Esta vida... Se convirtió en un Shoujo

Summary

Takemichi Hanagaki, un estudiante de secundaria baja que, desafortunadamente, sufre bullying y acoso por parte de un grupo de delincuentes y populares chicos. Sin embargo, un día, después de recibir como regalo un peculiar perfume por parte de su querida tía, el mundo de Takemichi se llena de una energía emocionante y llena de posiblidades, comienza a ver la vida a través de un lente más romántico, al estilo de un manga shoujo, lleno de giros inesperados y emociones intensas. El perfume tenía una fragancia embriagadora. ¡¿Por que aquellos acosadores ahora lo miraban de una manera más romántica?! 💌 Takeharem 💌 Sin copias ni adaptaciones 💌 Espero disfruten la historia 💌 Gracias al anime Shoujo que me vi en Netflix por darme esta idea jajajaja

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

★彡 ⁰⁰¹

El olor repugnante de la basura salía de forma asquerosa del casillero, envases de comida junto varias cosas podridas y repugnante que están acompañadas de un líquido de dudosa procedencia que empezaba a salir por el borde del casillero.


No pudo evitar sentir asco ante la imagen frente a él, retrocedió un poco, para así evitar que aquel líquido cayera a sus zapatos escolares.


─ Mierda, esto es asqueroso ─ susurro, asqueado y molesto, ya que, su nuevo par de zapatos había sido llenado de basura.


En su mochila, empezó a buscar el pequeño paquete de pañuelos desechables que había guardado el día anterior por cualquier percance (agradecía mentalmente haberlo guardado), al encontrarlo, tomo cuatro pañuelos, abriendo los y tomando con asco sus zapatos que se encontraban húmedos y chorreando un líquido. Con su otra mano libre, se tapó su boca y nariz, para así evitar las arcadas y el repugnante olor con el que habían quedado sus zapatos.


¿Que hará ahora con los zapatos?


Debería tirarlos, ¿No? Sí, debería hacer eso, pero había gastado bastante dinero para poder comprar aquel par de zapatos que no era capaz de tirarlos a la basura.


Tenía una batalla mental ahora mismo, entre si tirar los zapatos o llevarlos a su casa y limpiarlos para después volver a usarlos.


─ Debería tirarlos... Mierda, perdí mucho dinero por esto zapatos ─ empezó a lamentarse, viendo con pena y asco sus zapatos nuevos, llenos de porquería y suciedad.


Con asco, se dirigió hasta la salía del establecimiento, tirando los zapatos junto a los pañuelos desechables al bote de basura más cercano. Después de hacer eso, saco otro pañuelo, limpiándose las manos para después hacerlo bolita y tirarlo a la basura.


Volvió de nuevo a los establecimientos, camino hasta llegar a su casillero y ver con asco todo. ¿Como volvería a casa ahora? ¿Como limpiará todo aquello? ¿Por que le ocurre esto a él?


Sus ojos poco a poco empezaban a lagrimear, lágrimas que recorrer sus mejillas hasta caer al suelo. Ahora mismo se siente tan devastado y con un dolor horrible en su corazón.


─ ¿Por que me ocurren estas cosas a mi? ─ con el dorso de su mano trato de limpiarse las lágrimas, evitando que dejarán de salir y manchen su cara, pero las lágrimas parecían no querer detenerse.


─ ¿Joven Hanagaki? ─ aquella voz lo había asustado, provocando un pequeño saltito a su corazón.


Miro a su lado, viendo al guardia del colegio, un hombre que se notaba que ya iba para la tercera edad, un poco encorvado con las manos detrás de su espalda, cabellos ya blancos por sus canas y arrugas visibles por toda su cara. Un señor bastante amable y bondadoso, alguien que aprecia mucho por haberlo ayudado en incontables ocasiones cuando más lo necesitaba.


─ Señor Kimura ─ Takemichi limpio rápidamente sus lágrimas, le dio una sonrisa al señor y una pequeña reverencia.


─ ¿Que haces aquí todavía jovencito? Las clases terminaron hace mucho ─ dijo el señor Kimura, mirando detrás suyo las puertas del lugar, viendo el cielo que ya se estaba tornado de un color rojizo con naranja, lo que explicaba que el sol ya se estaba ocultando por el horizonte. Volvió su vista al joven, esperando alguna explicación de su parte.


Takemichi se puso nervioso, no sabía cómo explicarle al señor Kimura que en realidad, lo habían encerrado en el armario del conserje y tuvo que forzar la puerta para poder salir de ahí.


─ Bueno... Me quedé dormido en la biblioteca, estaba estudiando para un examen y me quedé dormido y no me di cuenta de lo tarde que era ─ soltó una pequeña risa, cerrando el casillero a su lado para que el señor no notase el estado lamentablemente de su casillero.


El señor Kimura no dijo nada por unos pocos minutos, dio un suspiro y habló.


─ ¿Esos delincuentes te volvieron a molestar? ─ dijo, viendo como el chico frente a él se tensaba a sus palabras, forzando una sonrisa y negando, negando de que alguien lo hubiera molestado en todo el día. ─ Esta bien, te creo ─ dijo mientras le sonríe al chico. ─ Pero ya deberías irte, tu madre se podría preocupar ─ se acercó a Takemichi, colocando su mano en la espalda del chico para dirigirlo hasta la salía del lugar.


Takemichi no podía hacer nada, no se le ocurría ninguna excusa para poder quedarse y limpiar su casillero sin que el señor Kimura se diera cuenta, sin más, se tuvo que ir, despidiéndose con una reverencia del señor Kimura y tomar el camino para ir a su casa. Quizás mañana, si llegaba temprano, tendría tiempo para poder limpiar su casillero.


