Tu Maldito SECRETO - Hawks (Takami Keigo) x Male Reader

Summary

La lluvia caía, junto a los recuerdos que venían con esta. Eso lo torturaba cada segundo. El simple hecho de que su amado lo haya repudiado de tal forma lo destrozaba. Perdonaba sus infidelidades públicas, cuando lo negaba tan descaradamente con una gran sonrisa ante los medios con aquella frase que se quedó pegada en su memoria. “Estoy disponible y sin ataduras, señoritas.” Empezaba a detestar esa sonrisa socarrona tan distintiva de él. Empezaba a odiarlo. No quería verlo ni en pintura, pero aún así... Seguía amándolo ciegamente... Recordaba con anhelo aquellos tiempos en donde lo abrazaba sin que le moleste el que dirán, le daba afecto en público y uno que otro beso rápido camuflado por sus enormes alas. Su relación se fue en picada cuando se volvió en un héroe reconocido. No odiaba a los héroes. Solo a él. Él era el problema.

Status
Ongoing
Chapters
42
Rating
n/a
Age Rating
18+

𝙸 - 𝙵𝚛𝚘𝚖...


So same, and so different.


—Entonces solo cambien a negativo-negativo y con positivo lo mismo, así la onda de choque tendrá una mejor potencia al momento de repeler —explico el maestro—, ¿alguna pregunta?

El taller quedo en silencio, nadie quería preguntar nada ya que el sensei de ese curso solía amargarse si le hacían preguntas.

Una estudiante temerosa levanto su mano, dispuesta a decirle su duda al profesor.

El ambiente se tensó en unos cuantos segundos. Tan asfixiante, que cualquiera temía hablar, no querían ser el blanco de la ira de su profesor.

Fue un gusto conocerte Yumehara-chan—pensaron todos en el taller.

—Señorita Yumehara —el profesor miro a la chica ceñudo, esperando a que haga su pregunta.

—¿Y... al revés?

A todos los del taller se les salió el alma. Yumehara recibirá una buena reprimenda.

—¿Si negativo-negativo y positivo-positivo forma una onda que repele, usted como ser pensante qué onda cree que formara negativo-positivo?

—Eh...

Los estudiantes rezaron para que su compañera se reserve sus palabras, si decía otra cosa que amargue a su temperamental sensei quedarían con una prueba y tarea extra más pesada que la que ya deja este mismo.

Yumehara entro en pánico, sabia la respuesta luego de que el sensei haga la pregunta con claro tono de condescendencia, pero temía herrar. Así que opto por lo contrario, más seguro, así pensó.

—¿Repele el do-?

—La atrae, sensei.

¡Oka-san!—suspiraron aliviados.

Yumehara toco su corazón aliviada, no estaba equivocada, pero casi le cuesta el fin de semana a sus compañeros si no fuera por su compañero.

—Joven Oka.

—Sensei.

Alumno y maestro se vieron, desafiantes. El ambiente tenso volvió.

Todos los presentes se sentían como en la típica película del viejo oeste, en donde ambos oponentes se veían, listos para atacar, esperando cualquier mínimo movimiento de su contrincante. Y ellos eran los típicos habitantes que cada que había un enfrentamiento a ese se ocultaban en barriles, en sus casas o cerraban sus ventanas; mala suerte para ellos que no podrían esconderse.

El adulto suavizó su mirada y soltó un suspiro.

—Era de esperarse que sepa la respuesta, siendo usted el mejor del departamento —halagó indiferente.

—Me halaga, sensei. Pero solo soy un alumno más —corrigió levemente incómodo.

—Seguro.

El albino sonrió satisfecho, giro su eje y saludo a sus compañeros, estos le agradecieron en silencio. Anteriores ya los había salvado de varios compañeros despistados en este curso o en otros.

Las clases transcurrieron con tranquilidad, los alumnos podrían descansar gracias a su compañero quien —para su fortuna— siempre estaba ahí para salvarles el pellejo de profesores complicados.

La campana del receso sonó por todo el campus de la U.A. avisando a los alumnos de que la hora de comer ya había llegado y podían ir a reponer energía para seguir con las clases del día.

Aquel simpático albino acomodaba sus cosas para irse mientras recibía agradecimientos.

—¡Gracias, Oka-san!

—No hay porque, Akihito.

—¡Muchas gracias, Oka-san, por usted nos esforzaremos aún más para que no se vuelva a repetir! —agradeció vigorizada.

—¡Esfuércense, ustedes pueden! —animo, la chica sonrió sin mostrar los dientes y apretó su puño con entusiasmo.

—¡Si!

Y así los agradecimientos siguieron, hasta llegar al punto de incomodar a su “salvador”, para él no era para tanto, solo ayudo a una compañera que precisaba de su ayuda en ese momento, cualquiera pudo haberlo hecho, ¿verdad?

Termino de alistar sus cosas y se fue para almorzar en el amplio patio que tenía la academia.

