¡No voy a ser una heroína!

Summary

Estaba bien con su vida cotidiana, no le molestaba la soledad, o el hambre insaciable, o su departamento pequeño y lleno de moho. Estaba bien vistiendo otras pieles, viviendo otras vidas. Le gustaban los nombre que eligió por ella misma mucho más que el nombre que le pusieron sus padres. Estaba bien trabajando en las noches, yendo a la escuela por las tardes y vendiendo órganos y sangre de vez en cuando. Pero no. Cometió un error frente a un Pro- hero del top teen, y el no la dejará irse sin antes encontrar respuestas. "- Si no aceptas... te entregaré a la Comisión de Héroes. Y no te va a gustar como hacen las cosas. - ¡Vete a la mierda, pollo frito!- Le contestó mientras le mostraba los colmillos y le alzaba el dedo medio. - ¡No voy a ser una heroína!" ******** *Este será un Fanfic del anime y manga de Boku no Hero Academia, por tanto, los personajes, además de la protagonista, no me pertenecen. *La portada fue diseñada por mi, sin embargo, las imágenes son de Pinterest. Crédito a sus respectiv@s creador@s. *Si ya me conocen, saben que habrá un poquito de yaoi por aquí o por allá ;D Los ships yaoi son mi gusto culposo. No voy a pedir perdón por eso. * En cuanto a cómo y con qué personaje se quedará la protagonista, eso lo decidiré mientras avanza la historia. *Advertencia 18+ y contenido de temas que pueden resultar sensibles. Sin más que decir, ¡Disfruten!

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Mutagénesis

Mutagénesis: Producción de mutaciones o modificaciones sobre el material genético que resultan estables.

Aiko recordaba con una claridad espantosa la sensación de terror que invadió su pequeño cuerpo cuando el doctor les anunció sus resultados. Cuando miró esa asquerosa y perturbadora mirada en los ojos de su padre y el como se le iluminó el rostro, la hizo desear ser una quirkless.

Después de escuchar los resultados, no recuerda mucho. Solo la sensación que le oprimía el estómago y el temblor en sus manos mientras apretaba su faldita con todas sus fuerzas.

De camino a casa, su padre la llevó por un helado, eso la aterrorizó aun más. Su padre nunca le compraba helado, nunca la cargaba en sus brazos, jamás la trataba con amabilidad. La posibilidad de escapar mientras estaba en el parque la tentaba mucho, pero lo supo con solo ver la penetrante mirada de su padre fija en ella que, por mucho que corriera y ya se hubiera presentado su Quirk, no llegaría lejos. Su padre no la dejaría escapar, de la misma forma en que no dejó que su madre escapara.

Al llegar a casa, a ese pequeño departamento en los barrios bajos de la ciudad, comenzó su tortura.

Lo primero que su padre hizo fue comprobar su nivel de regeneración.

La forma en la que se presentó su Quirk fue luego de que su padre arrojara una botella a la pared y los trozos astillados del cristal le cortaran los brazos y las mejillas. La heridas, al igual que las de su madre, se curaron en cuestión de segundos.

Así que, su padre comenzó a cortar sus brazos y piernas con un cuchillo de cocina, luego uso su cigarro, un martillo, una segueta. La lista siguió toda la noche.

Probablemente se desmayó luego de que su padre afilara una pequeña hacha, porque no recordaba más instrumentos ni dolor.

Lo que si recordó fue a su padre, a la mañana siguiente, con una sonrisa y un plato en la mesa para ella.

- Eres mucho más fuerte que tu madre. - Fueron las palabras que la sentenciaron. - Tu Quirk es la combinación perfecta del suyo y del mío. - Aiko odió esa sonrisa, incluso su recuerdo le daba nauseas.

Luego de eso su padre la tuvo encerrada durante casi dos meses, obligándola a explorar su Quirk.

Lo que ella y su padre descubrieron en esas semanas fue:

1) Aiko se regeneraba a una velocidad superior a la de su madre. Incluso podía regenerar sus miembros y sus órganos internos.

