Capítulo 1
¡Hola!
Esta es una pequeña historia de amor entre un vampiro y un humano, unidos a través del hilo rojo del destino.
Muchas gracias por leer ❤️.
Año 1823
[[[El hilo rojo del destino]]]
Según este mito, los dioses atan un cordón rojo alrededor del tobillo o en el dedo meñique, en el caso de la cultura japonesa, de los que han de conocerse o ayudarse en un momento concreto y de una manera determinada.
Para la leyenda china, Yuè Xia Lǎo (月下老), a menudo abreviado como Yuèlǎo (月老), el antiguo Dios Lunar, a cargo de los matrimonios, es el artífice de ese hecho.
Este hilo está unido a la persona que más vas a poder llegar a querer y siempre todos vamos a tener uno.
Así, las dos personas unidas por el hilo rojo están destinadas a ser queridos entre sí, independientemente del momento, el lugar o la circunstancia.
Por lo tanto, este cordón mágico se puede estirar o enredar, pero nunca puede romperse.
Xiao Zhan era el único integrante de su familia sin este místico hilo rojo rodeando su meñique o tobillo; un destello luminoso y escarlata, tan mágico como real.
Ya en sus treinta años, Xiao Zhan vivía el día a día despreocupado, tranquilo y acostumbrado a su monótona vida.
No estaba obligado a atarse a nadie y nadie era dependiente de él por ese jodido hilo rojo.
¡A la mierda el destino!
Sí fuese por voluntad de Xiao Zhan, estaría soltero toda su vida.
Pero una noche de luna llena... todo eso cambia.
A pocos kilómetros de allí, en las profundidades del bosque, el abandonado castillo del conde Wang está de fiesta.
Decenas de sirvientes han esperado este grandioso día.
¡Por siglos!
Preparan sus finas ropas y joyas, remueven las telarañas y corren a roedores.
Ya no es necesario mantener el tenebroso aspecto del castillo para alejar a los curiosos.
¡Su señor ha despertado!
—¡AHHH! ¡No! ¡N-no puede ser! —Xiao Zhan grita arañando su cuello.
Su hermano preocupado, corre a su cuarto y observan el radiante destello rojizo a pesar que el azabache intenta ocultarlo detrás de capas y capas de telas.
¡En su cuello!
Y ese gran suceso, según la leyenda de los pueblerinos, hace que Xiao Zhan se estremezca.
—¡Oh! ¡Santa mierda, hermano! Estás realmente jodido —Zhou Cheng exclama cubriéndose los labios con la palma de su mano derecha.
—Eso es una mentira, Zhou Cheng ¡Tiene que ser una jodida mentira! —Xiao Zhan cae de rodillas y por breves segundos se resigna.
Pero a la brevedad, una sonrisa sombría como terrorífica se dibuja en su pálido rostro.
—Lo mataré. Si esa leyenda es real... Yo mismo seré el que incruste la estaca en su corazón. Lo mataré y seré libre... —se repitió, tratando de converse a sí mismo que era capaz de cometer aquella difícil azaña.
—¿Has enloquecido, Zhan? Eso es demasiado peligroso —Zhou Cheng tembló ante la oscura mirada de Xiao Zhan.
—¡Lo dices porque no eres tú el que tiene el jodido hilo alrededor de su cuello! —gritó furioso.
—Lo siento, hermano —Zhou Cheng se disculpó y acto siguiente dijo:
—No puedes ir solo. Te acompañaré —sugirió con seguridad.
—¡No! N-no te arriesgaré, Zhou Cheng. No arriesgaré la seguridad de nuestra familia. Es mi problema. Yo encontraré la solución...
—Entonces, ¿qué es lo que realmente harás? —Zhou Cheng dudó.
—Partiré esta misma noche y voy a escabullirme en su castillo. El debe estar ahí.... Marcharé con la luz de la luna como única testigo... —Xiao Zhan miró al cielo a través de la ventana.
—Podemos pedirle ayuda a Haikuan, Deng Lun, Darren Wang o Li Xian —Xiao negó con su cabeza mientras empezaba a empacar objetos en su bolsa.
No iba a involucrar a más personas en su terrible desgracia.
—Iré solo... Guárdame el secreto, ¿quieres? —aunque sonó a súplica más bien era una orden.
Xiao Zhan tenía miedo a la reacción de los pueblerinos al enterarse de que su soltería había finalizado...
¡¡¡De esa maldita forma!!!
—No quiero ser pesimista, Zhan pero, ¿si tu plan no sale cómo deseas?, ¿si no regresas al amanecer? —Zhou Cheng comenzó a llorar—. ¡Por todos los cielos! ¿Si él te mata? ¿Qué haré? —un escalofrío recorrió la columna vertebral de Zhou Cheng con tan sólo imaginarlo.
Xiao Zhan se acercó a su hermano y lo abrazó tratando de no pensar en las palabras de Zhou Cheng.
—Tranquilo —sonrió— ¡Volveré! —Xiao Zhan intentó sonar optimista mientras consolaba a su hermano menor.
Y así, Xiao Zhan partió sin mirar atrás.
Hasta que su estilizada silueta se perdió en la profundidad del bosque, mientras un lobo aullaba, una lechuza producía un chirrido y varios murciélagos volaban por los cielos nocturnos, volviendo más tétrica su partida.
De repente, la luna se volvió roja y un manto de sangre iluminó su andar como presagio de su destino.