El señor Kimura se despedía de la mano, viendo como el chico ya estaba lo suficientemente lejos, entro al lugar, caminando hasta quedar frente al casillero de Hanagaki, al abrirlo no pudo evitar enojarse al ver el estado en el que se encontraba.


─ Esos malditos delincuentes ─ fue lo único que dijo, para después irse hasta la habitación del conserje para poder sacar un par de cosas y limpiar el casillero. Al llegar, pudo ver cómo la puerta estaba forzada, como si alguien hubiera tratado de salir de ese lugar, él solo negó, saco un par de cosas y se fue de nuevo hasta el casillero, para así empezar a limpiar lo y dejarlo reluciente e impecable.


★彡


Por fin había llegado a casa, entro, dejando sus zapatos de colegio en una parte donde su madre no los pueda ver, para que así no le pregunté porque traía esos zapatos y no los nuevo que había comprado hace poco. Mierda, aún se siente frustrado por la pérdida de aquellos zapatos.


"Los maldigo a todos, ¡Maldita Touman!"


Grito internamente, pero antes de poder seguir insultando al grupo de delincuentes, se percató de un par de zapatos desconocidos.


Curioso, camino hasta la sala de estar, viendo con sorpresa a la persona que se encuentra sentada en el sofá de su casa junto a su madre.


─ ¿Tía? ─ dijo, sin poder creerse lo.


Su tía Yuna, aquella mujer que no veía desde los doce años se encontraba frente a él. Alegremente, Yuna se levantó del sofá, extendiendo sus brazos y yendo hasta donde se encuentra Takemichi, abrazándolo cariñosamente y dándole pequeños besos en la frente y mejilla.


─ Tanto tiempo sin verte mi querido Michi ─ dijo tan alegre como es ella.


Takemichi correspondió el abrazo, con unas inmensas ganas de llorar por ver a su querida tía después de tanto tiempo.


Yuna, hermana menor de su madre, es una mujer demasiado cariñosa y aventurera, al haber terminado su carrera y trabajo unos años para poder conseguir una suma de dinero considerable para subsistir, Yuna, empezó a viajar por el mundo. Uno de los mayores sueños de ella.


Así que la última vez que la vio fue hace mucho tiempo, solo podía comunicarse con ella através de su madre, y las veces que se comunicó con ella fueron muy pocas, literalmente podía contar con sus dedos las veces que se comunicó con ella.


─ Tanto tiempo sin verte tía ─ dijo Takemichi después de separarse del abrazo.


─ ¡Sí! La última vez que te ví, estabas así de pequeñito ─ dijo contenta, mientras con su mano derecha señalaba una estatura demasiado baja.


─ Tampoco estaba tan pequeño tía ─ avergonzado miro hacia otro lado, Yuna solo empezo a reír por la expresión de Takemichi.


Ambos se sentaron en el sofá de la sala, donde la madre de Takemichi trata de no reírse por la expresión algo infantil de su hijo. Los tres empezaron a platicar, Yuna contaba todas sus aventuras y experiencias con gran entusiasmo, Takemichi escuchaba atentamente las historias de su tía, se escucha tan increíble, ojalá algún día pueda viajar como ella.


─ ¡Y también traje unos regalos! ─ se levantó del sofá, caminando hasta su mochila, al lado de esta se encuentra una bolsa, abrió y empezó a buscar entre el montón de cosas los regalos para su hermana y sobrino.


Al encontrarlos los agarro y a cada uno le dio su regalo.


─ Yuna, no era necesario ─ dijo Aoi, mirando la bolsa de regalo.


─ ¿Como que no? Me esforcé mucho haciendo tu regalo, así que espero que te guste ─ dijo ella, viendo con entusiasmo como su hermana empezaba a desenvolver el regalo. Al abrirlo pudo ver una caja de joyería, dentro de ella se encontraban collares pulseras y aros de distintos diseños y tamaños.


Aoi no pudo ocultar su sorpresa al ver las joyas.


─ Están bonitas, ¿No? Las joyas son de distintos países, mira este de acá... ─ Yuna empezó a mostrar las joyas, diciendo de que país pertenece cada una de ellas. Aoi solo escucha atenta ante la explicación de su hermana. Nunca imaginó recibir una caja de joyas, un bonito detalle, y está agradecida con su hermana.


Mientras ellas veían el regalo, Takemichi abrió el suyo, dentro de la bolsa se encuentran varias cosas, una polera bastante linda, dos collares de trébol que van a juego y una caja bastante bonita, ¿Es una caja de perfume?


Se quedó viendo los detalles de la caja, una letra en cursiva y poco entendible a su parecer. Abrió la caja con curiosidad y como lo esperaba, aquello era un perfume. El envase es bastante bonito de un color celeste traslúcido que debajo ver el líquido del envase.


─ Ese es un perfume es de Grasse una de las mejores ciudades del sur de Francia donde preparan perfumes ─ dijo Yuna, acercándose a su sobrino y sentándose a su lado. ─ El olor es muy rico, pruébalo, pruébalo ─ dijo entusiasta, mirando atentamente como si sobrino se echa un poco del perfume en su muñeca, para luego acercarlo a su nariz y olerlo.


─ ¡Huele increíble! ─ dijo sorprendido Takemichi, no es un olor fuerte ni ácido como otros perfumes que a olido. Es un olor suave y embriagante.


─ ¿Verdad que sí? Cuando olí el perfume pensé en ti, así que lo compre y te lo traje ─.


Yuna no paraba de hablar, después de tanto tiempo por fin estaba en casa con su familia.


★彡