2) Tal como lo decía el nombre, Aiko era capaz de modificar su ADN. Podía modificarse desde la base y los cambios se presentaban en su cuerpo de manera inmediata, instantánea. Podía ponerse una cola, orejas, colmillos, veneno, alas. Podía cambiar el color de sus ojos, el color de su cabello, largo y textura, de su piel. Podía ponerse y quitarse, y todo era funcional. Incluso, con mucha concentración, podía ser capaz de cambiar su tipo de sangre y generar nuevos órganos fuera de ella.

3) Usar su Quirk le generaba un hambre tremenda. Apenas hacía un cambio en su cuerpo y su estómago gruñía. Mientras más radicales fueran los cambios en su cuerpo, más comida necesitaba.

Una vez con eso, su padre empezó a sacar provecho.

Su Quirk la sentenció, pero también la salvó.

Gracias a el, su padre no la obligó a prostituirse, como solía hacer con su madre. En su lugar, la obligó a crear órganos viables y a generar litros y litros de sangre de oro. Todo para venderlo.

Y luego estaban las peleas callejeras. Una jaula enorme de metal a la que metían a un par de niños con Quirks vistosos para pelear entre ellos, en su mayoría eran huérfanos o, como ella, niños con padres que eran más escoria que persona. Aunque de vez en cuando, los organizadores metían a algún animal a la jaula, desde perros hambrientos hasta animales exóticos. Las peleas eran brutales. Y normalmente solo salía uno de ellos entero.

Su Quirk le dio más dinero a su padre del que su madre le generó en toda su vida.

Eso le permitió vivir hasta que encontró una forma de deshacerse de su padre.

Realmente ella no hizo mucho, solo se aseguró de que los peligrosos hombres a los que su padre debía tanto dinero se enteraran del lugar donde vivían. Cuando eso sucedió, cuando esos hombres llegaron a su puerta, derribándola a golpes, ella se hizo pequeñita.

Desapareció para todos, excepto su padre, quien con su Quirk era capaz de percibirla, olfatearla. Pero estaba demasiado ocupado peleando por su vida con dientes y garras, que no pudo ir tras de ella para obligarla a pelear para el. Obligarla a defenderlo.

Esa noche, Aiko hizo algo que jamás se atrevió. Cambió su cuerpo por completo; achicó sus huesos volviéndolos pequeños y frágiles, sus manos se convirtieron en diminutas patitas, su nariz se alargó ligeramente en un pequeño hocico y su piel humana se tapizó de pelo.

Lo apostó todo.

Y se convirtió en una pequeña ratoncita.

Aiko nunca había cambiado su cuerpo por completo. Era un riesgo gigante, porque no sabía si podría volver a ser humana, si aún sería consciente o conservaría su raciocinio.

Pero sé atrevió, porque estaba cansada y desesperada. Porque sabía que, algún día, a su padre dejaría de bastarle el dinero que obtenía con los órganos, la sangre y las peleas, sabía que algún día la obligaría a darle más. Otra igual a ella.

No quería eso. Nunca le daría eso.

Una vez con esa forma, no fue difícil esconderse en un pequeño agujero, con las orejas bien paradas y el pelaje erizado.

Alerta.

El corazón le latía a un ritmo errático al que no estaba acostumbrada, mientras escuchaba el forcejeo, los golpes contundentes. El olor a sangre, sudor y bilis le llegó inmediatamente después de los sonidos húmedos y punzantes.

Luego silencio. Respiraciones pesadas. Pisadas que registraban el sucio departamento.

Voces molestas que reclamaban el que no hubiera ni un centavo en la casa.

Insultos, más pisadas, silencio.

No, silencio no.

Aiko, con los sentidos más desarrollados y encrespados por el miedo y la ansiedad, lograba escuchar una respiración entrecortada, agonizante.

Salió de su escondite para encontrarse con el corpulento cuerpo de su padre tirado en el piso. Siendo el pequeño mamífero que era, le parecía una montaña.

Lo escuchó quejarse a borbotones, sin levantarse.

Así que, con un gran esfuerzo, y mucho dolor, volvió a su forma humana.

Regresó desnuda, pues su ropa había quedado en el piso en cuanto cambio, daba gracias a que esos hombres no la notaron. La emoción por lograr convertirse por completo en otro animal, fue opacada por el sentimiento extraño que se removió en su interior al ver a su padre en el piso, ensangrentado y lleno de golpes, heridas y apuñaladas.

