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Summary

En un taller oculto, Park Jimin, aficionado a los muƱecos peculiares, contrata a Min Yoongi como su asistente sin explicaciones. Mientras tanto, la curiosidad de Yoongi se alimenta cada vez mƔs una vez que viaja a Texas. Pronto, se ve envuelto en un misterio cuando descubre el inquietante secreto detrƔs de las creaciones del excentrico Jimin.

Status
Complete
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

≪•◦ āˆ ◦•≫ CapĆ­tulo 1


California, 2003. Hace 15 aƱos.


Un lejano mito, cuenta que un pequeƱo niƱo que adoraba a sus muƱecos de trapo con diferentes expresiones, algo felices y tenebrosas para los demĆ”s niƱos. Pero, este niƱo era especial. Ɖl amaba hacer sus propios muƱecos, hasta que un dĆ­a quiso intentar algo nuevo.


Una noche, a eso de las 2 de la madrugada. El pequeƱo se levanta de su cómoda y frĆ­a cama. Se baja de ella y se pone sus pantuflas, mientras se peina su cabello rubio hacia delante. Agarra su muƱeco favorito de trapo al que le llamaba ā€œLapinā€, que en espaƱol se le traducĆ­a conejo. Pero, ĀæPor quĆ© un niƱo de 10 aƱos le llamaba conejo a su muƱeco que fĆ­sicamente podrĆ­a parecerse a una persona?

Corrió fuera de su habitación, mientras atravesaba el pasillo y llegaba a las escaleras. Se agarró de la baranda de las escaleras con su mano izquierda y en su mano derecha, agarraba a su muñeco. Las bajó corriendo y antes de llegar al último escalón, él saltó. Cuando sus pies aterrizaron en el suelo, siguió corriendo. Llegó a su destino: la puerta el sótano. Pero, ¿Qué iría a buscar un niño a las 2 de la madrugada en ese sótano?


Empujó la puerta con una sonrisa de oreja a oreja y se quedó de pie ante la oscuridad. Agarró a su muñeco con las dos manos y lo acercó a su rostro. Le besó la sonrisa cosida y luego miró los ojos cosidos por hilo negro.


—Lapin, papĆ” estĆ” abajo jugando con mamĆ” y Jinhyun. Vamos a entrar en silencio, quiero ver los muƱecos que ha estado haciendo hace dos dĆ­as. No hagas ningĆŗn ruido. —el pequeƱo llevó su dedo Ć­ndice a la boca cosida del muƱeco y le sonrió. —No vayas a hablar. —le dijo y lo abrazó.


Bajó las escaleras con total sigilo. Cuando por fin llegó abajo, observó cada rincón. La fuerte luz blanca, hizo que sus ojos dolieran. Los entrecerró un poco y trató de buscar a su padre, pero solo encontró su espalda. Corrió a esconderse detrÔs de algunas cajas. Dejó al muñeco que traía en manos en el suelo rocoso a su lado. Levantó la cabeza por encima de las cajas para ver que hacía su padre.


No vio a su madre y mucho menos a Jinhyun. Hace dos días, había escuchado sus voces venir del sótano y luego algunos gritos. El niño pensaba que se divertían y por eso gritaban. Pero, se molestaba que su padre nada mÔs había invitado a su madre y a su hermano mayor a jugar. ¿Por qué no a él?


El niño vio a su padre con una bata blanca como la de los doctores, veía sus codos moverse y el niño conocía tal movimiento. Estaba cociendo. Tal vez estaba haciendo otro muñeco, pero, ¿Por qué estaba haciendo tantos muñecos si aún no era navidad y mucho menos cumpleaños de sus hijos? El niño se lamió su labio inferior abultado y se arrodilló para mirar un poco mÔs de cerca. Apoyó sus codos en una de las cajas, pero esta se abrió e hizo que la cara del niño entrara en caja haciendo ruido.


