Eins (1)
Los días en el hotel transcurrían con “normalidad”. Alastor disfrutaba de ver como cada inquilino que entraba para tratar de cambiar, pronto se arrepentía. A su vez, crecía una enorme sonrisa de diversión en su rostro al ver la frustración de Charlie y los intentos de Vaggie por animarla.
Él perfectamente sabía que todo eso era una pérdida de tiempo para la chica, pero para él, era una mina de oro de diversión sin fin. Sin embargo, había un inquilino en particular que le resultaba más interesante que el resto.
Angel Dust.
En todos sus años ahí abajo, nunca lo habían tomado con la guardia tan baja como ese sujeto y su propuesta de darle una mamada, que naturalmente rechazo. Bastante inesperada su forma de actuar en su opinión.
Rió un poco mientras pasaba por un lado de Charlie y le daba una vuelta tras tomarla de la muñeca.
—Por una sonrisa en ese rostro, esto aún no termina —dijo ampliando más la sonrisa propia.
Charlie al verle hizo un atisbo de sonrisa.
—Creo que eres el único que puede sonreír en situaciones así —comentó tras ser soltada por el demonio.
Este por su parte ladeo un poco la cabeza.
—¡Por supuesto! No hay nada mejor que una sonrisa en tiempos como estos —rio tras decirlo para comenzar a alejarse—, algún incauto caerá, solo es cuestión de esperar.
Charlie sonrió un poco más abiertamente.
Alastor lo sintió y continuó con su camino. Si esa chica se desanimaba y se daba por vencida, su diversión terminaría. Eso era algo que no podía permitir; por lo menos no hasta que encontrara algo mejor que hacer.
—Pero qué tenemos aquí —Alastor ladeo la cabeza tras ver como Angel se inclinaba sobre una caja, dejando ver claramente lo que su corta falda trataba de ocultar. Por un segundo pensó que le daría un tic tras verlo.
Ese sujeto de alguna manera lo alteraba a niveles que no quería admitir.
—¡Que tal mi afeminado amigo! —saludo para atraer la atención del contrario.
Angel al verse descubierto volvió la vista para toparse con el demonio radio.
—El Chulo de f- —detuvo su apodo a medio camino, no era tan estúpido como para llamarlo así teniéndolo en frente, claro está que eso no quitaba el hecho de que Alastor ya lo supiera—. ¿Qué te trae por aquí, Al? ¿Ya consideraste mi oferta? —dijo con un atisbo de sonrisa recargándose en uno de sus brazos.
Alastor ensanchó más la sonrisa.
—¡Ha! Nop, sabemos que eso no pasará —soltó para luego liberar una leve risa.
Sus ojos brillaron un poco tras sostenerle la mirada a Angel, este al ver que no decía nada más suspiro un poco para luego ponerse de pie. Comenzó a caminar hacia Alastor sin despegar la vista de él.
—Tu pierdes —dijo sin más pasando por un lado suyo moviendo las caderas de lado a lado, con una coqueta sonrisa adornando su rostro.
Alastor le siguió con la vista hasta que desapareció tras doblar en uno de los pasillos del hotel. Parpadeo un par de veces antes de retomar su camino.
Podía decirlo con seguridad.
Ese sujeto era interesante.