Capítulo 1
—Ah, ya veo. Lo que quieres es recluirme. Maldito Willy- wuss. ¿No es así?
—¿Qué infiernos es un Willy-wuss?
*Willy-Wuss, es como willy el cobarde, o willy el débil.
Jiyong entrecerró los ojos hacia Hongbin y tomó su bolsa de mensajero. —No cambies el tema. Admítelo. —Destrozaba a Jiyong que su primo fuera igual que su padrastro. Ninguno de ellos lo entendía, y ninguno de ellos lo querían alrededor. Su padrastro había renunciado a él y enviado a Jiyong a vivir con Hongbin y sus padres. Y ahora Hongbin estaba comenzando con esa mierda. Algún día no iba a poder mantener sus viejos párpados abiertos.
No dolió tanto como cuando su querido padrastro le dijo a Jiyong que estaba loco. Pero por alguna razón dolía como el infierno cuando venía de Hongbin.
—No estoy tratando de recluirte, Jiyong. Solo le pedí a mi mejor amigo que te ayudara —Hongbin protestó.
—¿Ayudarme en qué? ¿Hmm?
Hongbin sacudió la cabeza y movía su dedo de un lado a otro frente a él.
—Oh no, no te atrevas a atraparme con esa pregunta. Solo estás tratando de enredarme.
—Los labios de Hongbin eran una delgada línea mientras veía a Jiyong.
Jiyong no escuchaba. Sacó unas camisetas de la canasta, levantó un perdido calcetín del suelo, y tomó su granja de hormigas. Trató sin resultado de meter la granja en la bolsa. La maldita cosa era demasiado grande.
Mirando alrededor vio una bolsa de plástico de compras en una esquina. Jiyong cruzó el cuarto y la levantó, lanzó su cepillo de dientes, su revista —Con el especial de tiras comicas—y un cepillo en la bolsa de plástico.
Después de atarla en la hebilla de su cinturón, se pasó la correa de su bolsa de mensajero por la cabeza asegurándola sobre su hombro. Finalmente caminó hacia la cama, levantó su granja de hormigas y la apretó contra su pecho. —Bueno, me largo.
—Te digo que no te estoy insultando —Hongbin decía detrás de él—. Solo estoy tratando de ayudar —agregó.
—Ayuda esto. —Jiyong se giró, sacó la lengua, se volvió a girar y se dirigió a la puerta del frente y bajó los escalones del porche. No había manera de que dejara que Hongbin lo recluyera. Con esa pálida piel, el blanco se le veía terrible. Esas camisas de fuerza deberían de venir en una variedad de colores. Qué mal que no tuvieran los colores del arco iris.
Rodó los ojos cuando oyó los fuertes pasos de Hongbin bajar las escaleras detrás de él.
—No te atrevas a salir de aquí. —Hongbin corrió frente a Jiyong y colocó sus puños en sus caderas, sus labios eran una delgada línea de nuevo, su mirada sosteniéndola con valor—. Regresa arriba, señor.
Jiyong miró fijamente a Hongbin, aturdido durante un momento antes de soltar una carcajada. —Soy unos años mayor que tú, en caso de que lo hayas olvidado.
—No actúas como tal.
—No estoy tratando de recluir a un miembro de mi familia —argumentó.
Hongbin levantó las manos y gruñó hacia el cielo. —No estoy tratando de recluirte, por centésima vez. Todo lo que quiero es que hables con mi amigo Jaejoong.
Jiyong trató de rodear a Hongbin, pero su primo no se movía. ―Mira, es lo mismo que mi padrastro dijo. Todo lo que tenía que hacer era hablar con su amigo, el doctor Vía. No voy a caer en eso de nuevo. ¡Ahora muévete!
Hongbin levantó las manos frente a él, como si tratara de detener a Jiyong sin tocarlo. —Bien, no tienes que hablar con él.
Jiyong veía a Hongbin. No estaba seguro si debería confiar o no en él. Había sido engañado antes. Su padrastro le había dicho que el hombre era un doctor en medicina pero cuando llego ahí, el doctor Vía ya tenía los papeles para ordenar su internación. Jiyong había tenido que hablar bien rápidamente para salir de ahí. Gracias a los dioses el doctor Vía había estado de acuerdo con él y no con su padrastro.
