Capítulo 1
Trafalgar Law estaba verdaderamente frustrado aquel día y cualquiera que trabajase con él se daba cuenta. Tampoco sorprendía a nadie con esa nueva actitud. Se comportaba así desde que ingresaron a aquella chica en el hospital y cayó en coma, pero ese día parecía más estresado que nunca.
Le había recomendado a Kid tomar una decisión cuanto antes. No podía seguir alargando la agonía de esa decisión, por muy difícil que fuese. No sabía si realmente estaba enfadado porque Kid y la familia de ella no habían sido capaces de tomar la decisión o porque él mismo no había conseguido nada para la mejoría de la novia de su amigo.
El pelirrojo le había dicho por WhatsApp que aparecería allí con una decisión tomada y que se la comunicaría antes del final de la tarde. Pero nadie lo había visto aparecer por el hospital.
Enfadado, se dirigió a la habitación de la novia de Eustass. De vez en cuando él también acudía, como si él esperase encontrársela despierta por arte de magia, sabiendo que había pocas posibilidades de que esa escena fuese real.
— Sé que lo lógico es que te deje ir de una puta vez. El gilipollas de Law dice que las probabilidades de que despiertes son un 10%. Y ni siquiera puede asegurarme que tú no sufras en este estado. He leído que no se sabe aún si escucháis algo o no. Me he leído cien artículos científicos sobre eso, como si yo entendiese algo de medicina. —lo oyó reírse con dolor de su propia idiotez.
Decidió no interrumpir a su amigo, pero no tuvo fuerzas para marcharse de ahí. Ver a Kid de espaldas, con la cabeza prácticamente apoyada en la camilla donde reposaba el inerte cuerpo de su novia, le había recordado lo dura que era esa situación y que él no tenía derecho alguno a estar enfadado con su amigo, teniendo en cuenta que era el que peor tenía que estar pasándolo.
— Tus padres me han dejado total libertad de decisión. Ellos no se ven capaces de decidir. — suspiró alzando un poco su cabeza y tomó con cariño la mano de la joven— En otros momentos diría que son unos cobardes, pero es que yo tampoco soy capaz de decidir. ¿Cómo voy a decidir yo si el amor de mi vida va a una puta urna? Porque tú querías que te incinerásemos, ¿no? — rio ante su estúpida pregunta sin respuesta— Es que la vida es una puta mierda, mi amor. Sé que siempre te regañaba yo cuando tú me decías eso cuando nos conocimos, porque odiaba ver que una tía tan increíble como tú tenía tan pocas ganas de vivir. Ahora entiendo tú sensación. Entiendo cómo te sentías cuando me decías que no le veías sentido a la vida, que no encontrabas a veces motivo para levantarte cada mañana. Siento mucho no haberte comprendido hasta hoy, que ya no puedes oírme decirlo. Siento mucho que la única manera para comprender tu dolor y tu depresión haya sido que un puto coche te atropelle. — la voz se le quebró al recordarlo.
Su novia había salido de casa una mañana con intención de ir a trabajar, pero se había dejado las llaves. Kid salió de casa lo más rápido que pudo para llevárselas, porque cuando ella volviese a casa a almorzar él ya estaría en el trabajo también. Y cuando salió de casa pudo ver perfectamente cómo un conductor se saltaba un semáforo en rojo a toda velocidad, llevándose por delante el cuerpo de su pareja, que también regresaba corriendo a su casa a por las llaves. Pudo ver cada movimiento que hizo su cuerpo. Pudo ver la sangre, su cuerpo irreconocible, su rostro ya inconsciente, los rostros de las personas que lo agarraron para que no pudiese moverla, porque había perdido los nervios y sólo quería tomarla entre sus brazos y él mismo llevarla al hospital. Por suerte, sus vecinos no lo dejaron y el cuerpo de ella estuvo intacto hasta que apenas minutos después apareció la ambulancia acompañada de varios coches de policía.