Ella se quedó ahí, acuclillada sobre el creciente charco de sangre a sus pies. Viendo como la vida escapaba del corpulento cuerpo que siempre la golpeaba y sometía.

Su padre, con el Quirk de cambiar de forma, nunca tuvo la cualidad de regeneración que ella heredó de su madre. El hombre moribundo la observó de reojo, apenas consciente, y alargó una mano en su dirección. Seguramente esperando que ella usará su Quirk para hacer una transfusión de sangre e inyectarle células nuevas y vivas que le cerraran lo suficiente las heridas como para que dejara de sangrar tanto.

Seguramente esperaba que ella fuera un mar de lágrimas, una niña llena de miedo por perder a su padre, su único familiar. Probablemente, esperaba que ella se abalanzaron a su cuerpo herido e hiciera todo lo posible por salvarlo. Porque eso era lo que haría una buena hija.

Pero, ya que el nunca fue un buen padre, Aiko no podía ser una buena hija.

Cuando se dio cuenta de que no haría nada más que verlo morir, le dedicó una última mirada cargada de ira y desdén.

Intentó decirle algo, probablemente un último insulto o una maldición. Pero lo único que salió de sus labios fue un gorgoteo provocado por la sangre que le llenaba los pulmones.

Aiko vio en primera fila y sin remordimientos como la vida escapaba de los ojos furiosos del hombre que la crio a base de gritos y golpes. Y no sintió nada.

Error, si recuerda sentir algo.

Recuerda el como sus hombros se relajaron y el nudo de su estómago se disolvió. Y, sin 100 kilos de peso sobre su espalda y el estómago rugiendo por el hambre, recogió su ropa el piso y fue al baño para darse una ducha de agua helada.

Antes del amanecer, en víspera de su cumpleaños número 12, Aiko sació su hambre con las 8 sopas instantáneas que su padre guardaba en las repisas altas, recogió todas sus pertenencias, las cuales eran pocas. Volcó el único sofá del departamento, lo abrió con las garras que se había acostumbrado a portar al final de sus dedos y sacó los fajos de dinero que su padre tanto se empeñaba en guardar.

Su última parada fue en el armario de su padre, un lugar estrictamente prohibido. No le fue difícil quitar la madera suelta del suelo y sacar la caja de cartón que guardaba un arma, dos únicas balas, una navaja grabada, una vieja cigarrera, tikets y papeles sin sentido y, lo único que le importaba a ella, un viejo cuaderno manchado y sucio donde su padre guardaba sus actas de nacimiento y papeles importantes... y tres fotos.

Aiko metió el cuaderno a su mochila, luego de ver que estuviera todo ahí, al igual que metió la cigarrera, llena y brillante a pesar del tiempo. Iba a salir de madrugada, así que, por precaución, se metió la navaja entre los pliegues de la ropa. Y, antes de devolver la caja a su escondite, examino las balas y la pistola.

Recuerda muy bien que se le escapó un resoplido irónico al percatarse de que una de las balas estaba grabada: Aiko Yasuhiro.

Intuyó que la otra bala era la de él, aunque no estuviera grabada con su nombre. La bala de su madre, si alguna vez existió, no estaba en la caja.

Decidió llevarse la bala con ella. Un amuleto de la suerte.

Dejó el arma y guardó de vuelta la caja, dejándolo todo como estaba.

Eran alrededor de las 4 am, cuando Aiko esparció todo el alcohol de su padre por el suelo, el sofá, las cortinas y los futones. El fuego se prendió rápido, pero ella fue mucho más rápida para subir al tejado y, gracias a que los edificios estaban prácticamente pegados entre sí, saltó de techo en techo. Evitando a los testigos y las cámaras que se concentraban por la calle, en las salidas.

Así, daba la impresión de que entraron al departamento a robar y que prendieron fuego para cubrir sus huellas.

De la trágica historia del edificio que se quemó y cobró la vida de un hombre apenas y se habló cinco minutos el día siguiente. No se dijo nada del homicidio, ni de ella. Algo normal en los barrios bajos. Si no implicaba a un Héroe o a un Villano, lo demás no importaba.