Se apresuró para sacar la cabeza de la caja y esconderse antes de su padre lo viera. Pues, le tenía prohibido bajar allí cuando estaba trabajando. El niño gateó lejos de la caja, cuando vio que su padre se giraba para buscar proveniente de tal ruido. El niño, se escondió detrÔs de una pequeña mesa de madera. Llevando sus piernas a su pecho y ocultado su cabeza entre ellas. Se mordió el labio inferior y cerró los ojos rezando para que su padre no lo encontrara, lo regañara y lo enviarÔ de regreso a la habitación.


Puso a trabajar su sentido de la audición. Escuchó las pisadas de su padre acercarse al lugar donde estaba y luego las escuchó alejarse. Temeroso, sacó la cabeza fuera de sus piernas y no vio a nadie cerca. Gateó de nuevo hacia el lugar donde había estado escondido hace poco y vio que su muñeco ya no estaba. Su pecho dolió cuando no lo vio y lo empezó a buscar. Movió algunas cajas, tratando de no hacer ruido, pero cuando quiso levantar la mirada, su padre estaba de pie frente a él.


—Lapin dice que vayas a dormir, hijo. —dice su padre, extendiĆ©ndole el muƱeco a su hijo.

Se levanta del suelo, secando las lÔgrimas que apenas empezaban a bajar. Agarra el brazo de su muñeco y lo jala para abrazarlo luego de su padre lo soltara. El niño lo miró enojado.


—¿Por quĆ© sigues jugando con mamĆ” y Jinhyun? ĀæCuĆ”ndo serĆ” mi turno, papĆ”? —reclamó el pequeƱo, juntando sus cejas y haciendo que sus abultadas mejillas se hicieran grandes un poco.


—TĆŗ, no vas a jugar. —dijo su padre.


—¿Por quĆ©? —el niƱo empezaba a hacer su pataleta.


—Porque serĆ”s mi ayudante.


Al niño se le iluminaron los ojos y asintió con una sonrisa radiante enseñando los dientes. Su padre también le sonrió y le extendió la mano. El niño miró la mano de su padre y se dio cuenta que usaba guantes blancos como los de los doctores. Pero, estos guantes estaban manchados de algo rojo. El niño le agarró la mano a su padre, mientras que con la otra sostenía a su muñeco contra su pecho.

El hombre llevó a su hijo a su zona de trabajo. Le dijo se cubriera los ojos con sus manos, él le tendría una sorpresa. El niño miró a todos lados y asintió. Se cubrió sus ojos con sus manos dejando caer su muñeco al suelo.


—Cuenta hasta 10, hijo. —le dijo su padre, sumergiĆ©ndose en la oscuridad del sótano.

—AĆŗn no es mi cumpleaƱos, papĆ”. —le dijo el niƱo. —Pero, contarĆ©.


El niño sonrió una vez mÔs y tomó aire para empezar el conteo.


—Uno... —el niƱo empezó. —Dos...


Escuchó el ruido de un metal arrastrarse.


—Tres... —sintió la presencia de alguien frente a Ć©l. —Cuatro...


Tocaron su pie y el niño lo movió, al saber que era su muñeco.


—Cinco... —volvieron a tocarlo. —Ahora no, Lapin. Estoy contando, luego jugamos.


—No te escucho contar, hijo. —le dijo su padre.


—Seis... —escuchó de nuevo ese ruido del metal arrastrĆ”ndose, pero esta vez se escuchó mĆ”s fuerte. —Siete...


Volvieron a tocar su pie.


—Ocho... —el niƱo se movió a un lado para que su muƱeco no lo interrumpiera mĆ”s. —Nueve...

El ruido del metal cesó cuando le volvieron a tocar el pie al niño.


—”Lapin! —gritó el niƱo, apartando las manos de sus ojos. —Estoy contand... —lo que lo habĆ­a estado tocando no era su fiel muƱeco.


El niño soltó un grito de terror al ver mitad del cuerpo de su hermano. Estaba cortado a la mitad. Hacía falta sus piernas. Su cabeza, hombros y brazos estaban. Tenía los ojos cerrados, pero su mano. Su mano ensangrentada ya amoratada estaba en su pie.


—He aquĆ­ mi primera creación, hijo. —dijo su padre.