Después de eso, su padrastro, Woo, lo había echado de la casa, empacó las cosas del cuarto de Jiyong y lo trajo aquí. No podía entender por qué infiernos todo el mundo hacía tanto alboroto por eso. Él era tan normal como ellos—a pesar de su pequeño secreto.
—Júralo —Jiyong dijo cautelosamente—. Júrame que no me llevarás con engaños a ningún lugar cerca de tu amigo.
—Lo juro.
—Infiernos no, muéstrame tus dedos. —Jiyong señaló con la cabeza la mano que Hongbin mantenía tras su espalda.
—¡Bien! —Hongbin puso su mano frente a su cuerpo y extendió los dedos—. Lo juro.
Para ser honesto, Jiyong no tenía idea de adónde podría ir. Estaba aterrado de pensar en irse de aquí y entrar a lo desconocido. Miró a los ojos a Hongbin por un momento y entonces subió las escaleras. Esperanzado de poder confiar en la palabra de su primo.
Hasta donde conocía a Hongbin él no era un tramposo, pero Jiyong no podía evitar preocuparse. Dejó la granja de hormigas en el escritorio y entonces desanudó la bolsa de la presilla del cinturón y sacó la revista y el cepillo de dientes.
Sentándose en la cama, Jiyong se preguntaba por qué todo el mundo estaba infernalmente inclinado a enviarlo lejos. ¿Era tan terrible estar alrededor de él que hacía que la gente quisiera deshacerse de él?
Pasó la correa de su bolsa de mensajero por su cabeza y la dejó en la cama a su lado. Jiyong estaba cansado de decirle a la gente que él no necesitaba que le examinaran la cabeza. No había lógica detrás de sus declaraciones. ¿Qué había hecho mal para que todo el mundo estuviera listo para enviarlo al manicomio?
—Hey —Hongbin dijo desde la puerta. Su voz más suave—. Realmente no estoy tratando de recluirte.
Jiyong se encogió de hombros y vio hacia sus manos. Veía sus uñas preguntándose por qué Hongbin estaba listo para deshacerse de él en un minuto y le hablaba tan amablemente al siguiente. ¿Sería un tipo de engaño? ¿Estaba tratando de que las defensas de Jiyong bajaran para poder aprovecharse?
—Tengo una motocicleta que estoy arreglando en el granero. ¿Quieres ayudar?
Jiyong lo vio sorprendido. ¿Cuándo había sido la última vez que pasó tiempo con él? ¿Por su propia voluntad?
—Seguro. —Trató de oírse indiferente, como si no le importara; cuando de hecho le importaba.
—Vamos. Te llevaré al granero. —Hongbin se alejó y Jiyong saltó para seguirlo. No le importaba si fuera a levantar mierda de vaca. Alguien realmente quería pasar tiempo con él.
Eso era un gran bono en su libro.
Hongbin sólo estaba aumentando una nota en el libro de gente amable de Jiyong. Claro, ese sólo tenía a dos personas. Su mamá y ahora a Hongbin. Su mamá tenía el segundo lugar, porque ella no luchó por él. Ella era linda con él, como se supone que una madre debe de ser. Pero tenía la misma mirada en sus ojos que su padrastro.
Lástima.
Jiyong ni quería ni necesitaba eso. Odiaba la lástima con cada una de sus respiraciones. —¿En qué tipo de motocicleta estás trabajando?
—Es una vieja Honda. No es tan linda como las Harley o esas motocicletas que ves que la gente maneja, pero es mía. ―Jiyong podía oír el orgullo en la voz de Hongbin. El mismo que él sentía por su granja de hormigas. Eran hormigas comunes, pero eran suyas. Eso las hacía especiales. Aunque eran realmente especiales. Era fascinante y divertido verlas. Esas pequeñas hormigas tan industriosas, tenían tan diferentes niveles de inteligencia que hacía que Jiyong las viera durante horas.
