≪•◦ ❈ ◦•≫ Capítulo 1
California, 2003. Hace 15 años.
Un lejano mito, cuenta que un pequeño niño que adoraba a sus muñecos de trapo con diferentes expresiones, algo felices y tenebrosas para los demás niños. Pero, este niño era especial. Él amaba hacer sus propios muñecos, hasta que un día quiso intentar algo nuevo.
Una noche, a eso de las 2 de la madrugada. El pequeño se levanta de su cómoda y fría cama. Se baja de ella y se pone sus pantuflas, mientras se peina su cabello rubio hacia delante. Agarra su muñeco favorito de trapo al que le llamaba “Lapin”, que en español se le traducía conejo. Pero, ¿Por qué un niño de 10 años le llamaba conejo a su muñeco que físicamente podría parecerse a una persona?
Corrió fuera de su habitación, mientras atravesaba el pasillo y llegaba a las escaleras. Se agarró de la baranda de las escaleras con su mano izquierda y en su mano derecha, agarraba a su muñeco. Las bajó corriendo y antes de llegar al último escalón, él saltó. Cuando sus pies aterrizaron en el suelo, siguió corriendo. Llegó a su destino: la puerta el sótano. Pero, ¿Qué iría a buscar un niño a las 2 de la madrugada en ese sótano?
Empujó la puerta con una sonrisa de oreja a oreja y se quedó de pie ante la oscuridad. Agarró a su muñeco con las dos manos y lo acercó a su rostro. Le besó la sonrisa cosida y luego miró los ojos cosidos por hilo negro.
—Lapin, papá está abajo jugando con mamá y Jinhyun. Vamos a entrar en silencio, quiero ver los muñecos que ha estado haciendo hace dos días. No hagas ningún ruido. —el pequeño llevó su dedo índice a la boca cosida del muñeco y le sonrió. —No vayas a hablar. —le dijo y lo abrazó.
Bajó las escaleras con total sigilo. Cuando por fin llegó abajo, observó cada rincón. La fuerte luz blanca, hizo que sus ojos dolieran. Los entrecerró un poco y trató de buscar a su padre, pero solo encontró su espalda. Corrió a esconderse detrás de algunas cajas. Dejó al muñeco que traía en manos en el suelo rocoso a su lado. Levantó la cabeza por encima de las cajas para ver que hacía su padre.
No vio a su madre y mucho menos a Jinhyun. Hace dos días, había escuchado sus voces venir del sótano y luego algunos gritos. El niño pensaba que se divertían y por eso gritaban. Pero, se molestaba que su padre nada más había invitado a su madre y a su hermano mayor a jugar. ¿Por qué no a él?
El niño vio a su padre con una bata blanca como la de los doctores, veía sus codos moverse y el niño conocía tal movimiento. Estaba cociendo. Tal vez estaba haciendo otro muñeco, pero, ¿Por qué estaba haciendo tantos muñecos si aún no era navidad y mucho menos cumpleaños de sus hijos? El niño se lamió su labio inferior abultado y se arrodilló para mirar un poco más de cerca. Apoyó sus codos en una de las cajas, pero esta se abrió e hizo que la cara del niño entrara en caja haciendo ruido.
Se apresuró para sacar la cabeza de la caja y esconderse antes de su padre lo viera. Pues, le tenía prohibido bajar allí cuando estaba trabajando. El niño gateó lejos de la caja, cuando vio que su padre se giraba para buscar proveniente de tal ruido. El niño, se escondió detrás de una pequeña mesa de madera. Llevando sus piernas a su pecho y ocultado su cabeza entre ellas. Se mordió el labio inferior y cerró los ojos rezando para que su padre no lo encontrara, lo regañara y lo enviará de regreso a la habitación.
Puso a trabajar su sentido de la audición. Escuchó las pisadas de su padre acercarse al lugar donde estaba y luego las escuchó alejarse. Temeroso, sacó la cabeza fuera de sus piernas y no vio a nadie cerca. Gateó de nuevo hacia el lugar donde había estado escondido hace poco y vio que su muñeco ya no estaba. Su pecho dolió cuando no lo vio y lo empezó a buscar. Movió algunas cajas, tratando de no hacer ruido, pero cuando quiso levantar la mirada, su padre estaba de pie frente a él.
—Lapin dice que vayas a dormir, hijo. —dice su padre, extendiéndole el muñeco a su hijo.
Se levanta del suelo, secando las lágrimas que apenas empezaban a bajar. Agarra el brazo de su muñeco y lo jala para abrazarlo luego de su padre lo soltara. El niño lo miró enojado.
—¿Por qué sigues jugando con mamá y Jinhyun? ¿Cuándo será mi turno, papá? —reclamó el pequeño, juntando sus cejas y haciendo que sus abultadas mejillas se hicieran grandes un poco.
—Tú, no vas a jugar. —dijo su padre.
—¿Por qué? —el niño empezaba a hacer su pataleta.