Desde ese día, Aiko vivió fuera del sistema y con varios rostros. Evitando a los servicios infantiles, a los héroes y a los adultos amables. Porque los adultos amables siempre hacían preguntas innecesarias: ¿Dónde estan tus padres? ¿Qué haces tan tarde en la calle? ¿Cuántos años tienes? ¿Por qué estas sola?

Preguntas que no podía darse el lujo de responder, porque hacerlo llamaría la atención. Y ella no quería entrar al sistema, sabía muy bien como era con chicos como ella. Porque algunos de los niños que peleaban en la jaula venían del sistema de acogida o adopción. Era normal, después de todo, eran niños de calle, pobres y sin nadie que preguntara por ellos. El sistema solo cumplía con darles un techo, lo demás no era problema suyo.

Los adultos que no eran amables eran más fáciles de manejar, porque era el tipo de adulto que era su padre y sus “amigos”.

Aiko nunca dejó el bajo mundo del todo. No conocía nada más. Y producir órganos y sangre le era mil veces más sencillo que intentar poner una sonrisa tonta y poner ojos de cachorro, pretendiendo que era una niña obediente y agraciada.

Aunque, muy a su pesar, terminó aprendiendo a sonreír, a mantener un aura angelical e inocente. Aprendió a reír de los chistes tontos y a responder a las insinuaciones de forma coqueta cuando vestía con una piel mayor, cuando se aumentaba la altura, el buso y las caderas.

Así que creció en las calles, vistió distintas pieles, aceptó muchos trabajos diferentes, robó, peleó, engaño, engatusó y sedujo a muchas personas. Pero jamás asesinó, al menos no con sus propias manos. Tampoco se metía con drogas o la red de trafico para villanos. Prefería ser solo una delincuente menor, no una villana.

O eso creía ser, solo una criminal menor. De esas que no valen lo suficiente la pena como para que los Héroes se dignaran en investigar o rastrear, porque sus delitos eran pequeños, silenciosos y por debajo del agua.

Pero no.

Porque, ahora, estaba sentada en una jodida habitación blanca en quién sabe dónde. Con un collar inhibidor de Quirk al cuello y esposas que le mantenían las manos en la mesa y los pies en el suelo.

El estómago le gruñía, podía sentir el vacío expandirse por todo su abdomen. La saliva se producía en una cantidad alarmante y los colmillos, que volvió permanentes de tanto tenerlos, le cosquilleaban de necesidad. Si no comía pronto, podría devorar a la persona que se asomara a la habitación para interrogarla.

La piel le escocía en dónde se había raspado al caer desde tan alto. Podía verse los maratones en el gran espejo frente a ella. Gracias al collar inhibidor, era incapaz de curarse aquellas heridas tan superficiales y molestas.

Un gruñido escapó de su garganta, gutural y salvaje, casi animal, cuando la puerta se abrió y un par de oficiales de policía, con papeles en las manos y rostros serios, entraron por la puerta.

- ¿Quién eres? - Preguntó uno de ellos con tono calmado mientras se sentaba frente a ella. Su compañero se quedó parado detrás de el, vigilante, sin estorbarle la vista a quién sea que estuviera detrás del cristal.

Aiko no respondió, si lo hacía, probablemente la saliva se le escaparía por las comisuras y sus colmillos querrían obedecer a su frustrado estómago. En su lugar, se quedó callada y quieta, con el rostro serio y calmado, casi aburrido.

- ¿Sabes porqué estas aquí? - Volvió a preguntar el mismo oficial.

“Porque el héroe número tres me descubrió vendiendo un par de litros de sangre fresca y un corazón para infante.”Respondió en su mente.“Estúpido Hawks. Las cosas iban tan bien.”

El oficial frente a ella frunció el ceño abiertamente ante su falta de respuestas.

- Oye. - La llamó el agente que estaba de pie. - Te hicimos una pregunta. - Le espetó en tono autoritario.

“Ohh, ¿Entonces jugaremos al policía bueno y al policía malo?”

Sin respuesta por su parte, el agente de policía frente a ella, abrió el folder y le arrojo el contenido al frente. Para que pudiera verlos con claridad sin tener que inclinarse sobre la mesa. En los papeles estaba la declaración del Pro- hero Hawks, contando todo lo que pasó y el cómo la encontró y capturó, y una lista de lo que llevaba ella en la hielera de tela.