El niño ya estaba llorando cuando miró hacia su padre y se encontró viendo a una persona. No, no era una persona. A un muñeco humano. Sí, era un muñeco humano con diferentes partes humanas. Tenía las piernas de su hermano, pecho de su madre y la cabeza. La cabeza estaba escondida dentro de un saco café, en el cual su padre había cosido una boca, una nariz y unos ojos.


—Mi primer muƱeco humano. —sonrió. —¿Te gusta?


—”NiƱos! Es hora de dormir. —gritó su madre escaleras arriba.


Min Yoongi y Mingi se miraron y luego miraron a su tĆ­o.


—Ya escucharon a su madre, niƱos.


—Pero, tĆ­o. Sigue la historia. ĀæQuĆ© hizo el niƱo despuĆ©s de ver al muƱeco humano? —preguntó Mingi, interesado.


Yoongi, por otro lado. Estaba ignorando la existencia de tal cuento de terror. Siempre que su tĆ­o Seokjin los venĆ­a a visitar, les traĆ­a mitos y leyendas. HacĆ­an que Mingi llorara, pero que a Yoongi le dieran igual.


—Yoongi, ĀæTĆŗ tambiĆ©n quieres saber quĆ© pasó con el niƱo? —Yoongi rodó los ojos y se levantó del suelo.


—Tengo sueƱo, ustedes sigan.


—Aguafiestas. —le dijo Mingi, sacĆ”ndole la lengua al menor.


—Llorón. —le dijo el menor al mayor.

Mingi se levantó del suelo y cogió a su hermano del cuello.


—”Soy mayor que tĆŗ! No soy un llorón. —le dijo.


—”Lo eres! Ā”Miedoso! —le gritó Yoongi y le dio una patada en el estómago, haciendo que Mingi cayera al suelo y llorara.


—”MAMƁƁƁ! —gritó Mingi, cuando sus lĆ”grimas bajaban muy rĆ”pido.


Seokjin, quien se reía de tal escena. Negó con la cabeza y levantó a Mingi del suelo.


—¿Viste, tĆ­o? Es un llorón. —le dijo Yoongi.


—Yoongi, respeta a tus mayores. —le dijo Seokjin, secĆ”ndole las lĆ”grimas a Mingi. —Los dos a dormir o su madre me mata.


—Es que venĆ­a a hacerlo. —dijo la mujer de pie junto a la puerta de la habitación de sus hijos. —Yoongi, pĆ­dele perdón a Mingi por pegarle en el estómago.


—No. —Yoongi caminó a su cama y se metió bajo las sĆ”banas. —Él empezó a molestarme. Yo no debo disculparme con ese llorón.


—MamĆ”, dile que deje de decirme llorón. —sollozó Mingi.


—Yoongi..., discĆŗlpate. —insistió su madre. —DiscĆŗlpate o no tendrĆ”s mĆ”s galletas en el mes.


—Creo que me confundes con Mingi, mamĆ”. Yo soy el que odia las galletas. —Seokjin soltó una carcajada.


La mujer miró regañadientes a su hermano menor y este se encogió de hombros con una tímida sonrisa.


—Ya, Yoongi. DiscĆŗlpate. Si lo haces, vendrĆ© mĆ”s seguido y contarĆ© mĆ”s cuentos. —le dijo Seokjin.


—Siempre dices eso, Jin. —Yoongi se sentó en la cama y lo miró. —Y no vienes. Solo vienes cuando necesitas dinero.


La sonrisa de Seokjin se borró. Carraspeó cuando hubo un incómodo silencio.


—Si te disculpas, vendrĆ© mĆ”s seguido. Lo prometo. —Seokjin caminó hacia la cama de Yoongi y le agarró la mano. —Vamos, discĆŗlpate con tu hermano. —Yoongi negó. —Yoongi... —Seokjin ladeó la cabeza.


—Que se disculpe el llorón primero. —dijo Yoongi.


—Mami... —Mingi, se cruzó de brazos cuando escuchó a Yoongi volver a llamarlo ā€œllorón.ā€


—Mingi, eres el mayor. DiscĆŗlpate con Yoongi. —Mingi tambiĆ©n negó.


—Entonces, estĆ”n castigados los dos por dos semanas.


Mingi y Yoongi se miraron.