Ellas comían, bebían y parecía que pasaban un buen tiempo ahí. Algunas veces Jiyong deseaba poder encogerse y unirse a ellas en su granja. Probablemente sería más aceptado con ellas que con cualquiera de los que lo rodeaban.
Aunque eso fuera tonto, lo hacía sentir calidez en su interior el saber que tenía toda una granja que lo amaba y que él amaba.
Incluso si era de hormigas.
Jiyong siguió a Hongbin dentro del grande y rojo granero, sintiendo unos grados más fresco cuando entraron en el interior del granero. Notó el desván y unas caballerizas vacías que parecían no haber tenido ocupantes en mucho tiempo.
En el suelo en medio del establo, estaban todas las partes de la motocicleta de Hongbin sobre una sucia manta. —No me dijiste que estaba como un rompecabezas.
Hongbin se reía mientras se sentaba en un cajón y tomaba algunas partes. —La he desarmado y armado tantas veces que ya perdí la cuenta.
Jiyong tomó una caja de una de las caballerizas y la llevó a donde estaba Hongbin sentado. Se sentó y cerró sus manos entre las rodillas. —Temo que no sé mucho sobre motocicletas.
—Está bien. Sólo estaba buscando algo de compañía ―dijo Hongbin tomando un trapo y comenzando a limpiar una pequeña pieza con atento cuidado.
—Oh, está bien —dijo Jiyong mientras veía todas las diferentes pequeñas piezas frente a él. No tenía idea qué era ninguna de ellas. Él sólo disfrutaba el hecho de que alguien quisiera estar con él.
Nada menos que familia.
Jiyong se inclinó y tomó un trapo y una de las partes. Charló con Hongbin mientras limpiaban la brillante pieza. Jiyong no tenía idea de lo que era, pero tenía que admitir que el hecho de limpiar la pieza era relajante.
Quizás Hongbin usaba su tiempo aquí afuera como un tipo de sesión de terapia. Todo el mundo necesitaba algo. Esa era la opinión de Jiyong. El miró a Hongbin cuando el hombre empezó a reírse. —¿Qué?
Su primo señaló la pieza oblonga en sus manos. —Estás dándole brillo a una bujía. Aunque está bien que la limpies.
Jiyong vio la pieza en su mano. ¿Cómo se supone que sabría que esa particular pieza no necesitaba pulirse? Ni siquiera sabía qué infiernos era una bujía. Quizás era mejor que sólo se sentara ahí y le observara.
Se inclinó y dejó el trapo y la bujía en la manta. «Con lo mucho que lo mantenía ocupado».
Sus ojos vieron hacia las caballerizas vacías. —¿Dónde están los caballos?
Hongbin levantó la vista de lo que estaba haciendo, viendo alrededor mientras le contestaba a Jiyong. —No ha habido animales desde los tiempos de mi abuelo.
—Pero eso no tiene sentido. ¿Cómo sobrevive una granja sin animales? —Jiyong le cuestionó. Jiyong sabía que tenía mucho que aprender. Su madre sólo se había casado con su padrastro hace unos meses, así que él no tenía idea de la vida de Hongbin y de su familia.
Jiyong ni siquiera quería referirse al imbécil como su padrastro, pero su mamá insistió. Woo era realmente desagradable. ¿Qué infiernos habría visto su mamá en ese tipo? El único beneficio que Jiyong podía ver era haber conocido a Hongbin. El chico era realmente cool.
Cuando no estaba tratando de recluirlo.—Mi papá tiene su negocio en línea. Yo uso el granero para mi momento de calma. Un chico debe de tener uno.
Jiyong estaba totalmente de acuerdo con eso. Vagabundeó por las caballerizas y apoyó el mentón en una de las puertas. Sería lindo tener un caballo aquí. Jiyong no sabía nada de ellos, ni de granjas—excepto de sus hormigas—pero estaba seguro de que sería lindo tener caballos.
Nunca había visto uno, excepto en imágenes o en televisión. Aunque eran hermosos. Al menos eso creía.
—Necesito ir al pueblo. ¿Quieres ir?
