —dije al estrechar la mano que me ofrecía muy educadamente.

Él sonrió y volteó a ver a Doflamingo, segundos después, ambos rieron y yo no tenía idea del porqué.

—Sonó muy cariñoso... —manifestó muy juguetón.

«Es la sonrisa más hermosa que he visto en mi vida». Pensé embobada.

Doflamingo se paró frente a mí, metió sus manos en los bolsillos de su pantalón, y se inclinó un poco a mi estatura.

—Eres extranjera, ¿cierto? —me preguntó. Asentí en respuesta, percibiendo la cara caliente. Estaba un tanto avergonzada. Él sonrió muy picaresco y dirigió su mirada a su hermano menor—, Eso siempre te funciona con las extranjeras, Rosi.

Corazón le sonrió a Doffy, y ambos me miraron hacia abajo. Sentí como si estuviese en presencia de gigantes, bueno, con mi estatura... mejor sería no añadir algo más.

—Qué linda. —dijo Rosinante, con una sonrisa como de..., complacencia.

—Llámalo: Cora-san, o Corazón-san. —me aconsejó Penguin al acercarse a nosotros—. Para que no suene como a coqueteo. —aclaró luciendo algo divertido. Creo que le había causado gracia todo aquello, porque había hablado entre risillas.

Honestamente, no me ofendí, al contrario, reí con ellos. Inmediatamente noté que eso sirvió para que nos familiarizáramos más, pero mientras yo socializaba, Law se veía tan amargado como lo usual en ese día.

—Tú, ve por una ensalada Caesar. —dijo al acercarse a mí.

—No hace falta. —intervino Doflamingo—, ya ordené comida para todos, y no debe tardar la entrega. —Dicho eso, el rubio volteó a verme y me guiñó un ojo.

Ese día, todo lo que hice fue conocer a chicos muy agradables y ver ensayar al pesado de mi jefe.

Cualquier chica se habría muerto de envidia al saber que me la pasé escuchando el nuevo sencillo de Law, antes de que saliera a la venta o se filtrara en internet. Pero aunque yo hubiese sido del tipo de persona a quien le gustase presumir..., no podría, porque mi contrato me impedía hablar de cualquier cosa que tuviese que ver con Law.

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