—Porque serás mi ayudante.
Al niño se le iluminaron los ojos y asintió con una sonrisa radiante enseñando los dientes. Su padre también le sonrió y le extendió la mano. El niño miró la mano de su padre y se dio cuenta que usaba guantes blancos como los de los doctores. Pero, estos guantes estaban manchados de algo rojo. El niño le agarró la mano a su padre, mientras que con la otra sostenía a su muñeco contra su pecho.
El hombre llevó a su hijo a su zona de trabajo. Le dijo se cubriera los ojos con sus manos, él le tendría una sorpresa. El niño miró a todos lados y asintió. Se cubrió sus ojos con sus manos dejando caer su muñeco al suelo.
—Cuenta hasta 10, hijo. —le dijo su padre, sumergiéndose en la oscuridad del sótano.
—Aún no es mi cumpleaños, papá. —le dijo el niño. —Pero, contaré.
El niño sonrió una vez más y tomó aire para empezar el conteo.
—Uno... —el niño empezó. —Dos...
Escuchó el ruido de un metal arrastrarse.
—Tres... —sintió la presencia de alguien frente a él. —Cuatro...
Tocaron su pie y el niño lo movió, al saber que era su muñeco.
—Cinco... —volvieron a tocarlo. —Ahora no, Lapin. Estoy contando, luego jugamos.
—No te escucho contar, hijo. —le dijo su padre.
—Seis... —escuchó de nuevo ese ruido del metal arrastrándose, pero esta vez se escuchó más fuerte. —Siete...
Volvieron a tocar su pie.
—Ocho... —el niño se movió a un lado para que su muñeco no lo interrumpiera más. —Nueve...
El ruido del metal cesó cuando le volvieron a tocar el pie al niño.
—¡Lapin! —gritó el niño, apartando las manos de sus ojos. —Estoy contand... —lo que lo había estado tocando no era su fiel muñeco.
El niño soltó un grito de terror al ver mitad del cuerpo de su hermano. Estaba cortado a la mitad. Hacía falta sus piernas. Su cabeza, hombros y brazos estaban. Tenía los ojos cerrados, pero su mano. Su mano ensangrentada ya amoratada estaba en su pie.
—He aquí mi primera creación, hijo. —dijo su padre.
El niño ya estaba llorando cuando miró hacia su padre y se encontró viendo a una persona. No, no era una persona. A un muñeco humano. Sí, era un muñeco humano con diferentes partes humanas. Tenía las piernas de su hermano, pecho de su madre y la cabeza. La cabeza estaba escondida dentro de un saco café, en el cual su padre había cosido una boca, una nariz y unos ojos.
—Mi primer muñeco humano. —sonrió. —¿Te gusta?
—¡Niños! Es hora de dormir. —gritó su madre escaleras arriba.
Min Yoongi y Mingi se miraron y luego miraron a su tío.
—Ya escucharon a su madre, niños.
—Pero, tío. Sigue la historia. ¿Qué hizo el niño después de ver al muñeco humano? —preguntó Mingi, interesado.
Yoongi, por otro lado. Estaba ignorando la existencia de tal cuento de terror. Siempre que su tío Seokjin los venía a visitar, les traía mitos y leyendas. Hacían que Mingi llorara, pero que a Yoongi le dieran igual.
—Yoongi, ¿Tú también quieres saber qué pasó con el niño? —Yoongi rodó los ojos y se levantó del suelo.
—Tengo sueño, ustedes sigan.
—Aguafiestas. —le dijo Mingi, sacándole la lengua al menor.
—Llorón. —le dijo el menor al mayor.
Mingi se levantó del suelo y cogió a su hermano del cuello.
—¡Soy mayor que tú! No soy un llorón. —le dijo.
—¡Lo eres! ¡Miedoso! —le gritó Yoongi y le dio una patada en el estómago, haciendo que Mingi cayera al suelo y llorara.
—¡MAMÁÁÁ! —gritó Mingi, cuando sus lágrimas bajaban muy rápido.
Seokjin, quien se reía de tal escena. Negó con la cabeza y levantó a Mingi del suelo.
—¿Viste, tío? Es un llorón. —le dijo Yoongi.
—Yoongi, respeta a tus mayores. —le dijo Seokjin, secándole las lágrimas a Mingi. —Los dos a dormir o su madre me mata.
—Es que venía a hacerlo. —dijo la mujer de pie junto a la puerta de la habitación de sus hijos. —Yoongi, pídele perdón a Mingi por pegarle en el estómago.
—No. —Yoongi caminó a su cama y se metió bajo las sábanas. —Él empezó a molestarme. Yo no debo disculparme con ese llorón.
—Mamá, dile que deje de decirme llorón. —sollozó Mingi.
—Yoongi..., discúlpate. —insistió su madre. —Discúlpate o no tendrás más galletas en el mes.
—Creo que me confundes con Mingi, mamá. Yo soy el que odia las galletas. —Seokjin soltó una carcajada.
