One
Se podía ver a un joven alfa de cabellera pelirroja, que estaba sentado en la barra del club que habituaba. Una copa de vino en su mano, y en la otra la botella casi completa.
La música sonaba con fuerza, camuflando los sonidos obscenos, tanto por parte de las parejas que estaban en los sillones aterciopelados, como de los omega y betas que allí trabajaban. Nunca había tenido la necesidad de pagar por otro tipo de servicios más que por el vino que consumía, y aunque algunas veces se le insinuaban, siempre los rechazó.
Una cascada de vino pasó por su garganta como si de agua se tratase. Amaba ese sabor tan dulce y a la vez amargo que desprendía, y ese color rojizo que solo lo hacía más deseable.
Los últimos días no habían sido los mejores, y unas copas lo ayudarían a relajarse y olvidarse de todo por un par de horas. Esa misma tarde había tenido una horrible discusión con su compañero de cuarto, Dazai Osamu, otro alfa. Chuuya le había reclamado por todos los omegas que llevaba a la cama, sin consultarlo con él antes.
¿No podía ir a follar a otra parte y dejarlo dormir por una maldita noche? Lo peor no era eso, era que en el apartamento siempre había más de un olor, y eso no era nada agradable. La mezcla de tantas feromonas le hacía sentir mareos.
No pasaron minutos cuando sintió que el alcohol ya pasaba por sus venas, volviéndolo aún más sensible a todo que cuando estaba sobrio.
Eso significaba que cualquier cosa o persona que lo hiciera enfadar mínimamente, no acabaría ileso. Lo más probable es que acabara con dos o más costillas rotas, y una larga visita al hospital.
Un suspiro salió de sus labios, el cansancio lo estaba matando, pero era tan terco como para no querer enfrentarse de nuevo al estúpido de Dazai. Odiaba tener que lidiar con todos sus berrinches y actitud infantil. Aunque muy pocas veces se comportara de una forma más acorde a su edad, eso se le hacía lo único agradable de él.
No sabe cómo, lo cansado que estaba y las 4 copas que se había tomado le hicieron perder la consciencia rápidamente, cayendo en los brazos de Morfeo en cuestión de segundos.
La luz de la ventana más cercana se coló entre sus párpados cerrados, haciendo que soltara un quejido de molestia. Aparte, tenía una jodida resaca, con la que sentía que su cabeza explotaría en cualquier momento.
Abrió los ojos cuando la luz ya le había comenzado a molestar de sobremanera. Al abrirlos y mirar su entorno tuvo una gran confusión, ¿cuándo había llegado a su habitación?
No recordaba haberse levantado del taburete del bar la noche anterior.
La puerta de su habitación fue abierta, y un olor a bosque mojado y libro viejo llegó a su nariz.
Era Dazai.
-Buenos días bella durmiente - Se burló, sus manos sostenían la taza favorita de Chuuya, y este, sin esperar más, se la entregó.
Chuuya la miró desconfiado, en su interior había un líquido marrón oscuro, que parecía ser café amargo. Lo olió también, por si acaso, viniendo de Dazai se esperaba desde algún veneno hasta droga.
Finalmente dio un sorbo, comprobando que su café no se encontraba adulterado de ninguna forma, aunque si estaba muy caliente.
Dazai en ese momento también le extendió su brazo abriendo el puño, y dejando su mano abierta delante de él, en ella reposaba una pastilla blanca.
-Es buena para la resaca - Informó.
Chuuya bebió el café poco a poco, con cuidado de no quemarse la lengua. Y para el último sorbo puso el medicamento en su lengua, y bebió, ayudándose del líquido para tragarlo correctamente.
Dazai no se había movido de allí desde que llegó. El pelirrojo le envió una mirada interrogante, que preguntaba qué era lo que había pasado para terminar allí.
Dazai captó el mensaje.
-Te desmayaste tras un par de copas, y yo estaba tan tranquilo probando un nuevo método de suicidio cuando recibí una llamada del club, el camarero se escuchaba un poco asustado cuando respondí - Explicó - Tuve que dejar mi intento de suicidio e ir a recogerte, y encima pagué por lo que tomaste - Se quejó.
-Los único bueno fue mi propuesta de suicidio doble al hermoso camarero, aunque la rechazó - Se deprimió falsamente - Peeeero, ahora tienes una deuda conmigo - Sonrió diabólica y burlonamente.
-Maldito, podrías haberme dejado morir allí, yo no te pedí que fueras, así que no hay ninguna estúpida deuda entre nosotros - Se quejó.
Dazai no respondió, había ignorado todo lo dicho por el más bajo, por lo que para él, sí podría cobrarse esa deuda en cualquier momento.
Ninguno dijo nada más, y un silencio abarcó toda la habitación, solo pudiéndose escuchar el sonido de sus respiraciones y el de la calle.