Jiyong se giró, sintiendo pánico en su pecho ante las palabras de Hongbin. ¿Eso sería un engaño? ¿Sería posible que su primo le estuviera dando un falso sentido de seguridad para atraerlo?
—Tranquilo. Te dije que no voy a hacer que vayas.
—¿Entonces por qué quieres ir a la ciudad? —preguntó cautelosamente.
—Hay una nueva tienda de motocicletas que acaban de abrir. Quiero revisar lo que pueden tener. Aún no has ido el pueblo. Date al menos la oportunidad de explorar la Villa Park.
Eso era cierto. Jiyong llevaba aquí dos semanas y aun no había explorado los alrededores. Él estaba tan confundido cuando llegó aquí, que se quedaba principalmente en su cuarto. Se sentía descartado y no querido. Sí, realmente esas no eran grandes motivaciones para querer explorar los nuevos alrededores.
—Vamos, traeré mi camioneta. —Hongbin se levantó, dejó el trapo en el suelo, se estiró y entonces se alejó. Jiyong tuvo un momento de miedo. Si Hongbin quisiera realmente recluirlo, no iba a haber mucho que pudiera hacer. Hongbin era un hombre grande, muy capaz de forzar a Jiyong a que hiciera lo que infiernos quisiera que hiciera.
Lentamente siguió al hombre, preguntándose si no debería regresar a su habitación. Jiyong encontró a Hongbin en una gran camioneta roja, vio la oxidada cosa antes de abrir la puerta del pasajero. Las bisagras rechinaron cuando Jiyong subió y cerró la puerta tras él.
La puerta se volvió a abrir. Jiyong la alcanzó y la cerró de nuevo. La puerta se volvió a abrir.
—Sostenla —dijo Hongbin caminando hacia el lado de Jiyong—. En ocasiones se cuelga. —Hongbin hizo algo en el lado de la puerta y entonces la cerró. Esta vez se quedó cerrada. Jiyong no estaba seguro cómo iban viajar con una puerta quebrada. Rápidamente se abrochó el cinturón de seguridad. Si la cosa se abría en el camino, al menos él tendría el cinturón de seguridad.
Tomó el tablero con sus manos, cuando Hongbin encendió la camioneta y parecía que iba a explotar. El motor se detuvo un momento, haciendo que Jiyong sudara frío mientras que la gran chatarra de metal empezaba a hacer un ruido.
Jiyong esperó, pero sería mejor si la camioneta no encendía. Sonrió cuando Hongbin movió la camioneta en reversa mientras Jiyong se aferraba fuertemente a su cinturón de seguridad. Rezó porque no se quedaran tirados en la orilla del camino. La camioneta actuaba como si protestara en cada movimiento del camino de tierra.
—¿Qué es ese olor? —Jiyong preguntó mientras soltaba una mano del cinturón de seguridad y se pellizcaba la nariz. Buen dios, olía como si Hongbin hubiera dejado la basura en la caja de la camioneta durante el calor de esos días. Jiyong quería vomitar.
—Le llevé fertilizante a un amigo. No he tenido oportunidad de limpiar la caja —Hongbin gritó sobre el fuerte ruido.
Jiyong tomó la manija de la ventana, cuidando de que la puerta no se abriera. Jaló. Entonces jaló de nuevo.
—No funciona. Necesito quitar la puerta para arreglar el mecanismo.
Jiyong estaba sentado dentro de la camioneta que se oía como si se fuera a caer en pedazos, en un caluroso día con mierda seca de vaca en la caja y la ventana no podía abrirse. Sí, quizás debería de haberse quedado en su cuarto. Gritó cuando la camioneta saltó y el motor se apagó.
—Maldición. —Hongbin llevó la camioneta a un lado del camino—. Dame un minuto. —Puso el freno de emergencia y levantó el cofre. Jiyong lo vio salir e ir al frente de la camioneta.
—Genial —Jiyong murmuró mientras veía hacia afuera por la sucia ventana. Su cerebro se sentía como si se fuera a derretir en el interior de la camioneta. Se desabrochó el cinturón de seguridad y esperó a que regresara. No sucedió.