- El corazón que llevabas en la hielera pertenecía a un niño de 5 o 7 años. - Empezó el policía que tenía enfrente, inclinándose y expandiéndose sobre la mesa, para intimidarla. - Y llevabas tres litros de sangre Rh nulo. ¿A quién ibas a entregárselos? ¿Dónde los conseguiste? - La cuestionó con tono exigente.

Aiko podía leerle las especulaciones en el rostro. Ellos creían que había secuestrado, drenado y abierto a algún pequeño para conseguir el corazón y la sangre. En el mejor de los casos, debían de pensar que ella era solo la mula.

Sea como sea, era una pésima situación. El hambre lo empeoraba todo. Tanto tiempo fuera del radar de la policía y el sistema para terminar en una jefatura de policía por un error.

¡Y el maldito error ni siquiera fue de ella! ¡Joder!

- ¡Responde! - El agente de atrás, mostrándose mucho más agresivo, se despegó de la pared para azotar las manos sobre la mesa. La superficie se cimbró y tembló por la fuerza del golpe. - ¿Qué hiciste con el niño?

“Me lo comí.” Tuvo ganas de responder con una sonrisa cínica, pero prefirió permanecer inmóvil. Impasible.

Lo que frustró más a los oficiales.

- No quieres hablar, ¿Eh? - Una sonrisa arrogante se asomó en los labios del policía malo, mientras rodeaba la mesa. - Tal vez debamos pedirles a los de allá atrás, - Refiriéndose a la personas detrás del espejo. - que apaguen un momento las cámaras para sacarte las palabras a golpes. - Le susurró al oído, sin tocarla.

Aiko permaneció quieta, nerviosa porque el olor del policía le llego con claridad a la nariz. Carne fresca y viva. El estómago le gruñó con más fuerza.

Un efecto secundario de modificar permanentemente su cuerpo con características animales eran los instintos. Los impulsos le hervían en la piel con mayor facilidad, ella los podía escuchar y sentir resonar en los huesos: El instinto de lucha, de huida, de reproducción y de caza.

El de caza le estaba llamando justo ahora, con el rostro del policía tan cerca del suyo, tenía el cuello expuesto y, podía jurar, que escuchaba el recorrido de la sangre a través de la yugular.

“Mierda”

Se mordió el interior de la mejilla, disimulando tanto como podía su hambre voraz.

Pelear y forcejear contra Hawks, el héroe #3, le dejó hambrienta. Especialmente porque tampoco comió nada después de producir la sangre y el corazón. El plan era entregar, cobrar e ir a comer.

No tenía contemplado terminar atrapada y encerrada.

- ¿Cuántos años tienes? - Aiko siguió sin responder, apenas lograba escuchar la voz del policía frente a ella, por sobre el bombeó de la sangre del hombre que permanecía a su lado. Tratando de intimidarla con su fornido cuerpo y la autoridad que le otorgaba la placa.- ¿Alguien te está forzando a entregar esas cosas? - Preguntó con un tono calmado, amable. Su semblante cambió de uno serio a uno completamente accesible y confiable. - No arruines tu futuro. - Le dedicó una sonrisa de lástima. - Si nos das los nombres de las personas que te dieron esto y a quién ibas a entregarlo, te ayudaremos y nos aseguraremos de que no termines en un lugar malo. Ya sabes... la venta de órganos esta prohibida en Japón.

“¿En serio quieren amenazarme? ¿Asustarme?”Dejó de morderse la mejilla, ya sangrante, para cambiar de lado.“Si, si, si. La venta de órganos esta prohibida en Japón, al igual que interrogar a un menor de edad sin un abogado o tutor presente. Imbécil.”Aiko no le tenía miedo a unos cuantos golpes, ni a las amenazas.

Ella había crecido en un ambiente dónde las amenazas llegaban después de los golpes y con hombres el triple de corpulentos y amenazantes que ese par de policías que, a leguas, se veía que se valían completamente de su fuerza bruta, porque sus Quirks debían de ser patéticos si terminaron siendo policías frustrados y no Héroes.

Sin respuestas de su parte. Callada como pared, Aiko observaba más allá del policía, al cristal que reflejaba su ojeroso y magullado rostro. Se veía fatal, pero prefería concentrarse en su reflejo que en el hambre que le estaba pidiendo hincarle el colmillo en la mejilla al policía que la seguía mirando fijamente.