Pastizales extensos que tenían vistas agradables y mejor aún, no había nadie que lo moleste ya que el alumnado prefería mil veces ir a la cafetería que arriesgarse a que su comida fuese víctima de hormigas o cualquier otro insecto.

Oka tarareo alegremente una de sus canciones favoritas mientras preparaba el área en donde pasaría su hora de almuerzo.

Cuando ya acomodo todo su espacio en donde había libros, una libreta, lapiceros y lápices, algunos inventos a medio terminar y su bento bien sellado; con su kosei pudo ajustar un tornillo, terminando su invento y encendiendo luego, viendo como este funcionaba al instante.

—Perfecto.

Reviso si el invento tenía alguna imperfección, cuando estuvo satisfecho lo dejo en el suelo para que cumpla su función.

Tomo su libreta y estuvo apuntando la funcionalidad del invento mientras comía pequeños bocados del pollo teriyaki que trajo como almuerzo.

—Ninguna señal de falla, bien, bien... Bien —apunto y volvió su vista al aparato—. Funcionalidad —se acercó viendo como su invento cumplía su propósito—, excelente.

Sonrió en grande, ahora no tendría que preocuparse por los insectos al momento de comer.

Miraba como aquellos bichos llegaban, pero se alejaban al ver que la pequeña muralla —enorme para ellos—, les impedía acercarse a la comida, así que solo se iban a otro sitio.

Oka se sintió mal, era su comida y no quería insectos en ella, pero... Los insectos tenían hambre, al igual que él.


Estaba en su espacio libre de insectos mientras hacía trazos de próximos inventos, giro su cabeza y vio como aquellos de los que se apartó, estaban contentos con la comida que el inventor les compartió de la suya.

No les dio su comida en sí, no estaba seguro del todo si les haría daño a sus pequeños organismos el pollo teriyaki, así que solo les dio su ensalada.

Le dio cierta ternura como las hormigas llevaban en sus mandíbulas pequeños trozos de lechuga a su colonia. Escarabajos comiendo tomates y así.

Mientras seguía con sus bocetos, una extraña sombra lo tapo del sol durante breves segundos. Elevo su mirada, mas no había nada.

—Que extraño...

Siguió con lo que hacia sin importarle su alrededor, por el echo de que, no había nadie más que él.

La tranquilidad que trasmitía la naturaleza de su alrededor lo inspiraban, a su vez de que lo ayudaban a liberarse cuando estar en el taller se volvía tedioso —prestar su completa atención a clases a contraria de tus compañeros era una desventaja—.

Sonrió ampliamente cuando sintió una oleada de viento envolverlo, moviendo con suavidad sus cabellos blancos como la nieve, sintiendo un pequeño escalofrió alrededor de su cuerpo. Simplemente amaba la naturaleza, hasta el más mínimo detalle.

Después de admirar por un buen rato la vista que le brindaba los grandes bosques de la U.A. giro de nuevo su vista a los insectos con los cuales compartió su comida. Horrorizado dejo caer su lapicero junto a su libreta.

Una gran pluma roja con otras mucho más pequeñas habían caído en la comida de sus amigos insectos. Tal vez para la simple vista de un humano mucho mas alto que los pequeños insectos era algo insignificante, ya que la pluma para ellos pesaba una nada.

Pero cuando se es un insecto, las cosas van para otro rumbo...

El inventor vio como algunos insectos intentaban rescatar a sus compañeros que quedaron atrapados bajo la tan —para ellos— pesada pluma. Con pánico, Oka saco la pluma y la coloco en su lado del césped, y con un poco de más cuidado removió las otras pequeñas plumas que cayeron junto a la otra.

Cuando termino de sacar las plumas vio como los insectos ya no querían estar cerca a la comida que les había dejado el inventor ya que por sus instintos de supervivencia preferían temer que arriesgar, este formo un mohín con sus labios, triste.

Devolvió su atención a las plumas que aparecieron de la nada, extraño.

—¿Desde cuando hay bengalís rojos en Musutafu? —miro con atención a la gran pluma y sacudió su cabeza, negando ante la idea—. Los bengalís son mas pequeños, esta no puede ser una de sus plumas —vio las otras pequeñas—, pero esas si podrían ser... —murmuró no tan convencido.

Giro la pluma con aburrimiento, la presencia de los insectos era una buena compañía, ahora que estos lo habían abandonado a causa de su propia seguridad estaba solo.

Su aparición fue tan misteriosa que le causaba intriga, su curiosidad lo carcomía y buscar hasta en el mas viejo libro sobre aves podía volverse su obsesión de fin de semana.

Antes de poder dar otro bocado a su almuerzo, el timbre sonó, indicando que debía volver a clases. Suspiro pesadamente, el misterio de la pluma se aplazaría para más tarde. Guardo sus pertenencias lo más rápido posible y se dirigió a su salón.

Caminando por los pasillos el misterio de la pluma se resolvió tan rápido como apareció.

Ahora tenia al culpable que asusto a sus amigos insectos.

Hawks.