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Miraba la Luna ya hace más de seis meses que vivía en la época Feudal, aún me era extraño vivir aquí dado que estaba más acostumbrada a la vida en la época moderna pero no podía hacer nada, por más que intentaba volver por el pozo este no se abría.
Por lo que me habían dicho era la reencarnación de Hitomiko una sacerdotisa que Aome conoció ya hace tiempo, era una mujer poderosa y de gran poder espiritual y saber que yo era su reencarnación y que por eso había podido cruzar el pozo me dejó desconcertada por lo menos unos días asta que logré comprender y entender las cosas.
Gracias a Aome y los demás me acostumbré a esta vida, tal vez no del todo pero poco a poco iba aprendiendo; debido a este poder había optado por desempeñarme como sacerdotisa al igual que Aome y la señora Kaede, siempre pensé que era un fenómeno por poder hacer, ver y oír cosas que otros no pero al saber esto una parte de mi de siento feliz de saber que al final de todo no era lo que algunos me dijeron.
— otra vez aquí pequeña — dijo la señora Kaede al verme frente ala tumba de Kikyo.
— solo quería un poquito de paz antes de que los demás lleguen — comenté para dejar unas flores en la tumba.
Desde que Naraku fue derrotado y Aome volvió las cosas por aquí se habían vuelto un poco más emocionantes.
Me levanté de donde estaba sentada, camine asta donde me esperaba la señora Kaede pero antes de tan siquiera dar cuatro pasos sentí una mirada sobre mi.
— que...extraño — murmuré temerosa al ver alrededor y no encontrar a nadie pero aún podía sentir esa mirada.
— ¿ Pasa algo Mina ?
— eh..no, no pasa nada — sonreí para disimular el miedo que tenía y ir asta donde ella estaba.
Ya hace dos días sentía esto, adónde fuera y con quién estuviera podía sentir esas miradas sobre mi y aunque buscaba por todos lados jamás veía a alguien.
— buenos días sacerdotisa Kaede — saludo una de las mujeres que le esperaba fuera de su casa.
— Mina quédate aqui volveré en unos momentos debo atender unas cosas.
— ¿ Puedo ir ? Digo quisiera aprender — dije temerosa ante su negativa pero cuando sonrió y asintió corrí asta ella.
Los aldeanos eran buenos conmigo, al principio cuando pasaba donde ellos estaban se ponían a rezar y era algo incómodo que hicieran eso pero por lo que Aome me había dicho era una muestra de agradecimiento porque la reencarnación de Hitomiko había también vuelto.
— Mina moja esto por favor — me pidió pasando me, un trapo lleno de sangre.
Sumergí el trapo en el agua, y de inmediato la claridad del agua cambio a una roja. Tuve que acostumbrarme a esto, el ayudar a otros cuando estaban heridos o enfermos, no era difícil hacerlo, si te concentrabas.
— muchas gracias — agradeció la esposa de él hombre que se había herido la pierna.
— mañana vendré a revisarlo así que no te preocupes — dijo calmada para despedir se de la mujer al igual que yo.
[...]
Serví la comida en el plato de la anciana Kaede para dárselo y servir la mía.
— mañana iré al monte por algunas plantas y de allí iré a ver a ese hombre, pequeña así que te quedarás sola al menos asta la tarde.
— ¿ No gusta que valla con usted ? — le pregunté, ansiosa, no quería quedarme aquí sola y menos si sentía que alguien me vigilaba.
— mañana vuelven Inuyasha y los demás así que necesito que te quedes aquí.
No hice más que asentir levemente y volver a comer. No era que no me gustará estar sola, pero está vez prefería ir con ella a quedarme aquí.
Una vez que terminamos de cenar, apague la luz de la vela y nos acomodamos para dormir, cuando llegue aquí, me costaba mucho dormir pero conforme pasaban los días pude conciliar el sueño, pero ahora volvía a costarme en dormir.