Jiyong lanzó el cinturón a un lado y abrió la puerta, inmediatamente sintió el aire caliente. Pero comparado con el calor en el interior de la cabina, se sentía unos grados más frescos. No salió, sólo giró el cuerpo a un lado mientras escuchaba a Hongbin trabajar bajo el cofre.
—Creo que ya lo descubrí —Hongbin gritó—. Enciéndela.
Jiyong miró el asiento del conductor, pensar en un gran infierno no estaba en sus planes.
El asiento parecía haber sido retirado...para un metro ochenta. El volante tenía manchas de grasa por todos lados. Jiyong tendría que mover toda la banca sólo para alcanzar el pedal.
—Apúrate, está caliente aquí afuera —Hongbin gritó.
¿En serio? ¿Estaría más fresco dentro de la camioneta? Jiyong suspiró y cruzó la banca, su pie no estaba ni malditamente cerca del pedal del acelerador. Se deslizó en el asiento y gritó, apartando la mano del contacto cuando vio una cosa peluda.
¿Era un mapache lo que estaba ahí abajo?
—¿Qué infiernos gritaste? —Hongbin preguntó acercándose a la puerta del conductor—. Sólo enciéndela.
Está bien, Jiyong ahora estaba enojado. Hacía calor y había una cosa peluda en la maldita camioneta. —Hay algo peludo bajo el asiento —señaló bajo sus piernas.
—¿Peludo? —Hongbin abrió la puerta y empujó la pierna de Jiyong a un lado asomando la cabeza bajo el tablero y el asiento.
Jiyong tenía la imagen de Hongbin saliendo con un animal pegado a su cara y moviendo los brazos mientras corría en círculos.
—¿Deberías asomar tu cara bajo eso? —preguntó cauteloso.
Hongbin se reía levantando la cabeza y sacando su brazo. Jiyong saltó tratando de cruzar el asiento de la camioneta y salir mientras Hongbin sostenía un pequeño peludo animal en su mano. Su primo se reía tan fuerte que Jiyong saltó hacia afuera del asiento de pasajeros y entonces usó la puerta como un escudo.
—Es mi ardilla de peluche. —La levantó y la sostuvo mientras Jiyong asomaba la cabeza detrás de la puerta.
Jiyong vio la cosa de cerca, como si fuera real en lugar de un animal de peluche.
Su corazón estaba latiendo fuera de control dentro de su pecho mientras sus dedos se aferraban a la puerta.
—¿Ahora puedes encenderla mientras regreso bajo el cofre?— Hongbin le preguntó mientras lanzaba la ardilla a la banca del asiento. Jiyong volvió a entrar, empujando el juguete con los dedos hacia el asiento del pasajero. Una vez que estaba de nuevo en el asiento, esta vez encontró la palanca y jaló el asiento hacia adelante.
Tomó la llave y la giró...nada sucedió.
—¿Giraste la llave? —Hongbin le gritó.
Infiernos, ellos deberían mejor ir caminando al pueblo. No se sorprendería si hubiera cinta industrial manteniendo la gran chatarra unida.
Jiyong giró la llave y entonces encendió, gritó cuando se oyó que iba a explotar de nuevo. El cofre bajó y Hongbin corrió hacia la puerta del chofer. Jiyong se salió del camino mientras Hongbin entraba al asiento del chofer y aceleraba.
¿Eso era sabio?
—Creo que estaremos bien —dijo Hongbin mientras cerraba la puerta.
Jiyong alcanzó la puerta y la cerró. Se abrió de nuevo.Ese no era su día.—Alcanza un lado de la puerta. Jiyong movió la mano alrededor. —¿Sientes una pequeña uña?
—Sí.
—Muévela.
Toda la maldita camioneta se movía. Jiyong movió la cosa como uña y entonces cerró la puerta.
Se quedó cerrada.
Rápidamente se colocó el cinturón de seguridad y se sostuvo de nuevo como si fuera una tabla de salvación.
«Nota mental, No regreses al pueblo nuuuunca en esto de nuevo».