— Últimamente he conseguido soñar con otras cosas que no sean el maldito accidente. A veces he soñado con el día en el que nos conocimos. ¿Te acuerdas? Estabas muy enfadada porque te había robado el sitio en la cafetería de la universidad y te pusiste a llorar cuando me burlé de ti. Ahí me di cuenta de que no estabas bien, pero también me di cuenta de que conseguías muy buenos lugares en la biblioteca de la universidad a pesar de ser época de exámenes. Creo que por eso empecé a ir a la misma hora que tú a la cafetería, para encontrar sitio en la biblioteca y estudiar. Aunque al final estudiaba más tus expresiones frustradas porque estudiabas para una profesión que no te apasionaba. Me acuerdo del día que me dijiste que soñabas con dejar de estudiar para médico, porque tu verdadera ilusión era escribir y me enseñaste los primeros poemas que escribiste de adolescente.
Una sonrisa se escapa de sus labios antes de proseguir.
—¿Te acuerdas de que te dije que tu primer poemario era una basura? Pues creo que me faltaba amor, porque lo he vuelto a leer y es increíblemente bueno.
Tomó aire intentando no sollozar. No sabía si de verdad podría escucharlo, pero, por si acaso, quería que su discurso estuviese impoluto.
— Dejar Medicina fue la mejor decisión de tu vida, porque te volviste otra persona, a pesar de que tus padres tardaron en entender qué era lo que realmente te hacía feliz. Empezaste a escribir más, a reírte más y... A mirarme más. —besó su mano levemente antes de continuar— Gracias por mirarme, por ver más allá del chaval que iba a perder el tiempo a la universidad. Gracias por animarme a seguir estudiando física porque te diste cuenta de que era lo que más me gustaba. Perseguimos nuestros sueños, yo me gradué y tú te dedicaste a escribir. Y ni yo vivo de la física ni tú vivías de escribir. Creo que en realidad es porque este país es una mierda. Tendríamos que habernos ido con Killer cuando tuvimos oportunidad. — comenzó a divagar y Law puso los ojos en blanco al escucharlo.
Un silencio predominó por unos instantes antes de que Eustass siguiese hablándole a su novia, o más bien a la nada.
— La casa me parece mucho más grande desde que no estás. Y eso que son 40 metros cuadrados de mierda, que la nevera cabe de milagro en la cocina, pero... Ahora la veo inmensa. Y tu gata de los cojones no para de llorar cuando vuelvo a casa cada día. Supongo que me pregunta por ti, pero no hablo gato todavía, aunque estoy aprendiendo, te lo juro.
Volvió a besar su mano como si de verdad estuviese sellando ese juramento.
— Ya no nos odiamos. Nos soportamos. Me busca cuando tiene hambre y le limpio la caja de arena. Duerme en tu lado de la cama y a veces incluso se tumba en mi pecho. La dejo porque te echa mucho de menos, eh, no porque yo le tenga cariño a esa bola de pelo naranja y blanca. También la he llevado al veterinario, porque he intentado cortarle las uñas, pero me araña muchísimo. Es una asesina en potencia cuando quiere.
Observó el rostro de su novia, con esperanzas de verla mover los labios, porque siempre se reía cuando él criticaba a la gata.
— No sé cómo coño lo hacías tú antes, amor... La gata te necesita. Y sé que es egoísta decir esto mientras estás enchufada a mil cables desde hace meses, pero yo también. Sé que es egoísta, sé que mantenerte aquí quizá no sea lo correcto, pero... No puedo tomar esta decisión. No puedo ser yo quien decida tu destino, mi amor.
Law quería irse de allí, quería marcharse desde el principio y dejar que Kid tuviese intimidad en un momento así, pero algo le impedía moverse de allí. Algo le impedía dejar a su amigo solo.
— Así que he pensado que era mejor que lo decidieses tú. — prosiguió el pelirrojo acariciando con suavidad el pálido rostro de su pareja.
Trafalgar se tensó, porque no entendía cómo iba a decidir ella, estando en coma. Kid no era la persona más normal que conocía, pero tampoco había llegado a perder nunca la cabeza a pesar de la situación tan dura que vivía. Quizá ese momento acababa de llegar.
“Solo espero que no intente conectar con ella desde el más allá o algo así. Por favor.” Rezó en sus pensamientos agobiado.