Cometió muchos errores mientras experimentaba y exploraba su Quirk, pero no estaba dispuesta a cometer canibalismo. Si cruzaba esa línea, no habría marcha atrás. Y la mandarían directo a Terapia de Quirks y al reformatorio.

Gracias, pero no gracias.

Los policías, al ver que no respondía a su presión se miraron entre sí, coincidiendo en algo sin tener que usar las palabras.

- Tal vez un par de horas más aquí te hagan querer cooperar. - Sentenció uno de ellos.

Aiko no pudo reprimir su mueca de frustración al escuchar “un par de horas”. Imaginaba que una parte de su estrategia de hacerla esperar, no incluía una cena ni un vaso de agua.

Maldición.

Los policías salieron de la habitación, no sin antes lanzarle una mirada desdeñosa y llena de frustración.

“Oh, ¿Qué pasa? ¿Policías tristes porque no lograr intimidarme?”Pensó con voz de puchero mientras apoyaba la frente contra sus brazos. Con la mesa como escudo, se dio permiso para tragar el mar de saliva que se acumuló por mucho tiempo en su boca y limpiarse los restos que escurrían por sus comisuras.

Necesitaba comer algo. O no podría pensar en nada más que en comida y saciar el hambre.

Carajo.

Escuchó la puerta abrirse luego de un par de horas. Su olor le dijo quién era, no necesitaba levantar el rostro de sus brazos.

- Señorita. - Su voz resonó en sus oídos. Un tono que la incitaba a levantar el rostro. Pero no quería hacerlo, si miraba al rubio alado, se le antojaría pollo frito. - ¿Quiere que hablemos? - Preguntó con un tono conciliador.

Aiko no aguantaba más.

Probablemente la dejaron ahí una o dos horas, quizás tres, pero le parecieron una eternidad. Una agonizante eternidad.

- Comida. - Suplicó en un susurro, sin levantar la vista ni el rostro.

- ¿Qué? - Aiko podía escucharle la sonrisa suave, asquerosamente amable.

- Comida. - Repitió con la voz alta. - Si me das comida y agua, responderé lo que tu quieras. - No tenía otra salida, el hambre la consumía y si perdía la razón y consciencia de sí misma, no sería distinta de una leona hambrienta. La condenarían directamente a la correccional y a Terapia de Quirks, si hacía intento de comerse al Héroe.

Hawks, probablemente sorprendido, se quedó en silencio un rato, analizando su pedido.

- Comida por respuestas. - Ofreció ella de nuevo. - Me parece un buen trato.

- ¿Por qué mejor no me das primero las respuestas y luego te traigo comida? - Preguntó el rubio héroe.

Aiko, por primera vez, levantó el rostro hacía el. Las plumas de Hawks se pusieron alertas en cuanto observó los ojos feroces que lo miraban con hambre y los colmillos que sobresalían a través de sus finos labios.

¿Qué no se supone que tenía el collar inhibidor? ¿Por qué se veía como una depredadora?

- Porque justo ahora, para mi, te ves y hueles como a pollo. - Habló entre gruñidos bajos y guturales. - Comida primero, respuestas después. - Y, para tratar de calmar el hambre, volvió a sumergir el rostro entre sus brazos. A ese paso, su propia carne también sería una buena opción para comer.

Hawks, sin dejar de verla y con las plumas alerta por el peligro que le presagiaba la presencia de la chica, hizo una señal a las personas detrás del vidrio. Una petición de que cumplieran con su demanda.

- Bien, comida primero. - Le concedió y algo en Aiko se calmó un poco al escucharlo.

Hawks estaba un poco confundido, intrigado. El había encontrado a una chica pelirroja, pecosa y alta, de cuerpo voluptuoso, que rosaba los 20′s, y presencia angelical que transportaba una hielera de tela por las calles de Tokyo. Todo lo contrario a la pelinegra de piel pálida y ojerosa, delgada y feroz, que estaba sentada frente a el. Se impresionó mucho cuando la vio con esa forma y le afirmaron que era la misma chica a la que atrapó. Por lo que le dijeron, su cambio de aspecto y características animales, se debía a su Quirk, por eso le pusieron el collar inhibidor a pesar de que era una menor de edad.