Para cuando Hongbin estacionó la camioneta y apagó el motor. Jiyong estaba empapado de sudor. Todo lo que quería era un lugar fresco. Su cuerpo estaba empapado y caliente y se sentía mareado.
—Vamos, la tienda esta aquí. —Hongbin señaló el edificio mientras salía. Jiyong notó que la parte de atrás de la camisa de Hongbin se veía como si acabara de salir de un lago. Estaba empapada. Los músculos de su espalda estaban claramente definidos con la camiseta pegada a él.
Bueno. Al menos él no era el único cerca de desmayarse debido al calor. Jiyong desabrochó el cinturón de seguridad y salió, prácticamente corrió al interior de la tienda. Rezaba para que ellos tuvieran aire acondicionado.
El golpe del aire frío en su cuerpo, hizo que rodara los ojos. Solo se quedó ahí junto a la puerta con los brazos a los lados, tomando el aire frío.
—¿Estás bien, amigo? —Una voz le preguntó desde algún lugar de la tienda.
Jiyong lo ignoró mientras su cerebro se recuperaba. Ya no se sentía como si estuviera derritiéndose y pegado a los lados del cráneo. —Ahhhhhhhh —dijo la palabra en un silbido mientras la piel se le erizaba debido al aire frío.
—Genial, amigo —dijo Hongbin empujando a Jiyong a un lado y entrando.
—¿Él está contigo?
—Si. Es mi primo Jiyong.
Jiyong finalmente dejó que sus ojos vieran el lugar, vio a tres grandes hombres viéndolo fijamente con curiosidad. Ellos eran del mismo tamaño que Hongbin y también muy musculosos.
Hongbin se los presentó como Minho, Kyuhyun, y Yunho Jung, los propietarios de la tienda de motocicletas. Jiyong tomó asiento cerca del mostrador mientras Hongbin hablaba con los hermanos. No le importaba cuánto se tardara Hongbin, entre más mejor.
Eso significaba que no tendría que regresar pronto a la camioneta.
Quizás podría pedir un aventón para regresar a casa. Cualquier cosa era mejor que regresar al interior de esa camioneta.
—Estoy listo —Hongbin declaró una hora después.
Jiyong no podía entender cómo alguien podía pasar una hora en una tienda de motocicletas si él no tenía las partes. ¿Qué en la tienda le tomó una hora?
—Encantado de conocerte, Jiyong —los hermanos le dijeron mientras caminaba hacia la puerta. Le agradaron, eran amistosos. Está bien, el que tenía la bandana amarilla en la cabeza se veía como si fuera a aprovecharse cuando dormías y robarte tus galletas, pero el hombre había sido amable con él.
—Igualmente. —Dijo adiós con la mano y salió a lo que parecía un horno encendido. Vio la camioneta mientras se aproximaban, rezando por no morir de regreso a casa. Era suficientemente malo que la casa no tuviera clima central. No quería asarse también en la camioneta. Jiyong subió justo cuando otra camioneta se estacionó al lado de ellos. Jiyong rápidamente cerró la puerta.
Y entonces se abrió de nuevo.
Gruñó, alcanzando la puerta y sintiendo la cosa esa en forma de uña. La movió y la cerró de nuevo.
Afortunadamente se quedó cerrada.
Hongbin entró y giró la llave, pero la camioneta no encendió.
Oh infiernos. «Sólo empuja una manzana en mi boca y declárame rostizado».
Hongbin trató de nuevo, con la misma suerte. Se oía como si luchara por regresar a la vida, pero no lo lograba.
La cabeza de Jiyong golpeó el respaldo del asiento, preguntándose si su cerebro se derretiría de nuevo, o quizás su cuerpo se derretiría resbalando hacia abajo por el tablero para formar un charco de Jiyong, al lado de la gran cosa peluda que lo veía fijamente.
—¿Necesitan ayuda, chicos?
Jiyong giró la cabeza y vio a un hombre apoyando su brazo en la puerta del lado de Hongbin. Su cuerpo ligeramente inclinado para poder ver dentro de la camioneta.
«Santo infierno».
Él era el más malditamente atractivo hombre que hubiera visto en su vida.Y veía directamente a Jiyong.