—”Perdón! —dijeron los dos al unĆ­sono.

La mujer sonrió y Seokjin también.


—Ahora a dormir los dos. MaƱana tienen clases. —dijo la mujer, besando la frente de su hijo mayor y ayudĆ”ndolo a arroparlo en la cama.


Seokjin se alejó de la cama de Yoongi, se despidió de él chocando los puños. También hizo lo mismo con Mingi.


—Debo irme, niƱos. Tengo cosas que hacer en el trabajo.


—Te lo dije, Mingi. Siempre se va. —dijo Yoongi molesto. Se metió bajo las sĆ”banas y le dio la espalda a los demĆ”s.


Seokjin miró a su hermana y luego se acercó a Yoongi.


—VolverĆ©. Promesa es promesa, pequeƱo. —le dijo Seokjin.


—”TĆ­o! Antes de irte, ĀæPuedes contarnos quĆ© pasó con el niƱo?


La mujer se acercó a la cama de Yoongi y le besó la frente a su hijo.


—¿NiƱo? ĀæQuĆ© historia le contaste? —preguntó ella.


Seokjin le sonrió a Mingi y llevó su dedo índice a sus labios en gesto de que no dijera nada.


La mujer los miró extrañada.


—¿Una de terror? ĀæDe nuevo? Ā”Seokjin! —le gritó cuando lo vio correr fuera de la habitación de sus hijos.


—”Te amo, hermana! Ā”Adiós niƱos! —gritó Ć©l.


—”Adiós, tĆ­o! —gritó Mingi desde su cama.


—Mingi, a dormir. —la mujer caminó hacia la puerta y apagó la luz. —Dulce sueƱos. No peleen. —y cerró la puerta, luego que salió de la habitación.


Yoongi se acomodó en su cama, mirando hacia el techo. Soltó un suspiro y cerró los ojos para dormirse. Minutos después, sintió como su cama se hundía y que alguien se sentaba en ella. Abrió los ojos y se encontró con la escena de su hermano acomodÔndose a su lado.


—¿QuĆ© haces aquĆ­? —dijo Yoongi.


—Voy a dormir contigo. —le dijo Mingi.


—No quiero, ve a tu cama. —le dio la espalda.


—Puedes tener miedo, Yoongi. Como soy el mayor, voy a protegerte de todo mal. —le dijo su hermano. —Esa historia que contó tĆ­o, es falsa. No tengas miedo, Yoongi.


Yoongi arrugó el ceño de solo escuchar las bobadas de su hermano mayor.


—El que tiene miedo eres tĆŗ. —le dijo. —No molestes.


—Vamos, Yoongi. Habla conmigo..., por favor.

Yoongi soltó un suspiro y se giró para mirar a su hermano.


—Mingi, tienes 12 aƱos. ĀæCómo es que le tienes miedo a las historias de terror todavĆ­a? Ā”EstĆ”s grande! —le dijo.


Mingi le hizo una mueca a su hermano.


—¿TĆŗ no tienes miedo, Yoongi?


—Soy menor que tĆŗ y no siento la mĆ­nima pizca de miedo. —le dijo. —Todo eso es falso, Mingi. TĆ­o trae esas historias para asustarnos, pero nada es verdad. Mira, ĀæQuĆ© persona hace muƱecos con partes humanas? Ā”Nadie! Eso es mentira. —le dijo Yoongi. —Ahora, duĆ©rmete.


Yoongi le volvió a dar la espalda. Sintió como una mano se pasaba por debajo de su brazo y abrazaban su cadera. Yoongi soltó un suspiro.


—Voy a llamar a mamĆ” como no me sueltes.


—Solo dĆ©jate abrazar, Yoongi. —le dijo. —Tengo miedo.


—Tras llorón, miedoso.


—No empieces, ĀæsĆ­? —dijo Mingi. —Solo dĆ©jame dormir contigo esta noche, no lo harĆ© mĆ”s.


Yoongi suspiró de nuevo y cerró sus ojos.


—Es solo una historia, nada de eso es real. —rio. —¿MuƱeco humano? Por favor. Jin estĆ” loco.




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