— Pensando qué sería lo correcto, recordé la noche en aquella cabaña llena de bichos con los estúpidos de mis amigos que tanto te adoran y tanto me están apoyando en esta situación de mierda. Sé que siempre te digo que no soporto lo enérgicos y positivos que son esa panda de inútiles, pero sin ellos creo que no podría ni salir de la cama. Killer regresó de Holanda solo para sacarme de la cama en cuanto se enteró.
Apartó su vista un segundo de su novia para encontrarse de nuevo con el impactante amarillo de aquellas flores que le habían sorprendido al entrar en la habitación.
— Por cierto, he visto los girasoles. Killer te los habrá traído esta mañana. Un detalle precioso por su parte, aunque en otras circunstancias le partiría las piernas por regalarle flores a mi novia. Tanto cariño para ti y ni un detalle conmigo...
Kid soltó una carcajada seca al oírse decir es tontería. Se había acostumbrado a hablarle así a su novia, pero cuando era consciente de lo imbécil que podría sonar fuera de contexto se tenía que reír.
— En fin, que esa noche tú y yo tuvimos una de las charlas más profundas en toda nuestra relación. Y me acuerdo de que plantemos situaciones estúpidas para reírnos un rato y acabamos cuestionándonos el sentido de la vida. Recuerdo perfectamente tu cara cuando te dije que si algún día me pasaba algo quería que me hiciesen cenizas y me lanzaseis a cualquier mar. Dijiste que odiabas pensar en un mundo en el que yo no estuviera, que si pudieses elegir preferías morir antes que yo. Y creo que ahora entiendo tu enfado ese día porque el mundo se me hace inaguantable desde que no estás. No soporto no poder escuchar lo mal que cantas tus canciones favoritas mientras cocinas, no soporto no notar tus manos congeladas en mi espalda para molestarme cada mañana o ver esos ojitos somnolientos a las ocho de la tarde mientras me río de ti porque tienes el horario de sueño de una niña pequeña.
Se atrevió por un segundo a acariciar su rostro.
— Ese día me dijiste que si seguíamos juntos en el futuro algún día tendríamos que tomar una decisión médica crucial el uno para el otro. Pensabas muy a futuro, supongo, pero mira que cosas tiene esta puta vida, que ese futuro horrible que nos parecía tan lejano se ha hecho presente. Y, menuda mierda, porque soy yo el que tiene que decidir si dejarte ir u obligarte a luchar por una vida que... — tragó saliva antes de decir en voz alta lo siguiente— Quizá ya has perdido para siempre. Me dijiste que siempre habías pensado que si entrabas en coma preferías que te desconectasen, porque no le dabas importancia a tu vida. Antes de que yo pudiese enfadarme contigo por lo poco que te valorabas, añadiste que desde que llegué a tu vida empezaste a valorarte más, empezaste a querer luchar por un futuro. Así que supongo que esa sería tu respuesta si pudieses hablar, querrías luchar por el futuro. Y yo te juro que estaré aquí esperando. Aunque sea para siempre.
Kid, al igual que hacía Law sin él saberlo, se limpió las leves lágrimas que sus ojos derramaban. Sin soltar la mano de su pareja recordó algo.
— Y ya sé que te he dicho que tu primer poemario es muy bueno, pero, mi amor, sigo pensando que rimar “rosa con fosa” es terrible. Cambiaremos eso cuando despiertes, ¿vale?
Se levantó levemente.
— Bueno, voy a buscar a Trafalgar para...
Calló al ver al mismísimo Law parado bajo el marco de la puerta con los ojos probablemente tan rojos cómo él.
— ¿Cuánto rato llevas aquí?
— ¿Te has leído cien artículos científicos de verdad?
— Sí.
— ¿Necesitas que te los explique?
— Me harías un favor.
Law asintió y echó un vistazo a su paciente por encima del hombro de su amigo.
— ¿Crees que hago lo correcto, Trafalgar?
— Supongo que no hay nada más correcto que hacerle caso al corazón.
Kid volvió a observar el rostro de su novia y asintió también. El pelirrojo del pasado se hubiese burlado de aquella frase, porque no conocía lo que era el amor, ni la paciencia, ni lo que su corazón podría llegar a sentir hasta que ella llegó a su vida.
— Le haré caso a mi estúpido corazón.