La mujer miró regañadientes a su hermano menor y este se encogió de hombros con una tímida sonrisa.
—Ya, Yoongi. Discúlpate. Si lo haces, vendré más seguido y contaré más cuentos. —le dijo Seokjin.
—Siempre dices eso, Jin. —Yoongi se sentó en la cama y lo miró. —Y no vienes. Solo vienes cuando necesitas dinero.
La sonrisa de Seokjin se borró. Carraspeó cuando hubo un incómodo silencio.
—Si te disculpas, vendré más seguido. Lo prometo. —Seokjin caminó hacia la cama de Yoongi y le agarró la mano. —Vamos, discúlpate con tu hermano. —Yoongi negó. —Yoongi... —Seokjin ladeó la cabeza.
—Que se disculpe el llorón primero. —dijo Yoongi.
—Mami... —Mingi, se cruzó de brazos cuando escuchó a Yoongi volver a llamarlo “llorón.”
—Mingi, eres el mayor. Discúlpate con Yoongi. —Mingi también negó.
—Entonces, están castigados los dos por dos semanas.
Mingi y Yoongi se miraron.
—¡Perdón! —dijeron los dos al unísono.
La mujer sonrió y Seokjin también.
—Ahora a dormir los dos. Mañana tienen clases. —dijo la mujer, besando la frente de su hijo mayor y ayudándolo a arroparlo en la cama.
Seokjin se alejó de la cama de Yoongi, se despidió de él chocando los puños. También hizo lo mismo con Mingi.
—Debo irme, niños. Tengo cosas que hacer en el trabajo.
—Te lo dije, Mingi. Siempre se va. —dijo Yoongi molesto. Se metió bajo las sábanas y le dio la espalda a los demás.
Seokjin miró a su hermana y luego se acercó a Yoongi.
—Volveré. Promesa es promesa, pequeño. —le dijo Seokjin.
—¡Tío! Antes de irte, ¿Puedes contarnos qué pasó con el niño?
La mujer se acercó a la cama de Yoongi y le besó la frente a su hijo.
—¿Niño? ¿Qué historia le contaste? —preguntó ella.
Seokjin le sonrió a Mingi y llevó su dedo índice a sus labios en gesto de que no dijera nada.
La mujer los miró extrañada.
—¿Una de terror? ¿De nuevo? ¡Seokjin! —le gritó cuando lo vio correr fuera de la habitación de sus hijos.
—¡Te amo, hermana! ¡Adiós niños! —gritó él.
—¡Adiós, tío! —gritó Mingi desde su cama.
—Mingi, a dormir. —la mujer caminó hacia la puerta y apagó la luz. —Dulce sueños. No peleen. —y cerró la puerta, luego que salió de la habitación.
Yoongi se acomodó en su cama, mirando hacia el techo. Soltó un suspiro y cerró los ojos para dormirse. Minutos después, sintió como su cama se hundía y que alguien se sentaba en ella. Abrió los ojos y se encontró con la escena de su hermano acomodándose a su lado.
—¿Qué haces aquí? —dijo Yoongi.
—Voy a dormir contigo. —le dijo Mingi.
—No quiero, ve a tu cama. —le dio la espalda.
—Puedes tener miedo, Yoongi. Como soy el mayor, voy a protegerte de todo mal. —le dijo su hermano. —Esa historia que contó tío, es falsa. No tengas miedo, Yoongi.
Yoongi arrugó el ceño de solo escuchar las bobadas de su hermano mayor.
—El que tiene miedo eres tú. —le dijo. —No molestes.
—Vamos, Yoongi. Habla conmigo..., por favor.
Yoongi soltó un suspiro y se giró para mirar a su hermano.
—Mingi, tienes 12 años. ¿Cómo es que le tienes miedo a las historias de terror todavía? ¡Estás grande! —le dijo.
Mingi le hizo una mueca a su hermano.
—¿Tú no tienes miedo, Yoongi?
—Soy menor que tú y no siento la mínima pizca de miedo. —le dijo. —Todo eso es falso, Mingi. Tío trae esas historias para asustarnos, pero nada es verdad. Mira, ¿Qué persona hace muñecos con partes humanas? ¡Nadie! Eso es mentira. —le dijo Yoongi. —Ahora, duérmete.
Yoongi le volvió a dar la espalda. Sintió como una mano se pasaba por debajo de su brazo y abrazaban su cadera. Yoongi soltó un suspiro.
—Voy a llamar a mamá como no me sueltes.
—Solo déjate abrazar, Yoongi. —le dijo. —Tengo miedo.
—Tras llorón, miedoso.
—No empieces, ¿sí? —dijo Mingi. —Solo déjame dormir contigo esta noche, no lo haré más.
Yoongi suspiró de nuevo y cerró sus ojos.
—Es solo una historia, nada de eso es real. —rio. —¿Muñeco humano? Por favor. Jin está loco.