Dazai salió de la habitación, la tensión en el ambiente lo estaba ahogando.
Chuuya suspiró aliviado, no podría haber aguantado un minuto más así, si no habría terminado echándolo a patadas de allí.
Aún seguía confundido por todo, ¿le habría mentido?
Sabía que los camareros y trabajadores de aquel local no tenían permitido llamar a nadie, además de que no conocían a Dazai de nada. Siempre intentó ser discreto eligiendo a dónde ir a pasar el rato. Y tampoco es que estuviese muy cerca de allí.
La única forma posible era que lo hubiera seguido hasta allí. Pero no tenía sentido, ¿para que querría seguirlo?
Un suspiro agotado salió de sus labios.
Joder.
¿Por qué todo tenía que pasarle a él?
Se levantó de la cama y fue a darse un baño, necesitaba despejar la mente. Sentía que su cerebro explotaría, aún tenía los efectos de la resaca.
Llenó la bañera con agua un poco caliente, y añadió jabón, así creando algunas burbujas.
Se deshizo de sus ropas rápidamente, y fue metiendo sus pies poco a poco. Un rato después finalmente entró al completo.
El agua llegaba hasta su cuello, dejando su cabeza y cabello al descubierto.
Cerró los ojos, dejándose hacer por la sensación que lo invadía. Y sin darse cuenta había llenado el baño de sus feromonas olor a chocolate amargo y con ligero toque a naranjas. Eso aumentó su tranquilidad.
Cuando sintió que el agua se estaba enfriando salió y se quitó el exceso de agua enjabonada.
Puso una toalla alrededor de su cintura, y salió del baño dirección a su armario.
Hoy no tenía ganas de ponerse ninguna ropa llamativa o muy pesada. Por lo que con unos vaqueros negros y una camiseta burdeos estaba más que bien. Eligió unos zapatos converse a conjunto con la camiseta y el outfit quedó completo.
Volvió al baño para su rutina de mañana. Primero se lavó la cara, añadió crema solar y después una crema hidratante.
También hizo un fino delineado al final de sus ojos, aunque lo hacía discreto, y solo para resaltar el hermoso azul de estos.
Se miró al espejo, y una sonrisa de confianza y orgullo apareció en su rostro.
Cogió su mochila y salió de su habitación, intentando no toparse con Dazai, y para su suerte no estaba allí.
Siguió su camino y salió dirección a la universidad.
Al llegar entró al salón de clases, y vio a un par de personas en este, mas no eran sus amigos.
Se sentó en su sitio, esperando a que llegara más gente y comenzara la clase. Por suerte, no compartía esa clase con Dazai.
Así fue poco a poco fue llenándose de estudiantes, y entre ellos sus amigos.
-Buenos días Atsushi-kun, Akutagawa-kun - Saludó a los dos menores. Ellos estaban en segundo año de carrera y Chuuya en tercer año, pero compartían algunas clases.
-Buenos días Nakahara-san - Respondió Atsushi a su saludo.
-Buenos días Chuuya-san - Esta vez fue Akutagawa.
Atsushi Nakajima era un lindo omega carismático, pero con una gran fuerza y determinación. Tenía un dulce olor a galletas de canela recién horneadas, y unos ojos y cabellos muy distintivos y bonitos.
Todo lo contrario a Ryunosuke Akutagawa, este era un alfa serio y fuerte, así como su aspecto. Aunque su olor no coincidía con su personalidad, ya que este era dulce como la miel y con un ligero toque a lavanda.
Lo más sorprendente cuando los conoció, gracias Dazai, fue enterarse de que estaban en una relación, no se lo esperaba siendo estos tan opuestos.
-Atsushi-kun sabes que puedes tutearme, no soy tan viejo - Dijo con una sonrisa nerviosa.
-L-Lo siento Chuuya-san - Se disculpó apenado. Y Chuuya hizo un gesto restándole importancia.
La conversación no duró mucho, ya que la clase había comenzado, y el profesor estaba entrando con un semblante serio.
La clase comenzó, siendo tan aburrida como siempre. No lo malinterpreten, amaba la carrera de medicina, pero odiaba tener que aprenderse todas las cosas.
Había elegido estudiar la rama de medicina fisiatra, más que nada porque le encantaba todo lo que tuviera que ver con los deportes.
Un suspiro salió de sus labios, ese iba a ser un día largo y cansado.
La primera clase finalmente acabó, milagro que no se hubiera quedado dormido durante las explicaciones.
Se despidió de Atsushi y Akutagawa quedando para verse a la hora del almuerzo, ya que ese día ya no tenían más clases juntos.
Ahora por lo que se tenía que preocupar era que la siguiente asignatura la compartía con Dazai.
Continuará...
Holaaaa, una nueva historia, está dedicada al cumpleaños de Dazai y al de @scrodingercat, espero que te guste.
20/06/2023
1580 palabras.