[...]
Palacio del oeste.
Dos semanas antes de que Inuyasha llegué ala aldea.
Corrió lo más rápido que podía sus pequeñas piernas de demonio por los pasillos del palacio, en cuanto llegó a la enorme puerta del despacho.
Respiro hondo y repaso lo que diría, para dar unos golpecitos en la puerta.
' adelante '
Abrió la puerta e ingreso, miro la cabellera plateada de la gran señora del oeste.
— ¿ Cómo sigue ? — pregunto seriamente sin siquiera verle.
— lastimo de nuevo ala acompañante que le mando...mi señora.
Suspiro cansada, nunca imagino que su hijo fuera tan especial cuando era de pasar su celo con alguien. Ya hace una semana que su celo había iniciado y por más que buscaba a una perfecta compañera para que ayudará a su hijo este se negaba a cuánta Yokai ingresaba a su habitación.
— dime una cosa pequeño demonio — mirándole sobre su hombro izquierdo — mi hijo ¿ A mostrado algún interés en alguien ?
— a..bueno....pues si mi señora — respondió nervioso.
— ya veo — volteando para caminar asta Jaken — ¿ Sabes quién es ?
— la otra Miko amiga de Inuyasha y esa otra Miko mi señora ¿ Porque desea saberlo ?
— una humana — desviando la mirada claramente irritada — al parecer mi hijo tiene los mismos justos horribles que su padre, que horror — caminando ala puerta pasando de largo a Jaken — quiero que la traigan de inmediato.
— pero es una Hu....
— mi hijo no querrá a nadie que no sea a esa joven — interrumpió para abrir la puerta — así que enviaré por ella y informase lo a mi hijo para que se calme en lo que ella es traída — ordenó para salir del despacho e ir a su habitación.
En cuanto Irazue se fue Jaken salió corriendo a la habitación de su señor, debía informarle lo que su madre había ordenado. Él sabía que su señor se sentiría lleno de Gozo al enterarse que al fin después de cinco meses tendría cerca a la Miko.
— ¡ Amo bonito le tengoagggg.
— que te dije — gruño hostil mente cuando le sujeto del cuello.
— s..su..su ma..madre di..una orden de..traer a la..Mi..Miko.. aquí..amo....
El aire volvió a sus pulmones una vez Sesshomaru le soltó, con dificultad miro el rostro de su señor, un enorme miedo se apoderó de su cuerpo al ver la sonrisa en los labios del Yokai.
— ¿ Cuando la traerán ? — fue lo único que dijo para volver a su cama.
— au...aún no se amo bonito, su madre a penas dió la orden — respondió apenas, intentado ignorar el dolor de su garganta debido a la falta de aire y el agarre que Sesshomaru había puesto en su cuello.
— en cuanto ella esté aquí preparen la y traten la como se merece o si no los mataré ¿ Entendido ?
— s..¡ Si ! — grito nervioso y asustado para salir de la habitación para dar la orden a las criadas del palacio.
Miro la ventana de su habitación desde donde estaba, su celo se había salido de control, lo que normalmente solo era tres días ya había durado un mes entero, su Yokai exigía a esa joven azabache de ojos grises y si no la tenía su celo no pararía.
' traerán a nuestra compañera '
Río levemente al oír eso, su compañera, le costó aceptar el hecho que su compañera era esa mujer de la época moderna o así era como esa otra Miko le decía a su época. Nunca comprendió la grande necesidad de estar con ella cuando miraba a esa mujer, ni siquiera el fastidio que sentía al verla a lado de ese monje que no perdía oportunidad de tocarla, se había contenido de matarlo cuando llegó a ver eso, debido al ver cómo la otra humana golpeaba a ese inmundo hombre tocar a Mina.
— Mina — Murmuro gustoso al decir el nombre de la joven que juraba en ese momento sería la madre de sus cachorros — solo un poco más.