Se quedaron en silencio por unos minutos, con Hawks observándola atentamente, antes de que la puerta volviera a abrirse.

El aroma a ramen instantáneo le inundó las fosas nasales, se le volvió a hacer agua la boca y levantó el rostro con prisa. Uno de los policías que entró con ella anteriormente, le pasó el recipiente al héroe y salió sin decir nada.

Hawks, usó sus plumas para liberarle las manos y extendió el ramen. Aiko, arrebatándolo de las callosas manos, se apuró en empinárselo.

- Cuidado, está cali... - Las palabras murieron en su boca, los palillos en su manos fueron ignorados por completo. Aiko engullía los fideos con una desesperación palpable.

- Más. - Pidió cuando puso el recipiente vacío sobre la mesa, sin haber desperdiciado una sola gota. - Por favor. - Suplicó al mismo tiempo que su estómago gruñía más fuerte, insatisfecho.

Hawks no podía creer la rapidez con la que comió la sopa, sin importarle que estaba caliente y humeante. Se apiadó de ella e hizo otro gesto para que trajeran más comida. Esta vez, adivinando que su hambre era enorme, trajeron otra sopa instantánea, varios paquetes de galletas y una botella de agua.

Aiko engulló de nuevo la sopa y tres paquetes de galletas. Bajo la atenta mirada de Hawks.

Con eso en su estómago, se sintió mucho mejor, el hambre, aunque persistente, había disminuido considerablemente a un nivel más manejable. Lo suficiente como para dejar de ver a Hawks como un pollo rostizado.

- ¿Ya puedes hablar? - Preguntó el Héroe, viendo que su frenesí por la comida ya no estaba. Aunque seguía comiendo galleta tras galleta.

Aiko no respondió, tenía la boca llena, pero asintió.

- ¿Cómo te llamas? - ¿Era protocolo confirmar el nombre de los detenidos? ¿No lo sabían ya?

- Aiko. - Respondió luego de que tragó el bocado. -Aiko Yasuhiro. - No tenía porque mentir, iban a ficharla y, con el collar inhibidor no podía hacerse pasar por otra persona, pero si daba su nombre real, el que no usaba hace años, podría usar sus otros nombres sin problemas. Por ahora lo único que le quedaba era colaborar y sacar todos los ases bajo su manga.

Hawks no le creía del todo que ese fuera su nombre. Después de todo podía cambiar su aspecto, ya intuía que le pelinegra vivía bajo una cantidad exagerada de nombres falsos, pero decidió seguirle el juego. - ¿Por qué caminabas por la calle con un corazón y sangre? Aiko.

- Porque iba a venderlos. - Se terminó el último paquete de galletas y se empinó la botella de agua.

- ¿A quién? - A Hawks su sinceridad le pareció cínica a niveles indescriptibles.

- Unos tipos ricos. - Se encogió de hombros. - Una pareja con dinero de sobra que no podían conseguir un donador porque su hijo es de sangre de oro. - No le importaba hablar, de todas formas, esa pareja rica no pisaría la cárcel ni por equivocación gracias a su dinero y sus contactos. - Yo era su mejor opción para salvar a su pobre bebé enfermo. - Le dio una sonrisa ligera, afilada.

Así era el negocio de los órganos. Cientos de historias tristes y desgarradoras de gente enferma y las personas que las aman y están dispuestas a bucear un poco en el bajo mundo para salvarlos. Y ella de aprovechaba de esas tragedias para vivir. Como una carroñera, un buitre.

- ¿De donde los sacaste? - Hawks se esperaba la peor de las respuestas. La chica frente a él se veía como la gente abandonada de los barrios de clase media- baja y baja. Aunque ella no parecía estar metida en las drogas, a pesar de su aspecto desaliñado, ojeroso y pálido.

- Yo los hice. - Era aquí donde seguramente decidirían si encerrarla o dejarla libre. - No maté a nadie. Mis órganos están libres de maltrato y son amigables con el ambiente. - Se burló. - La única bestia que sufre por ellos soy yo.

- ¿Los hiciste con tu Quirk? - El rostro de Hawks era serio, ya no tenía su sonrisa ligera y despreocupada. - ¿Cuál es?

Aiko negó mientras se levantaba de hombros. - Mutagénesis. - Soltó, con la fatiga invadiendo su cuerpo. Sin su Quirk, su metabolismo era mucho más lento a lo que estaba acostumbrada, y por tanto, la fatiga la alcanzaba más rápido. - Es la producción de mutaciones o modificaciones sobre el material genético que resultan estables e inmediatas sobre mi persona. - Se apuró a explicar. - Además de que cuento con un alto nivel de regeneración y me resulta sencillo manipular cualquier parte de mi cuerpo, incluyendo órganos y vasos sanguíneos.

El rostro de Hawks le dijo que estaba procesando sus palabras y los alcances de su Quirk.

- Si me quitas el collar te muestro. - Ofreció ella, medio adormilada. No estaba para nada acostumbrada a la ausencia de su particularidad.

- Eres peligrosa.- La sentenció. Consiente de lo que su Quirk implicaba.

- Supongo. - Aiko se levantó de hombros. - Pero digo la verdad, pueden hacerle pruebas a la sangre o al tejido del corazón, deberían de tener una coincidencia genética superior al 80% con mi sangre. - Aseguró.

- Dame los nombres de tus clientes. - Exigió.

Aiko sonrió desde un lugar oscuro. - No será necesario. Solo estén al pendiente de las noticias, el crío enfermo del corazón morirá muy pronto. - Garantizó con sorna. - Solo tienen que parar el oído. No es difícil identificar los lloriqueos de las madres de luto.

Hawks borró cualquier vestigio de sonrisa o amabilidad de su rostro. Una sensación de pesadez se instaló en su pecho, sintió rabia ante sus palabras.

¿Quién era para burlarse así de la tragedia de los padres?

Sea como sea, ya tenía información más que necesaria para empezar a buscar e indagar un poco sobre la mujer que tenía en frente.

Se levantó sin volver a decir una palabra más y salió de la habitación de interrogatorios.

Los oficiales y los operadores de la sala lo esperaban con rostros tan sombríos como el de él. Todos ahí parecían sentir un claro desagrado por la pelinegra, por su último comentario.

Hawks miró a la chica salvaje y de aspecto enfermizo a través del cristal. La chica parecía no importarle nada, con el estómago aparentemente lleno, retiró la basura a un lado y se acomodó de nuevo sobre sus brazos. Las lecturas de los monitores de ese lado les decían que se había quedado dormida al cabo de unos minutos.

Al Héroe alado le pareció que la chica no tenía nada que perder, ni siquiera un futuro.

Negó cualquier tipo de pensamiento que le recordara a su niñez y ordenó con voz firme. - Por favor, investiguen todo lo que pueden con respecto a Aiko Yasuhiro. Y si dice la verdad sobre el corazón y la sangre. También busquen a cualquier pareja de clase alta que tenga a un hijo enfermo u hospitalizado.

Y con eso, se sentó en la silla, viendo de frente al bulto que dormía plácidamente en la mesa de una habitación de interrogatorios.

Presentía que sus días no serían muy tranquilos a partir de esa noche.


N/A: Buenaaas!!

Bienvenid@s sean a esta nueva historia!!! Espero que la disfruten tanto como yo disfruto de escribirla.

Solo tengo que darles un par de aclaraciones:

1) Esta historia comienza mas o menos a la par que la historia original, es decir, en los días en que Deku conoce a All Might.

2) La historia tocará algunos temas que podrían resultar sensibles para muchas personas, les pido que por favor lean bajo su propias responsabilidad.

3) Será una historia +18. Cuando los caps tengan este tipo de contenido, les pondré la típica advertencia al principio que sé que siempre ignoran (Ustedes lo saben, yo lo sé, pero por si las dudas lo voy a poner!) Así que, acepto sugerencias y pedidos, porque nada está planeado totalmente ewe.

4) Por si no quedó claro, nuestra prota puede manipular su cuerpo a voluntad y se regenera muy rápido. Igual o iré detallando conforme avance la historia.

5) Las actualizaciones serán lentas, porque, quienes me conocen desde antes, saben que tengo otra historia y no abandonaré ninguna de las dos.

Sin más que decir, ojalá hayan disfrutado de este primer capítulo!!!